miércoles, 26 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 27 DE JULIO



SAN PANTALEÓN (o PANTALAIMON). Nació en la segunda mitad del siglo III en Nicomedia de Bitinia (en la actual Turquía) en el seno de una familia rica y pagana. Recibió una formación clásica y estudió medicina. La relación con un amigo cristiano le llevó a abrazar la fe cristiana y a bautizarse. Trabajó como médico, especialmente de los pobres, sin cobrar nada a cambio de su servicio. El Señor lo acreditó con numerosos milagros. Las autoridades del imperio romano lo persiguieron por haberse convertido al cristianismo y quisieron hacerlo apostatar a base de amenazas y torturas, pero el mártir permaneció siempre firme en su fe. Condenado a muerte, se ensañaron con su cuerpo antes de decapitarlo en Nicomedia el 27 de julio de un año en torno al 305. Su culto se difundió rápidamente por Oriente y Occidente. Es patrono de los médicos y es conocido el hecho de la licuación de su sangre en Madrid.



BEATO NEVOLONE DE FAENZA. Nació el año 1200 en Faenza (Emilia-Romaña, Italia), donde murió el 27 de julio de 1280. Fue zapatero de profesión. De joven contrajo matrimonio y llevó una vida disipada. A los veinticuatro años se convirtió al Señor, vistió el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y se dedicó con intensidad a la vida de penitencia y oración. Dentro de sus posibilidades era generoso en socorrer a los pobres. Peregrinó repetidas veces con ánimo penitencial a Santiago de Compostela. Parece que después de la muerte de su mujer, entró como oblato en un monasterio camaldulense.



BEATA MARÍA MAGDALENA MARTINENGO. Nació en Brescia el año 1687, de familia aristocrática, y pronto quedó huérfana de madre. Se educó en internados de monjas. A los dieciséis años su padre quiso que se integrara en la vida de sociedad, pero ella le manifestó que había decidido hacerse religiosa. Superadas las reticencias paternas, ingresó en las capuchinas de Brescia a los dieciocho años. Pronto empezó a experimentar pruebas y tribulaciones interiores, que se sumaban a las humillaciones provenientes de la incomprensión de sus hermanas de hábito. Afrontó esos padecimientos uniéndose en espíritu a Cristo crucificado, profundizando en la humildad e intensificando la oración. Con el tiempo las monjas cambiaron de actitud hacia ella, la apreciaron cada vez más, y le confiaron los cargos de mayor responsabilidad: maestra de novicias y abadesa. Mujer de vida contemplativa y penitente, gozó de carismas extraordinarios. Dejó algunos escritos místicos. Murió el 27 de julio de 1737. -Oración: Dios, Padre todopoderoso, que otorgaste a la beata María Magdalena la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos seguir fielmente nuestra vocación y lograr la perfección en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




BEATO MODESTO VEGAS VEGAS. Nació en La Serna (Palencia) en 1912. Atraído por el promotor vocacional de los Hermanos Menores Conventuales, en 1924 ingresó en su seminario de Granollers (Barcelona), donde estudió, hizo el noviciado y profesó. Cursó los estudios superiores en Osimo (Italia) y allí recibió la ordenación sacerdotal en 1934. Después estuvo unos meses en Asís y en octubre de aquel mismo año empezó su breve actividad apostólica en Granollers y alrededores, sobre todo en el ministerio de la predicación y del confesonario. Cuando estalló la guerra y la persecución religiosa en España, tuvo que buscar refugio fuera del convento, pero el 27 de julio de 1936 fue apresado por los milicianos, interrogado y, por ser sacerdote y religioso, fusilado en Lliçà d'Amunt (Barcelona). Es uno de los mártires de Granollers beatificados por Juan Pablo II en 2001.

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Santa Antusa . Nació a comienzos del siglo VIII, y siendo muy joven consagró su virginidad a Dios y se retiró a la vida eremítica en la que, dedicada a oración y penitencia, perseveró muchos años. Más tarde fundó dos monasterios en Honoríade (Turquía), uno para hombres en Mantineion, cerca de Claudiópolis, y otro para mujeres en una isla cercana. Antusa era el alma de ambos monasterios. Llegada la persecución iconoclasta, sufrió mucho y fue desterrada por defender el culto de los santos iconos. De regreso en su patria, murió en Mantineion hacia el año 777.

