jueves, 10 de agosto de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 11 DE AGOSTO

 

SANTA CLARA DE ASÍS. Nació en Asís (Italia) el año 1193 en el seno de una familia noble. Cuando san Francisco se convirtió a Dios y empezó a predicar, Clara lo escuchaba a gusto y se entrevistaba con él en secreto. La noche del Domingo de Ramos de 1211 ó 1212, Clara abandonó la casa paterna y se consagró a Dios en la Porciúncula en manos de Francisco. Acto seguido la acompañaron al monasterio de benedictinas de San Pablo de Bastia, de donde pasó más tarde a la iglesia del Santo Ángel de Panzo y luego a San Damián. Pronto la siguieron otras jóvenes, y con ellas, bajo la guía de Francisco, se formó en San Damián, a las afueras de Asís, la comunidad que se convertiría en la Orden de las Clarisas. Allí vivió Clara encerrada, en pobreza, oración y caridad, más de cuarenta años, gran parte de los cuales estuvo postrada en cama. Fue la madre y formadora, con su ejemplo y su palabra, de una gran familia monástica, parte esencial del carisma franciscano. La víspera de su muerte tuvo la alegría de ver aprobada por el Papa su Regla propia. Murió en San Damián el 11 de agosto de 1253, y la canonizó Alejandro IV el 15 de agosto de 1255.- Oración: Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



BEATO JOHN HENRY NEWMAN. Cardenal, autor fecundo y profundo, pensador, hombre de letras, líder del Movimiento de Oxford, convertido del anglicanismo al catolicismo. Nació en Londres el año 1801. Sobresalió en los estudios académicos y desde joven se aficionó a la lectura de la Biblia. A los 15 años tuvo experiencias que marcaron su itinerario espiritual. En 1821 decidió abrazar la vida clerical en la Iglesia anglicana, y fue ordenado en 1824; ejerció diversos ministerios pastorales. Sus estudios y reflexiones lo fueron acercando a la Iglesia católica a la que, superando la animadversión de la sociedad y de Iglesia anglicana, se convirtió en 1845. Un año después viajó a Roma y recibió la ordenación sacerdotal. Estableció en Inglaterra el Oratorio de San Felipe Neri. Mucho tuvo que sufrir a causa de su adhesión al Papa. En 1879, León XIII lo creó cardenal. Fue muy devoto de la Virgen María. Murió en Birmingham el 11-VIII-1890. Allí lo beatificó Benedicto XVI en 2010; su fiesta se celebra el 9 de octubre, aniversario de su conversión.



BEATO MAURICIO TORNAY. Nació en La Rosière (Suiza) el año 1910, en el seno de una familia numerosa de agricultores humildes y laboriosos. De joven, después de haber trabajado en el campo, ingresó en el monasterio del Gran San Bernardo y en 1932 hizo la profesión como canónigo regular de la Congregación de los santos Nicolás y Bernardo. Se ofreció para ir a misiones y antes de acabar los estudios lo enviaron en 1936 a Ewisi en China. Terminados los estudios, recibió la ordenación sacerdotal en Hanoi (Vietnam) el año 1938. A continuación, y de 1938 a 1945, fue rector del seminario menor de Houa-Lo-Pa. Mientras tanto estudió el tibetano y en 1945 lo enviaron al Tibet como párroco de Yerkalo. Era tiempo de dificultades e incluso persecución. Por presión de los lamas tuvo que exiliarse a Pamé. Buscó apoyos para poder regresar a su parroquia, pero los lamas que lo habían expulsado, lo mataron el 11 de agosto de 1949 en el monte Choula, a la altura de 4000 metros. Lo beatificó Juan Pablo II en 1993.


* * *

San Alejandro el Carbonero. Cuando san Gregorio el Taumaturgo fue a Comana en el Ponto (hoy Gumenek en Turquía), a dar un obispo a la ciudad, le presentaron a Alejandro «el carbonero», tiznado de carbón, que resultó ser un hombre culto e instruido en la filosofía que, por humildad y ascesis, había dejado su profesión y se había hecho carbonero para vivir en pobreza y humildad, en seguimiento de Cristo pobre y humilde. Consagrado obispo, fue un buen pastor, notable por su predicación. Durante la persecución del emperador Aureliano, en el siglo III, fue condenado por ser cristiano y quemado vivo en la hoguera. Narra su vida san Gregorio Niseno.

Santa Atracta. Abadesa de un monasterio de Irlanda en el siglo V que, según la tradición, recibió el velo de las vírgenes de manos de san Patricio.

San Casiano de Benevento. Obispo de Benevento (Campania, Italia) en el siglo IV.

San Equicio. Según escribe el papa san Gregorio Magno, el abad Equicio, por su santidad, fue padre de muchos monasterios en la provincia de Valeria (Umbría, Italia), y, donde quiera que iba, daba a beber a los demás de la fuente de las Sagradas Escrituras. Murió poco antes del año 571.

San Gaugerico de Cambrai. Nació en Yvoi, pequeño pueblo de las Ardenas (Bélgica). San Magnerico de Tréveris, viendo sus buenas cualidades, lo ordenó de diácono después de hacerle aprender de memoria el salterio. El año 587 el rey Childeberto II lo nombró obispo de Cambrai (Francia). Trabajó mucho por la conversión de los paganos, destacó por su piedad y fervor religioso, por su interés hacia los pobres, los presos y los esclavos, a los que trataba con bondad y misericordia. Fundó el monasterio de San Medardo. Murió el año 625. Una tradición popular le atribuye la fundación de Bruselas al fundar en aquel sitio una capilla.

San Rufino. Primer obispo de Asís (Umbría, Italia), patria de san Francisco y santa Clara, y patrono principal de la ciudad. Fue martirizado a finales del siglo III o principios del siglo IV.

Santa Rustícola. Abadesa venerada en Arlés (Provenza, Francia), que gobernó santamente a sus monjas durante casi sesenta años. Murió el año 632.

Santa Susana de Roma. En Roma se celebra la memoria de esta santa, mártir de la antigüedad cristiana, a cuyo nombre se dedicó una basílica en el siglo VI, junto a las termas de Diocleciano.

San Taurino. Primer obispo de Évreux (Francia), en el siglo V.

