martes, 8 de agosto de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 9 DE AGOSTO

 

APROBACIÓN DE LA REGLA DE SANTA CLARA. La Regla redactada o dictada por santa Clara en persona, la suya propia, fue aprobada primero por el cardenal Rainaldo en septiembre de 1252 y confirmada luego solemnemente por Inocencio IV el 9 de agosto de 1253, dos días antes de la muerte de la Santa. Poco antes el Papa había ido a visitarla. Cuando el día 10 un hermano menor llevó a Clara la bula papal, la santa, tomándola reverentemente, se la llevó a los labios para besarla. Al día siguiente murió Clara y el pergamino pontificio se depositó en uno de los pliegues de su manto, donde permaneció ignorado hasta que casualmente se descubrió en 1893.- Oración: Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (de seglar, EDITH STEIN). Nació de padres judíos en Breslau el año 1891. Estudió filosofía en Breslau y Gottinga, se hizo discípula de Husserl y al clasificar los escritos de A. Reinach conoció a su viuda, fervorosa cristiana. En 1921 leyó la Historia de un alma de santa Teresa del Niño Jesús. Tras haber buscado durante largo tiempo la verdad, recibió el don de la fe y se convirtió a la Iglesia católica. Recibió el Bautismo el día 1 de enero de 1922. Desde ese momento, sirvió a Dios ejerciendo su oficio de profesora y publicando obras filosóficas. En 1933 ingresó en las Carmelitas Descalzas de Colonia y cambió de nombre. Impelida a ausentarse de su patria a causa de la persecución de los judíos, fue acogida en el convento de las Carmelitas de Echt (Holanda) en diciembre de 1938. Fue detenida por la Gestapo el 2 de agosto de 1942 y deportada al campo de concentración de Auschwitz (Polonia). Allí murió el 9 de agosto de 1942 en la cámara de gas. Juan Pablo II la canonizó en 1998, y la nombró compatrona de Europa en 1999.- Oración: Dios de nuestros padres, que guiaste a tu mártir santa Teresa Benedicta al conocimiento de tu Hijo crucificado y a imitarle hasta la muerte, concédenos por su intercesión que todos los hombres reconozcan en Cristo a su Salvador y, por medio de Él, puedan contemplarte para siempre. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.




SANTA MARIANA COPE DE MOLOKAI. Nació en Heppenheim (Alemania) en 1838. Al año siguiente su familia emigró a Estados Unidos y se estableció en Útica. A los 15 años quiso entrar en el convento, pero tuvo que trabajar para ayudar económicamente a los suyos. En 1862 ingresó en las religiosas de la Tercera Orden de San Francisco de Syracuse (N. Y., USA). Trabajó para pobres y emigrantes en colegios y hospitales de su Congregación, en la que asumió cargos de gran responsabilidad. En 1883 marchó a las islas Hawai, para atender a los leprosos. Allí, en situaciones extremas, se consagró al cuidado de pobres y enfermos, promocionó la vida, productividad y trabajo de la gente, organizó hospitales, colaboró en la obra del padre Damián y la continuó, y así, durante 35 años, amó y sirvió a los leprosos en las islas de Maui y Molokai, donde murió el 9 de agosto de 1918. Fue beatificada el año 2005 por Benedicto XVI, quien estableció que su memoria se celebre el 23 de enero. Canonizada el 21-X-2012. [Más información]



BEATO JUAN DE FERMO (o de Alverna) Nació en Fermo (Marcas, Italia) el año 1259, en el seno de una familia acomodada que encomendó su educación a los agustinos. En 1272 ingresó en la Orden franciscana, profesó en ella y más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Deseoso de una mayor soledad y de alejarse de la polémica en torno a la pobreza suscitada en la Orden, pidió y obtuvo de san Buenaventura, general de la Orden, retirarse al convento del monte Alverna, en el que san Francisco recibió las llagas, y allí permaneció hasta su muerte. Asistía a los actos de la comunidad, pero luego se retiraba a una ermita construida en medio del bosque para dedicarse a la contemplación. No obstante, de vez en cuando salía de su retiro para predicar por los pueblos y ciudades de la región toscana. Murió el 9 de agosto de 1322. Las Florecillas le dedican sus cinco últimos capítulos.



