viernes, 4 de agosto de 2017

Año Cristiano Franciscano


DÍA 5 DE AGOSTO

 

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA LA MAYOR. Celebramos hoy a la Virgen María, proclamada Madre de Dios en el Concilio de Efeso el año 431, en cuyo honor se edificó en Roma una basílica. Contra la herejía de Nestorio, la Iglesia, impulsada por san Cirilo de Alejandría, definió en el Concilio de Efeso la maternidad divina de María. Todo el orbe católico celebró el acontecimiento, y el papa Sixto III dedicó en Roma, sobre el monte Esquilino, una basílica a la Santa Madre de Dios: Santa María la Mayor, considerada como el santuario mariano más antiguo de Occidente. Una tradición dice que la Virgen manifestó en sueños a unos esposos su deseo de que le levantaran un templo en el lugar que se cubriría de nieve la noche del 5 al 6 de agosto; de ahí que también se llame Santa María de las Nieves.- Oración: Perdona, Señor, los pecados de tus hijos, y ya que nuestras obras no pueden complacerte, concédenos la salvación por medio de la Madre de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



BEATO FRANCISCO ZANFERDINI (Cecco). Nació en Pésaro (Marcas, Italia) el año 1270 de padres nobles, y se le llamaba familiarmente Cecco de Pésaro. Siendo todavía muy joven quedó huérfano de padre y madre. Entonces distribuyó sus bienes a los pobres, vistió el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y se entregó a la oración y a la penitencia, viviendo como ermitaño, pero sin olvidar la práctica de las obras de misericordia. Se le unieron algunos compañeros, y para éstos y para los pobres pedía limosna por las aldeas y granjas cercanas. Construyó varias capillas dedicadas a la Virgen, cuyo culto difundió, y junto a una de ellas levantó un albergue para caminantes y peregrinos pobres. Fundó, con la beata Miguelina (19 de junio), también terciaria franciscana, la hermandad de la Anunciación de Nuestra Señora para asistir a los enfermos y dar sepultura a los muertos. Murió en el eremitorio de Montegranaro (Marcas) el 5 de agosto de 1350.



Beatos Eduardo González, Manuel Moreno y Víctor García, Dominicos. Estos tres religiosos, junto con el P. Maximino Fernández, formaban parte de la numerosa comunidad de Ocaña (Toledo) cuando el 22-VII-1936 asaltaron y saquearon el convento, profanaron la iglesia, quemaron las imágenes y el archivo. Cada fraile buscó refugio donde pudo. El 5-VIII-1936 los cuatro salieron hacia Madrid a buscar albergue para los religiosos de Ocaña; en la estación les dieron un salvoconducto que era una trampa. Los detuvieron en el "correo de Cuenca". Llegados a la estación Atocha de Madrid, y ya vacío el recinto, los acribillaron a balazos allí mismo; los tres primeros murieron en el acto mientras gritaban: "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Iglesia". El P. Maximino, herido mortalmente y trasladado a un hospital, murió el 15-VIII-1936. Eduardo nació en Ávila el año 1884; profesó como hermano cooperador en 1914. Trabajó con fidelidad en los oficios de su profesión en las casas a que lo destinaron. Era bondadoso, trabajador, caritativo y alegre. Manuel nació en Rincón de Soto (Logroño) en 1862, profesó en 1878 y, en 1884, lo destinaron a Filipinas, donde fue ordenado sacerdote en 1885. Estuvo 26 años evangelizando en China, a los que siguieron otros 6 años de apostolado en Filipinas. Volvió a España en 1917 y tuvo sucesivos destinos en los que dejó fama de santo. Víctor nació en Carrión de los Condes (Palencia) en 1880, profesó en 1898 y fue ordenado sacerdote en 1906. Estuvo un tiempo dedicado a la enseñanza, hasta que la enfermedad condicionó su vida y sus destinos. Era un religioso edificante por su conducta sacerdotal y su amabilidad con el prójimo.




