martes, 1 de agosto de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 2 DE AGOSTO

 

SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES o DE LA PORCIÚNCULA. La ermita de Santa María de los Ángeles, situada en el paraje llamado Porciúncula, a pocos kilómetros de Asís, fue el lugar sagrado preferido por san Francisco. En la ermita y sus alrededores se desarrollaron muchos hechos decisivos de la vida y obra del Santo. Allí comenzó la Orden Franciscana, allí inició santa Clara su aventura evangélica, allí tenían los frailes su casa solariega, allí murió Francisco. Pero antes, en 1216, obtuvo allí de Cristo, por intercesión de la Virgen, el privilegio del «Perdón de Asís» o «Indulgencia de la Porciúncula», confirmado por Honorio III a partir del 2 de agosto de aquel año, renovado y extendido luego por otros papas. En el siglo XVI, para acoger a los numerosos fieles que acudían a lucrar la indulgencia, se construyó el grandioso templo, que alberga en su centro la humilde ermita, declarado en 1909 basílica patriarcal. Las condiciones para ganar la indulgencia son: visitar una iglesia franciscana, rezar un padrenuestro y un credo, confesar y comulgar y orar por las intenciones del Papa.- Oración: Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen, Reina de los Ángeles, que participemos como ella de la plenitud de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN EUSEBIO DE VERCELLI. [Murió el 1 de agosto y su memoria se celebra el 2 de agosto]. Nació en Cerdeña (Italia) a principios del siglo IV. Abrazó el estado clerical en Roma y el año 345 fue elegido primer obispo de Vercelli (Piamonte). Con su predicación sobre todo en el medio rural contribuyó a incrementar la religión cristiana y a mantener la fe ortodoxa. Introdujo en su diócesis la vida en común del clero diocesano, iniciativa que luego se extendió por todas partes. Fue perseguido por los arrianos por su defensa y esclarecimiento de la divinidad de Jesucristo. El emperador Constancio lo desterró a Escitópolis a causa de la fe, y allí padeció amenazas, malos tratos, cárcel, hambre y toda clase de vejámenes. El año 361 lo enviaron a Capadocia y luego a la Tebaida. Al regresar a su patria, siguió trabajando denodadamente contra la herejía de Arrio y en la restauración de la fe. Murió en Vercelli el 1 de agosto del año 371.- Oración : Concédenos, Señor, Dios nuestro, imitar la fortaleza de tu obispo san Eusebio de Vercelli al proclamar su fe en la divinidad de tu Hijo, y haz que, perseverando en esa misma fe de la que fue maestro, merezcamos un día participar de la vida divina de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



SAN PEDRO JULIÁN EYMARD. [Murió el 1 de agosto y su memoria se celebra el 2 de agosto]. Nació en La Mure (Francia) el año 1811. Ordenado de sacerdote en 1834 y después de ejercer el ministerio pastoral algunos años en la diócesis de Grenoble, ingresó en la Sociedad de María (Maristas). Pronto se convirtió en el principal colaborador del fundador, el P. Colin. Estando en el santuario mariano de Fourvièr en Lyon, tuvo una profunda experiencia espiritual que lo hizo sentirse llamado a fundar una congregación religiosa destinada a fomentar y propagar el culto al Santísimo Sacramento, del que era muy devoto. Dejó su Congregación y fundó otras dos, la de los Presbíteros del Santísimo Sacramento y la de las Siervas del Santísimo Sacramento. Sus sacerdotes se dedicaban a la adoración y apostolado del Santísimo y también a la atención de los pobres de los barrios periféricos de París, así como al cuidado de los sacerdotes que se encontraban en dificultades. Murió el 1 de agosto de 1868 La Mure.- Oración: Oh Dios, que concediste a san Pedro Julián un amor admirable hacia el sagrado misterio del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos benigno que merezcamos participar de este divino convite, comprendiendo, como él, su riqueza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



BEATO FRANCISCO TOMÁS SERER. Nació el año 1911 en Alcalalí (Alicante). De niño fue a estudiar al seminario menor de los Terciarios Capuchinos de Godella (Valencia). Profesó en 1928 y en 1934 recibió el presbiterado. El resto de su vida lo dedicó al servicio de la juventud extraviada, en centros destinados a la misión propia de su Congregación. El verano de 1935 viajó por Francia y Bélgica para dar solidez científica a sus métodos pedagógicos; luego inició la carrera de medicina en la Universidad Central de Madrid. Al estallar la persecución religiosa de 1936 se cobijó en casa de unos bienhechores, de la que salió en busca de su superior, el beato Bienvenido Mª de Dos Hermanas; al amanecer del día siguiente, 3 de agosto, apareció su cadáver junto a la tapia del Reformatorio del Príncipe de Asturias, en Madrid. Fue un religioso elegante, de carácter dulce y amable, piadoso e inteligente, en quien su Instituto tenía grandes esperanzas. Es uno de los Amigonianos beatificados por Juan Pablo II el año 2001.