BEATO FLORENTINO ASENSIO BARROSO. Nació en Villasexmir (Valladolid, España) el año 1877. Su padre era vendedor ambulante y su madre atendía una pequeña tienda en el pueblo. Siendo joven ingresó en el seminario de Valladolid y se ordenó de sacerdote en 1901. Ejerció múltiples ministerios al servicio del pueblo fiel, de la diócesis y del seminario. Destacó como predicador sagrado y como confesor y director espiritual. Estuvo de profesor en el Seminario y en la Universidad. Nombrado Obispo Administrador Apostólico de Barbastro, recibió la consagración en Valladolid el 26 de enero de 1936. Hizo el ingreso en su diócesis de forma privada al tiempo del triunfo del Frente Popular en las elecciones. Trató de ser un buen pastor y de afrontar con entereza las difíciles circunstancias. Lo encarcelaron en la segunda mitad de julio, y el 9 de agosto de 1936 lo vejaron y lo fusilaron en el cementerio de Barbastro.



BEATO GERMÁN DE CARCAGENTE (en el siglo, José María Garrigues). Es uno de los mártires valencianos beatificados por Juan Pablo II el 2001. Nació en Carcagente (Valencia) el año 1895. Profesó en los capuchinos en 1912 y fue ordenado de sacerdote en 1919. Se dedicó a la enseñanza, a la formación de los jóvenes capuchinos, al ministerio sacerdotal y al apostolado entre los pobres, en Totana (Murcia), Massamagrell, L'Ollería y Alcira (Valencia). Era un religioso bondadoso y afable, alegre y simpático, hombre de oración, caridad y entrega confiada en las manos de Dios. Cuando en julio de 1936 se desató la persecución religiosa, se refugió en la casa paterna de Carcagente. El 9 de agosto de 1936 fue arrestado por los milicianos y, después de hacerlo objeto de burlas y malos tratos, a media noche lo llevaron al puente de hierro del ferrocarril sobre el río Júcar y lo asesinaron. Antes, el P. Germán se arrodilló, besó las manos de sus asesinos y los perdonó.



BEATO FRANCISCO JAGERSTATTER. Nació en St. Radegund (Austria) el año 1907. Era campesino, contrajo matrimonio y tuvo tres hijas. Se hizo terciario franciscano. Llamado a cumplir el servicio militar en 1943, en pleno conflicto mundial, declaró que como cristiano no podía servir a la ideología nazi y combatir en una guerra injusta. Ante el terror nazi, elevó su voz sin alardes, pero con gran valor, para defender a la Iglesia de la furia anticlerical y para anunciar con su ejemplo el amor al prójimo, que no es un enemigo contra el cual combatir. Recibió toda clase de presiones, incluso de sacerdotes, para que cambiara de actitud, pero se negó a jurar fidelidad al Reich. Fue procesado por insumisión en Berlín y condenado a muerte. Lo guillotinaron en Brandeburgo el 9 de agosto de 1943. Desde la cárcel envió una serie de cartas a su esposa, en las que destaca su entrañable e inquebrantable amor a la familia, a la Iglesia y a Dios, así como su petición de perdón por todos los sufrimientos que podía haber ocasionado con su decisión de oponerse a la guerra. Fue beatificado el año 2007.