Beatos Gabino Olaso Zabala y 9 compañeros mártires, Agustinos (OSA). Los diez formaban la comunidad de la casa-enfermería de Caudete (Albacete) cuando el 23-VII-1936, iniciada la persecución religiosa en España, fueron detenidos y encarcelados en el pueblo. El 5-VIII-1936 fueron conducidos al martirio, en las proximidades de Fuente la Higuera (Valencia). Gabino Alonso nació en Abadiano (Vizcaya) en 1869, profesó en 1885 y fue ordenado sacerdote en 1893. Estuvo años en Filipinas como misionero y profesor de seminario. Desde 1933 era superior de la casa de Caudete, y cuidó a sus hermanos, en especial a los más ancianos y enfermos. Ángel Pérez nació en Villaherreros (Palencia) en 1877, profesó en 1894 y fue ordenado sacerdote en 1901. Trabajó como misionero en Argentina y Perú hasta 1926. Víctor Gaitero nació en Valdemora (León) en 1871, profesó en 1889 y fue ordenado sacerdote en 1895. Trabajó en su noviciado y estuvo en Filipinas y Macao. Anastasio Díez nació en Quintanilla de Vivar (Burgos) en 1877, profesó en 1893 y fue ordenado sacerdote en 1900. Estuvo casi 30 años en Brasil ejerciendo el ministerio pastoral. Cipriano Polo nació en Mayorga de Campos (Valladolid) en 1880, profesó en 1896 y fue ordenado sacerdote en 1903. Sus primeros destinos fueron varias casas de Argentina. Emilio Camino nació en Castiello, Valdesoto, Siero (Asturias) en 1877, profesó en 1893 y fue ordenado sacerdote en 1900. Estuvo en Brasil y Argentina hasta que, quebrantada su salud, volvió a España en 1907. Felipe Barba nació en Pozo Antiguo (Zamora) en 1873, profesó en 1889 y fue ordenado sacerdote el año 1896 en Filipinas, donde fue prisionero de los que luchaban por la independencia. Volvió a España y estuvo en varios conventos hasta que, por su delicada salud, lo enviaron al de Caudete. Luis Blanco nació en Ayoó de Vidriales (Zamora) en 1888. Hasta la edad de 25 años estuvo con sus padres, trabajando en las labores del campo. En 1918 profesó para Hermano de Obediencia. Luciano Ramos nació en Villahoz (Burgos) en 1884 y profesó en calidad de Hermano de Obediencia en 1911. Fue muy querido por cuantos convivieron con él. Ubaldo Revilla nació en Buenavista de Valdavia (Palencia) en 1885 y profesó como Hermano de Obediencia en 1907. Siempre fue un religioso sencillo, alegre, jovial y muy servicial.

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San Casiano. Obispo de Autún (Francia) en el siglo IV.

San Emidio. Nació en Tréveris (Alemania) el año 279 de familia pagana y, después de convertirse al cristianismo a los 23 años, tuvo que refugiarse en Milán, donde recibió la ordenación sacerdotal. En Roma fue consagrado obispo por el papa Marcelino, quien lo envió a la ciudad de Áscoli Piceno (Italia). Ejerció un intenso apostolado y convirtió a muchos paganos, hasta que el gobernador lo hizo decapitar el 5 de agosto del 303.

Santa Margarita del Piceno. Nació en Cesolo, junto a San Severino (Marcas, Italia), en el seno de una familia campesina. En su juventud guardó el rebaño propiedad de su familia. Contrajo matrimonio y tuvo una hija. Quedó viuda tras 21 años de matrimonio. Entonces se entregó por completo a las obras de piedad y penitencia, y al servicio de los pobres. Destacó por su amor a Jesús sacramentado y pasaba noches enteras ante el sagrario. Murió en San Severino el año 1395.

San Memmio (o Meinge). Es venerado como el primer obispo de Chalons-sur-Marne (Francia), en el siglo III/IV.

Santa Nona. Nació en Nacianzo de Capadocia (Turquía) y en su juventud contrajo matrimonio con quien sería san Gregorio el Viejo, pero que entonces no era cristiano; por influencia de su esposa se convirtió al cristianismo, se bautizó y más tarde fue elegido obispo de Nacianzo. Fueron padres de san Gregorio Nacianceno, san Cesáreo y santa Gorgonia. Nona llevó una vida ejemplar como esposa y como madre, llena de espiritualidad y buenas obras. Murió en Nacianzo el año 374 mientras asistía a los divinos oficios en la iglesia.

