domingo, 6 de agosto de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 7 DE AGOSTO

 

SAN SIXTO II, PAPA, Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES. [Murieron el 6 de agosto y su memoria se celebra el 7 del mismo mes]. Sixto II fue papa desde el 30 de agosto del año 257 al 6 de agosto del 258. Era de origen griego y sucedió en el pontificado a Esteban I. En su breve gobierno de la Iglesia, restableció la comunión eclesial con Cartago, interrumpida por la controversia sobre el bautismo de los herejes. Al año siguiente de su elección, el 6 de agosto, mientras celebraba los sagrados misterios e instruía a los fieles en el cementerio de Calixto, fue detenido por unos soldados en virtud del edicto del emperador Valeriano y decapitado allí mismo junto con cuatro de sus diáconos. Fueron sepultados en el mismo cementerio de Calixto, en la Vía Apia de Roma. En la misma fecha fueron martirizados y sepultados en el cementerio de Pretextato sus diáconos Agapito y Felicísimo. Su otro diácono, san Lorenzo, sufrió el martirio pocos días después.- Oración: Dios todopoderoso, tú que has concedido al papa san Sixto y a sus compañeros, mártires, la gracia de morir por tu palabra y por el testimonio de Jesús, concédenos que el Espíritu Santo nos haga dóciles en la fe y fuertes para confesarla ante los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SAN CAYETANO DE THIENE. Nació en Vicenza (Italia) el año 1480. Estudió derecho en Padua y luego marchó a Roma, donde el papa Julio II lo empleó en la curia como protonotario. Muerto el Papa dejó la corte pontificia y se ordenó de sacerdote en 1516. Volvió a Vicenza, se entregó a las obras de religión y misericordia y reorganizó el Oratorio del Divino Amor. En 1520 pasó a Venecia, donde sirvió a los pobres en un hospital. Para remediar las carencias que observó en parte del clero, fundó en Roma la sociedad de los Clérigos Regulares llamados Teatinos, inspirada en la vida de los Apóstoles, para promover la formación del clero, la predicación, el confesonario, la atención a los pobres y enfermos, especialmente los incurables, la digna celebración del culto divino. La Orden no debía tener bienes ni pedir limosna, confiando en la Providencia. San Cayetano pasó el último período de su vida en Nápoles, donde desarrolló una extraordinaria labor de renovación en el clero, en los religiosos y en el pueblo. Murió 7 de agosto de 1547.- Oración: Señor, Dios nuestro, que concediste a san Cayetano imitar el modo de vivir de los apóstoles, concédenos, por su intercesión y ejemplo, poner en ti nuestra confianza y buscar siempre el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



BEATO VICENTE DE L'AQUILA . Hermano profeso de la Orden franciscana, que fue a la vez humilde limosnero e inspirado consejero espiritual de gente sencilla o de alta condición, adornado con el don de profecía y de milagros. De gran austeridad y muy dado a la penitencia y a la oración. Nació hacia el año 1435 en L'Aquila (Abruzos, Italia). Atraído por la fama de san Bernardino de Siena, ingresó en los Observantes de su ciudad natal como hermano lego, y ejerció diversos oficios domésticos hasta que se le encargó el de limosnero, que él supo convertir en campo de apostolado por su bondad y santas palabras. Fue una bendición para los tiempos revueltos en que vivió. Murió en el convento de San Julián de L'Aquila el 7 de agosto de 1504.



BEATOS AGATÁNGEL Y CASIANO. Capuchinos, sacerdotes, misioneros, mártires. Agatángel nació en Vendôme (Francia) el año 1598. En 1619 entró en la Orden de los capuchinos y en 1625 recibió la ordenación sacerdotal. Desde 1629 hasta su muerte pasó la vida en las misiones de Oriente Medio. En Alepo se dedicó a estudiar la lengua árabe a la vez que atendía a los cristianos franceses, italianos y otros. Como superior de la misión de El Cairo, se desvivió por la unión de los cismáticos coptos con Roma. En 1637 lo enviaron como superior de la nueva misión de Etiopía en unión de Casiano que había nacido en Nantes (Francia) el año 1607 en el seno de una familia portuguesa. Había profesado entre los capuchinos en 1623 y había sido ordenado sacerdote en 1631. Dominaba varias lenguas orientales. Los dos, apenas llegados a su destino, fueron apresados y llevados a Gondar, a presencia del rey. Éste, presionado por los jefes coptos y por el pueblo, se vio obligado, contra su propio parecer, a condenarlos. El 7 de agosto de 1638 fueron ahorcados y apedreados en Gondar (Etiopía).- Oración: Te rogamos, Señor, que todos los pueblos lleguen a la unidad de la verdadera fe, por la que ofrecieron su vida tus mártires Agatángel y Casiano, audaces predicadores de tu Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