Beatos Miguel Tomaszek y Zbigniew Strzahowski

Beatos Miguel Tomaszek y Zbigniew StrzahowskiBEATOS MIGUEL TOMASZEK y ZBIGNIEW STRZAKOWSKI. Estos dos sacerdotes franciscanos conventuales, polacos, trabajaron breve tiempo en su patria y luego marcharon a Perú, a Pariacoto, departamento de Ancash, donde se entregaron a la tarea evangelizadora y a la promoción humana de las gentes más humildes e indigentes. Dos años escasos duró la actividad misionera de estos dos jóvenes, porque el 9 de agosto de 1991 fueron asesinados por miembros de Sendero Luminoso por predicar y promover la paz.- Miguel nació en 1960 en Lekawica, hizo la primera profesión en 1981 y fue ordenado sacerdote en 1987. Trabajó dos años como coadjutor en Piensk, y en julio de 1989 partió para Perú lleno de ilusión. Era una persona sensible y amable, de fe profunda, amante de la oración y generoso evangelizador. Amaba profundamente a la Virgen María y con la música -tocaba la guitarra- se hacía amigo de los niños y los jóvenes. Zbigniew nació en 1958 en Tarnów. Profesó en 1980, como Miguel estudió filosofía y teología en Cracovia, y fue ordenado sacerdote en 1986. Ejerció durante dos años de Vicerrector en el Seminario menor y en noviembre de 1988 partió para Perú. Era un hombre bueno, responsable, buen organizador, con debilidad por las matemáticas. Amaba la creación, cuidaba a los enfermos y servía a todos con fe profunda. Tenía una gran pasión por la figura de san Maximiliano Kolbe. Beatificados el 5-XII-2015. [Más información]

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Santa Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola. Nació en Andoain (Guipúzcoa, España) el año 1845, en el seno de una familia modesta. Desde su adolescencia tuvo de directores espirituales a jesuitas, y se impregnó de la espiritualidad ignaciana. En 1871 fundó en Salamanca la Congregación de las Hijas de Jesús, para la educación cristiana de niñas y jóvenes de todas las categorías sociales, promoción de la mujer y formación de buenas maestras. Vivió para Dios y para lo que él más quiere: llegar a todos, llevarles a todos la esperanza que no vacila, y especialmente a quienes más lo necesitan. Murió en Salamanca el 9-VIII-1912. Canonizada en 2010.

San Fedlimino. Obispo de Kilmore (Irlanda) en el siglo VI.

Santos Mártires de Constantinopla. Su martirio se sitúa en la controversia sobre el culto de las sagradas imágenes, que defendían los católicos y querían suprimir los iconoclastas. El año 729 fueron ejecutados un grupo considerable de cristianos de Constantinopla, por defender una antigua imagen del Salvador colocada sobre la Puerta de Bronce del palacio imperial, que iba a ser destruida por orden del emperador León III el Isáurico.

San Nateo. Obispo y abad del monasterio de Achonry en Irlanda, que murió el año 610.

San Román. Sufrió el martirio en Roma el año 258 y fue enterrado en el cementerio romano de San Lorenzo, en la Vía Tiburtina.

Beato Antonio Mateo. Nació en Torres del Obispo (Huesca) en 1864. De niño ingresó en el seminario diocesano de Barbastro. Ejerció el ministerio sacerdotal en Madrid. Los 9 últimos años de su vida fue capellán de la casa de La Salle en Griñón (Madrid). Destacó por su disponibilidad y sus gestos de caridad. Cuando en julio de 1936 los milicianos asaltaron el noviciado de Griñón, no quiso marchar a Madrid, prefirió quedarse con los enfermos, ancianos y novicios. El 9 de agosto de 1936 los milicianos se lo llevaron y lo asesinaron en el término de Torrejón de la Calzada (Madrid). Beatificado el 13-X-2013.

Beato Claudio Richard. Nació en Lérouville (Lorena, Francia) el año 1741. En su juventud ingresó en la abadía benedictina de San Hidulfo, de Moyen-Moutier, en la que profesó y se ordenó de sacerdote. Ejerció diversos cargos en monasterios de su congregación. Cuando la Revolución Francesa suprimió las órdenes monásticas, el se negó a prestar el juramento constitucional y se quedó en Nancy atendiendo a los fieles. En noviembre de 1793 lo arrestaron y, después de estar un tiempo en la cárcel, lo deportaron a una nave-prisión anclada frente a Rochefort. Se ofreció para atender a los sacerdotes enfermos, y permaneció en este servicio hasta que se contagió y murió devorado por las fiebres el 9 de agosto de 1794.

Beato Falco. Ermitaño del siglo XII que murió en Palena (Calabria, Italia).