San Tiburcio. En Roma, en el tercer miliario de la Vía Labicana, en el cementerio llamado «Ad duas lauros», conmemoración de san Tiburcio, mártir, cuyas alabanzas cantó el papa san Dámaso. Su vida se sitúa entre los siglos III y IV.

Beatos Benigno José Valencia y Adrián Llop, Maristas. Al estallar la persecución religiosa en julio de 1936, estos hermanos del Colegio Externado Chamberí (Madrid) se refugiaron en una residencia madrileña, donde los detuvieron los milicianos el 11 de agosto de 1936; aquel mismo día los llevaron a la checa de Bellas Artes y luego los asesinaron en Paracuellos de Jarama (Madrid). Benigno José nació en Artajona (Navarra) en 1906. Hizo su primera profesión en 1923. Se dedicó especialmente a los niños en la escuela primaria, pero desde 1934 estuvo en las escuelas medias de Madrid. Se perfeccionó en los estudios con su esfuerzo y dedicación; se encontraba feliz en las aulas y contagiaba su alegría. Adrián nació en La Mata de Morella (Castellón) en 1896. Profesó en 1912. Fue un especialista en párvulos y un formador de maestros noveles; pero tuvo que interrumpir esta actividad en 1923 debido a una grave enfermedad. Desde entonces fue asistente de los convictorios y maestro auxiliar; a partir de 1933 fue cocinero y ayudante de la escuela primaria.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Emiliano José Leyún, Timoteo José Lisbona y Andrés José Donázar, Maristas. Estaban en su casa de Les Avellanes (Lérida) cuando estalló la persecución religiosa de 1936. Ante los riesgos que corrían en los refugios que encontraban, decidieron alcanzar el territorio nacional por la parte de Navarra. En el viaje fueron arrestados, y asesinados en el caserío de Saganta (Estopiñán, Huesca) el 11 de agosto de 1936. Emiliano José nació Sansoáin (Navarra) en 1897. Profesó en 1914. Fue profesor de primera enseñanza en varios colegios. Además, tenía muchas habilidades para los menesteres de casa, en particular para la electricidad. Fue a Les Avellanes para ayudar en la ropería. Timoteo José nació en Torre de las Arcas (Teruel) el año 1891 en una familia de vendedores ambulantes, oficio en el que trabajó. Cumplido el servicio militar, vistió el hábito marista en 1918. No le fue fácil adaptarse a la vida religiosa, y es admirable el tesón con que superó las dificultades. Cuidaba la huerta y la finca del convento. Andrés José nació en Iroz (Navarra) en 1893. Hizo el servicio militar, fue albañil como su padre, sufrió un accidente que le mermó la vista, tuvo un noviazgo que le decepcionó, y en 1921, con 28 años, empezó el noviciado. Ya profeso, se encargó de las obras de albañilería y de mantenimiento de la casa. Era trabajador, humilde, servicial.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Juan Jorge Rhem. Nació en Katzenthal (Alto Rhin, Francia) el año 1752. A los veinte años vistió el hábito de los dominicos en París. Ordenado de sacerdote, ejerció su apostolado en Alsacia. En la Revolución Francesa se negó a prestar el juramento constitucional. Siguió desarrollando un amplio apostolado clandestino hasta que, en 1793, lo detuvieron, lo condenaron a la deportación y lo enviaron a Rochefort, donde lo embarcaron en el viejo pontón Les Deux Associés. Allí estuvo dando ánimos y consolando a los demás encarcelados hasta que falleció en 1794, víctima de los malos tratos y de una enfermedad incurable.

Beatos Juan Sandys, Esteban Rowsham y Guillermo Lampley. Los dos primeros eran sacerdotes y el tercero católico seglar, y los tres fueron ahorcados en Gloucester (Inglaterra), durante el reinado de Isabel I, por mantenerse firmes en su fe católica y en su fidelidad a la Iglesia y al Papa. Fueron martirizados entre 1586 y 1588, pero no sabemos el día ni el año. Juan nació en el condado de Lancaster de una familia modesta. Trabajó como tutor de los hijos de sir William Winter. Estudió y se ordenó de sacerdote en Reims el año 1584. Vuelto a su patria, pronto lo delataron y apresaron. Esteban era del condado de Oxford. Abrazó el ministerio pastoral y se ordenó en el seno de la Iglesia anglicana. Al estudiar el catolicismo, lo abrazó, marchó al seminario de Reims y se ordenó de sacerdote en 1581. Apenas empezó el apostolado en Inglaterra, fue arrestado y encerrado en la Torre de Londres. Guillermo nació en Gloucester. Era un humilde trabajador, guantero de oficio, fervoroso católico, que consiguió la conversión de algunos anglicanos, y por eso fue detenido y condenado a muerte.

Beato Luis Biraghi. Nació en Vignate (Milán, Italia) el año 1801. A los doce años entró en el seminario menor de Castello sopra Lecco y, terminados los estudios, se ordenó de sacerdote en 1825. Lo destinaron a la enseñanza y dirección espiritual en los seminarios. En 1855 pasó a la Biblioteca Ambrosiana de Milán. Era hombre de gran cultura y profunda vida interior, apasionado estudioso de patrología y arqueología, y, para renovar el ideal de la virginidad consagrada, típica de la Iglesia primitiva, fundó en 1838 el instituto de las Religiosas de Santa Marcelina, la hermana mayor de san Ambrosio, para la educación de la juventud. Murió en Milán el 11 de agosto de 1879. Beatificado el año 2006.

Beato Miguel Domingo Cendra. Nació en Caseres (Tarragona, España) el año 1909. Empezó sus estudios en los Salesianos. A los 18 años entró en su noviciado y profesó en 1928. Era una persona de gran bondad y extraordinaria capacidad educativa, y estuvo tres años trabajando en Mataró. Pasó en 1934 a Carabanchel (Madrid) para cursar la teología. En julio de 1936 se encontraba en Sarriá para participar en los trabajos típicos del verano. Estalló la guerra civil y la persecución. Se refugió en una casa particular. Para mayor seguridad marchó a su pueblo, lo detuvieron los milicianos en el camino, se lo presentaron a su madre y aquel mismo día, 11 de agosto de 1936, lo mataron salvajemente en Prat de Compte (Tarragona).