San Oswaldo de Northumbria. Nació el año 604, hijo de Ethelfrith, rey de Northumbria (Inglaterra). Cuando el año 616 fue conquistado su reino por el rey Edwin, se refugió con su familia en Escocia, donde abrazó la fe cristiana. A la muerte de Edwin en el 633, volvió a su patria y recuperó el trono de su padre con la fuerza de las armas. Después llamó a un obispo y a misioneros para que predicasen el Evangelio y, con la colaboración del rey, fueron muchos los que se convirtieron y el cristianismo gozó del favor del pueblo. Su reinado duró ocho años, en los que se comportó como una verdadero monarca cristiano. Murió el año 642 en la batalla de Maserfield contra Penda, rey pagano de Mercia. Enseguida se le tuvo por santo y mártir.

San Paride. Primer obispo de Teano (Campania, Italia), en el siglo IV.

San Venancio. Obispo de Viviers, región de Ródano-Alpes (Francia), que murió algo después del año 535.

San Viator. Llevó vida eremítica en Tremblevif (Francia), en el siglo VI.

Beato Edmundo Ángel Massó Llagostera. Nació en San Joan les Fonts (Gerona) en 1897. Ingresó en los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1914. De 1923 a 1926 hizo el servicio militar en Cuba, donde estuvo en las comunidades de Regla y del Vedado. Ya en España, la persecución religiosa le sorprendió en Salt (Gerona). Se refugió en Can Oller, y el 27 de julio, vestido como un pobre, se dirigió a la frontera para cruzarla. Se detuvo en una ermita y una patrulla de milicianos vio que llevaba el rosario. Interrogado, dijo que iba a Bescanó, a casa del padre de un alumno, y allí se quedó. El 5 de agosto de 1936, los milicianos se lo llevaron en un coche y lo fusilaron en el término municipal de Estanyol (Gerona).

Beatos José Trallero y Jaime Codina. Los dos eran hermanos profesos de la Orden de la Merced, miembros de la comunidad del Olivar en Estercuel (Teruel), cuando en julio de 1936 estalló la persecución religiosa en España. El 3-VIII-1936 salieron en grupo del convento con intención de llegar a Zaragoza. Al día siguiente se adelantaron para buscar un camino seguro, pero los detuvieron los milicianos, que los llevaron al monasterio. Los milicianos se pasaron una noche de orgía mientras amenazaban e insultaban a los frailes y pretendían apartarlos de su fe. Al amanecer del 5 de agosto de 1936 los asesinaron en el término de Estercuel. José Trallero nació en Oliete (Teruel) en 1903. Desde los diez años se dedicó al pastoreo; era sencillo y trasparente. Profesó en 1926. En el convento se dedicó al trabajo del campo. Jaime Codina nació en Aguilar de Segarra (Barcelona) en 1901. Profesó en 1927. Ejerció el oficio de cocinero y ayudó en el cuidado de las casas y en el campo. Era desprendido, humilde de corazón y con espíritu de pobre.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Juan Gibert y Pablo Virgili. Estos dos sacerdotes de la diócesis de Tarragona ejercían su ministerio en El Pla de Cabra (ahora El Pla de Santa María), el primero como beneficiado y el segundo como párroco, cuando estalló la persecución religiosa. El 5 de agosto de 1936, los milicianos los detuvieron y los fusilaron en el término municipal de Montblanc. Juan Gibert nació en La Riera de Gaiá (Tarragona) en 1880. Era muy recto, claro, exigente y delicado en la dirección de conciencias y en la confesión, a la vez que caritativo, amigo de los pobres y de la gente sencilla. Muy dado a la predicación, ayudaba en todo a sus compañeros en el sacerdocio. Pablo Virgili nació en Valls (Tarragona) en 1869. Sufrió mucho ante la destrucción de objetos sagrados y altares en la iglesia de la parroquia; el 21 de julio de 1936, su casa rectoral fue saqueada y convertida en centro del comité revolucionario. Tenía un carácter vehemente, pero era capaz de controlarse y ganarse el aprecio de los feligreses.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Lorenzo Santolaria. Nació el año 1872 en Torres de Alcanadre (Huesca), cerca del monasterio benedictino de El Pueyo, en el que ingresó a los 27 años. Su primera formación monástica la hizo en Montserrat, donde profesó en 1900. Cuando regresó a El Pueyo, le confiaron la dirección de las posesiones de cultivo y bosque del monasterio. El 20 de julio de 1936, por la persecución religiosa, dejó el monasterio y marchó a casa de un hermano suyo. Muy pronto empezaron a molestarlo los milicianos, que lo detuvieron el 5 de agosto de 1936 y aquel mismo día lo asesinaron en el término municipal de su pueblo natal. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Luis Domingo Mariné. Nació en El Morell (Tarragona) en 1911. Ingresó en el seminario de Tarragona y fue ordenado sacerdote el 29-VI-1935. Poco más de un año pudo ejercer su ministerio como vicario en Pont de Armentera. Unía un laudable espíritu sacerdotal y un entusiasmo juvenil. Al estallar la persecución religiosa, se refugió en la montaña y en una casa del pueblo. El 5 de agosto de 1936, los milicianos lo detuvieron y se lo llevaron. En el camino lo torturaron con saña, y luego lo acribillaron a tiros en el término de Rodoñá. Tenía 25 años. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Pedro Miguel Noël. Nació el año 1754 en Pavilly (Alta Normandía, Francia). Se ordenó de sacerdote en la diócesis de Rouen en 1779. Se quedó en su pueblo natal y ejercía su ministerio en la parroquia. Era muy estimado por sus cualidades y por su carácter dulce y bondadoso. Llegada la Revolución Francesa, se negó a jurar la constitución civil del clero. Lo arrestaron en abril de 1793, y fue a parar al barco-prisión Les Deux Associés, anclado frente a Rochefort. Las terribles condiciones del confinamiento y el escorbuto, sobrellevados con gran entereza moral, arruinaron su salud y murió exánime el 5 de agosto de 1794.