BEATO CEFERINO GIMÉNEZ MALLA (El Pelé). Gitano, conocido familiarmente como «El Pelé», seglar, de la Tercera Orden Franciscana. Tratante de caballerías, hombre cabal y honrado, muy devoto de la Virgen y de la Eucaristía, generoso con los más necesitados y preocupado por la catequesis de los niños. Le llevaron al martirio el salir públicamente en defensa de un sacerdote maltratado y el empeño en seguir rezando el rosario: lo fusilaron en Barbastro los milicianos el 2 de agosto de 1936. Nació en Fraga (Huesca, España) en 1861. Como su familia, fue gitano y vivió siempre como tal. Se casó con una joven de su raza al estilo gitano, pero en 1912 lo hicieron por la Iglesia; no tuvieron hijos. Por su reconocida prudencia y sabiduría, lo solicitaban payos y gitanos para solucionar sus conflictos. No supo leer ni escribir, pero fue amigo también de personas cultas y se dedicaba a la catequesis de niños, a quienes contaba pasajes de la Biblia y enseñaba las oraciones y el respeto a la naturaleza.- Oración: Oh Dios, que has concedido al beato gitano Ceferino confesar su fe cristiana hasta derramar la sangre por Cristo, suscita en la Iglesia, congregada entre todos los pueblos, testigos valientes de la verdad evangélica que entreguen su vida al servicio de los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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San Betario. Obispo de Chartres (Francia). Murió el año 623.

Santa Centola. Sufrió el martirio en territorio de Burgos (España), a comienzos del siglo IV, durante la persecución del emperador Diocleciano.

San Esteban I, papa del año 254 al año 257. Era romano y se había integrado en una de las diaconías de Roma. Su pontificado trascurrió en una época tranquila del emperador Valeriano. Tuvo dificultades con algunas Iglesias particulares por asuntos de fe y disciplina. Sus relaciones con san Cipriano de Cartago no siempre fueron cordiales. Prohibió rebautizar a los herejes que querían volver a la plena comunión con la Iglesia. Fue sepultado en el cementerio de Calixto en la Vía Apia.

San Máximo. Obispo de Padua (Italia), en el siglo III-IV, sucesor de san Prosdócimo.

San Pedro de Osma. Nació en Bourges (Francia) hacia el año 1040. Se dedicó primero a la carrera de armas; luego la abandonó y entró en el monasterio de Cluny. A petición de Alfonso VI, rey de León y Castilla, su abad lo envió a España con otros monjes. Estuvo en el monasterio de Sahagún y después en Toledo, de cuya catedral fue arcediano. El año 1103 fue elegido obispo de Osma (Soria), recién liberada del dominio árabe. Se dedicó con gran celo a la reconstrucción material y espiritual de la diócesis. Murió en Palencia el año 1109.

San Rutilio. Mártir en África. Durante algún tiempo escapó de la persecución romana, huyendo de un lugar a otro y a veces invirtiendo dinero en ello. Pero finalmente fue arrestado por ser cristiano y entregado al gobernador, ante el que confesó su fe en Cristo. Lo sometieron a múltiples suplicios y lo quemaron vivo. El escritor Tertuliano es quien narra su vida, y se calcula que su martirio tuvo lugar algo antes del año 212.

San Sereno de Marsella. Fue el noveno obispo de Marsella (Francia), claramente iconoclasta o contrario al culto de las sagradas imágenes, por lo que fue reprendido por el papa san Gregorio Magno. Cuando éste envió a san Agustín de Canterbury y sus compañeros a evangelizar Inglaterra, Sereno les dio hospitalidad. Mientras se dirigía a Roma para reconciliarse ante el Papa de su desviación doctrinal, descansó piadosamente en el Señor en Biandrate, cerca de Vercelli (Italia). Esto acaeció algo después del año 601.

Beato Antonio Mohedano Larriva, salesiano. Nació en Córdoba el año 1894, hizo la profesión en 1914 y, ordenado sacerdote en 1925, se consagró totalmente a la educación de la juventud obrera en el colegio de Santa Teresa de Ronda (Málaga), como catequista por ocho años (1925-1933) y como director desde 1933 hasta su muerte en 1936. El 25-VII-1936, la comunidad fue obligada a abandonar el colegio y buscar refugio en casas particulares. Desde su nuevo domicilio el P. Antonio seguía con dolor la tragedia de sus hermanos. El 2-VIII-1936, un grupo de exaltados lo detuvo y, sin resistencia de su parte, lo llevaron al lugar del martirio.