Beatos Faustino Oteiza Segura y Florentino Felipe Naya. Estos dos religiosos Escolapios, el primero sacerdote y el segundo hermano profeso, miembros de la comunidad de Peralta de la Sal, fueron apresados por los milicianos el 9 de agosto de 1936 y fusilados en el término municipal de Azanúy (Huesca, España). Faustino nació en Ayegui (Navarra) el año 1890, hizo la profesión religiosa en 1907 y se ordenó de sacerdote en 1913. Se dedicó especialmente a la formación de los futuros escolapios. Desde 1920 padeció Parkinson, enfermedad que llevó con paciencia y entereza. Florentino nació en Alquézar (Huesca) el año 1856. En su juventud se dedicó a las tareas del campo y estuvo al servicio de un rico propietario. Emitió los primeros votos religiosos en 1880. Trabajó en varios colegios suyos, siempre en la cocina y el comedor. En sus últimos años podía trabajar poco por problemas de vista y oído a causa de su edad.

Beato Felipe José, Hermano de La Salle. Nació en Carmena (Toledo) en 1914. Tomó el hábito en 1930. Después del escolasticado fue destinado a Consuegra (Toledo), donde le sorprendió la persecución religiosa. El 21-VII-1936 los milicianos detuvieron a los cuatro Hermanos que formaban la comunidad y los encarcelaron. Cada noche los milicianos sacaban a un grupo de presos para asesinarlos en lugares apartados, sin testigos. A Felipe José le llegó su hora la noche del 7 al 8 de agosto de 1936: lo martirizaron en Fuente del Fresno (Ciudad Real). A los otros tres Hermanos les había llegado su hora dos días antes, la noche del 6 al 7 de agosto, en Los Yébenes.

Beato Francisco López-Gasco y Fernández-Largo. Nació en Villacañas (Toledo) en 1888. En 1901 ingresó en el seminario de Toledo. En 1914 se doctoró en teología en Roma y recibió la ordenación sacerdotal. En su diócesis toledana fue profesor del seminario y ocupo diversos cargos pastorales. Estando en la parroquia de Villa de Don Fadrique (Toledo) fue arrestado, y luego fusilado el 9-VIII-1936.

Beato Guillermo Plaza Hernández. Nació en Yuncos (Toledo, España) el año 1908. Estudió en Toledo y Tortosa y se ordenó de sacerdote en junio de 1932. Poco después ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Estaba destinado en el seminario mayor de Toledo cuando estalló la persecución religiosa. Se refugió en casa de un seminarista, de la que, para mayor seguridad, se trasladó al pueblo de Cobisa, pero al llegar lo reconoció una joven y lo apresaron. En medio de malos tratos lo trasladaron al término de Argés (Toledo) y lo acribillaron a balazos. Era el 9 de agosto de 1936. Antes él preguntó quién iba a matarlo, pues deseaba arrodillarse a sus pies y besarle la mano en señal de perdón.

Beato José María Celaya Badiola. Hermano profeso, coadjutor salesiano. Nació en Azcoitia, provincia de Guipúzcoa (España), el año 1887. Hizo el noviciado en Carabanchel Alto (Madrid) y profesó en 1906. La persecución religiosa de 1936 lo encontró, enfermo desde hacía años, en la Casa de Mohernando. Fue arrestado y maltratado por los milicianos, sin miramiento alguno a su edad y a sus achaques. Murió en las cárceles de Madrid, a causa de los continuos malos tratos, el 9 de agosto de 1936. Fue beatificado el año 2007.

Beato Juan de Salerno. Nació en Salerno (Italia) el año 1190. En 1219, siendo ya sacerdote y doctor en teología, ingresó en los Dominicos, en Bolonia, por influencia del beato Reginaldo de Orleáns. Santo Domingo lo envió a Florencia para la fundación del convento de Santa María Novella. Fue un predicador incansable. El cardenal Hugolino, futuro papa con el nombre de Gregorio IX, lo nombró inquisidor, cargo que ejerció con tanta suavidad y eficacia, que consiguió la conversión de muchos herejes patarinos, sin dictar ninguna sentencia de condena. Murió en Florencia el año 1242.