BEATO MARTÍN DE SAN FÉLIX WOODCOCK y compañeros mártires. El beato Martín (de pila Juan) nació en el condado de Lancashire (Inglaterra) el año 1603. Cursó los estudios para el sacerdocio en Saint-Omer (Francia) y en Roma. En 1631 vistió el hábito franciscano en Douai (Francia) y luego se ordenó de sacerdote. Ejerció su ministerio en Arrás hasta que pasó a Inglaterra, donde trabajó con celo y eficacia. Su delicado estado de salud le obligó a volver al convento de Douai. Las noticias que le llegaban de la firmeza en la fe y el heroico martirio de sus hermanos frailes en el Reino Unido, lo decidieron a regresar a su patria en 1644. Al día siguiente de su llegada fue arrestado y, tras dos años de calabozo, fue acusado y condenado como traidor por haberse ordenado en el extranjero y haber entrado en los diminios del rey Carlos I. A él y a dos sacerdotes seculares, Eduardo Bamber y Tomás Whitaker, acusados y condenados como él, los ahorcaron y luego los destriparon y descuartizaron en Lancaster el 7 de agosto de 1646. En 1987 Juan Pablo II los beatificó en un grupo de 85 mártires ingleses.

BEATO PACÍFICO DE RONDA

BEATO PACÍFICO DE RONDABEATO PACÍFICO DE RONDA. Nació en Ronda (Málaga) en 1882. Ingresó en los capuchinos como hermano laico a los 19 años y emitió la profesión simple en 1902. Durante mucho tiempo fue limosnero de distintos conventos y propagador de la revista  El Adalid. En el cumplimiento de su oficio edificaba a la gente por su buena conducta y virtudes, y también por su delicada educación y su trato correcto. Estando de familia en la comunidad de Antequera (Málaga), durante el doloroso asedio a que sometieron el convento los milicianos en julio de 1936, decidió marchar a la zona nacional. El 3 de agosto salió por el postigo de la puerta de la huerta; pronto lo arrestaron y encarcelaron. El 7 de agosto de 1936, los milicianos le dieron la  libertad y lo dejaron marchar, pero a continuación  lo acribillaron a balazos en una calle céntrica de Antequera. Beatificado el  13-X-2013. [Más información]

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Santa Afra. Se convirtió a Cristo y, por confesar su fe cristiana, antes de recibir el bautismo, fue quemada viva en Augsburgo (Alemania) el año 304, en tiempo del emperador Diocleciano.

San Alberto de Sicilia (o de Trapani). Nació en Trapani (Sicilia) a mediados del siglo XIII, y pertenecía a la familia Degli Abbati. De joven ingresó en el Carmelo de su ciudad natal. Ordenado de sacerdote, ejerció el ministerio en Mesina donde se hizo famoso por el ardor de su predicación. En 1296 lo eligieron superior provincial de la Orden en Sicilia. Trabajó con gran celo en la conversión de los judíos, muchos de los cuales abrazaron la fe cristiana. Logró que llegasen víveres a la ciudad cuando fue asediada por Roberto rey de Nápoles. Murió en Mesina el año 1307.

San Donaciano. Obispo de Châlons, en la antigua Galia belga, hoy en Francia. Murió en el siglo IV.

San Donato de Arezzo. Fue el segundo obispo de Arezzo (Toscana, Italia) y murió en el siglo IV. El papa san Gregorio Magno alabó su virtud y la eficacia de su oración.

San Donato de Besançon. Fue obispo de Besançon (Borgoña, Francia). Compuso una regla para las vírgenes consagradas al Señor, en la que siguió las enseñanzas de san Benito, san Columbano y san Cesáreo. Murió hacia el año 660.