Beatos Rafael Alonso Gutiérrez y Carlos Díaz Gandía. Estos dos seglares, casados y padres de familia, a causa de su condición de buenos cristianos fueron asesinados por los milicianos el 11 de agosto de 1936 en Agullent (Valencia). Rafael nació en Onteniente (Valencia) el año 1890. Se casó con María Adelaida Ruiz, y tuvieron seis hijos. Era administrador de Coreos, y facilitó la circulación y difusión de la prensa católica. Era fervoroso, apóstol incansable, gran patriota. Fue Terciario Franciscano y perteneció a otras asociaciones religiosas. Trabajaba en la catequesis parroquial y en la instrucción de los jóvenes obreros. Cuando se desató la persecución religiosa fue el primer detenido en su pueblo. Lo fusilaron en la carretera de Agullent, pero no murió en el acto, sino horas más tarde. Carlos nació también en Onteniente, el año 1907. Trabajó en la Acción Católica, en la formación de los jóvenes, y fundó Centros catequísticos en zonas rurales. Contrajo matrimonio con Luisa Torró en 1934 y al morir dejó una hija de ocho meses. Lo torturaron los milicianos bárbaramente en Aielo de Malferit, y lo asesinaron en Agullent.

Beato Teófilo Fernández de Legaria. Nació en Torralba del Río (Navarra) en 1898. Profesó en la Congregación de los Sagrados Corazones en 1916, y fue ordenado sacerdote en 1923. Era doctor en Teología y licenciado en Filosofía y Letras. Ejerció cargos y funciones importantes en el campo de la enseñanza religiosa. Por último lo nombraron superior del seminario mayor de los Sagrados Corazones en El Escorial. El estallar la guerra civil en España, convirtió el seminario en hospital de sangre, quedándose él mismo como director. Delatado como religioso, lo fusilaron a las afueras de El Escorial el 11 de agosto de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

* * *

Cf. más abajo los textos de la Misa y Oficio de Santa Clara de Asís.

* * *



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dijo Jesús a sus discípulos: -Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna (Mc 10,29-30).

Pensamiento franciscano:

El tercer día antes de la muerte de Clara, la testigo estaba sentada junto a su lecho con otras hermanas. Y sin que nadie le hablase, Clara comenzó a encomendar su alma, diciendo así: «Vete en paz, pues tendrás buena escolta; porque el que te creó previó antes que serías santificada; y, después que te creó, infundió en ti el Espíritu Santo; y luego te ha cuidado como la madre a su hijo pequeñito». Y una hermana le preguntó con quién hablaba y a quién decía aquellas palabras, y Clara respondió: «Hablo a mi alma bendita» (Proceso, 11,3). Según Celano, la Santa había añadido: «Tú, Señor, bendito seas porque me creaste» (LCl 46).

Orar con la Iglesia:

Oremos a Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, que enriqueció a santa Clara con los dones y carismas del Espíritu Santo.

-Por la Iglesia, siempre en trance de renovación y de reforma: para que sea dócil a los impulsos del Espíritu.

-Por los religiosos y religiosas de vida contemplativa: para que en su vida y en sus obras sean ejemplo atrayente de sabiduría evangélica.

-Por las hijas espirituales de santa Clara: para que permanezcan fieles al carisma de su santa Madre y difundan su perfume donde se encuentren.

-Por toda la Familia Franciscana: para que alienten y no defrauden a quienes buscan a Cristo por el camino de Francisco y de Clara.

-Por los enfermos, los ancianos y los abandonados, los pobres y toda clase de indigentes: para que el ejemplo de Clara les lleve a unir sus sufrimientos a los de Cristo paciente.

Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas, que hoy te presenta santa Clara, abogada e intercesora nuestra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

* * *

SANTA CLARA, MODELO DE POBREZA Y HUMILDAD (I)
De la carta de la Conferencia episcopal de Umbría (11-VII-1993)

UNA PRESENCIA ESCONDIDA

Dios nuestro Padre, en su providencia misteriosa y misericordiosa, a principios del siglo XIII, quiso suscitar en su Iglesia, por medio de san Francisco de Asís, una nueva familia religiosa, precisamente «para seguir la pobreza y humildad de su Hijo amado y de su gloriosa Madre la Virgen» (TestCl 46).

En 1212, la noche del domingo de Ramos, Clara escapa de su casa y se dirige rápidamente a la iglesita de Santa María de los Ángeles. Aceptada por Francisco, se consagra a Dios en una vida de pobreza y humildad. Después de un breve período, se enclaustra en San Damián y allí permanece hasta su muerte; cuarenta y dos años de vida escondida, de contemplación y entrega total.

No permanece sola. Pronto la siguen numerosas jóvenes de todas las condiciones sociales; constituyen con ella una nueva familia religiosa que al principio toma el bello nombre de «Hermanas pobres» y seguidamente se convierte en la orden de las Clarisas y se difunde ampliamente en Umbría, en Italia y en el mundo.

UN TESTIMONIO LUMINOSO

Las monjas viven apartadas, pero actúan eficazmente en la Iglesia y en la sociedad con su testimonio. «Clara se escondía, pero todos conocían su vida. Clara permanecía en silencio, pero su fama gritaba». Clara «impregnaba con el perfume de su santidad todo el edificio de la Iglesia» (BulCan 4-5).

La contemplación de Dios y la práctica de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia son signos de existencias humanas que prefiguran y anticipan la vida eterna, la meta última y común de todos los hombres. Aunque esos consejos no son para todos en la modalidad radical de la vida consagrada, indican a todos la dirección hacia la cual es preciso caminar; invitan a seguir a Cristo seriamente, a crecer hacia la perfección de la caridad. Por esta razón, Clara es modelo no sólo para las mujeres que la siguen en la clausura, sino también para quienes han recibido una vocación diferente. Es un «libro de la vida», un «espejo de vida» (BulCan 14), que nos interpela a todos, poniendo en tela de juicio nuestro modo de vivir.

El testimonio de Clara irradia algunos grandes valores, que nuestro tiempo necesita con urgencia: la comunión con Cristo, la pobreza evangélica, la femineidad auténtica, la fraternidad, la serenidad en el sufrimiento, la intercesión por los demás y la atención a la sociedad.

LA COMUNIÓN CON CRISTO

Cristiano es quien ha sido conquistado por Cristo, cree en él, muerto y resucitado, Señor y Salvador, y pertenece a él porque posee su Espíritu. Con él vive una relación de amistad profunda y de comunión y diálogo continuo, de amigo a amigo y en la obediencia a su palabra.