Beato Salvio Huix. Nació en Santa Margarita de Vellors (Gerona) en 1877. Estudió en el seminario de Vich, donde en 1903 recibió la ordenación sacerdotal. En 1907 ingresó en el Oratorio de San Felipe Neri en la comunidad de Vich. Desempeñó varias tareas diocesanas. En 1927 fue nombrado obispo de Ibiza y en 1935 trasladado a la sede de Lérida. Al estallar la guerra civil se refugió en casa de unos amigos, pero el 23-VII-1936, al saber que muchos sacerdotes y seglares católicos eran detenidos, se entregó a las autoridades revolucionarias, que lo encarcelaron. El 5 de agosto de 1936 lo fusilaron a él y a un grupo de presos en el cementerio de Lérida. Beatificado el 13-X-2013.

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dice san Pablo a los Gálatas: -Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción (Ga 4,4-5).

Pensamiento franciscano:

Así cierra santa Clara su Testamento: -Doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, para que, teniendo a nuestro favor los méritos de la gloriosa Virgen santa María, su Madre, y de nuestro bienaventurado padre Francisco y de todos los santos, el mismo Señor que nos dio el buen principio, nos dé también el incremento y la perseverancia final. Amén (TestCl 77-78).

Orar con la Iglesia:

Acudamos a la Virgen santa María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, para que interceda por nosotros y por todos los hombres.

-Por la santa Iglesia de Dios: para que sea en el mundo entero signo eficaz de la fe, la esperanza y la caridad de Jesucristo.

-Por los gobernantes de las naciones: para que colaboren sin desfallecer en el establecimiento de la justicia y de la paz para todos.

-Por todos los que sufren, en particular los màs pobres y desvalidos: para que sean socorridos en su necesidad y se sientan predilectos de María y de nosotros.

-Por nosotros mismos y por nuestros difuntos: para que alcancemos la paz y el gozo eterno que Dios nos tiene prometido.

Oración: Te pedimos, Dios de bondad, que des cumplimiento a nuestras plegarias, pues las hemos confiado a la Virgen santa María, Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA
De la catequesis de Benedicto XVI del 2 de enero de 2008

«Madre de Dios», Theotokos, es el título que se atribuyó oficialmente a María en el siglo V, exactamente en el concilio de Éfeso, del año 431, pero que ya se había consolidado en la devoción del pueblo cristiano desde el siglo III, en el contexto de las fuertes disputas de ese período sobre la persona de Cristo.