San Miguel de la Mora. Nació en Rincón del Tigre (Jalisco, México) el año 1874. Nació y creció en un rancho y de joven colaboró en las faenas del campo, hasta que ingresó en el seminario de Colima, donde se ordenó de sacerdote en 1906. Estuvo años trabajando en el ministerio parroquial, y luego en la catedral. Atendió con asiduidad el confesonario, acudió a la cabecera de los enfermos, ejerció otros ministerios y dirigió organismos de apostolado y espiritualidad. Cuando llegó la persecución religiosa, se ocultó en su casa. Lo detuvieron y lo dejaron en libertad vigilada. Intentó huir, pero lo arrestaron y lo devolvieron a Colima, donde lo fusilaron el 7 de agosto de 1927. Fue canonizado el año 2000.

San Victricio de Ruán. Nació hacia el año 330 en el país de los Mórinos, pueblo galo, entre Bélgica y Alemania. Abrazó la carrera de las armas y, en tiempo del emperador Juliano el Apóstrata, dejó el ejército haciendo pública su fe cristiana. Lo torturaron y lo condenaron a muerte, pero luego lo dejaron en libertad. Hacia el año 385 fue elegido obispo de Ruán, diócesis que él consiguió trasformar en un centro de espiritualidad. Florecieron los monasterios de monjes y de monjas, las comunidades cristianas y la veneración a los mártires. Evangelizó a los Mórinos y a los Nervos. Murió en Ruán el año 410.

Beato Alberto de Sassoferrato. Monje de la Orden Camaldulense, insigne por la austeridad de vida y la perfecta observancia de la Regla de su Orden. Murió en Sassoferrato (Marcas, Italia) el año 1350.

Beato Aureliano Ortigosa. Nació en Torralba del Río (Navarra) en 1894. El año 1912 emitió sus primeros votos como Hermano Marista. Ejerció la docencia en varias localidades y en 1935 llegó a Badajoz. Aquí, además de las clases que daba en el seminario, visitaba el barrio más pobre de la ciudad y había iniciado una escuelita para las familias menos favorecidas. En la persecución religiosa de julio de 1936, se refugió en casa de una familia amiga. El 7 de agosto de 1936, una empleada de la casa lo denunció a los milicianos, que lo detuvieron, lo torturaron con saña y lo mataron en el Puente de Palmas de la ciudad. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Benito Juan. Nació en Vilalba dels Arcs (Tarragona) en 1906. Profesó en los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1928. Hizo el servicio militar en 1934. Por motivos de salud, fue a pasar unos días a su pueblo natal durante las vacaciones de 1936, y estando allí estalló en España la persecución religiosa. El 7 de agosto de 1936, después de un minucioso registro de su casa, uno de los milicianos lo provocó diciéndole: «A ver, guapo, por qué no gritas aquello de "¡Viva Cristo Rey?"», y el Hno. contestó: «¡Viva!». De inmediato cayeron acribillados a balazos él, su padre y un hermano suyo. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Edmundo Bojanowski. Seglar católico que nació en Grabanóg (Polonia) el año 1814, de familia noble y religiosa. Estudió en Breslau y Berlín, y tuvo que dejar los estudios por falta de salud. La situación política y social de Polonia era entonces revuelta y llevaba a un aumento de los pobres. Edmundo se entregó a las obras de religión y caridad, trabajó con ahínco en la formación de los pobres y campesinos en las enseñanzas evangélicas, fundó un asilo, y para su mejor atención una cofradía de maestras, que pronto se convirtió en la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios. Murió en Górka Duchovna el año 1871.