Beato Juan Vallés, Operario Diocesano. Nació en Darmós (Tarragona) en 1872. Fue ordenado sacerdote en 1898. Pronto le afectó una enfermedad mental, de la que se recuperó muy bien. Era muy inteligente, culto y piadoso, humilde y mortificado, y dedicó su vida al servicio de los futuros sacerdotes en los seminarios a que lo destinaron. Cuando se desencadenó la persecución religiosa, estaba en Tortosa, enfermo grave de cáncer. El 22-VII-1936 le dieron el alta y marchó a su pueblo, a casa de una sobrina, donde lo detuvieron los milicianos, que lo mataron el 8 de agosto de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Julián Pozo. Nació en Payueta (Álava) en 1903. A los diez años ingresó en el seminario menor de los Redentoristas, emitió la profesión temporal en 1920 y recibió la ordenación sacerdotal en 1925. Su vida estuvo marcada por la enfermedad desde niño, la oración, la alegría y las atenciones para con los demás; la aceptación de las propias limitaciones fue madurando en él una profunda santidad. Estando de familia en Cuenca, el 20 de julio de 1936 tuvo que dejar el convento huyendo de la persecución y refugiarse en el seminario diocesano, de donde lo sacaron los milicianos el 9 de agosto de 1936 para fusilarlo en una carretera de Cuenca. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Lorenzo Gabriel Figuera Rey. Nació en Pobla de Segur (Lérida) en 1912. Ingresó en los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), hizo el noviciado y el escolasticado en Francia, ejerció su apostolado en Pons, Calaf, Manresa y Barcelona. Cuando a causa de la persecución religiosa los Hermanos tuvieron que dispersarse, él consiguió llegar a casa de su abuela. Allí llevó vida ejemplar, trabajando en la huerta y orando. La noche del 8 al 9 de agosto se lo llevaron los milicianos. No regresó. En la ficha de su cadáver figuraba que había muerto por balas el 9 de agosto de 1936.

Beato Mariano Sierra. Nació en Alquézar (Huesca) en 1869. Pronto abrazó la vida benedictina: hizo el noviciado en Montserrat, la profesión temporal en 1886 y la solemne en 1890 en el monasterio de El Pueyo (Barbastro, Huesca). Ordenado sacerdote en 1892. Ocupó cargos en el campo de la formación y en el gobierno monástico. El 21 de julio de 1936 los anarquistas lo detuvieron y lo llevaron a la cárcel municipal de Barbastro. Días más tarde lo trasladaron a la cárcel en que ya estaba presa su comunidad. Lo sometieron a un simulacro de fusilamiento. El 9 de agosto de 1936 lo fusilaron en el cementerio de Barbastro, junto con el obispo Florentino Asensio. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Narciso Sitjá. Nació en Sant Andreu de Palomar (Barcelona) 1867. De joven ingresó en la congregación Hijos de la Sagrada Familia. Recibió la ordenación sacerdotal en 1891. Trabajó en la enseñanza en colegios y seminario. Fue asceta y místico. Destacó en la predicación y dirección de ejercicios espirituales, en el confesonario y en la promoción de la devoción a la Sagrada Familia. Cuando estalló la persecución religiosa, se refugió en casa de un hermano suyo. El 9 de agosto de 1936 fue detenido y asesinado en la Riera de Sant Andreu de Palomar. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Ricardo Bere. Era monje cartujo del monasterio de Londres. A un prior martirizado por negarse a acatar la soberanía religiosa de Enrique VIII, siguió otro prior que quiso que todos los monjes la acatasen. Parte de la comunidad prestó el juramento solicitado, pero hubo diez religiosos que, por fidelidad a la Iglesia Católica y al Papa, no quisieron prestarlo. Fueron encarcelados y sometidos a la tortura de estar encadenados y con una argolla en el cuello, a la vez que comenzaron a dejarlos morir de hambre. El P. Ricardo murió exánime el 9 de agosto de 1537.