San Celestino I, papa del año 422 al año 432. Mantuvo una relación constante con san Agustín a partir del año 390. Fue un hombre emprendedor y activo. Hizo que se cerraran las iglesias novacianas, restauró varias basílicas, defendió el primado de la sede romana y el derecho de todos los fieles a acudir a ella, se mantuvo firme contra las herejías pelagiana y nestoriana, ordenó un primer obispo para Irlanda, defendió la persona y la enseñanza de san Agustín, condenó los errores de Nestorio en el concilio romano del año 430, promovió y mandó legados al Concilio de Éfeso, en el que se condenó a Nestorio y se saludó a María como Madre de Dios.

San Clemente y compañeros. Conmemoración de cinco santos obispos misioneros a los que, junto con los santos Cirilo y Metodio, se ha venido en llamar los «siete apóstoles de Bulgaria». Según la tradición, fueron ordenados de sacerdote en Roma cuando acompañaron a Cirilo y Metodio. Clemente fue obispo de Ohrid, en el Ilírico (en la actual Macedonia), destacó por su cultura y conocimiento de las Escrituras y llevó la luz de la fe a los pueblos de Bulgaria. Junto a él se recuerda a los santos obispos Gorazdo, Nahum, Sabas y Angelario, continuadores en Bulgaria de la obra de los santos Cirilo y Metodio. Vivieron en los siglos IX/X.

San Desiderato . Murió en Lons-le-Saunier, en los montes del Jura (Francia), y se cree que fue obispo de Besançon en el siglo V.

San Eclesio . Obispo de Ravena (Italia). Hizo frente, junto con el papa san Juan I, a la crueldad del rey Teodorico y, después de haberla superado, consiguió que su Iglesia adquiriese un nuevo esplendor. Murió el año 532.

San Galactorio . Es considerado como obispo de Lescar y mártir en el siglo VI, y su memoria se celebra en la región de Béarn (Pirineos franceses).

Santos Jorge, Aurelio, Sabigoto, Félix y Liliosa. Conocemos por san Eulogio de Córdoba el martirio de estos cinco cristianos, que fueron decapitados en Córdoba (España) el año 852, por confesar su fe cristiana frente a la musulmana. Jorge era natural de Belén de Judá, donde nació Jesús, abrazó la vida monástica en su tierra y viajó por África hasta llegar a Córdoba, donde se hospedó en el monasterio de Tábanos. Aurelio y Sabigoto (o Natalia) eran esposos, que habían nacido en el seno de familias musulmanas, pero luego se habían convertido a Cristo. Félix y Liliosa eran también esposos e iban aparentando ser cristianos o musulmanes según las circunstancias, hasta que abrazaron con fervor y coherencia la fe cristiana.

Santas Juliana y Semproniana. Nacieron en Mataró (Barcelona) estas dos cristianas convertidas por san Cucufate. La familia de ellas las presionó para que abandonaran el cristianismo, sin lograrlo. Presenciaron el martirio de san Cucufate y recogieron sus restos, por lo que fueron detenidas. Las sometieron a toda clase de torturas y vejaciones para que renunciaran a Cristo, pero ambas permanecieron firmes en su fe. Fueron degolladas en su ciudad natal, en tiempo del emperador Diocleciano, a principio del siglo IV.

Siete Santos Durmientes de Éfeso. Con este nombre celebra el Martirologio Romano a los siete santos: Maximiano, Malco, Marciano, Dionisio, Juan, Serapión y Constantino, que sufrieron el martirio en Éfeso (Turquía) en una fecha desconocida de la antigüedad cristiana, y que descansan en paz, esperando el día de la resurrección.

San Simeón Estilita. Nació en Sis de Cilicia a finales del siglo IV. Cuando de joven oyó la lectura de las bienaventuranzas, decidió vivir dos años con los ascetas. Luego repartió sus bienes entre los pobres, sus familiares y los monjes, y entró en el monasterio de Teleda. Años más tarde abrazó la vida solitaria en una montaña escarpada. Para evitar a la gente que acudía a él, se mudó a lo alto de una columna, en la que permaneció 37 años y desde la que predicaba la vida cristiana. Murió cerca de Antioquía de Siria el año 459.

Santos Urso y Leobacio. Urso fue abad del monasterio de Loches, a orillas del río Indre, en territorio de Tours (Francia), y padre de muchos otros cenobios. Destacó por su extraordinario espíritu de abstinencia y por otras muchas virtudes. Con él se conmemora en la zona de Toulouse (Francia) a san Leobacio, compañero suyo y abad de uno de los monasterios. Vivieron en los siglos V/VI.