Clara tiene un amor apasionado por Cristo; está completamente arrebatada por su fascinación. Lo ensalza como esposo incomparable: «Su poder es más fuerte, su generosidad mayor, su belleza más seductora, su nombre más dulce, y todo favor suyo más exquisito» (1CtaCl 9); «su amor hace feliz, su contemplación reconforta y su benignidad colma. Su suavidad penetra totalmente al alma, y el recuerdo brilla dulcemente en la memoria» (4CtaCl 11).

Clara vive la oración contemplativa, dejándose transformar «totalmente… en imagen de su divinidad» (3CtaCl 13). Tenía confianza absoluta en su esposo divino, incluso en situaciones dramáticas, como cuando, postrada ante la Eucaristía en el refectorio de San Damián, mientras los sarracenos estaban a la puerta, «con lágrimas habló a su Cristo: -Señor mío, ¿acaso quieres entregar en manos de los paganos a tus siervas indefensas, a las que he educado en tu amor?» (LCl 22). E inmediata y milagrosamente fue escuchada, con la liberación.

Es verdad que «el que sigue a Cristo, hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre» (GS 41).

Clara nos invita a no dejarnos arrollar por el dinamismo exasperado que conduce a vivir con superficialidad y sin pensar, sino a encontrar pausas de silencio, reflexión y oración.

Un poco de clausura hace bien a todos: no por nada Jesús recomendó retirarse a orar en el propio aposento, en secreto, «después de cerrar la puerta» (Mt 6,6). Y, si no es posible la clausura de las paredes, siempre es posible la clausura del corazón y no puede faltar en la vida del cristiano.

* * *

ATIENDE A LA POBREZA, LA HUMILDAD
Y LA CARIDAD DE CRISTO
De la carta IV de Santa Clara
a Santa Inés de Praga (4CtaCl 9-34)

Feliz ciertamente aquella a quien se le concede gozar de este banquete sagrado, para que se adhiera con todas las fibras del corazón a Aquel cuya hermosura admiran sin cesar todos los bienaventurados ejércitos celestiales, cuyo afecto conmueve, cuya contemplación reconforta, cuya benignidad sacia, cuya suavidad colma, cuya memoria ilumina suavemente, a cuyo perfume revivirán los muertos, y cuya visión gloriosa hará bienaventurados a todos los ciudadanos de la Jerusalén celestial: Él es el esplendor de la eterna gloria, el reflejo de la luz eterna y el espejo sin mancha.

Mira atentamente a diario este espejo, oh reina, esposa de Jesucristo, y observa sin cesar en él tu rostro, para que así te adornes toda entera, interior y exteriormente, vestida y envuelta de cosas variadas, adornada igualmente con las flores y vestidos de todas las virtudes, como conviene, oh hija y esposa carísima del supremo Rey. Ahora bien, en este espejo resplandece la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como, con la gracia de Dios, podrás contemplar en todo el espejo.

Considera, digo, en el principio de este espejo, la pobreza de Aquel que es puesto en un pesebre y envuelto en pañales. ¡Oh admirable humildad, oh asombrosa pobreza! El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es acostado en un pesebre. Y en medio del espejo, considera la humildad, al menos la bienaventurada pobreza, los innumerables trabajos y penalidades que soportó por la redención del género humano. Y al final del mismo espejo, contempla la inefable caridad, por la que quiso padecer en el árbol de la cruz y morir en el mismo del género de muerte más ignominioso de todos.

Por eso, el mismo espejo, puesto en el árbol de la cruz, advertía a los transeúntes lo que se tenía que considerar aquí, diciendo: ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor! (Lam 1,12); respondamos digo, a una sola voz, con un solo espíritu, a quien clama y se lamenta con gemidos: ¡Me acordaré en mi memoria, y mi alma se consumirá dentro de mí! (Lam 3,20). ¡Ojalá, pues, te inflames sin cesar y cada vez más fuertemente en el ardor de esta caridad, oh reina del Rey celestial!

Además, contemplando sus indecibles delicias, sus riquezas y honores perpetuos, y suspirando a causa del deseo y amor extremos de tu corazón, grita: ¡Llévame en pos de ti, correremos al olor de tus perfumes (Cant 1,3), oh esposo celestial! Correré, y no desfalleceré, hasta que me introduzcas en la bodega, hasta que tu izquierda esté debajo de mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente, hasta que me beses con el ósculo felicísimo de tu boca.

Puesta en esta contemplación, recuerda a tu pobrecilla madre, sabiendo que yo he grabado indeleblemente tu feliz recuerdo en la tablilla de mi corazón, teniéndote por la más querida de todas.

* * *

MENSAJE DE JUAN PABLO II A LAS CLARISAS (9-VIII-03)
en el 750 aniversario de la muerte de Santa Clara (III)

Clara estaba convencida de que el amor mutuo edifica la comunidad y produce un crecimiento en la vocación; por eso, en su Testamento exhortaba: «Y amándoos mutuamente en la caridad de Cristo, manifestad externamente, con vuestras obras, el amor que os tenéis internamente, a fin de que, estimuladas las hermanas con este ejemplo, crezcan continuamente en el amor de Dios y en la recíproca caridad» (59-60).

7. Santa Clara percibió este valor de la unidad también en su dimensión más amplia. Por eso, quiso que la comunidad claustral se insertara plenamente en la Iglesia y se arraigara sólidamente en ella con el vínculo de la obediencia y la sumisión filial. Era muy consciente de que la vida de las monjas de clausura debía ser espejo para las demás hermanas llamadas a seguir la misma vocación, así como testimonio luminoso para cuantos vivían en el mundo.

Los cuarenta años que vivió dentro del pequeño monasterio de San Damián no redujeron los horizontes de su corazón, sino que dilataron su fe en la presencia de Dios, que realiza la salvación en la historia. Son conocidos los dos episodios en los que, con la fuerza de su fe en la Eucaristía y con la humildad de la oración, santa Clara obtuvo la liberación de la ciudad de Asís y del monasterio del peligro de una inminente destrucción.

8. No podemos dejar de destacar que a 750 años de la confirmación pontificia, la Regla de santa Clara conserva intacta su fascinación espiritual y su riqueza teológica. La perfecta consonancia de valores humanos y cristianos, y la sabia armonía de ardor contemplativo y de rigor evangélico, la confirman para vosotras, queridas clarisas del tercer milenio, como un camino real que es preciso seguir sin componendas o concesiones al espíritu del mundo.