Con ese título se subrayaba que Cristo es Dios y que realmente nació como hombre de María. Así se preservaba su unidad de verdadero Dios y de verdadero hombre. En verdad, aunque el debate parecía centrarse en María, se refería esencialmente al Hijo. Algunos Padres, queriendo salvaguardar la plena humanidad de Jesús, sugerían un término más atenuado: en vez de Theotokos, proponían Christotokos, Madre de Cristo. Pero precisamente eso se consideró una amenaza contra la doctrina de la plena unidad de la divinidad con la humanidad de Cristo. Por eso, después de una larga discusión, en el concilio de Éfeso, del año 431, como he dicho, se confirmó solemnemente, por una parte, la unidad de las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona del Hijo de Dios (cf. DS 250) y, por otra, la legitimidad de la atribución a la Virgen del título de Theotokos, Madre de Dios (cf. ib., 251).

Después de ese concilio se produjo una auténtica explosión de devoción mariana, y se construyeron numerosas iglesias dedicadas a la Madre de Dios. Entre ellas sobresale la basílica de Santa María la Mayor, aquí en Roma. La doctrina relativa a María, Madre de Dios, fue confirmada de nuevo en el concilio de Calcedonia (año 451), en el que Cristo fue declarado «verdadero Dios y verdadero hombre (...), nacido por nosotros y por nuestra salvación de María, Virgen y Madre de Dios, en su humanidad» (DS 301). Como es sabido, el concilio Vaticano II recogió en un capítulo de la constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, el octavo, la doctrina acerca de María, reafirmando su maternidad divina. El capítulo se titula: «La bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia».

El título de Madre de Dios es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.

Del título de «Madre de Dios» derivan luego todos los demás títulos con los que la Iglesia honra a la Virgen, pero este es el fundamental. Pensemos en el privilegio de la «Inmaculada Concepción», es decir, en el hecho de haber sido inmune del pecado desde su concepción. María fue preservada de toda mancha de pecado, porque debía ser la Madre del Redentor. Lo mismo vale con respecto a la «Asunción»: no podía estar sujeta a la corrupción que deriva del pecado original la Mujer que había engendrado al Salvador.

Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor. Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues, justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de «Madre de la Iglesia». Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre (cf. Jn 19,26-27).

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ALABANZAS DE LA MADRE DE DIOS
De la homilía 4 de san Cirilo de Alejandría
pronunciada en el Concilio de Éfeso

Tengo ante mis ojos la asamblea de los santos padres, que, llenos de gozo y fervor, han acudido aquí, respondiendo con prontitud a la invitación de la santa Madre de Dios, la siempre Virgen María. Este espectáculo ha trocado en gozo la gran tristeza que antes me oprimía. Vemos realizadas en esta reunión aquellas hermosas palabras de David, el salmista: Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.

Te saludamos, santa y misteriosa Trinidad, que nos has convocado a todos nosotros en esta iglesia de santa María, Madre de Dios.

Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre y virgen, por quien es llamado bendito, en los santos evangelios, el que viene en nombre del Señor.

Te saludamos, a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e inabarcable; a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se alegran los ángeles y arcángeles; por quien son puestos en fuga los demonios; por quien el diablo tentador cayó del cielo; por quien la criatura, caída en el pecado, es elevada al cielo; por quien toda la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el aceite de la alegría; por quien han sido fundamentadas las Iglesias en todo el orbe de la tierra; por quien todos los hombres son llamados a la conversión.

Y ¿qué más diré? Por ti, el Hijo unigénito de Dios ha iluminado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte; por ti, los profetas anunciaron las cosas futuras; por ti, los apóstoles predicaron la salvación a los gentiles; por ti, los muertos resucitan; por ti reinan los reyes, por la santísima Trinidad.

¿Quién habrá que sea capaz de cantar como es debido las alabanzas de María? Ella es madre y virgen a la vez; ¡qué cosa tan admirable! Es una maravilla que me llena de estupor. ¿Quién ha oído jamás decir que le esté prohibido al constructor habitar en el mismo templo que él ha construido? ¿Quién podrá tachar de ignominia el hecho de que la sirviente sea adoptada como madre?