Beato Andrés Jiménez Galera . Nació en Rambla de Orla (Almería, España) el año 1904. Recibió la ordenación sacerdotal en 1926 y ejerció el ministerio parroquial en Almería hasta que en 1935 ingresó en la Congregación Salesiana. Apenas había comenzado el noviciado cuando, al estallar la persecución religiosa, fue detenido con toda la comunidad. Entonces se dedicó a reconfortar y dar ánimos a los demás. El 27 de julio de 1936, cuando los trasladaban de Guadalajara a Mohernando, algunos milicianos notaron que llevaba un crucifijo. Le mandaron que lo arrojara al suelo y, ante su rechazo, lo mataron con una descarga de fusilería. Fue beatificado el año 2007.

Beato Ángel Rodamilans. Nació en Sabadell (Barcelona) en 1874. Desde niño estuvo relacionado con el mundo de la música, primero como escolano en Montserrat y luego como organista en El Pueyo. Terminados los estudios en el seminario de Barcelona, fue ordenado sacerdote en 1901. Siguió como maestro de capilla y organista en su pueblo hasta que, fallecido su padre, ingresó en los benedictinos de Montserrat en 1923. Fue prefecto y profesor de la escolanía, y compuso muchas obras musicales. Iniciada la persecución religiosa, el 27 de julio de 1936 marchó a Sabadell, donde enseguida lo detuvieron y fusilaron. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Bertoldo de Rachez. Fue abad del cenobio de Garsten, en Estiria (en la actual Austria), y siempre estaba dispuesto para acoger a los penitentes y a quienes buscaban un consejo, así como también a cuantos pedían ayuda.

Beatos Felipe Hernández Martínez, Zacarías Abadía Buesa y Jaime Ortiz Alzueta. Los tres eran salesianos, miembros de la comunidad de Sarriá, y fueron detenidos por los milicianos bajo la acusación de ser religiosos. Fueron torturados y finalmente fusilados en Barcelona el 27 de julio de 1936. Felipe nació en Villena (Alicante) el año 1913, ingresó en la Congregación Salesiana en 1930, y estuvo estudiando en Madrid hasta que, en julio de 1936, lo destinaron a Sarriá. Zacarías nació en Almuniente (Huesca) en 1913, entró en los salesianos en 1929 y, hecha la profesión lo destinaron a Sarriá. Iba a comenzar los estudios de teología cuando estalló la guerra civil de España. Jaime nació en Pamplona el año 1913, ingresó en los salesianos en 1932, cursó en Italia estudios y prácticas de maestro mecánico, volvió a España en 1935 y lo destinaron a Sarriá.

Beato Guillermo Davies. Nació en Gales hacia el año 1558. Estudió en el colegio de Douai (Francia) y se ordenó de sacerdote en 1585. Volvió enseguida a Inglaterra, pero fue arrestado apenas desembarcar. Estuvo encerrado en la Torre de Londres hasta 1588. Recobrada la libertad, marchó a su tierra natal y estuvo trabajando con mucho celo y fruto hasta que lo detuvieron en 1592, cuando se disponía a llevar a cuatro jóvenes al colegio inglés de Valladolid (España). Le ofrecieron salvar su vida si abandonaba el catolicismo y asistía al culto protestante, a lo que se negó. Lo ahorcaron y descuartizaron en Beaumaris (Gales) el mismo año 1593.

Beato José Bru Boronat. Nació en Montroig el año 1883. De niño ingresó en el seminario de Tarragona, en 1904 empezó el servicio militar y, ya licenciado, fue ordenado sacerdote en 1908. Ejerció el ministerio sacerdotal en varias parroquias. Su última labor pastoral fue la de capellán del noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Cambrils. Fue amante de la juventud y excelente impulsor de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Al inicio de la persecución religiosa, se refugió en casa de su hermano Miguel en Reus. El 27 de julio de 1936, allí lo detuvieron los milicianos, que lo mataron a tiros en el término de Reus. Beatificado el 13-X-2013.

Beato José María Ruiz. Nació en Jerez de los Caballeros (Badajoz) en 1906. Profesó en los Claretianos el año 1924. Ordenado sacerdote en 1932, lo destinaron a Sigüenza (Guadalajara) como auxiliar del prefecto del seminario menor claretiano, pasando en 1934 a desempeñar el cargo de prefecto. El 25-VII-1936, ante la persecución religiosa, los superiores mandaron evacuar el seminario. El P. José María se refugió con un grupo de seminaristas en Guijosa. Allí lo detuvieron los milicianos, que lo asesinaron en el término de Sigüenza el 27 de julio de 1936. Era una persona sensible, educada, elegante, algo delicado de salud, muy devoto de la Virgen. Beatificado el 13-X-2013.