A cada una de vosotras santa Clara dirige las palabras que dejó a Inés de Praga: «Feliz ciertamente aquella a quien se le concede gozar de este banquete sagrado, para que se adhiera con todas las fibras del corazón a Aquel cuya hermosura admiran sin cesar todos los bienaventurados ejércitos celestiales» (4CtaCl 9-10).

Este centenario os brinda la oportunidad de reflexionar en el carisma típico de vuestra vocación de clarisas. Un carisma que se caracteriza, en primer lugar, por ser una llamada a vivir según la perfección del santo Evangelio, con una clara referencia a Cristo, como único y verdadero programa de vida. ¿No es éste un desafío para los hombres y las mujeres de hoy? Es una propuesta alternativa a la insatisfacción y a la superficialidad del mundo contemporáneo, que a menudo parece haber perdido su identidad, porque ya no percibe que ha sido creado por el amor de Dios y que él lo espera en la comunión sin fin.

Vosotras, queridas clarisas, realizáis el seguimiento del Señor en una dimensión esponsal, renovando el misterio de virginidad fecunda de la Virgen María, Esposa del Espíritu Santo, la mujer perfecta. Ojalá que la presencia de vuestros monasterios totalmente dedicados a la vida contemplativa sea también hoy «memoria del corazón esponsal de la Iglesia» (Verbi Sponsa, 1), llena del ardiente deseo del Espíritu, que implora incesantemente la venida de Cristo Esposo (cf. Ap 22,17).

Ante la necesidad de un renovado compromiso de santidad, santa Clara da también un ejemplo de la pedagogía de la santidad que, alimentándose de una oración incesante, lleva a convertirse en contempladores del rostro de Dios, abriendo de par en par el corazón al Espíritu del Señor, que transforma toda la persona, la mente, el corazón y las acciones, según las exigencias del Evangelio.

* * *



TEXTOS DE LA MISA
DE SANTA CLARA DE ASÍS

Antífona de entrada 
Hoy ha brillado una estrella: hoy la hermana Clara, pobre sierva del Señor, ha sido glorificada en el cielo.

Oración colecta 
Oh Dios,
que infundiste en santa Clara
un profundo amor a la pobreza evangélica, 
concédenos, por su intercesión, 
que, siguiendo a Cristo pobre,
merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. 
Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Me casaré contigo en matrimonio perpetuo

Lectura del Profeta Oseas 2, 14b. 15b. 19-20.

Esto dice el Señor:

Yo la cortejaré, me la llevaré al desierto, 
le hablaré al corazón.

Y me responderá allí
como en los días de su juventud,
como el día en que la saqué de Egipto.

Me casaré contigo en matrimonio perpetuo; 
me casaré contigo en derecho y justicia, 
en misericordia y compasión; 
me casaré contigo en fidelidad, 
y te penetrarás del Señor.

Salmo responsorial Sal 44, 11-12. 14-15. 16.

R/. Llega el Esposo; salid a recibir a Cristo, el Señor.

Escucha, hija, mira: inclina el oído; 
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza, 
póstrate ante él, que él es tu señor.

Ya entra la princesa bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes;
la siguen sus compañeras.

Las traen entre alegría y algazara, 
van entrando en el palacio real.

SEGUNDA LECTURA
La vida de Jesús se transparenta en nuestro cuerpo

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 6-10. 16-18.

El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», 
la ha encendido en nuestros corazones, 
haciendo resplandecer el conocimiento de la gloria de Dios, 
reflejada en el rostro del Mesías.

Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, 
para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria 
es de Dios y no viene de nosotros.

Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; 
estamos apurados, pero no desesperados; 
acosados, pero no abandonados; 
nos derriban, pero no nos rematan; 
paseamos continuamente en nuestro cuerpo 
el suplicio de Jesús, 
para que también la vida de Jesús 
se transparente en nuestro cuerpo.

Por esta razón no nos acobardamos; 
no, aunque nuestro exterior va decayendo, 
lo interior se renueva de día en día; 
porque nuestras penalidades momentáneas y ligeras 
nos producen una riqueza eterna, 
una gloria que las sobrepasa desmesuradamente; 
y nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, 
sino en lo que no se ve, 
porque lo que se ve es transitorio 
y lo que no se ve es eterno.

Aleluya Jn. 15, 6.
Aleluya, aleluya.
El que permanece en mí y yo en él, 
ése da fruto abundante. 
Aleluya.

EVANGELIO
Si guardáis mis mandamientos,
permaneceréis en mi amor

Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 4-10.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Permaneced en mí y yo en vosotros. 
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, 
si no permanece en la vid, 
así tampoco vosotros, 
si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos;
el que permanece en mí y yo en él, 
ése da fruto abundante; 
porque sin mí no podéis hacer nada.

Al que no permanece en mí, 
lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; 
luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí 
y mis palabras permanecen en vosotros,
pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, 
con que deis fruto abundante; 
así seréis discípulos míos.

Como el Padre me ha amado, 
así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, 
permaneceréis en mi amor; 
lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre 
y permanezco en su amor.

Oración de los fieles

Oremos a Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, que enriqueció a santa Clara con los dones y carismas del Espíritu Santo.

-Por la Iglesia, siempre en trance de renovación y de reforma: para que sea dócil a los impulsos del Espíritu.

-Por los religiosos y religiosas de vida contemplativa: para que en su vida y en sus obras sean ejemplo atrayente de sabiduría evangélica.

-Por las hijas espirituales de santa Clara: para que permanezcan fieles al carisma de su santa Madre y difundan su perfume donde se encuentren.

-Por toda la Familia Franciscana: para que alienten y no defrauden a quienes buscan a Cristo por el camino de Francisco y de Clara.

-Por los enfermos, los ancianos y los abandonados, los pobres y toda clase de indigentes: para que el ejemplo de Clara les lleve a unir sus sufrimientos a los de Cristo paciente.

Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas, que hoy te presenta canta Clara, abogada e intercesora nuestra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor,
los dones que humildemente te ofrecemos 
en memoria de tu virgen santa Clara, 
y concédenos,
por esta hostia inmaculada, 
permanecer ardiendo en tu presencia 
por el fuego sagrado de tu amor. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

V/. El Señor esté con vosotros. 
V/. Levantemos el corazón.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

En verdad es justo y necesario 
darte gracias
siempre y en todo lugar, 
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque impulsaste a tu sierva Clara 
con el ejemplo de san Francisco 
a seguir las huellas de tu Hijo, 
y la uniste a Él
en desposorio místico y en amor eterno.