Beatos Francisco Gargallo y Manuel Sancho, Mercedarios. Cuando estalló en España la persecución religiosa de 1936, los dos pertenecían al monasterio de Ntra. Sra. del Olivar (Estercuel, Teruel), del que era superior el P. Gargallo. El 3 de agosto salieron del monasterio hacia Zaragoza en busca de refugio. Tras deambular errantes por montes y cuevas, el 7 de agosto de 1936 cayeron en manos de los milicianos que los asesinaron en el término municipal de Muniesa (Teruel). Francisco Gargallo nació en Castellote (Teruel) en 1872. Profesó en 1890, estudió en Roma y fue ordenado sacerdote en 1896. Permaneció en Roma hasta 1912 desempeñando altos cargos en su curia general. También en España le confiaron oficios de responsabilidad. Fue liturgista, misionero en Puerto Rico, excelente superior. Se distinguió por la discreción y prudencia en el gobierno, y como buen religioso, paciente y afable con los súbditos. Manuel Sancho nació en Castellote en 1874. Profesó en 1890 y fue ordenado sacerdote en 1897. Dios lo dotó de grandes cualidades humanas y espirituales: fue místico, catequista, dramaturgo, musicólogo. Brillante por su extraordinario talento para los estudios y las artes, publicó muchos escritos sobre temas intelectuales y artísticos y obras musicales. A pesar de su éxito humano, fue un hombre humilde, sencillo, dado a acciones de caridad y contemplación.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Jordán Forzaté. Nació en Padua el año 1158. A los quince años ingresó en el monasterio de San Benito, situado a las afueras de la ciudad. Cuando lo nombraron prior y tuvo que reconstruir el monasterio, levantó dos edificios independientes, uno para monjes y otro para monjas. Los papas le confiaron misiones delicadas. Intervino activamente en el proceso de canonización de san Antonio de Padua. Participó en el buen gobierno de la ciudad y, cuando el tirano Ezzelino Romano la ocupó, se retiró al castillo paterno. Estuvo un par de años encarcelado y luego marchó a Venecia, donde murió en 1248. Destacó por su honestidad, integridad de costumbres y sabiduría.

Beatos Leoncio Rosell y Jaime Óscar Valdés. Eran religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, y en 1936 estaban en el asilo-hospital infantil de la Malvarrosa, en Valencia, que fue incautado por los milicianos comunistas el 23 de julio de 1936. Los religiosos permanecieron allí bajo sus duras órdenes. El 7 de agosto de 1936 un grupo de pistoleros hizo un minucioso y violento registro de la casa, maltratando a nuestros mártires, que los acompañaban. Por la noche de aquel mismo día los fusilaron cerca del cementerio del Cabañal, de Valencia. Días después, el 4 de octubre, martirizaron a otros 9 miembros de la comunidad. Leoncio Rosell nació en Barcelona en 1898. Hizo su primera profesión en 1917. Prestó servicio militar en África como sanitario. Dadas sus cualidades, le fueron confiando responsabilidades en diferentes casas. Desde 1931 era superior de Malvarrosa. Jaime Óscar Valdés nació en La Habana (Cuba) en 1891 y vistió el hábito de los Hospitalarios en 1913, en Ciempozuelos (Madrid). El trienio 1928-1931 fue superior de la casa de Bogotá (Colombia). En la Malvarrosa tenía a su cargo la ropería y la farmacia.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Nicolás Postgate. Nació en Egton Bridge (Yorkshire, Inglaterra) el año 1597. Para seguir su vocación, ingresó en el seminario de Douai (Francia) y se ordenó de sacerdote en 1628. Dos años después volvió a su tierra y estuvo ejerciendo el sagrado ministerio, siempre en clandestinidad, en distintos lugares y tareas. Tras casi cincuenta años de apostolado fructífero entre los pobres, fue delatado por dinero. Lo condenaron por ser sacerdote católico y lo ahorcaron en York el año 1679, durante el reinado de Carlos II.

Beatos Teodosio Rafael, Eustaquio Luis y Carlos Jorge, Hermanos de La Salle. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas atendían una escuela en Consuegra (Toledo). Formaban la comunidad cuatro religiosos: el Hno. Teodosio Rafael era el director; los Hnos. Carlos Jorge y Felipe José daban clase, y el Hno. Eustaquio Luis se ocupaba de la cocina y de la casa. El 21-VII-1936, iniciada la persecución religiosa, los milicianos detuvieron a los Hermanos y los llevaron a la cárcel, donde ya había otros ciudadanos. Cada noche los milicianos sacaban a un grupo de presos para asesinarlos en lugares apartados, sin testigos. A estos tres Hermanos les llegó su hora la noche del 6 al 7 de agosto de 1936: los martirizaron en el lugar llamado "Boca del Congosto", en el término de Los Yébenes (Toledo). El Hno. Felipe José fue inmolado dos días después. Teodosio Rafael nació en Salguero de Juarros (Burgos) en 1898, tomó el hábito en 1914, ejerció su apostolado en varios destinos y en 1933 llegó a Consuegra. Eustaquio Luis nació en Cucho (Burgos) en 1888, tomó el hábito en 1907 y, como tenía poca predisposición para los estudios, él mismo manifestó deseos de ocuparse en trabajos manuales. Carlos Jorge nació en Campillas de Campos (Palencia) en 1908, tomó el hábito en 1925 y trabajó en las sucesivas casas a que lo enviaron.