Beatos Felipe de Jesús Munárriz Azcona, Juan Díaz Nosti y Leoncio Pérez Ramos. Los tres eran sacerdotes, miembros de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos), en la que ejercían cargos de responsabilidad, y, a causa de su fe, fueron fusilados por los milicianos en el cementerio de Barbastro (Huesca) el 2 de agosto de 1936. Felipe nació en Allo (Navarra) el año 1875 y a los once años ingresó en el seminario claretiano de Barbastro. Profesó en 1891 y se ordenó de sacerdote en 1898. Su actividad se centró primero en la formación de sus jóvenes y luego en el gobierno de comunidades claretianas. Era superior de la casa de Barbastro cuando lo detuvieron. Juan nació en Oviedo (Asturias) el año 1880. Se trasladó con sus padres a Barcelona y desde allí entró en el seminario claretiano de Barbastro. Profesó en 1898 y se ordenó de sacerdote en 1906. Ocupó en su Congregación ministerios y cargos importantes: superior, profesor en sus centros de formación, formador. Era un hombre culto y buen pedagogo. Leoncio nació en Muro de Aguas (Rioja) el año 1875. Hizo la profesión en Cervera el año 1893 y recibió la ordenación sacerdotal en 1901. Su precaria salud no le permitió salir mucho a predicar. Sus principales tareas fueron la de confesor y la de ecónomo en sucesivas casas. Era austero consigo mismo, bondadoso y servicial para con los demás, y asumía a gusto tareas humildes.

Beato Francisco Calvo Burillo. Nació en Híjar, provincia de Teruel (España) el año 1881. A los 15 años ingresó en la Orden de Predicadores. Se ordenó de sacerdote en 1905 y después estudió filosofía en la Universidad de Barcelona. Se dedicó a la enseñanza y a la escritura de libros y artículos, tuvo cargos de gobierno en su Orden, fue uno de los principales restauradores de la Provincia dominica de Aragón, atendió de modo especial a las religiosas contemplativas. Estaba delicado de salud y marchó a casa de su madre para reponerse. Allí lo detuvieron los milicianos y lo fusilaron en el cementerio de su pueblo natal el 2 de agosto de 1936.

Beato Francisco Company. Nació en Rocallaura (Tarragona) en 1886. Ingresó en el seminario de Tarragona, lo enviaron a Roma, en la Gregoriana se doctoró en filosofía y teología, y fue ordenado sacerdote en 1914. En su diócesis fue vicario-ecónomo de la catedral, profesor del seminario, redactor del diario "La Cruz". Era muy caritativo con los pobres y confesor muy apreciado. Al estallar la persecución religiosa, hospedó en su casa a religiosas y a un sacerdote, y se arriesgó por salvar las hostias consagradas del sagrario de la catedral y dar la comunión. El 2 de agosto de 1936, los milicianos lo detuvieron y lo torturaron hasta la muerte, cerca del cementerio de la ciudad. Beatificado el 13-X-2013.

Beata Juana de Aza, madre de santo Domingo, el fundador de los Dominicos. Nació en la villa de Aza, provincia de Burgos (España), hacia el año 1140. Contrajo matrimonio con Félix de Guzmán, hombre hacendado de la nobleza castellana. Tres hijos suyos subieron a los altares: Domingo como santo, Manés como beato y Antonio como venerable. Juana dejó una estela de santidad como madre y como esposa. Llena de fe y devoción, usó de gran misericordia hacia los pobres y afligidos. Murió en Caleruega (Burgos) a finales del siglo XII o principios del siglo XIII.

Beato Justino María Russolillo. Nació el año 1891 en Pianura-Nápoles (Italia). En el Seminario de Pozzuoli se distinguió por su inteligencia, humildad y piedad. En 1913 fue ordenado sacerdote. Desde seminarista pensó y fue preparando la fundación de un instituto religioso para cultivar las vocaciones. Ya sacerdote, comenzó a trabajar para la realización de su misión y pronto nació la Sociedad de las Divinas Vocaciones, con las dos comunidades de Padres Vocacionistas y de Hermanas Vocacionistas. Murió santamente en Nápoles el 2-VIII-1955. Beatificado en 2011.

Beato Leoncio Pérez. Nació en Villarmentero (Burgos) en 1895. Emitió sus votos en los Paúles en 1914 y fue ordenado sacerdote en 1921. Vistas sus cualidades para la enseñanza y educación de la juventud, lo enviaron al Colegio Apostólico de Teruel, de donde pasó, en 1935, a Alcorisa para atender a los seminaristas. Declarada la persecución religiosa, salió de Alcorisa camino de Zaragoza. Un vecino de Oliete (Teruel), después de comprobar que era sacerdote, fingió querer ayudarle y le ofreció que montara en una de sus caballerías. Llegados a un lugar solitario, lo apaleó y apedreó hasta matarlo. Era el 2 de agosto de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Miguel Amaro, Operario Diocesano. Nació en El Romeral (Toledo) en 1883. Fue ordenado sacerdote en 1906. Era un hombre humilde que atraía por su bondad. Fue un gran promotor de vocaciones. Ejerció su ministerio en los seminarios de Toledo, Valencia, donde vivió los primeros ataques de la persecución religiosa en 1931, y León. El 18-VII-1936, día en que empezó la guerra civil, llegó a Toledo para unas gestiones religiosas. Se refugió en casa de un amigo, pero ante las amenazas contra quienes acogían a sacerdotes, el 2 de agosto de 1936 dejó la casa y ya en la calle lo detuvieron los milicianos que enseguida lo fusilaron. Beatificado el 13-X-2013.

