sábado, 8 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 9 DE JULIO

 

SAN NICOLÁS PICK Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES DE GORCUM. En junio de 1572, los calvinistas se apoderaron de Gorcum (Holanda) y detuvieron a los frailes franciscanos del convento de aquella ciudad y a otros religiosos y sacerdotes. Los llevaron por pueblos y aldeas exponiéndolos a las burlas de la gente. Por fin, en la ciudad de Brielle, con diversas torturas, intentaron forzarlos a renegar de la fe católica, particularmente de la doctrina sobre la eucaristía y sobre el primado del romano Pontífice. Y como se mantenían firmes en la fe, el 9 de julio de 1572, tras torturarlos cruelmente, los ahorcaron y luego los descuartizaron. El grupo de mártires lo formaban un dominico, dos premonstratenses, un canónigo regular de San Agustín, cuatro sacerdotes seculares y once franciscanos. Los franciscanos, todos ellos moradores del convento de Gorcum, eran: Nicolás Pick, guardián, Jerónimo de Weert, vicario, Nicasio de Heeze, Teodoro van der Eem, Willehald de Dinamarca, Godofredo de Melveren, Antonio de Weer, Antonio de Hoornaert y Francisco van Rooy, sacerdotes, y los hermanos legos Pedro de Assche y Cornelio de Wijk. - Oración: Oh Dios, que has premiado el martirio de tus santos Nicolás, Willaldo y compañeros con la gloria eterna; concédenos imitar su constancia en la fe y recibir el premio que ellos consiguieron. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SANTA VERÓNICA GIULIANI. Es una de las grandes místicas de la Iglesia. Nacida en Mercatello (Marcas, Italia) el año 1660, fue de niña caprichosa y vivaracha, a la vez que piadosa y de buen corazón. Era la menor de siete hermanas y su madre, que les dio una esmerada educación cristiana, falleció prematuramente. A los 16 años entró en el monasterio de clarisas capuchinas de Città di Castello (Umbría), en el que ejerció todos los cargos domésticos y fue muchos años maestra de novicias y abadesa. Destacó por su vida de oración y alta contemplación, acompañada de fenómenos místicos extraordinarios, incluso físicos, relacionados especialmente con la Pasión de Cristo. En el «Diario» que escribió por orden de sus confesores nos ha dejado un elocuente testimonio de sus experiencias místicas. Murió en su convento el 9 de julio de 1727. La Familia franciscana celebra su memoria el 10 de julio. -Oración: Señor, Dios nuestro, que hiciste admirable por las señales de la pasión de tu Hijo a tu virgen santa Verónica; haz que, por su intercesión y ejemplo, aceptemos humildemente la cruz de Cristo para llegar a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN AGUSTÍN ZHAO RONG Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES DE CHINA († 1648-1930). El 1 de octubre del año 2000, Juan Pablo II canonizó a 120 beatos martirizados en China de 1648 a 1930. Treinta de ellos pertenecen a la Familia Franciscana: Juan de Triora (cf. 7 de febrero), Gregorio Grassi y compañeros, y María Herminia y compañeras (cf. 8 y 9 de julio). En el grupo hay obispos y sacerdotes, fieles laicos chinos, religiosos y religiosas de diferentes órdenes y congregaciones, que fueron martirizados en diversos tiempos, lugares y circunstancias. El primero que perdió su vida por Cristo fue Francisco Fernández de Capillas, sacerdote dominico, en 1648; y los últimos, los salesianos Luis Versiglia, obispo, y Calixto Caravario, sacerdote, en 1930. Agustín Zhao Rong, que encabeza el grupo, era sacerdote diocesano chino y murió en 1815. Recordemos a los cinco dominicos españoles martirizados en 1747-48: Pedro Sanz Jordá, obispo, Francisco Serrano, Joaquín Royo, Juan Alcober y Francisco Díaz, sacerdotes. -Oración: Oh Dios, que, mediante el testimonio de los santos mártires Agustín y compañeros, fortaleciste a tu Iglesia con admirable largueza, concede a tu pueblo que se mantenga fiel a la misión que le encomendaste, obtenga los beneficios de la libertad y testifique la verdad en medio del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN GREGORIO