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dijo Jesús a sus discípulos: -No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos (Mt 6,31-35).

Pensamiento franciscano:

Santa Clara escribió a santa Inés de Praga: -Si tan grande y tan importante Señor, al venir al seno de la Virgen, quiso aparecer en el mundo, despreciado, indigente y pobre, para que los hombres, paupérrimos e indigentes, se hicieran en Él ricos, saltad de gozo y alegraos porque, por haber preferido vos el desprecio del siglo a los honores, la pobreza a las riquezas temporales, y guardar los tesoros en el cielo antes que en la tierra, vuestra recompensa es copiosísima en los cielos, y habéis merecido ser llamada hermana, esposa y madre del Hijo del Altísimo Padre y de la gloriosa Virgen (1CtaCl 19-24).

Orar con la Iglesia:

Oremos a Dios nuestro Padre, en quien tenemos puesta nuestra esperanza.

-Por la Iglesia: para que sea como lámpara encendida en medio de las tinieblas y abra nuevos horizontes de esperanza.

-Por cuantos tienen autoridad en el mundo: para que frenen las ambiciones, pongan fin a las guerras y fomenten la paz y la justicia.

-Por los emigrantes, los enfermos, los marginados y cuantos sufren: para que Dios y los hermanos aviven sus esperanzas.

-Por todos los que hemos sido iluminados con el don de la fe: para que nos mantengamos firmes en la esperanza y ardientes en la caridad.

Oración: Te pedimos, Padre, que no abandones a tus hijos en su debilidad, sino que en su pobreza manifiestes la fuerza de tu poder. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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MENSAJE DE S. S. JUAN PABLO II A LAS CLARISAS
CON MOTIVO DEL VIII CENTENARIO DEL NACIMIENTO
DE SANTA CLARA DE ASÍS (11-VIII-1993)

Queridas religiosas de vida contemplativa:

1. Hace ochocientos años nacía Clara de Asís en el seno de la familia del noble Favarone di Offreduccio.

Esta mujer nueva, como han escrito refiriéndose a ella en una carta reciente los ministros generales de las familias franciscanas, vivió como una pequeña planta a la sombra de san Francisco, que la condujo a las cimas de la perfección cristiana. La celebración de esta criatura verdaderamente evangélica quiere ser, sobre todo, una invitación al redescubrimiento de la contemplación, de ese itinerario espiritual del que sólo los místicos tienen una experiencia profunda. Quien lee su antigua biografía y sus escritos -la Forma de vida, el Testamento y las cuatro cartas que se han conservado de las muchas dirigidas a santa Inés de Praga- penetra hasta tal punto en el misterio de Dios, uno y trino, y de Cristo, Verbo encarnado, que permanece casi deslumbrado. Esos escritos están tan marcados por el amor que en ella suscitó el mirar ardorosa y prolongadamente a Cristo, el Señor, que no es fácil referir lo que sólo un corazón de mujer pudo experimentar.

2. El itinerario contemplativo de Clara, que se concluirá con la visión del «Rey de la gloria», comienza precisamente con su entrega total al Espíritu del Señor, como hizo María en la Anunciación. Es decir, comienza con el espíritu de pobreza que no deja nada en ella, salvo la simplicidad de su mirada fija en Dios.

Para Clara la pobreza -tan amada y citada en sus escritos- es la riqueza del alma que, despojada de sus bienes propios, se abre al «Espíritu del Señor y a su santa obra», como un recipiente vacío en el que Dios puede derramar la abundancia de sus dones. El paralelismo entre María y Clara aparece en el primer escrito de san Francisco, en la Forma vivendi dada a Clara: «Por inspiración divina os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio».