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Cf. más abajo los textos de la Misa y Oficio de Santa María de los Ángeles de la Porciúncula.



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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico :

Dice el libro de la Sabiduría: -Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento (Sab 12,18-19).

Pensamiento franciscano :

Dice san Francisco en su Paráfrasis del Padrenuestro: -Perdona nuestras ofensas: por tu misericordia inefable, por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos (ParPN 7).

Orar con la Iglesia:

Proclamemos las grandezas de Dios Padre que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la Madre de su Hijo.

-Oh Dios, que has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, haz que también nosotros caminemos hacia esa misma gloria.

-Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores.

-Tú que hiciste de María la llena de gracia, concédenos la abundancia de tu misericordia y de tu amor.

-Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor a ti y a los hombres.

-Concédenos, Señor, a tus fieles que perseveremos unánimes en la oración con María mientras esperamos a tu Espíritu.

Oración: Te rogamos, Señor, que, por intercesión de la Virgen, Reina de los ángeles, participemos también nosotros de la plenitud de tus dones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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«EL PERDÓN DE ASÍS»
Benedicto XVI, del Ángelus del 2 de agosto de 2009

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy contemplamos en san Francisco de Asís el ardiente amor por la salvación de las almas, que todo sacerdote debe alimentar constantemente: en efecto, hoy se celebra el llamado «Perdón de Asís», que obtuvo del Papa Honorio III en el año 1216, después de haber tenido una visión mientras se hallaba en oración en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Apareciéndosele Jesús en su gloria, con la Virgen María a su derecha y muchos ángeles a su alrededor, le dijo que expresara un deseo, y Francisco imploró un «perdón amplio y generoso» para todos aquellos que, «arrepentidos y confesados», visitaran aquella iglesia. Recibida la aprobación pontificia, el santo no esperó ningún documento escrito, sino que corrió a Asís y, al llegar a la Porciúncula, anunció la gran noticia: «Hermanos míos, ¡quiero enviaros a todos al paraíso!». A partir de entonces, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2, se puede lucrar, con las condiciones habituales, la indulgencia plenaria también por los difuntos, visitando una iglesia parroquial o franciscana.

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Del discurso de S. S. Benedicto XVI
durante el encuentro con los jóvenes
ante la Basílica de Santa María de los Ángeles (17-VI-2007)

Queridos jóvenes:

Nos acoge aquí, con san Francisco, el corazón de la Madre, la «Virgen hecha Iglesia», como él solía invocarla (cf. SalVM 1). San Francisco sentía un cariño especial por la iglesita de la Porciúncula, que se conserva en esta basílica de Santa María de los Ángeles. Fue una de las iglesias que él se encargó de reparar en los primeros años de su conversión y donde escuchó y meditó el Evangelio de la misión (cf. 1 Cel 22). Después de los primeros pasos de Rivotorto, puso aquí el «cuartel general» de la Orden, donde los frailes pudieran resguardarse casi como en el seno materno, para renovarse y volver a partir llenos de impulso apostólico. Aquí obtuvo para todos un manantial de misericordia en la experiencia del «gran perdón», que todos necesitamos. Por último, aquí vivió su encuentro con la «hermana muerte».

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AMOR Y MISERICORDIA
Del discurso de S.S. Juan Pablo II
al pueblo reunido ante la basílica
de Santa María de los Ángeles (12-III-1982)

2. Nos encontramos en este momento junto a la basílica que incluye la antigua ermita de la Porciúncula. Precisamente en ella, después de haberla restaurado con sus propias manos, durante la lectura litúrgica del capítulo 10 del Evangelio según San Mateo, Francisco decidió abandonar su breve experiencia eremítica anterior para dedicarse a la predicación en medio de la gente «con palabra sencilla, pero con corazón maravilloso», como dice su primer biógrafo Tomás de Celano (1 Cel 23), dando así comienzo a su típico ministerio. Aquí tuvo lugar más tarde la toma de hábito de Santa Clara, con la fundación de la segunda Orden de las Clarisas o «Damas Pobres de San Damián». Aquí también Francisco impetró de Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el gran perdón o «Indulgencia de la Porciúncula», confirmada en seguida por mi predecesor el Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216; y fue después de esta fecha cuando se inició una gran actividad misionera, que llevó a Francisco y a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Aquí, por fin, el Santo acogió cantando a la «hermana nuestra muerte corporal» (Cánt 12), a los 44 años de edad. Estamos, pues, en uno de los lugares más venerados del franciscanismo, querido no sólo para la Orden franciscana, sino también para todos los cristianos, que aquí, casi como abrumados por la intensidad de los recuerdos históricos, reciben luz y estímulo para una renovación de la vida, bajo el signo de una fe más enraizada y de un amor más genuino.