Beato Rubén de Jesús López Aguilar y compañeros. Se trata de siete religiosos de la Orden de San Juan de Dios, todos ellos colombianos, que habían venido a España para completar su formación y se encontraban en el sanatorio psiquiátrico de Ciempozuelos cuando estalló la persecución religiosa en España. Ante los peligros evidentes, la embajada de Colombia en España hizo las gestiones pertinentes para su repatriación, y cuando llegaron a Barcelona para embarcarse rumbo a su patria, fueron detenidos por los milicianos y fusilados el 9 de agosto de 1936. Estos son sus nombres con la indicación del lugar y fecha de su nacimiento: Rubén de Jesús, Concepción (Antioquía) 1908; Arturo Ayala Niño, Paipa (Boyacá) 1909; Juan Bautista Velázquez Peláez, Jardín (Antioquía) 1909; Eugenio Ramírez Salazar, La Ceja (Antioquía) 1913; Esteban Maya Gutiérrez, Pácora (Caldas) 1907; Melquíades Ramírez Zuluaga, Sonsón (Antioquía) 1909; y Gaspar Páez Perdono, La Unión (Huila) 1913.

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Escribe san Pablo a los Gálatas: -Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre Israel (Ga 6,14-16).

Pensamiento franciscano:

De la carta de santa Clara a Ermentrudis de Brujas: -Oh carísima, mira al cielo que nos invita, y toma la cruz y sigue a Cristo que nos precede; porque, tras diversas y numerosas tribulaciones, por él entraremos en su gloria. Ama con todas tus entrañas a Dios y a Jesús, su Hijo, crucificado por nosotros pecadores, y que su memoria no se aparte nunca de tu mente; procura meditar continuamente los misterios de la cruz y los dolores de la madre que está de pie junto a la cruz. Ora y vela siempre (5CtaCla 9-13).

Orar con la Iglesia:

Invoquemos a nuestro Redentor, que nos ha redimido por su cruz.

-Señor Jesucristo, tú que te despojaste de tu rango y tomaste la condición de esclavo, haz que imitemos tu humildad.

-Tú que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte, y una muerte de cruz, otórganos sumisión y paciencia.

-Tú que fuiste levantado sobre todo por Dios, que te concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre», concédenos la perseverancia hasta el fin.

-Tú, a cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo, infúndenos tu caridad para que te adoremos en la paz.

Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos que seamos buenos administradores de los dones recibidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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De la homilía de S. S. Juan Pablo II
en la misa de canonización de la beata
TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (11-X-1998)

Queridos hermanos y hermanas, Edith Stein, por ser judía, fue deportada junto con su hermana Rosa y muchos otros judíos de los Países Bajos al campo de concentración de Auschwitz, donde murió con ellos en la cámara de gas. Pocos días antes de su deportación, la religiosa, a quienes se ofrecían para salvarle la vida, les respondió: «¡No hagáis nada! ¿Por qué debería ser excluida? No es justo que me beneficie de mi bautismo. Si no puedo compartir el destino de mis hermanos y hermanas, mi vida, en cierto sentido, queda destruida».

El amor a Cristo fue el fuego que encendió la vida de Teresa Benedicta de la Cruz. Mucho antes de darse cuenta, fue completamente conquistada por él. Al comienzo, su ideal fue la libertad. Durante mucho tiempo Edith Stein vivió la experiencia de la búsqueda. Su mente no se cansó de investigar, ni su corazón de esperar. Recorrió el camino arduo de la filosofía con ardor apasionado y, al final, fue premiada: conquistó la verdad; más bien, la Verdad la conquistó. En efecto, descubrió que la verdad tenía un nombre: Jesucristo, y desde ese momento el Verbo encarnado fue todo para ella. Al contemplar, como carmelita, ese período de su vida, escribió a una benedictina: «Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios».

Edith Stein, aunque fue educada por su madre en la religión judía, a los catorce años «se alejó, de modo consciente y explícito, de la oración». Quería contar sólo con sus propias fuerzas, preocupada por afirmar su libertad en las opciones de la vida. Al final de un largo camino, pudo llegar a una constatación sorprendente: sólo el que se une al amor de Cristo llega a ser verdaderamente libre.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz llegó a comprender que el amor de Cristo y la libertad del hombre se entrecruzan, porque el amor y la verdad tienen una relación intrínseca. La búsqueda de la libertad y su traducción al amor no le parecieron opuestas; al contrario, comprendió que guardaban una relación directa.

La nueva santa nos enseña, por último, que el amor a Cristo pasa por el dolor. El que ama de verdad no se detiene ante la perspectiva del sufrimiento: acepta la comunión en el dolor con la persona amada.