Elevada a la cumbre
de la espiritualidad franciscana
por el camino de la extrema pobreza, 
la constituiste también 
madre de innumerables vírgenes.

Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales 
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión Jn 14, 21.23.
Al que me ama, lo amará mi Padre, y los dos vendremos a él y haremos morada en él.

Oración después de la comunión
Señor,
fortalecidos con tu eucaristía,
te pedimos que, a ejemplo de santa Clara, 
llevemos en nuestro cuerpo la muerte de Cristo
y nuestra vida sea un esfuerzo continuo 
por unirnos cada vez más a ti. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

El Señor os bendiga y os guarde.
Amén.

Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Amén.

Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.



LITURGIA DE LAS HORAS
DE SANTA CLARA DE ASÍS

Nació en Asís el año 1193. Cuando san Francisco se convirtió a Dios y empezó a predicar, Clara lo escuchaba a gusto y se entrevistaba con él en secreto. La noche del Domingo de Ramos de 1211 ó 1212, Clara abandonó la casa paterna y se consagró a Dios en la Porciúncula en manos de Francisco. Después pasó por las benedictinas y llegó a San Damián, donde pronto la siguieron otras jóvenes, y con ellas, bajo la guía de Francisco, se formó la comunidad que se convertiría en la Orden de las Clarisas. Allí vivió Clara encerrada, en pobreza, oración y caridad, hasta que murió el 11 de agosto de 1253.

I VÍSPERAS

Himno

Es la esposa del Rey la virgen Clara, 
virgen y esposa cual la Iglesia Santa, 
para el divino Amor su sueño es vela, 
y canto el despertar antes del alba.

Ni muro ni castillo aquel recinto
que en caridad congrega a las hermanas; 
es San Damián bello jardín clausura 
para el coloquio santo de la amada.

Aquí palpita el mundo doloroso
en el cuerpo de Clara y su plegaria; 
junto al altar, junto a la cruz es madre, 
y en silencio engendra, gime, abraza.

Pobre de corazón, como en Belén 
nuestro Señor nacido en unas pajas, 
pobre como en la cruz el Dios Altísimo 
que se nos da sin retenerse nada.

Hermana de los ángeles contempla
al Vencedor con cara iluminada,
y en el desierto clama peregrina:
«¡Tráeme al olor de tu fragancia!»

Que Cristo se levante, inmenso, santo,
que derrame la luz de su mirada:
¡la Iglesia te bendice, Bienamado,
y en ti se goza con la Virgen Clara! Amén.

Salmodia

Ant. 1. Venid, hijas mías, contemplad al Señor, y quedaréis radiantes.

Salmo 112
Alabado sea el nombre del Señor

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Ant. Venid, hijas mías, contemplad al Señor, y quedaréis radiantes.

Ant. 2. La puso el Señor a guardar sus viñas: las viñas en ciernes difundieron su fragancia.

Salmo 147
Acción de gracias por la restauración de Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Ant. La puso el Señor a guardar sus viñas: las viñas en ciernes difundieron su fragancia.

Ant. 3. La eligió el Señor para ser santa e irreprochable ante él por el amor.

Cántico de la Carta a los Efesios (1,3-10)
El Dios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. La eligió el Señor para ser santa e irreprochable ante él por el amor.

Lectura breve Cf. Sb 6, 13-14. 
La sabiduría es clara, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la desean.

Responsorio breve
R/. Dios todopoderoso * Me ciñe de valor. Dios.
V/. Y me enseña un camino perfecto. * Me ciñe. Gloria al Padre. Dios.

Magníficat, Ant. Desbordo de gozo con el Señor, porque me ha vestido un traje de gala, y como a novia me ha adornado con la corona.

Cántico de la Virgen María
Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Magníficat, Ant. Desbordo de gozo con el Señor, porque me ha vestido un traje de gala, y como a novia me ha adornado con la corona.

Preces

Alabemos con gozo a Cristo, esposo y cordero inmaculado, al que siguen las vírgenes dondequiera que va, y supliquémosle diciendo:
Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que elogiaste a los que permanecen vírgenes por el reino de los cielos,
-danos que entendamos tus palabras y te sirvamos con mente pura y cuerpo casto.

Tú que ofreciste al Padre el sacrificio de la cruz para salvación nuestra,
-haz que, crucificando nuestro cuerpo con sus vicios y concupiscencias, completemos en nosotros lo que falta a tu pasión.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó fidelidad intacta,
-concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que nos concedes hoy alegrarnos en la festividad de santa Clara virgen,
-concédenos también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
-admite benigno a nuestros hermanos y hermanas franciscanas en el convite festivo de tu reino.

Padre nuestro.

Oración
Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

INVITATORIO

Ant. Venid, adoremos a Cristo rey, a quien Clara amó de todo corazón.

OFICIO DE LECTURA

Himno
¡Gracias, Señor, porque me creaste! (Santa Clara)

Me pensaste desde siempre,
Señor de la eterna alba,
y me creaste en el tiempo
con amor, a tu hora exacta.
Gracias porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Me cuidaste como un padre
a su hija muy amada,
y me infundiste tu Espíritu
para fuego de mi llama.
Gracias porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Gracias por mi tierra umbra
y por mi nombre de Clara,
por mi Padre san Francisco
y por mis tantas hermanas.
Gracias, porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Por mi vida, por mi muerte,
por mi bienaventuranza,
por ti mismo, por tu gloria
conocida y ensalzada...
¡Gracias porque me pensaste!
¡Porque me creaste, gracias!

Salmodia

Ant. 1. Se preocupó de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

Salmo 18 A
Alabanza al Dios creador del universo

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Ant. Se preocupó de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

Ant. 2. Todo lo consideró pérdida; por eso halló bienes mejores y permanentes.

Salmo 44, I
Las nupcias del Rey

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Ant. Todo lo consideró pérdida; por eso halló bienes mejores y permanentes.

Ant. 3. Se despojó de sus galas y afligió su cuerpo con ayunos.

Salmo 44, II
Las nupcias del Rey

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra».