Beatos Hermenegildo de la Asunción y compañeros mártires, Trinitarios. Los cinco sacerdotes y el hermano cooperador que integraban la comunidad trinitaria de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) fueron detenidos y encarcelados en la misma ciudad el 21 de julio de 1936; allí los insultaron y torturaron, mientras ellos se preparaban para morir. El hermano cooperador cayó enfermo, lo llevaron al asilo y lo mataron el 12-IX-1936. Los sacerdotes sufrieron el martirio, cerca de la cárcel, por disparos de arma de fuego, el 27 de julio de 1936. Estos son sus nombres, con el lugar y año de nacimiento. Hermenegildo de la Asunción, Mendata-Albiz (Vizcaya) 1879; era el superior de la comunidad, hombre muy apreciado por sus dotes de gobierno, sabiduría y bondad. Buenaventura de Santa Catalina, Ajánguiz (Vizcaya) 1887; experto maestro de niños pequeños, era el “clásico fraile bondadoso”. Francisco de San Lorenzo, Amorebieta (Vizcaya) 1889; simpático, muy conocido y popular en Alcázar, ayudaba a la gente que buscaba trabajo. Plácido de Jesús, Laguna de Negrillos (León) 1890; destacó por su inteligencia en la Gregoriana de Roma; se dedicó a la docencia y al ministerio sacerdotal. Antonio de Jesús y María, Guernica y Luno (Vizcaya) 1902; tenía poca salud; era un excelente organista y profesor de música.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Honesto María Pujol Espinalt. Nació en Sampedor (Barcelona) en 1894. Vistió el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y se formó en Bélgica y Luxemburgo. A partir de 1912 estuvo trabajando en sucesivas casas de Cataluña. Por último, en 1935 lo destinaron a Manresa, donde le sorprendió la persecución religiosa. Cuando la comunidad tuvo que dispersarse, él se refugió en casa de una tía suya, pero, el 27 de julio de 1936, un grupo de milicianos se presentaron reclamando al "fraile" que estaba escondido. Se lo llevaron en un coche y lo asesinaron en San Fructuoso de Bages (Barcelona).

Beato Joaquín de Lamadrid Arespacochaga. Nació en Bellver (Lérida) en 1860; su padre era funcionario de aduanas, por lo que tenía que cambiar de residencia. A los 19 años ingresó en el seminario de Murcia, del que pasó luego al de Toledo. Fue ordenado sacerdote en 1886. Tuvo varios destinos. En 1911 el Rey lo nombró capellán de la Capilla de los Reyes Nuevos de la catedral de Toledo, y en 1917 fue nombrado chantre de misma catedral. Iniciado la persecución religiosa, fue arrestado en Toledo el 27-VII-1936 y fusilado aquel mismo día en la calle, antes de llegar al lugar previsto para el martirio.

Beatos José Gutiérrez Arranz y 4 compañeros mártires, cuatro Agustinos y un sacerdote diocesano. En el marco de la persecución religiosa desatada en España, la tarde del 27-VII-1936 unos milicianos armados detuvieron a cuatro agustinos del convento de Uclés (Cuenca) y al párroco de la localidad. Aquel mismo día por la noche los martirizaron en el lugar llamado las "Emes" de Belinchón, a 30 km de Uclés. José Gutiérrez nació en Zuzones (Burgos) en 1883, profesó en la Orden de San Agustín en 1903 y fue ordenado sacerdote en 1911. Se dedicó a la enseñanza y en 1933 fue nombrado superior del convento. José Aurelio Calleja del Hierro nació en Melgar del Fernamental (Burgos) en 1901, profesó en 1919 y fue ordenado sacerdote en 1927. Su único destino fue el Colegio-Semanario de Uclés como profesor de aspirantes y profesos. Enrique Bernardino Francisco Serra Chorro nació en Alcira (Valencia) en 1899, profesó en 1922 y fue ordenado sacerdote en 1930. Su único destino fue el convento de Uclés, donde ejerció de pedagogo en el noviciado. Antolín Astorga Díez nació en Aguilar de Campoo (Palencia) en 1906, profesó en 1922 y fue ordenado sacerdote en 1931. En Ceuta y Cádiz sufrió ya actos vandálicos; volvió a Uclés a mediados de julio de 1936. Vicente Toledano Valenciano nació en Saceda Trasierra (Cuenca) en 1900, hizo todos sus estudios en el seminario de Cuenca y fue ordenado sacerdote en 1925. Ejerció el ministerio sacerdotal en varios pueblos; su último destino de párroco fue Uclés.