GRASSI Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES DE CHINA. La Familia franciscana celebra su memoria el 8 de julio. San Gregorio Grassi y sus compañeros, víctimas de los bóxers, fueron canonizados por Juan Pablo II el año 2000 dentro del grupo de 120 beatos martirizados en China. Aquí recordamos a los cinco frailes inmolados el 9 de julio de 1900. Todos ellos fueron cruelmente asesinados en Taiyuanfu, región de Shansi, adonde la revolución llegó a principios de julio de 1900. A estos mártires, después de un tiempo de cárcel, los llevaron ante el virrey. Tras un simulacro de juicio, los soldados desenvainaron las espadas y empezó la salvaje carnicería. Los restos mortales de las víctimas, después de ser objeto de ludibrio, fueron arrojados a una fosa común en la que se enterraba a malhechores y vagabundos. Gregorio Grassi nació en Castellazzo Bormida (Piamonte, Italia) en 1833. En 1848 vistió el hábito franciscano, en 1856 se ordenó de sacerdote y en 1860 partió para China. La Santa Sede lo nombró en 1876 obispo coadjutor y en 1891 Vicario Apostólico de Shansi. Francisco Fogolla nació en Montereggio (Italia). Vistió el hábito franciscano en 1858 y se ordenó de sacerdote en 1863. Embarcó para China en 1866. Fue nombrado obispo auxiliar de Mons. Grassi en 1898. Elías Facchini nació en Reno Centese (Italia). Profesó en los franciscanos en 1859 y recibió la ordenación sacerdotal en 1864. Llegó a Taiyuanfu en 1868 y dirigió el seminario indígena. Teodorico Balat nació en San Martín de Tour (Francia) en 1858. En 1880 vistió el hábito franciscano, se ordenó de sacerdote y desembarcó en China en 1884. Fue profesor del seminario y maestro de novicios. Andrés Bauer nació en Guebwiller (Francia) en 1866. Vistió el hábito franciscano, como hermano laico, en 1886; tuvo que hacer el servicio militar y volvió a la vida franciscana en 1895. El 4 de mayo de 1899 llegó a Taiyuanfu, donde lo pusieron al frente del personal de la casa del Vicario y del ambulatorio. - Oración: Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, concédenos, por intercesión del san Gregorio, obispo, y compañeros mártires, que todos los pueblos te reconozcan como Dios verdadero, y a tu Hijo Jesucristo como enviado para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SANTA MARÍA HERMINIA DE JESÚS Y COMPAÑERAS, MÁRTIRES DE CHINA . La Familia franciscana celebra su memoria el 8 de julio. Santa María Herminia y sus compañeras son siete Franciscanas Misioneras de María, protomártires de su Congregación, que compartieron en Taiyuanfu (China), con san Gregorio Grassi y sus compañeros, la palma del martirio el 9 de julio de 1900 a manos de los bóxers. Habían llegado a la misión, con Mons. Fogolla, el año anterior. Al cabo de un año los asaltaron los bóxers y sus soldados incendiando y destruyendo todo. Arrestaron a los cristianos, los llevaron ante el virrey y, tras un simulacro de juicio, los soldados desenvainaron las espadas y empezó la salvaje carnicería. Cuando les llegó el turno a las religiosas, se quitaron el velo, se cubrieron la cara y dejaron al descubierto el cuello para facilitar su trabajo a los verdugos; entretanto, Sor María de la Paz entonó el Te Deum que las otras siguieron hasta su decapitación. María Herminia nació en Beaume (Francia) en 1866, tenía 33 años y era la superiora de la comunidad. María de la Paz nació en L Aquila (Italia) en 1875, tenía 24 años y era la más joven del grupo. María Clara nació en la provincia de Rovigo (Italia) en 1872, tenía 27 años y fue la primera en ser inmolada. María de Santa Natalia nació en Bretaña (Francia) en 1864, tenía 35 años, era la mayor y había estado ya de misionera en África del Norte. María de San Justo nació en La Faye (Francia) en 1866, tenía 33 años y abrazó la vida religiosa superando la oposición de su familia. María Amandina nació en Herk-la-Ville (Bélgica) en 1872, tenía 27 años, cuidó a los enfermos y ella misma cayó enferma grave. María Adolfina nació en Ossendrecht (Holanda) en 1866, tenía 33 años y se ocupaba de los trabajos más humildes y duros.