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Ant. Se despojó de sus galas y afligió su cuerpo con ayunos.

V/. La llevan ante el Rey con séquito de vírgenes.
R/. Entre alegría y algazara.

PRIMERA LECTURA 
De la carta del apóstol San Pablo
a los Filipenses 3, 7-16. 20-21; 4, 4-9
Todo lo consideré como pérdida
con tal de ganar a Cristo e incorporarme a él

Hermanos: Lo que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos.

No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba me llama en Cristo Jesús.

Los que somos maduros pensamos así. Y, si en algún punto pensáis de otro modo, Dios se encargará de aclararos también eso. En todo caso, seamos consecuentes con lo ya alcanzado.

Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Responsorio Cf. 1Co 1, 4. 8. 
R/. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. * Pues por él habéis sido enriquecidos en todo.
V/. Él os mantendrá firmes hasta el final, hasta el día de la venida del Señor. * Pues por él.

SEGUNDA LECTURA 
Del Testamento de Santa Clara
El Señor nos ha puesto para modelo y espejo

Entre los otros beneficios que hemos recibido y recibimos cada día de nuestro espléndido benefactor el Padre de las misericordias, y por los que más debemos dar gracias al Padre glorioso de Cristo, está el de nuestra vocación, por la que, cuanto más perfecta y mayor es, más y más deudoras le somos. Por lo cual dice el Apóstol: Reconoce tu vocación. El Hijo de Dios se ha hecho para nosotras camino, que con la palabra y el ejemplo nos mostró y enseñó nuestro bienaventurado padre Francisco, verdadero amante e imitador suyo.

Por tanto, debemos considerar, amadas hermanas, los inmensos beneficios de Dios que nos han sido concedidos, pero, entre los demás, aquellos que Dios se dignó realizar en nosotras por su amado siervo nuestro padre el bienaventurado Francisco, no sólo después de nuestra conversión, sino también cuando estábamos en la miserable vanidad del siglo. Pues el mismo Santo, cuando aún no tenía hermanos ni compañeros, casi inmediatamente después de su conversión, mientras edificaba la iglesia de San Damián, donde, visitado totalmente por la consolación divina, fue impulsado a abandonar por completo el siglo, profetizó de nosotras, por efecto de una gran alegría e iluminación del Espíritu Santo, lo que después el Señor cumplió. En efecto, subido en aquel entonces sobre el muro de dicha iglesia, decía en alta voz, en lengua francesa, a algunos pobres que moraban allí cerca: «Venid y ayudadme en la obra del monasterio de San Damián, porque aún ha de haber en él unas damas, por cuya vida famosa y santo comportamiento religioso será glorificado nuestro Padre celestial en toda su santa Iglesia».

En esto, por tanto, podemos considerar la copiosa benignidad de Dios para con nosotras; Él, por su abundante misericordia y caridad, se dignó decir, por medio de su Santo, estas cosas sobre nuestra vocación y elección. Y no sólo de nosotras profetizó estas cosas nuestro bienaventurado padre Francisco, sino también de las otras que habían de venir a la santa vocación a la que el Señor nos ha llamado.

¡Con cuánta solicitud, pues, y con cuánto empeño de alma y de cuerpo no debemos guardar los mandamientos de Dios y de nuestro padre Francisco para que, con la ayuda del Señor, le devolvamos multiplicado el talento recibido! Porque el mismo Señor nos ha puesto como modelo que sirva de ejemplo y espejo no sólo a los otros, sino también a nuestras hermanas, a las que llamará el Señor a nuestra vocación, para que también ellas sirvan de espejo y ejemplo a los que viven en el mundo. Así pues, ya que el Señor nos ha llamado a cosas tan grandes, a que puedan mirarse en nosotras las que son para los otros ejemplo y espejo, estamos muy obligadas a bendecir y alabar a Dios, y a confortarnos más y más en el Señor para obrar el bien. Por lo cual, si vivimos según la sobredicha forma, dejaremos a los demás un noble ejemplo y con un brevísimo trabajo ganaremos el premio de la eterna bienaventuranza.

Responsorio
R/. Clara, hija esclarecida de Francisco, menospreció todas las pompas y vanidades del siglo. * Propagó por el orbe la consagración a la castidad.
V/. Desposada con Cristo, esta virgen le da numerosa prole de vírgenes. * Propagó.

Himno Te Deum.

Oración
Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

L A U D E S

Himno

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana Clara
que, joven, rica y noble,
se abrazó por tu amor a la pobreza santa.

Loado seas, mi Señor,
por su fuga amorosa en la noche estrellada,
por el despojo alegre de su cabellera
y por su virginal ofrenda enamorada.

Loado seas, mi Señor,
porque enseñó de vida y de palabra
a ser lo que quería:
tu hija, tu madre, tu esposa y tu hermana.

Loado seas, mi Señor,
porque te amó en tu cruz hasta las lágrimas,
y, orándote, hasta el éxtasis,
y hasta el temblor, de asombro, si te comulgaba.

Loado seas, mi Señor,
porque te complaciste tanto en su mirada,
que suscitaste por doquier
miles y miles a su semejanza.

Loado seas, mi Señor,
por su vida penitencial y liberada,
y por su muerte alegre
de verte, Rey glorioso, cara a cara.

¡Loado seas, mi Señor,
Padre celeste, y Filial Palabra,
y Espíritu de Amor!
¡A ti el honor, la gloria, la alabanza! Amén.

Salmodia

Ant. 1. El poder de Dios la sostuvo; por eso será bendita por siempre.

Salmo 62
El alma sedienta de Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Ant. El poder de Dios la sostuvo; por eso será bendita por siempre.

Ant. 2. La bendijo el Señor, y por medio de ella aniquiló a los enemigos.

Cántico de los tres jóvenes
Toda la creación alabe al Señor

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. La bendijo el Señor, y por medio de ella aniquiló a los enemigos.

Ant. 3. Encomendó a Dios todos sus afanes; esperó en él y se vio socorrida.

Salmo 149
Alegría de los santos

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Ant. Encomendó a Dios todos sus afanes; esperó en él y se vio socorrida.

Lectura breve Is 58, 10-11. 
Brillará tu luz en las tinieblas. El Señor te guiará siempre, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas, cuya vena nunca engaña.

Responsorio breve
R/. Mi alma * Se regocija por el Señor. Mi alma.
V/. Y se alboroza por su Salvador. * Se regocija. Gloria al Padre. Mi alma.