3. En particular, siento el deber de subrayar el mensaje específico que nos ofrece la Porciúncula y su Indulgencia. Es un mensaje de perdón y de reconciliación, es decir, de gracia, de la que hemos sido objeto, con las debidas disposiciones, por parte de la misericordia divina. Dios, dice San Pablo, es verdaderamente «rico en misericordia» (Ef 2,4) y, como he escrito en la Encíclica que se titula precisamente con estas palabras, «la Iglesia debe profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad, cual nos ha sido transmitida por la revelación» (Dives in misericordia, 13), es más, ella «vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia, el atributo más estupendo del Creador y del Redentor» (ibíd.).

Pues bien, ¿quién de nosotros puede decir en su corazón que no tiene necesidad de esa misericordia, o sea, que está en total sintonía con Dios, de forma que no necesita de Él ninguna intervención purificadora? ¿Quién no tiene algo que hacerse perdonar por Él y por su paternal magnanimidad? O, dicho en términos evangélicos, ¿quién de nosotros podría arrojar la primera piedra (cf. Jn 8,7), sin mancharse de presunción o de irresponsabilidad? Sólo Jesucristo habría podido hacerlo, pero renunció a ello con un incomparable gesto de perdón, es decir, de amor, que revela a un tiempo una ilimitada generosidad y una constructiva confianza en el hombre. Todos los días deberíamos reavivar en nosotros tanto la invocación, humilde y gozosa, de la gracia reconciliadora de Dios, como el sentido de nuestra deuda para con Él, que nos ha ofrecido «de una vez para siempre» (Hb 9,12) y continuamente nos vuelve a ofrecer con inmutable bondad, un perdón al que no tendríamos derecho, que nos restablece en la paz con Él y con nosotros mismos, infundiéndonos una nueva alegría de vivir.

4. Pero el Santo de Asís fue también un campeón de la reconciliación entre los hombres. Su intensa actividad de predicador itinerante lo llevó de región en región y de pueblo en pueblo, a través de casi toda Italia. Su típico anuncio de «Paz y bien», que le hizo ser definido como un «nuevo evangelista» (1 Cel 89; 2 Cel 107), resonaba en todos los grupos sociales, a menudo en lucha recíproca, como invitación a buscar el arreglo de sus conflictos mediante el encuentro y no el enfrentamiento, la dulzura de la comprensión fraterna y no el rencor o la violencia que divide. Y en el Cántico de las criaturas él confiesa aclamando: «Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor».

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SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES
O DE LA PORCIÚNCULA
Tomás de Celano: Vida de San Francisco
(2 Cel 18-19 y 1 Cel 106)

El siervo de Dios Francisco, pequeño de talla, humilde de alma, menor por profesión, estando en el siglo, escogió para sí y para los suyos una porcioncilla del mundo, ya que no pudo servir de otro modo a Cristo sin tener algo del mundo. Pues no sin presagio divino se había llamado de antiguo Porciúncula éste lugar que debía caberles en suerte a los que nada querían tener del mundo.

Es de saber que había en el lugar una iglesia levantada en honor de la Virgen Madre, que por su singular humildad mereció ser, después de su Hijo, cabeza de todos los santos. La Orden de los Menores tuvo su origen en ella, y en ella, creciendo el número, se alzó, como cimiento estable, su noble edificio.

El santo amó este lugar sobre todos los demás, y mandó que los Hermanos tuviesen veneración especial por él, y quiso que se conservase siempre como espejo de la Religión en humildad y pobreza altísima, reservada a otros su propiedad, teniendo el santo y los suyos el simple uso.

Se observaba en él la más estrecha disciplina en todo, tanto en el silencio y en el trabajo como en las demás prescripciones regulares. No se admitían en él sino hermanos especialmente escogidos, llamados de diversas partes, a quienes el santo quería devotos de veras para con Dios y del todo perfectos. Estaba también absolutamente prohibida la entrada de seglares. Los moradores de aquel lugar estaban entregados sin cesar a las alabanzas divinas día y noche, y llevaban vida de ángeles, que difundía en torno maravillosa fragancia.

Y con toda razón. Porque, según atestiguan antiguos moradores, el lugar se llamaba también Santa María de los Angeles. El bienaventurado Padre solía decir que por revelación de Dios sabía que la Virgen Santísima amaba con especial amor aquella iglesia entre todas las construidas en su honor a lo ancho del mundo, y por eso el Santo la amaba más que a todas.