SANTA PAULINA DEL CORAZÓN AGONIZANTE DE JESÚS. Nació en 1865 en Vigolo Vattaro (Trento, Italia). En 1875 emigró con familia a Brasil. Allí comenzó a participar en el apostolado parroquial. Junto con una amiga acogió, en 1890, a una enferma de cáncer en fase terminal, dando así inicio a la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción. Pronto su santidad y su vida apostólica atrajeron muchas vocaciones. En 1903 dejó Nueva Trento y marchó a Sao Paulo para cuidar de los huérfanos, hijos de antiguos esclavos, y de los esclavos ancianos y abandonados. En 1909 fue depuesta del cargo de superiora general por el arzobispo de Sao Paulo; fueron años marcados por la oración, el trabajo y el sufrimiento, aceptado desde la fe y confianza en el Señor. Su carisma, alimentado por una espiritualidad eucarística y mariana, fue la sensibilidad para percibir el clamor de los que sufren y la disponibilidad para servirles. Murió en Sao Paulo el 9 de julio de 1942. Fue canonizada por Juan Pablo II en el 2002.



BEATO FIDEL CHOJNACKI. Es uno de los 108 Mártires de la II Guerra Mundial (1940-43) beatificados por Juan Pablo II en 1999. Nació en Lódz (Polonia) el año 1906. En 1933, cuando tenía 27 años, ingresó en la Orden Capuchina en Nowe Miasto. Siendo estudiante de teología en Lublín, lo arrestaron el 25 de enero de 1940 y lo internaron en el campo de concentración de Sachsenhausen; seis meses después lo trasladaron al campo de Dachau (Alemania), donde murió el 9 de julio de 1942 agotado por los malos tratos y la tuberculosis que había contraído en el campo. Al ser transferido a la sección de los «inválidos», se despidió de sus compañeros de prisión diciendo: «¡Alabado sea Jesucristo! Hasta que nos veamos en el cielo».



BEATA MARÍA DE JESÚS CRUCIFICADO PETKOVIC. Nació en Blato (Croacia) el año 1892. En su juventud entró a formar parte de la Orden Franciscana Seglar y, cuando fundó un instituto religioso, le dio la Regla y la espiritualidad franciscana. Su Congregación es la de las Hijas de la Misericordia, que se dedican a la educación de la infancia y de la juventud, a la asistencia a los ancianos y enfermos, y al apostolado parroquial. Inculcó a sus religiosas la profunda devoción que sentía desde niña hacia Jesucristo crucificado. Era una mujer fuerte en las adversidades y tierna en sus afectos, que sacaba la fuerza espiritual de la oración. Las virtudes que más practicó y recomendó fueron la pobreza, la humildad y la abnegación. Experimentaba una grandísima alegría en su servicio a los pobres, marginados y despreciados, porque reconocía en ellos el rostro de Jesús doliente. Murió en Roma el 9 de julio de 1966. La beatificó Juan Pablo II en 2003.

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San Joaquín He Kaizhi. Nació en China el año 1774. A los veinte años conoció el cristianismo, abrazó la fe y se bautizó. En la persecución de 1814 fue arrestado, sometido a torturas para que apostatara y, al no conseguirlo, desterrado a Mongolia. Allí permaneció 18 años sin perder su fervor religioso. De regreso en casa, continuó su tarea de catequista y costeó un oratorio en el que se reunía la comunidad cristiana. En 1839 lo detuvieron de nuevo, lo encarcelaron y lo torturaron. Los meses de prisión lo fueron de un intenso y fructífero apostolado. Por fin lo condenaron a muerte por estrangulamiento. Lo ejecutaron el 9 de julio de 1839 en Kouy-Yang, provincia de Guizhou (China). Fue canonizado el año 2000.

Beato Adriano Fortescue. Nació en Punsbourne (Inglaterra) hacia 1476 de familia noble; era primo hermano de Ana Bolena. Contrajo matrimonio y tuvo dos hijas, enviudó y contrajo nuevo matrimonio del que tuvo tres hijos. Fue un hombre profundamente religioso, recto y honesto. Profesó en la Tercera Orden de Santo Domingo. Ocupó altos cargos en el Estado. En 1534 fue encarcelado y, poco después, puesto en libertad. Cuatro años después, lo detuvieron de nuevo y lo encerraron en la Torre de Londres, en la que fue decapitado el 9 de julio de 1539, por haber negado la supremacía religiosa de Enrique VIII.

Beata Juana Scopelli. Nació en Reggio Emilia (Italia) el año 1428. Junto con otras compañeras fundó en su ciudad natal un monasterio de carmelitas, en el que profesó y del que fue elegida primera priora. A su comunidad y a las personas que se acercaban al convento les dio un gran ejemplo de vida de oración, austeridad y penitencia. Se distinguió por su gran devoción a la Virgen. Murió el año 1491.

Beato Luis Caburlotto. Nació en Venecia en 1817. Ordenado sacerdote en 1842, comenzó su ministerio parroquial en un contexto de pobreza material y moral. Su mayor preocupación fue la educación de la juventud, misión para la que fundó el instituto de las Hijas de San José. En tiempos difíciles sintió la llamada evangélica a convertirse en educador y padre de niños y jóvenes afligidos por la pobreza y el abandono. La experiencia le había enseñado cuán importantes son la educación y la instrucción escolar, también con vistas a la evangelización. Por eso, se dedicó con incansable celo a la fundación de escuelas populares e institutos de formación. Fue un hombre sencillo y humilde, muy espiritual. Murió en Venecia el 9 de julio de 1897. Beatificado el 16-V-2015.