A Clara y sus hermanas se las llama esposas del Espíritu Santo: término inusitado en la historia de la Iglesia, donde la religiosa, la monja siempre es calificada como esposa de Cristo. Pero resuenan aquí algunos términos del relato lucano de la Anunciación (cf. Lc 1,26-38), que se transforman en palabras-clave para expresar la experiencia de Clara: el Altísimo, el Espíritu Santo, el Hijo de Dios, la sierva del Señor, y, en fin, el cubrir con su sombra, que para Clara es la velación, cuando sus cabellos, cortados, caen a los pies del altar de la Virgen María, en la Porciúncula, «como delante del tálamo nupcial» (cf. LCl 8).

3. La obra del Espíritu del Señor, que se nos dona en el bautismo, consiste en reproducir en el cristiano el rostro del Hijo de Dios. En la soledad y el silencio, que Clara elige como forma de vida para ella misma y para sus hermanas entre las paredes paupérrimas de su monasterio, a mitad de camino entre Asís y la Porciúncula, se disipa la cortina de humo de las palabras y las cosas terrenas, y se hace realidad la comunión con Dios: amor que nace y se entrega.

Clara, tras contemplar en la oración al Niño de Belén, exhorta con las siguientes palabras: «Dado que esta visión de él es esplendor de la gloria eterna, fulgor de la luz perenne y espejo sin mancha, lleva cada día tu alma a este espejo… Mira la pobreza de aquel que fue recostado en un pesebre y envuelto en pobres pañales. ¡Oh admirable humildad y pobreza, que produce asombro! ¡El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra, está recostado en un pesebre¡» (4CtaCl).

Ni siquiera se da cuenta de que también su seno de virgen consagrada y de «virgen pobrecilla» unida a «Cristo pobre» se convierte, por medio de la contemplación y la transformación, en cuna del Hijo de Dios (Proc IX,4). En un momento de gran peligro, cuando el monasterio está a punto de caer en manos de las tropas sarracenas reclutadas por el emperador Federico II, la voz de este Niño, desde la Eucaristía, la tranquiliza: «¡Yo os protegeré siempre!».

La noche de Navidad de 1252, el Niño Jesús transporta a Clara lejos de su lecho de enferma, y el amor, que carece de lugar y tiempo, la envuelve en una experiencia mística que la introduce en la profundidad infinita de Dios.

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SABEMOS QUE LOS SOLDADOS DE CRISTO
NO SON DESTRUIDOS, SINO CORONADOS
De la carta 80 de san Cipriano

El motivo de que no os escribiera en seguida, hermano muy amado, es el hecho de que todos los clérigos, debido al estado de persecución en que nos hallamos, no podían en modo alguno salir de aquí, dispuestos como estaban, por el fervor de su ánimo, a la consecución de la gloria celestial y divina. Sabed que ya han vuelto los que había enviado a Roma con el fin de que se enteraran bien del contenido del rescripto que pesa sobre nosotros, ya que sólo teníamos acerca de él rumores y noticias inciertas.

La verdad es la siguiente: Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación; a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de su dignidad y de sus bienes, y, si a pesar de ello, perseveran en su condición de cristianos, serán decapitados; a las matronas se les confiscarán sus bienes y se las desterrará; los cesarianos todos que hayan profesado antes o profesen actualmente la fe cristiana serán desposeídos de sus bienes y enviados, en calidad de prisioneros, a las posesiones del Estado, levantándose acta de ello.

El emperador Valeriano ha añadido también a su decreto una copia de la carta enviada a los gobernadores de las provincias, y que hace referencia a nosotros; estamos esperando que llegue de un día a otro esta carta, manteniéndonos firmes en la fe y dispuestos al martirio, en expectación de la corona de vida eterna que confiamos alcanzar con la bondad y la ayuda del Señor. Sabed que Sixto, y con él cuatro diáconos, fueron ejecutados en el cementerio el día seis de agosto. Los prefectos de Roma no cejan ni un día en esta persecución, y todos los que son presentados a su tribunal son ejecutados y sus bienes entregados al fisco.