Pues, aunque sabía que en todo rincón de la tierra se encuentra el reino de los cielos y creía que en todo lugar se otorga la gracia divina a los elegidos de Dios, él había experimentado que el lugar de la iglesia de Santa María de la Porciúncula estaba henchido de gracia más abundante y que lo visitaban con frecuencia los espíritus celestiales. Por eso solía decir muchas veces a los hermanos:

«Mirad, hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro, porque este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios. Fue aquí donde, siendo todavía pocos, nos multiplicó el Altísimo; aquí iluminó el corazón de sus pobres con la luz de su sabiduría; aquí encendió nuestras voluntades en el fuego de su amor. Aquí el que ore con corazón devoto obtendrá lo que pida, y el que profane este lugar será castigado con mucho rigor. Por tanto, hijos míos, mantened muy digno de todo honor este lugar en que habita Dios y cantad al Señor de todo corazón, con voces de júbilo y de alabanza».

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S. S. Juan Pablo II
DON DE LA GRACIA Y DE LA MISERICORDIA DE DIOS
QUE NOS LLEVA A LA CONVERSIÓN CONSTANTE (II)
Mensaje del el Papa al Ministro General de los Frailes Menores,
con ocasión de la apertura de la Porciúncula (20-VIII-1999)

3. El santuario de la Porciúncula, tienda del encuentro de Dios con los hombres, es casa de oración. «Aquí, quien rece con devoción, obtendrá lo que pida», solía repetir Francisco (1 Cel 106), después de haberlo experimentado personalmente. Entre las antiguas paredes de la iglesia, cada uno puede gustar la dulzura de la oración en compañía de María, la Madre de Jesús, y experimentar su poderosa intercesión.

El hombre nuevo Francisco, en ese edificio sagrado restaurado con sus manos, escuchó la invitación de Jesús a modelar su vida «según la forma del santo Evangelio» (Test 14), y a recorrer los caminos de los hombres, anunciando el reino de Dios y la conversión, con pobreza y alegría. De este modo, ese lugar santo se había convertido para san Francisco en «tienda del encuentro» con Cristo mismo, Palabra viva de salvación. La Porciúncula es, en particular, «tierra del encuentro» con la gracia del perdón, madurada en una íntima experiencia de Francisco, que, como escribe san Buenaventura, «un día, mientras (...) lloraba reflexionando con amargura en su pasado, se sintió embargado por la alegría del Espíritu Santo, quien le aseguró que le habían sido plenamente perdonados todos sus pecados» (LM 6). Él quiso que todos participaran de su experiencia personal de la misericordia de Dios, y pidió y obtuvo la indulgencia plenaria para quienes, arrepentidos y confesados, llegaran como peregrinos a la iglesia, a fin de recibir el perdón de los pecados y la sobreabundancia de la gracia divina.

4. A cuantos, con auténtica actitud de penitencia y reconciliación, siguen las huellas del Poverello de Asís y acogen la indulgencia de la Porciúncula con las disposiciones interiores requeridas, les deseo que experimenten la alegría del encuentro con Dios y la ternura de su amor misericordioso. Este es el «espíritu de Asís», espíritu de reconciliación, oración y respeto, que deseo de corazón constituya para cada uno estímulo a la comunión con Dios y con los hermanos. Es el mismo espíritu que caracterizó el encuentro de oración por la paz con los representantes de las religiones del mundo, a quienes acogí en la basílica de Santa María de los Ángeles el 27 de octubre de 1986, acontecimiento del que conservo un vivo y grato recuerdo.

Con estos sentimientos, también yo me dirijo en peregrinación espiritual a esa celebración de la indulgencia de la Porciúncula, que se desarrolla en la basílica restaurada de la Bienaventurada Virgen María, Reina celestial, ya en el umbral del gran jubileo de la Encarnación de Cristo. A la Virgen, hija elegida del Padre, encomiendo a cuantos, en Asís y en cualquier otra parte del mundo, quieren recibir hoy el «perdón de Asís», para hacer de su corazón una morada y una tienda para el Señor que viene. A todos imparto mi bendición.

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TEXTOS DE LA MISA
DE SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES
DE LA PORCIÚNCULA

Antífona de entrada Jdt 13, 23. 25.
El Señor Dios te ha bendecido, Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra; ha glorificado tu nombre de tal modo, que tu alabanza está siempre en la boca de todos.

Oración colecta 
Concédenos, Señor,
por intercesión de la Virgen, Reina de los Angeles, 
cuya gloriosa fiesta celebramos hoy, 
que participemos como ella de la plenitud de tu gracia. 
Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Se gloría en medio de su pueblo

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-4. 16. 22-31.