Beato José María González. Nació en Gabia Grande (Granada) en 1908. De joven trabajó en las fincas de su casa y se distinguió por su piedad, su devoción a la Virgen, su buen trato hacia los jornaleros y su caridad para con los pobres. Ingresó en la Orden Carmelitana en 1929, y fue ordenado sacerdote el 21-IX-1935. Cuando estalló la revolución de 1936, formaba parte de la comunidad de Hinojosa del Duque (Córdoba). Lo detuvieron los milicianos, lo llevaron a Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba) y lo mataron a tiros en el rellano de la escalera del ayuntamiento el 27 de julio de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beata Lucía Bufalari. Nació en Amelia (Umbría, Italia) hacia el año 1310. Siendo muy joven abrazó la vida religiosa en el monasterio de terciarias agustinas de su ciudad. Fue una religiosa observante, que se ganó el aprecio de sus hermanas, por lo que la eligieron superiora. Destacó por su espíritu de penitencia y su celo por las almas. Murió en 1350.

Beata María Clemencia de Jesús Crucificado Staszewska. Nació en Polonia el año 1890. Terminado el bachillerato se hizo maestra para ayudar a su numerosa familia. En 1921 ingresó en la Orden de Santa Úrsula, en la que ya habían ingresado dos hermanas suyas. Ejerció diversos cargos en los conventos a los que la destinaron. Llegada la ocupación nazi, fue detenida por la Gestapo y llevada al campo de concentración de Oswiecim o Auschwitz, cerca de Cracovia en Polonia, donde murió en 1943 a causa de los malos tratos y de la enfermedad allí contraída.

Beata María de la Pasión Tarallo . Nació en Barra (Nápoles) el año 1866. Desde pequeña fue dócil y responsable, y ayudó a sus padres en la educación de los hermanos pequeños y en las tareas de la casa. Se hizo terciaria franciscana y se propuso caminar hacia la perfección cristiana. Por voluntad de su padre contrajo matrimonio, pero en el banquete de bodas el esposo sufrió una hemoptisis y murió poco después. En 1891 ingresó en el convento de las religiosas Crucificadas Adoratrices de la Eucaristía. Fue una religiosa ejemplar, humilde y obediente, alma de oración y adoradora del Santísimo Sacramento. Ejerció los oficios de cocinera, ropera y portera, y la nombraron maestra de novicias. Murió en San Giorgio a Cremano (Campania) en 1912, y fue beatificada el año 2006.

Beatos Pablo Roselló y Miguel Vilatimó. Estos dos sacerdotes diocesanos fueron asesinados a tiros por los milicianos el 26 de julio de 1936 en el término de Tarragona. Pablo Roselló nació en Vimbodí (Tarragona) el año 1895. De familia pobre, tuvo que trabajar para pagarse los estudios. Ejerció el ministerio sacerdotal en Tarragona, donde era profesor de ciencias naturales en el seminario. Montó por sí mismo una pequeña emisora de radio en su casa. Miguel Vilatimó nació en Vich (Barcelona) en 1888 de familia humilde. Estudió en el seminario de Vich, y ejerció el ministerio sacerdotal primero en Vich y después en Tarragona. Era doctor en filosofía por la Universidad de Lovaina y licenciado en teología por la de Tarragona. Fue profesor de los seminarios de Vich y de Tarragona, y canónigo de la catedral tarraconense. Escribió libros y artículos.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Raimundo Eloy Serra Rovira y Francisco Magín Tost Llavería. Los dos eran Hermanos de las Escuelas Cristianas y formaban parte de la comunidad de Sampedor (Barcelona) cuando se desencadenó la persecución religiosa en España. Se hospedaron en una pensión, y el 27 de julio de 1936 fueron a pedir los salvoconductos para irse a Barcelona; se los negaron, y aquel mismo día los detuvieron los milicianos, los metieron en un coche y los asesinaron a la puerta del cementerio de Balsareny (Barcelona). Murieron rezando de rodillas y antes de dispararles gritaron "¡Viva Cristo Rey!". Raimundo Eloy nació en Quart (Gerona) en 1876; comenzó su formación en Francia y desarrolló su apostolado en centros españoles, de varios de los cuales fue director. Francisco Magín nació en Montroig (Tarragona) en 1915; tomó el hábito religioso en 1931 y ejerció su apostolado en Barcelona y Sampedor.