Os pido que comuniquéis estas noticias a los demás colegas nuestros, para que en todas partes las comunidades cristianas puedan ser fortalecidas por su exhortación y preparadas para la lucha espiritual, a fin de que todos y cada uno de los nuestros piensen más en la inmortalidad que en la muerte y se ofrezcan al Señor con fe plena y fortaleza de ánimo, con más alegría que temor por el martirio que se avecina, sabiendo que los soldados de Dios y de Cristo no son destruidos, sino coronados.

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CRISTO HABITE POR LA FE EN NUESTROS CORAZONES
De la carta de san Cayetano a Elisabet Porto

Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.

Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.

Él se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡ay de aquel que no se preocupa por recibirlo! Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti; mas para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda.

Hija mía, no recibas a Jesucristo con el fin de utilizarlo según tus criterios, sino que quiero que tú te entregues a él, y que él te reciba, y así él, tu Dios salvador, haga de ti y en ti lo que a él le plazca. Éste es mi deseo, y a esto te exhorto y, en cuanto me es dado, a ello te presiono.

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ES NECESARIO EMPLEAR TODOS LOS MEDIOS
PARA LA SALVACIÓN DE LOS HERMANOS
De una carta del beato Agatángel al cardenal prefecto
de la Congregación de Propaganda Fide

Eminentísimo Señor y Patrono: Hallándome el pasado mes en Jerusalén, el reverendo Padre Guardián me mostró la carta de los eminentísimos Cardenales de la Sagrada Congregación, en la que se exponía lo siguiente:

«Vuestra Paternidad nos notificó el parecer del padre Pablo de Lodi sobre la licitud y conveniencia de visitar las iglesias de los herejes y cismáticos, manteniendo en el interior del corazón la seguridad en la fe católica. Esta opinión es juzgada errónea por la Sagrada Congregación, por lo que no se podrá mantener esta práctica».

Después me trasladé a Egipto y sometí la cuestión a tres padres nuestros, teólogos, y también al juicio del padre Arcángel de Pistoya. La opinión de todos estos padres es conforme a la mía personal, por lo que me atrevo a someterla a vuestra Eminencia como el menor de los hijos, y juzgo ser la más conveniente para la gloria de Dios y salvación de las almas, aunque siempre dispuesto a aceptar cualquier corrección que me merezca, si no me hallo en lo cierto. Los mencionados padres teólogos estudiaron a fondo el problema, señalaron varios considerandos, que podemos reducir a cuatro: que tal comunicación in divinis no ocasione escándalo; que no exista peligro de perder la fe; que no se participe en ningún acto delictivo o ceremonia que pueda significar herejía; que no suponga aprobación expresa de tal herejía o rito herético.

Para formarse una idea exacta y juzgar rectamente estas cuatro condiciones, es oportuno conocer a fondo las circunstancias verdaderas de lugar, tiempo, clases de ritos existentes aquí y otras situaciones particulares; y este pleno conocimiento nunca se lo podrán formar rectamente los teólogos y doctores de la cristiandad, por desconocer las costumbres concretas de estos lugares. Por lo que, según mi humilde juicio, creo que debe someterse este problema a la conciencia de los misioneros, quienes piensan que esta comunicación con los herejes y cismáticos aquí ha de mantenerse y no debe impedirse por ningún motivo, ya que la práctica contraria equivaldría a suprimir la posibilidad de hallar otros medios, otros caminos y otra esperanza de hacer el bien en estas misiones, y crear incluso estorbos graves en las relaciones pacíficas existentes.

Ante estas consideraciones importantes y otras varias que omito por motivo de brevedad, séame permitido citar la sentencia del glorioso mártir y santo papa Martín: «Es norma segura en tiempos de persecución ser condescendientes, siempre que ello no suponga prevaricación o desprecio, sino más bien estrechez y penuria, que la necesidad siempre juzgará las cosas con misericordia, siendo benignos y omitiendo, para mejores tiempos, mayores exigencias». Abundan aquí los coptos, y me tomé la molestia de examinar sus libros litúrgicos, no hallando en ellos ningún error excepto una invocación a los herejes Dióscoro y Severo. Por ello, he permitido a nuestros sacerdotes usar esos libros en la celebración de la misa, omitiendo tan sólo la invocación a los herejes antes citados; y así lo hacen, sin haberse originado por ello escándalo alguno en el pueblo fiel.