La Sabiduría hace su propio elogio,
se gloría en medio de su pueblo.
Abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades. 
Yo salí de la boca del Altísimo
y como niebla cubrí la tierra; 
habité en el cielo 
con mi trono sobre columna de nubes. 
Eché raíces en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad. 
Como el terebinto extendí mis ramas,
ramas magníficas y graciosas. 
Como vid eché hermosos sarmientos 
y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos. 
Yo soy la madre del amor,
del temor, de la ciencia
y de la santa esperanza. 
Venid a mí los que me amáis,
y saciaos de mis frutos;
mi nombre es más dulce que la miel,
y mi herencia mejor que los panales. 
El que me come tendrá más hambre, 
el que me bebe tendrá más sed. 
El que me escucha no fracasará,
el que me pone en práctica no pecará.

Salmo responsorial Lc 1, 46-55.

V/. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí, 
su nombre es santo.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador.

Porque ha mirado la humillación de su esclava, 
desde ahora me felicitarán todas las generaciones, 
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: 
su nombre es santo.

Y su misericordia llega a sus fieles 
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: 
dispersa a los soberbios de corazón.

Derriba del trono a los poderosos, 
enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes 
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres- 
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

SEGUNDA LECTURA
Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 3-7.

Hermanos: Nosotros, cuando éramos menores de edad, 
vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo.

Cuando se cumplió el tiempo, 
envió Dios a su Hijo, 
nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, 
para rescatar a los que estaban bajo la Ley, 
para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

Como sois hijos, 
Dios envió a vuestros corazones 
al Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá! (Padre). 
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; 
y si eres hijo, eres también heredero 
por voluntad de Dios.

Aleluya Lc. 1, 28. 42. 
Aleluya, aleluya. 
Alégrate, llena de gracia
el Señor está contigo. 
Bendita tú entre las mujeres. 
Aleluya.

EVANGELIO
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-33.

En aquel tiempo, 
el ángel Gabriel fue enviado por Dios 
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 
a una virgen desposada con un hombre llamado José, 
de la estirpe de David; 
la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando a su presencia, dijo:
-Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; 
bendita tú entre las mujeres.

Ella se turbó ante estas palabras, 
y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:
-No temas, María, 
porque has encontrado gracia ante Dios. 
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo 
y le pondrás por nombre Jesús. 
Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, 
el Señor Dios le dará el trono de David su padre, 
reinará sobre la casa de Jacob para siempre, 
y su reino no tendrá fin.

Oración sobre las ofrendas
Jubilosos de poder celebrar
la festividad de la Madre de tu Hijo, 
te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza, 
y te suplicamos que, por estos sagrados misterios,
se acrecienten en nosotros los frutos 
de la redención eterna. 
Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO

V/. El Señor esté con vosotros. 
V/. Levantemos el corazón.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

En verdad es justo y necesario, 
es nuestro deber y salvación 
darte gracias siempre y en todo lugar, 
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria
en la festividad de santa María de los Angeles. 
Porque ella concibió a tu único Hijo 
por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad, 
derramó sobre el mundo la luz eterna, 
Jesucristo, Señor nuestro.

Por él,
los ángeles y los arcángeles 
y todos los coros celestiales 
celebran tu gloria, 
unidos en común alegría. 
Permítenos asociarnos a sus voces 
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión Lc 1,48.
Me felicitarán todas las generaciones porque Dios ha mirado la humillación de su esclava.

Oración después de la comunión
Dios todopoderoso,
que este sagrado banquete aproveche
a los que veneramos la memoria de la Virgen María, 
Reina de los ángeles,
para que celebremos cada vez más 
la inmensa misericordia de tu Hijo,
y la busquemos siempre con sincero corazón. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.

* * *




LITURGIA DE LAS HORAS
L A U D E S

Invitatorio
Ant. Adoremos a Cristo, esposo de la Iglesia, al celebrar la memoria de la Virgen María.

Himno

Cuando el joven Francisco ha dejado
algazaras mundanas y fiestas,
una voz desde el cielo le dice:
«Ve, Francisco, repara mi Iglesia».

Y allá va mansamente Francisco
derramando humildad y pobreza,
y pidiendo por calles y plazas:
«¿Quién me da de limosna una piedra?»

Y se mete a albañil con denuedo,
reparando tabiques y grietas,
y levanta la pobre iglesita
que será su tesoro en la tierra.

Y a sus hijos les dice tajante:
«Si os echaren un día de ella,
entraréis por aquella ventana
si no os dejan entrar por la puerta».

¡Capillita de Santa María,
relicario de santa pobreza!
En ti quiere morar san Francisco
cuando ve que la muerte se acerca.

Y son mudos testigos sus piedras
de la dulce plegaria postrera,
que cantando con suaves acentos
elevara Francisco en la tierra.

Demos gloria al Padre y al Hijo
como el dulce Francisco les diera,
y al Espíritu, gracia divina,
que morando en las almas se queda. Amén.

Salmodia

Ant. 1. Bendita entre las mujeres y bendita en la morada del Señor.

Salmo 62
El alma sedienta de Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Ant. Bendita entre las mujeres y bendita en la morada del Señor.

Ant. 2. Alégrese vuestra alma por su misericordia y no os avergoncéis de alabarla.