Beato Raimundo Zanfogni "Palmerio". Nació en Piacenza (Italia) el año 1140. De joven peregrinó a Tierra Santa y luego trabajó de zapatero remendón, manteniendo su espíritu religioso y dando catequesis. Contrajo matrimonio y tuvo seis hijos, cinco de los cuales murieron pronto. Peregrinó a Santiago de Compostela y al regreso se dedicó a obras de caridad. Con las ayudas que le daban y la colaboración de compañeros, fundó un hospicio en el que acogía a pobres y enfermos, peregrinos y niños abandonados, mujeres sin recursos o marginadas. Fomentó la moralidad pública, la paz entre ciudades y la buena convivencia ciudadana. Murió el año 1200.

Beatas Ramona Fossas Románs y 4 compañeras mártires. Eran cinco Dominicas de la Anunciata, miembros de la comunidad de Barcelona-Trafalgar. El 27-VII-1936, desatada la persecución religiosa, las obligaron a salir del convento para someterlas a interrogatorio. Sus perseguidores desplegaron el mayor empeño para que apostataran de su fe, abandonaran la profesión religiosa y accedieran a sus propuestas deshonestas; ellas, con serenidad y firmeza, rechazaron todas sus propuestas. Entonces, con el pretexto de devolverlas al convento, las llevaron en camión al término municipal de Valvidriera (Barcelona), las hicieron descender y les dispararon una a una. Otilia y Ramona sobrevivieron unas horas y pudieron contar su "pasión" a las personas caritativas que las atendieron. Ramona Fossas nació en Ripoll (Gerona) en 1881, y entró en religión en 1903. Adelfa Soro nació en Villanueva de Castellón (Valencia) en 1887, y entró en religión en 1905. Teresa Prats nació en Ciutadilla (Lérida) en 1895, y entró en religión en 1920. Otilia Alonso nació en Enfistiella - Nembra (Asturias) en 1916, y entró en religión en 1932. Ramona Perramón nació en Vic (Barcelona) en 1898, y entró en religión en 1920.

Beatas Reginalda Picas Planas y Rosa Jutglar Gallart. Las dos eran Dominicas de la Anunciata, miembros del colegio de Manresa (Barcelona). El 26-VII-1936, iniciada la persecución religiosa, un grupo de milicianos registró el domicilio de Manresa donde se habían refugiado ellas; fueron objeto de burlas y propuestas deshonestas; ellas se mostraron firmes en su fe y dispuestas al martirio. Al día siguiente, 27 de julio de 1936, los milicianos fueron en su busca a otra casa en que se habían refugiado, las apresaron y les dieron muerte en el término de Castellgalí (Barcelona). Reginalda Picas nació en Borredá (Barcelona) en 1895. Ingresó en la congregación en 1919. Muy probada por la enfermedad, estuvo destinada en Asturias casi toda su vida. Rosa Jutglar nació en Sabassona (Barcelona) en 1900. Ingresó en la congregación en 1920. Era joven, sencilla y candorosa. Se ocupaba de la sección de párvulos y era muy querida por ellos.

Beato Roberto Sutton. Nació en Burton-on-Trent (Inglaterra) el año 1544. Estudió en Oxford y se ordenó de diácono en la Iglesia anglicana, pero en 1576 se hizo católico, estudió en Douai (Francia), y se ordenó de sacerdote en 1578. Volvió a Inglaterra y pudo trabajar siete años pasando inadvertido. Al fin lo detuvieron y lo desterraron en 1585. Pronto regresó a su tierra y ejerció su ministerio otros tres años. Arrestado y condenado por traición, lo ahocaron, destriparon y descuartizaron, como entonces era costumbre, en Stafford el año 1588.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

De la primera carta de san Pablo a los Corintios: «El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu» (1 Cor 12,11-13).

Pensamiento franciscano:

San Francisco escribió en su Carta a todos los fieles: «Los que han recibido la potestad de juzgar a los otros, ejerzan el juicio con misericordia, como ellos mismos quieren obtener del Señor misericordia. Pues habrá un juicio sin misericordia para aquellos que no hayan hecho misericordia. Así pues, tengamos caridad y humildad» (2CtaF 28-30).

Orar con la Iglesia:

A Dios Padre, que nos llama a formar un solo cuerpo y un solo espíritu, dirijamos nuestra oración:

-Para que la Iglesia sea cada vez más misionera y anuncie a los paganos de nuestro tiempo el Evangelio de la salvación.

-Para que conceda el espíritu del buen samaritano a los que se consagran al servicio de los marginados de la Iglesia y de la sociedad.