Edith Stein, consciente de lo que implicaba su origen judío, dijo al respecto palabras elocuentes: «Bajo la cruz he comprendido el destino del pueblo de Dios. (...) En efecto, hoy conozco mucho mejor lo que significa ser la esposa del Señor con el signo de la cruz. Pero, puesto que es un misterio, no se comprenderá jamás con la sola razón».

El misterio de la cruz envolvió poco a poco toda su vida, hasta impulsarla a la entrega suprema. Como esposa en la cruz, sor Teresa Benedicta no sólo escribió páginas profundas sobre la «ciencia de la cruz»; también recorrió hasta el fin el camino de la escuela de la cruz. Muchos de nuestros contemporáneos quisieran silenciar la cruz, pero nada es más elocuente que la cruz silenciada. El verdadero mensaje del dolor es una lección de amor. El amor hace fecundo al dolor y el dolor hace profundo al amor.

Por la experiencia de la cruz, Edith Stein pudo abrirse camino hacia un nuevo encuentro con el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Padre de nuestro Señor Jesucristo. La fe y la cruz fueron inseparables para ella. Al haberse formado en la escuela de la cruz, descubrió las raíces a las que estaba unido el árbol de su propia vida. Comprendió que era muy importante para ella «ser hija del pueblo elegido y pertenecer a Cristo, no sólo espiritualmente, sino también por un vínculo de sangre».

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LA PUERTA DE LA VIDA SE ABRE
A LOS QUE CREEN EN EL CRUCIFICADO
Del libro «La Ciencia de la Cruz»
de Santa Teresa Benedicta de la Cruz

Cristo se sometió al yugo de la ley, guardando plenamente la ley y muriendo por la ley y por medio de la ley. Liberó, por ello, a los que desean recibir la vida. Pero no la pueden recibir, salvo que ellos mismos ofrezcan la suya propia. Porque los que han sido bautizados en Cristo Jesús, en su muerte han sido bautizados. Son sumergidos en su vida para devenir miembros de su cuerpo y padecer y morir con él, como miembros suyos.

Esta vida vendrá abundantemente en el día glorioso, pero ya ahora, mientras vivimos en la carne, participamos de ella, si creemos que Cristo ha muerto por nosotros para darnos la vida. Con esta fe nos unimos con él como los miembros se unen con su cabeza; esta fe nos abre a la fuente de su vida. Por eso, la fe en el Crucificado, es decir, esa fe viva que lleva aparejada un amor entregado, viene a ser para nosotros puerta de la vida y comienzo de la gloria; de ahí que la Cruz constituya nuestra gloria: Fuera de mí gloriarme en otra cosa que no sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo (Ga 6,14).

Quien elige a Cristo ha muerto para el mundo y el mundo para él. Lleva en su cuerpo los estigmas de Cristo, se ve rodeado de flaquezas y despreciado por los hombres, pero, por este mismo motivo, se halla robusto y vigoroso, ya que la fuerza de Dios resplandece en la debilidad. Con este conocimiento, el discípulo de Jesús no solo acoge la cruz sobre sus espaldas, sino que él mismo se crucifica en ella. Los que son de Jesucristo han crucificado la carne con sus vicios y concupiscencias. Lucharon un duro combate contra su naturaleza a fin de que la vida del pecado muriese en ellos y poder así dar amplia cabida a la vida en el Espíritu.

Para esta pelea se precisa una singular fortaleza. Pero la Cruz no es el fin; la Cruz es la exaltación y mostrará el cielo. La Cruz no sólo es signo, sino también invicta armadura de Cristo: báculo de pastor con el que el divino David se enfrenta contra el malvado Goliath; báculo con el que Cristo golpea enérgicamente la puerta del cielo y la abre. Cuando se cumplan todas estas cosas, la luz divina se difundirá y colmará a cuantos siguen al Crucificado.