Mirad: hoy todo el mundo se alegra; quiera Dios que todos nosotros reverenciemos y adoremos la unidad, que rindamos un culto impregnado de santo temor a la Trinidad indivisa, al celebrar, con nuestras alabanzas, a María siempre Virgen, el templo santo de Dios, y a su Hijo y esposo inmaculado: porque a él pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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SANTA CLARA DE ASÍS,
LA MUJER DE LA ESPERANZA (III)
por Suor Chiara Augusta Lainati, osc

ÉXODO

Francisco va por los caminos del mundo sin bolsa, ni alforja, ni bastón.

Mas también Clara -con la percepción de haber dejado en la otra orilla del Mar Rojo la «vanidad del mundo» (TestCl)-, cerrada en San Damián, recorre desde ahora los caminos misteriosos de un éxodo en el desierto, donde sólo Yahvé guía (Dt 32,12), Yahvé, el «Dios de la esperanza» (Rm 15,13), el Dios que desde siempre hace palpitar en el corazón del hombre el deseo de la tierra de ensueño, que se extiende más allá de las áridas estepas y de las dunas arenosas de este nuestro vivir cotidiano.

También Clara entrevé esta tierra. «Correré y no desfalleceré hasta que me introduzcas en la bodega, hasta que tu izquierda se pose bajo mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente, y me beses con el ósculo felicísimo de tu boca» (4CtaCl; Cant 1,2 y 2,6). En sus escritos se trasluce continuamente la «tierra prometida», reino de gloria hacia el cual estamos en camino.

En la experiencia espiritual de todos los tiempos, como en la historia de Israel, el «desierto» es siempre el escenario del encuentro con Yahvé. «Lo encuentra en tierra desértica, en yermo, henchido del ulular de la estepa; lo cerca de vallado, lo atiende, lo cuida como a la niña de sus ojos. Como el águila provoca al vuelo a su nidada y revolotea por encima de sus polluelos, así extiende Yahvé sus alas, lo recoge y lo lleva sobre sus plumas. Sólo Él lo guía...» (Dt 32,10-12).

Clara lo sabe: es el Espíritu quien se lo enseña. Y en el cuadro de su clausura organiza una vida «nómada», vida de pueblo peregrinante hacia la tierra que se extiende más allá del gran río. «Como peregrinas y forasteras en este mundo, sirviendo al Señor en pobreza y humildad», «nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna» (RCl 8).

¡Nada! Simplemente un marchar adelante hacia la tierra prometida, como un pueblo en camino, que no tiene ciudad aquí abajo, ni tienda estable donde refugiarse, a imitación del Hijo del hombre que «no tuvo dónde reclinar la cabeza, y cuando la inclinó fue para entregar su espíritu» (1CtaCl). Un «pequeño rebaño» que avanza en la esperanza, cuya «porción» es una «altísima pobreza», que «hace pobres en bienes materiales, pero ricas en virtudes y lleva a la vida de los vivientes». «No queráis jamás tener otra cosa bajo el cielo» (RCl 8). En efecto, ¿por qué pararse? ¿Por qué ligarse aquí abajo a una morada? «Yahvé, tu Dios, te está conduciendo a una tierra próspera, país de torrentes de agua y de fuentes... Tierra de trigo, cebada, viñas, higueras y granados; tierra de olivares, de aceite y de miel... país donde no carecerás de nada» (Dt 8,7ss).

La esperanza, escribe Péguy, conduce a Israel hacia la posesión de la tierra prometida. La esperanza sostiene al pueblo en marcha a través de todo género de dificultades; la esperanza infunde coraje ante la segura perspectiva de que un día las promesas de Dios se realizarán.

La misma esperanza que guía a Israel es la secreta dinámica del Privilegio de la pobreza. Clara camina con la certeza de que Dios es fiel a sus promesas: «No temáis, hija queridísima; Dios, que es fiel en todas sus promesas..., será vuestra ayuda, vuestro insuperable consuelo, como es nuestro redentor y nuestra eterna recompensa» (5CtaCl). Y la tierra que se perfila más allá del río lejano, es demasiado atrayente para cambiarla por un puñado de tierra rojiza de estas áridas dunas. «Adheríos, por tanto, pobrecilla virgen, a Cristo pobre», porque «es negocio grande y laudable dejar los bienes de la tierra por los eternos, merecer los bienes celestiales a cambio de los terrenos, recibir el ciento por uno y poseer para siempre la vida bienaventurada» (1CtaCl).

































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