-Para que todos los creyentes en Cristo tengamos una actitud de diálogo abierto con las personas que encontremos en el camino de la vida.

-Para que aprendamos a perdonar para ser perdonados y seamos en toda ocasión constructores de reconciliación y de paz.

-Para que la familiaridad con Cristo nos llene de gozo, y sepamos comunicarlo a los demás.

Oración: Acoge, Padre, la humilde expresión de nuestra fe, y robustece la esperanza de quienes queremos vivir en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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EL DOMINGO, DÍA DE CRISTO RESUCITADO
Beato Juan Pablo II, Ángelus del 26 de julio de 1998

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Como recordé en la reciente carta apostólica Dies Domini, ya desde los comienzos del cristianismo, el domingo se ha considerado el día de Cristo, «dies Christi», porque está relacionado con el recuerdo de su resurrección. En efecto, nuestro Señor resucitó el «primer día después del sábado», y ese mismo día las mujeres, que habían ido de madrugada al sepulcro, lo encontraron vacío. El evangelio narra que Jesús fue reconocido por María Magdalena, acompañó a los dos discípulos por el camino de Emaús, se manifestó a los Once que estaban reunidos y se les apareció de nuevo el domingo siguiente, venciendo las dudas del incrédulo Tomás. Cincuenta días después, tuvo lugar Pentecostés, con la poderosa efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente.

En cierto sentido, el domingo es la continuación de esos primeros domingos de la historia cristiana: el día de Cristo resucitado y del don de su Espíritu.

2. A diferencia de los calendarios civiles, la liturgia no considera el domingo el último día de la semana, sino el primero. De este modo, se subraya su dignidad y se pone de relieve que, con la resurrección de Cristo, el tiempo «comienza de nuevo», fecundado por la semilla de la eternidad, y se encamina a su última meta, que es la venida gloriosa del Hijo de Dios, anticipada y prefigurada por su victoria sobre la muerte.

Así, el domingo es el día de la fe por excelencia, día en que los creyentes, contemplando el rostro del Resucitado, están llamados a repetirle como Tomás: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28), y a revivir en la Eucaristía la experiencia de los Apóstoles, cuando el Señor se presentó en el cenáculo y les comunicó su Espíritu.

3. Amadísimos hermanos y hermanas, no es difícil darse cuenta de que este «día santo» tiene una extraordinaria riqueza de significado. Ciertamente, su sentido religioso no se opone a los valores humanos, que hacen del domingo un tiempo para el descanso, para disfrutar de la naturaleza y para entablar relaciones sociales más serenas. Se trata de valores que, por desgracia, corren el riesgo de quedar anulados por una concepción hedonista y frenética de la vida. Los cristianos, viviéndolos a la luz del Evangelio, le imprimen su sentido pleno.

Que María nos ayude a sentir el domingo como día de fiesta y día de fe. Aprendamos a vivirlo como ella, uniendo la alabanza a Dios con una legítima serenidad familiar.

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EL ALMA HUMILDE PARTICIPA DE LA SANTIDAD DIVINA
Del tratado inédito de la beata María Magdalena Martinengo
sobre la humildad

Dios es santo por esencia, la santidad misma, y parece que en este atributo encuentra su mayor gloria y quiere ser glorificado por éste más que por ningún otro. Podemos constatarlo con los mismos espíritus celestes que cantan sin cansancio: Santo, santo, santo, y quedan sumidos en profundo éxtasis divino ante la santidad de Dios, se inflaman continuamente en su amor y, cubriéndose el rostro, confiesan no ser dignos de contemplar tanta santidad, amarla y proclamarla. Sin embargo, nunca cesan de alabarla.

El alma humilde, partícipe de la santidad divina, se asemeja a los ángeles. Fija sus ojos en la sacrosanta humanidad de Cristo Jesús, Dios y hombre, y en ella encuentra la expresión más acabada de la santidad divina, la reconstruye en su mente, decide imitarla desde lo íntimo de su corazón, la convierte por acción en su comportamiento externo, y acaba siendo ella también un fiel trasunto de Jesús.

Ante este ejemplo divino su mirada penetra en profundidad, su corazón arde inflamado, la santidad del alma crece sin sentirlo, la contemplación se simplifica cada vez más hasta conquistar metas insospechadas de sublimación interior y de configuración con Cristo. El olvido de sí misma, el vacío total de su propia imagen y vida, hace que Dios la penetre y absorba en su misma santidad.