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SANTA CLARA DE ASÍS,
LA MUJER DE LA ESPERANZA (y V)
por Suor Chiara Augusta Lainati, osc

TIEMPO DE ESPERAR

«Hay un tiempo para cada cosa», afirma el Eclesiastés (3,1): «tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de callar y tiempo de hablar...».

Hay también un tiempo para esperar, y este tiempo ha llegado.

Ahora es tiempo de esperar: TIEMPO DE ESPERAR, de esperar POR TODOS, porque son muchos los que saborean hoy la angustia del desierto, y depende en gran parte de nosotras el que escuchen o no la voz del Dios vivo.

Creo que se nos perdonarán muchas cosas; pero de una nos pedirá ciertamente cuentas Aquel que se calificó «esperanza de Israel» y que nos ha sacado de la nada para que fuésemos hijas de Clara en estos años: si hemos sabido o no mantener viva la esperanza en el corazón del mundo y en el corazón de la Iglesia, la esperanza en esta nuestra tierra que se estremece de desesperación en sus profundidades y se «evade» hacia horizontes imposibles; si hemos sabido o no devolver el verde a la esperanza desalentada de los hombres, a la esperanza de la Iglesia, a la esperanza franciscana acobardada ante problemas enormes de evangelización en el exterior, de autenticidad en el interior. ¡Cuántas defecciones, cuantos hundimientos o acomodaciones por falta de esperanza!

Sí, es tiempo para nosotras, Clarisas, de sostener, con un corazón de pobre, anclado en Cristo y sólo en Él, la esperanza universal.

No se nos perdonará el pecado contra la esperanza, este pecado que muy raramente se manifiesta en gestos trágicos, pero que atenaza la vida de un modo engañoso, casi sin que nos demos cuenta; que nos paraliza, nos hace replegarnos sobre una serie de cuestiones marginales (la única «cuestión» no marginal es Él), o de posiciones cómodas. Este pecado que siembra la jornada de desilusión y desconsuelo, que roe el entusiasmo de la donación y lo socava con un mar de «si»: «si hubiese vocaciones...», «si no se tuviera que mantener en pie la casa...», «si tuviese salud...», «si..., si..., si...». Este pecado que quita la alegría de andar adelante como peregrinos, en una marcha llena de confianza en el Dios de la salvación, con un empeño que hace palanca sobre el Espíritu; este pecado que nos hace girar hacia atrás en inútiles lamentaciones: «En otros tiempos sí que...», que seca el canto en los labios, apaga el gozo en el corazón y, donde hay fervor, disemina la apatía.

No hay vocaciones... no hay salud... Pero ¿qué importa? ¿Acaso por esto es ya no estamos en las manos de Dios o que la sombra de sus alas ha dejado de cubrirnos? ¿No será más bien que Él exige ahora también de nosotras, como de santa Clara, un «salto en el vacío», un abandono sin límites a sus designios misteriosos?

¡Señor, me fío de Ti! Perdóname por este mi dudar, que ha marcado mi vida de desaliento y de tristeza. ¡Sí, Tú eres mi esperanza! «Mi suerte está en tu mano» (Sal 15,6). Hazme cantar de corazón la esperanza, la esperanza por todos... Debería ser precisamente yo, ahora; deberíamos ser precisamente todas nosotras, las Clarisas, en este momento, quienes cantásemos por el pueblo de Dios, por la Orden franciscana, por el mundo, el Cántico de Isaías (26): «¡Tenemos una ciudad fuerte! Abrid las puertas para que entre el pueblo que confía en Dios... ¡Confiad siempre en el Señor!, siempre, porque Yahvé es la Roca fuerte por los siglos...».

Sí, porque en nuestras manos está, con tal que queramos usarla, toda la fuerza de los pobres, aquella fuerza que obligó a Dios a plegarse sobre Clara, a inclinarse sobre su pobreza, sobre su silencio denso de espera y de confianza.

«¡Dános, Señor, un corazón de pobres y ensancha los confines de nuestra capacidad de esperar, para que en nosotras pueda latir la espera de todos los siglos y la esperanza de todos los pueblos!»: por nuestro Señor Jesús, Amor pobre, espejo de Dama Clara.







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