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MENSAJE DE JUAN PABLO II A LAS CLARISAS (9-VIII-03)
en el 750 aniversario de la muerte de Santa Clara

Amadísimas hermanas:

1. El 11 de agosto de 1253 concluía su peregrinación terrena santa Clara de Asís, discípula de san Francisco y fundadora de vuestra Orden, llamada de Hermanas Pobres o Clarisas, que hoy, en sus diversas ramas, cuenta con aproximadamente novecientos monasterios esparcidos por los cinco continentes. A setecientos cincuenta años de su muerte, el recuerdo de esta gran santa sigue estando muy vivo en el corazón de los fieles; por eso, en esta circunstancia, me complace particularmente enviar a vuestra familia religiosa un cordial pensamiento y un afectuoso saludo.

En una celebración jubilar tan significativa, santa Clara exhorta a todos a comprender cada vez más profundamente el valor de la vocación, que es un don de Dios que ha de hacerse fructificar. A este propósito, escribió en su Testamento: «Entre tantos beneficios como hemos recibido y estamos recibiendo cada día de la liberalidad de nuestro Padre de las misericordias, por los cuales debemos mayormente rendir acciones de gracias al mismo Señor de la gloria, uno de los mayores es el de nuestra vocación; y cuanto ésta es más grande y más perfecta, tanto más deudoras le somos. Por lo cual dice el Apóstol: Reconoce tu vocación» (2-4).

2. Santa Clara, nacida en Asís en torno a los años 1193-1194, en el seno de la noble familia de Favarone de Offreduccio, recibió, sobre todo de su madre Ortolana, una sólida educación cristiana. Iluminada por la gracia divina, se dejó atraer por la nueva forma de vida evangélica iniciada por san Francisco y sus compañeros, y decidió, a su vez, emprender un seguimiento más radical de Cristo. Dejó su casa paterna en la noche entre el domingo de Ramos y el Lunes santo de 1211 (ó 1212) y, por consejo del mismo santo, se dirigió a la iglesita de la Porciúncula, cuna de la experiencia franciscana, donde, ante el altar de Santa María, se desprendió de todas sus riquezas, para vestir el hábito pobre de penitencia en forma de cruz.

Después de un breve período de búsqueda, llegó al pequeño monasterio de San Damián, a donde la siguió también su hermana menor, Inés. Allí se le unieron otras compañeras, deseosas de encarnar el Evangelio en una dimensión contemplativa. Ante la determinación con la que la nueva comunidad monástica seguía las huellas de Cristo, considerando que la pobreza, el esfuerzo, la tribulación, la humillación y el desprecio del mundo eran motivo de gran alegría espiritual, san Francisco se sintió movido por afecto paterno y les escribió: «Ya que, por inspiración divina, os habéis hecho hijas y esclavas del altísimo sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir conforme a la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo tener siempre, por mí mismo y por medio de mis hermanos, diligente cuidado y especial solicitud de vosotras no menos que de ellos» (RCl 6,3-4).

3. Santa Clara insertó estas palabras en el capítulo central de su Regla, reconociendo en ellas no sólo una de las enseñanzas recibidas del santo, sino también el núcleo fundamental de su carisma, que se delinea en el contexto trinitario y mariano del evangelio de la Anunciación. En efecto, san Francisco veía la vocación de las Hermanas Pobres a la luz de la Virgen María, la humilde esclava del Señor que, al concebir por obra del Espíritu Santo, se convirtió en la Madre de Dios. La humilde esclava del Señor es el prototipo de la Iglesia, virgen, esposa y madre.

Santa Clara percibía su vocación como una llamada a vivir siguiendo el ejemplo de María, que ofreció su virginidad a la acción del Espíritu Santo para convertirse en Madre de Cristo y de su Cuerpo místico. Se sentía estrechamente asociada a la Madre del Señor y, por eso, exhortaba así a santa Inés de Praga, princesa bohemia que se había hecho clarisa: «Adhiérete a su Madre dulcísima, que engendró tal Hijo, a quien los cielos no podían contener, y ella, sin embargo, lo acogió en el pequeño claustro de su sagrado útero y lo llevó en su seno virginal» (3CtaCl 18-19).

La figura de María acompañó el camino vocacional de la santa de Asís hasta el final de su vida. Según un significativo testimonio dado durante su proceso de canonización, en el momento en que Clara estaba a punto de morir, la Virgen se acercó a su lecho e inclinó la cabeza sobre ella, cuya vida había sido una radiante imagen de la suya.























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