El mismo Dios quiere que seamos santos, y claramente lo dice: Sed santos, porque yo soy santo. Y Jesús, vecino ya a su pasión, exclama, elevando los ojos al cielo: Padre santo, santifícalos en la verdad. Alma, despierta ya, sumérgete en el océano de la santidad; jamás retrocedas, y haz que tu santidad sea la santidad misma de Dios.

No soporto los elogios dados a cualquier criatura por distinguirse en determinada virtud, por ejemplo, en la abstinencia o en la mansedumbre, o porque resplandezca en toda ella la humildad. Para mí será más santa el alma que supo vaciarse de sí misma, porque en ese vacío pudo entrar de lleno la santidad de Dios. ¡En verdad, Dios mío, tú solo eres santo! Tú haces los santos, Señor, destruyendo en nosotros cuanto puede ser obstáculo para que se infiltre en el alma tu santidad.

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LA ORACIÓN, DESARROLLO
DE LA «VIDA DE PENITENCIA»
por Kajetan Esser - Engelbert Grau, OFM

Francisco, maestro de oración (y III)

Porque Francisco ve en la oración una acción divina, exhorta expresamente en la Regla no bulada, tanto a los que predican y trabajan como también a los que oran: «Suplico en la caridad que es Dios a todos mis hermanos predicadores, orantes, trabajadores, tanto clérigos como laicos, que se esfuercen por humillarse en todas las cosas, por no gloriarse ni gozarse en sí mismos ni ensalzarse interiormente por las palabras y obras buenas, más aún, por ningún bien, que Dios hace o dice y obra alguna vez en ellos y por medio de ellos» (1 R 17,5-6). Francisco percibe la existencia de un grave peligro para el hombre de oración, a saber, que se atribuya a sí mismo lo que pertenece a Dios y se adscriba como mérito propio lo que es acción divina.

Por ello denuncia este peligro sin ambages y pone en guardia contra él: «Cuando el siervo de Dios es visitado por el Señor en la oración con alguna nueva consolación, antes de terminarla debe levantar los ojos al cielo y, juntas las manos, decir al Señor: "Señor, a mí, pecador e indigno, me has enviado del cielo esta consolación y dulcedumbre; te las devuelvo a ti para que me las reserves, pues yo soy un ladrón de tu tesoro"» (2 Cel 99). La conciencia de este peligro le impulsaba a rezar: «Señor, arrebátame tu bien en este siglo y resérvamelo para el futuro» (2 Cel 99). Para poder rezar de esta manera, debe el hombre haber renunciado completamente a sí mismo y no desear nada para sí, e incluso, en el plano más elevado de todos, el de la vida religiosa, mantenerse vigilante sobre sí mismo y sobre la voluntad de poder del propio yo.

Esto evidencia cómo Francisco quiere ser enteramente pobre en la oración y «vivir sin nada propio» (2 R 1). Igualmente se hace patente cómo Francisco percibe el riesgo que existe para la pobreza incluso en el ámbito de la oración: «Hay muchos que, perseverando en oraciones y oficios, hacen muchas abstinencias y mortificaciones corporales, pero, por una sola palabra que les parezca injuriosa para sus cuerpos o por alguna cosa que se les quite, escandalizados enseguida se perturban. Estos no son pobres de espíritu» (Adm 14).

Dado que san Francisco encabeza esta admonición con la bienaventuranza del Señor: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3), se nos evidencia un último efecto de la oración: la oración pura del hombre totalmente pobre ante Dios realiza en dicho hombre el reino de Dios y contribuye a su edificación en la tierra. La oración hecha con «pureza de corazón y limpia intención» aparta al hombre de sí mismo para que pueda desarrollarse y llegar a perfección el amor de Dios en él; entonces, por el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, como dice Agustín (De Civitate Dei XIV 28), el Reino de Dios se convierte en una realidad.

Para ello la oración auténtica, tal como la enseña Francisco a los suyos, no es sólo un suceso que acontece entre Dios y el alma individual, sino que es, en sí misma y a través de ella, servicio al establecimiento del Reino de Dios; como expone con su sencillez habitual el beato Gil: «Si el hombre no sabe disponer en su persona ningún espacio para Dios, no encontrará ningún espacio entre las criaturas de Dios» (Dicta 7). Con ello quiere decir que cuanto más se abre en la oración a la venida de Dios y cuanto más Dios puede establecer morada en su corazón, purificado de todo el resto, tanto más encontrará el hombre la verdadera armonía en sus relaciones con todas las criaturas. Puesto que donde reina el orden divino, allí está el Reino de Dios.


















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