Benedictus, Ant. Dichosa la virgen Clara: negándose a sí misma y cargando con su cruz, siguió al Señor, esposo de las vírgenes.

Cántico de Zacarías
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Benedictus, Ant. Dichosa la virgen Clara: negándose a sí misma y cargando con su cruz, siguió al Señor, esposo de las vírgenes.

Preces

Imploremos, hermanos, al Padre de las misericordias, de quien procede todo don perfecto, y supliquémosle humildemente diciendo:
Te rogamos, óyenos.

Tú que eres el solo santo y el bien sumo,
-haz que se aumente el número de los santos en tu Iglesia, para que te amen y conduzcan a los demás a tu amor.

Tú que nos dejaste un dechado de perfección en la santa madre Clara,
-concédenos seguir su ejemplo, viviendo en pobreza y humildad.

Tú, Señor Jesús, que eres el camino, la esperanza y la vida, infunde a la Orden seráfica la vitalidad del Evangelio,
-para que, imitando a santa Clara, nos convirtamos en verdaderos hijos de la Iglesia.

Tú que eres fuente de la verdadera sabiduría, inflama nuestros corazones en tu amor,
-para que, cumpliendo tus palabras, sepamos elegir siempre la mejor parte.

Tú que quieres de tus elegidos frutos abundantes de paciencia, concédenos los dones del Espíritu Santo,
-para que seamos fieles a sus inspiraciones y sepamos compartir entre nuestros hermanos la paz y la alegría.

Padre nuestro.

Oración
Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

HORA INTERMEDIA

Si se celebra como fiesta, las antífonas y los salmos son de la feria de la semana. Si se celebra como solemnidad, las antífonas son propias y los salmos de la salmodia complementaria, o, si fuera domingo, del domingo de la semana I.

Tercia

Ant. Habla mi amado y me dice: «¡Levántate amada mía, hermosa mía, ven a mí!»

Lectura breve Sb 7, 7-8. 10. 
Invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. La quise más que a la salud y a la belleza, y me propuse tenerla por luz.

V/. El resplandor de la sabiduría no tiene ocaso.
R/. Con ella me vinieron todos los bienes juntos.

Sexta

Ant. Encontré al amor de mi alma: lo agarre y ya no lo soltaré.

Lectura breve Sb 4, 1-2. 
La virtud se perpetúa en el recuerdo: la conocen Dios y los hombres. Presente, la imitan; ausente, la añoran; en la eternidad, desfila triunfadora.

V/. Clara, esposa de Cristo, recibe la corona.
R/. La corona que el Señor te ha preparado para siempre.

Nona

Ant. Oigo la voz de mi amado que llama a la puerta: «Ábreme, amada mía; me casaré contigo en matrimonio perpetuo».

Lectura breve So 3, 16-17. 
Aquel día, dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta».

V/. Desdeñó los goces del mundo y las galas profanas.
R/. La virgen Clara por amor de Jesucristo.

Oración
Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

II VÍSPERAS

Himno

Al caer de la tarde silenciosa,
cuando todo era calma en el ambiente,
una luz se encendía diligente
en oración humilde y amorosa.

Eras tú, Clara, corazón amante,
que velabas al Dios sacramentado,
pidiendo por el mundo atormentado,
de tanto desamor desconcertante.

Plegaria y sacrificio así juntabas
con alegre talante contagioso,
que arrastraba tras sí, por amoroso,
a las flores vivientes que cuidabas.

Y así, cuando por fin llamó el Esposo
a tu puerta, radiante de alegría
a su encuentro saliste en este día
con aceite abundante y luminoso.

En el coro de vírgenes prudentes,
alabas al Señor tres veces santo;
nosotros nos unimos a tu canto
y a tu gozo seráfico y ferviente. Amén.

Salmodia

Ant. 1. El mundo se llenó del resplandor de Clara: de su santidad brotaron vigorosos retoños.

Salmo 112
Alabado sea el nombre del Señor

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Ant. El mundo se llenó del resplandor de Clara: de su santidad brotaron vigorosos retoños.

Ant. 2. Para ganar a Cristo, desdeñó la efímera gloria mundana, poniendo su confianza en el Señor, su Dios.

Salmo 145
Felicidad de los que esperan en Dios

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Ant. Para ganar a Cristo, desdeñó la efímera gloria mundana, poniendo su confianza en el Señor, su Dios.

Ant. 3. Transportada de gozo, la virgen Clara conoció maravillosamente las múltiples formas de la sabiduría de Cristo.

Cántico de la Carta a los Efesios (1,3-10)
El Dios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. Transportada de gozo, la virgen Clara conoció maravillosamente las múltiples formas de la sabiduría de Cristo.

Lectura breve Ct 6, 3; 8, 6-7. 
Yo soy de mi amado y mi amado es mío, el pastor de azucenas. Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte, es centella de fuego, llamarada divina; las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos.

Responsorio breve
R/. La llevaron al aposento real. * El Rey ciñó su cabeza con la diadema. La llevaron.
V/. Con la corona de santidad, gloria y honor. * El Rey. Gloria al Padre. La llevaron.

Magníficat, Ant. Dios te salve, esposa de Cristo, virgen consagrada, dechado de religiosas: Clara, guíanos al reino de los cielos.

Cántico de la Virgen María
Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Magníficat, Ant. Dios te salve, esposa de Cristo, virgen consagrada, dechado de religiosas: Clara, guíanos al reino de los cielos.

Preces

Alabemos con gozo a Cristo, esposo y cordero inmaculado, al que siguen las vírgenes dondequiera que va, y supliquémosle diciendo:
Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que elogiaste a los que permanecen vírgenes por el reino de los cielos,
-danos que entendamos tus palabras y te sirvamos con mente pura y cuerpo casto.

Tú que ofreciste al Padre el sacrificio de la cruz para salvación nuestra,
-haz que, crucificando nuestro cuerpo con los vicios y concupiscencias, completemos en nosotros lo que falta a tu pasión.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó fidelidad intacta,
-concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que nos concedes hoy alegrarnos en la festividad de santa Clara virgen,
-concédenos también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
-admite benigno a nuestros hermanos y hermanas franciscanos en el convite festivo de tu reino.

Padre nuestro.

Oración
Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.


























No hay comentarios:

Publicar un comentario