Cántico de los tres jóvenes
Toda la creación alabe al Señor

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Alégrese vuestra alma por su misericordia y no os avergoncéis de alabarla.

Ant. 3. Yo amo a los que me aman, y los que madrugan por mí me encuentran.

Salmo 149
Alegría de los santos

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Ant. Yo amo a los que me aman, y los que madrugan por mí me encuentran.

Lectura breve Si 24, 18-20. 
En mí está toda gracia de camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de virtud. Venid a mí, los que me amáis y saciaos de mis frutos; mi nombre es más dulce que la miel, y mi herencia, mejor que los panales.

Responsorio breve
R/. Yo, como vid, * Retoñé. Yo, como vid.
V/. Mis flores y frutos son bellos y abundantes. * Retoñé. Gloria al Padre. Yo, como vid.

Benedictus, Ant. Bendito el Señor, porque hoy ha engrandecido tanto tu nombre, que siempre estará en boca de cuantos tengan memoria del poder de Dios.

Cántico de Zacarías
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Benedictus, Ant. Bendito el Señor, porque hoy ha engrandecido tanto tu nombre, que siempre estará en boca de cuantos tengan memoria del poder de Dios.

Preces

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu Madre, Señor, interceda por nosotros.

Salvador del mundo, que con la eficacia de tu redención preservaste a tu madre de toda mancha de pecado,
-líbranos a nosotros de culpa.

Redentor nuestro, que hiciste de la Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, 
-haz también de nosotros templo de tu Espíritu.

Verbo eterno del Padre, que enseñaste a María a escoger la mejor parte,
-ayúdanos a imitarla y a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.

Rey de reyes, que elevaste contigo al cielo en cuerpo y alma a tu madre,
-haz que aspiremos siempre a los bienes del cielo.

Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a tu derecha a María Reina,
-danos un día el gozo de tener parte en la gloria.

Padre nuestro.

Oración
Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen, Reina de los ángeles, cuya gloriosa fiesta celebramos hoy, que participemos como ella de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

V Í S P E R A S

Himno

Entre la tierra y el cielo, 
una escalerilla blanca;
para sostenerla firme, 
ángeles suben y bajan.

Y fijando nuestro ascenso, 
arriba, tú, Estrella y Ancla. 
Nuestro Padre san Francisco 
anima nuestra escalada.

Virgen de la vida pura, 
alívianos de la carga 
alcanzándonos de Dios
el perdón de nuestras faltas.

Madre de los pecadores, 
alienta con tu mirada 
nuestros pasos vacilantes 
hacia Dios, en la esperanza.

Madre-Virgen de Jesús, 
Virgen-Madre de las almas,
pues somos hermanos 
suyos llévanos a su morada.

Y serás tú bendecida,
y la Trinidad muy santa
-el Padre, el Hijo, el Espíritu-
por siempre glorificada. Amén.

Salmodia

Ant. 1. Prestad oído y venid a mí; escuchadme y viviréis.

Salmo 121
La ciudad santa de Jerusalén

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Ant. Prestad oído y venid a mí; escuchadme y viviréis.

Ant. 2. El Señor no nos abandonó, nos dio ánimos para levantar su casa.

Salmo 126
El esfuerzo humano es inútil sin Dios

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Ant. El Señor no nos abandonó, nos dio ánimos para levantar su casa.

Ant. 3. El Dios de Israel conducirá tus hijos hacia ti con gozo, a la luz de su presencia, con misericordia y justicia.

Cántico de la Carta a los Efesios (1,3-10)
El Dios salvador

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Ant. El Dios de Israel conducirá tus hijos hacia ti con gozo, a la luz de su presencia, con misericordia y justicia.

Lectura breve Jdt 13, 31. 
Bendita seas en todas las tierras de Judá y en todas las naciones. Cuando oigan tu nombre, quedarán asombrados.

Responsorio breve
R/. Eres, hija, * Bendecida por el Señor. Eres, hija.
V/.Pues por tu medio hemos compartido el fruto de la vida. * Bendecida. Gloria al Padre. Eres, hija.

Magníficat, Ant.Bienaventurada Virgen María, tú que eres venero de perdón, madre de la gracia, escúchanos a tus hijos, que proferimos hoy nuestras súplicas en tu acatamiento.

Cántico de la Virgen María
Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Magníficat, Ant. Bienaventurada Virgen María, tú que eres venero de perdón, madre de la gracia, escúchanos a tus hijos, que proferimos hoy nuestras súplicas en tu acatamiento.

Preces

Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Mira a la llena de gracia y escúchanos.

Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
-haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
-y a todos abundancia de salud y de paz.

Tú que hiciste de María la llena de gracia,
-concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
-y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
-haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.

Padre nuestro.

Oración
Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen, Reina de los ángeles, cuya gloriosa fiesta celebramos hoy, que participemos como ella de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.














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