Beatas María Ana Magdalena de Guilhermier y María Ana Margarita de Rocher. Son dos religiosas de la Orden de Santa Úrsula que fueron guillotinadas en Orange (Francia) durante la Revolución Francesa el 9 de julio de 1794. La de Guilhermier nació en Bollène (Francia) en 1733. Al vestir el hábito de las Ursulinas en 1750 tomó el nombre de sor Santa Melania. La acusaron de negarse a prestar el juramento de libertad-igualdad y de poner obstáculos por su fanatismo a la marcha de la Revolución. La de Rocher nació también en Bollène, en 1755. Cuando ingresó en las Ursulinas de su ciudad natal tomó el nombre de sor María de los Ángeles. Fue acusada de no someterse a las leyes de la República y de propagar el fanatismo refractario.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo". Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15-18-20).

Pensamiento franciscano:

De las Admoniciones de san Francisco: «El siervo de Dios no puede conocer cuánta paciencia y humildad tiene en sí, mientras todo le suceda a su satisfacción. Pero cuando venga el tiempo en que aquellos que deberían causarle satisfacción, le hagan lo contrario, cuanta paciencia y humildad tenga entonces, tanta tiene y no más» (Adm 13).

Orar con la Iglesia:

Recordando a los mártires, que supieron amar a Dios y a los hermanos hasta dar su vida en testimonio de la fe, pidamos al Padre que escuche nuestra oración.

-Por la santa Iglesia: para que sea siempre fiel a Dios y esté atenta al bien de todos los hombres, especialmente los más débiles.

-Por todos los creyentes: para que proclamemos con humildad y valentía el Evangelio de Jesucristo.

-Por los pobres, los que sufren, los perseguidos, los marginados: para que tengan la gozosa certidumbre de que el reino de los cielos les pertenece.

-Por los servidores de la fe, de la justicia, del amor a los hermanos: para que encuentren apoyo y estima en los creyentes.

Oración: Concédenos, Padre, ser testigos del Evangelio de tu Hijo en el mundo, y haz que sepamos servir a nuestros hermanos en la verdad, el amor y el cumplimiento de tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES
DA TESTIMONIO DE LA FE CRISTIANA
De la homilía de S. S. Juan Pablo II
en la canonización de los mártires de China (1-X-2000)

Conságralos en la verdad; tu palabra es la verdad. Esta invocación, que reproduce la voz de la oración sacerdotal de Cristo elevada al Padre en la Última Cena, parece subir de la muchedumbre de santos y bienaventurados que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia a lo largo de los siglos.

Dos mil años después del comienzo de la obra de la redención, hacemos nuestra esa invocación, con los ojos fijos en el ejemplo de santidad de Agustín Zhao Rong y sus ciento diecinueve compañeros mártires en China. Dios Padre los consagró en su amor, escuchando la oración de su Hijo que le adquirió un pueblo santo al extender sus brazos en la cruz para destruir la muerte y manifestar la resurrección.

La Iglesia da gracias al Señor porque la bendice y derrama en ella la luz con el resplandor de la santidad de estos hijos e hijas de China. La jovencita Ana Wang, de catorce años, resistió las amenazas del verdugo que la invitaba a apartarse de la fe de Cristo, diciendo mientras se preparaba con ánimo sereno a ser decapitada: «La puerta de los cielos ha sido abierta a todos», y con susurros invocó tres veces a Jesús; Xi Guizi, un joven de dieciocho años, dijo impávido a quienes le acababan de cortar el brazo derecho y se esforzaban por arrancarle la piel cuando todavía estaba vivo: «Cada trozo de mi carne, cada gota de mi sangre traerá a vuestra memoria que soy cristiano».

Con la misma fortaleza y alegría, otros ochenta y cinco chinos dieron testimonio, hombres y mujeres de toda edad y condición, sacerdotes, religiosas y laicos que, con la entrega de la vida, confirmaron su indefectible fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Esto sucedió en diversas épocas y tiempos difíciles y angustiosos de la historia de la Iglesia en China.

En esta multitud de mártires resplandecen también treinta y tres misioneros y misioneras que, dejando su patria, intentaron insertarse en las costumbres y mentalidad chinas, adoptando con gran amor las particularidades de aquellas tierras, seducidos por el deseo de anunciar a Cristo y de servir a ese pueblo. Sus sepulcros todavía se conservan allí para mostrar que pertenecen a aquella patria a la que, a pesar de la flaqueza humana, amaron con sincero corazón, consagrando a ella todas sus energías. «A nadie hemos perjudicado sino que hemos servido a muchos», dijo el obispo Francisco Fogolla al gobernador que se disponía a matarlo con su propia espada.

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PERMANECIERON FIELES HASTA LA MUERTE
EN UNA MISMA FE Y EN UN MISMO ESPÍRITU
De la historia del martirio de los santos Nicolás Pick 
y compañeros, escrita por un contemporáneo

Después que los prisioneros fueron sacados de la ciudad, se estuvo buscando un lugar apto para el suplicio, hasta que llegaron al monasterio de Rugg, conocido con el nombre de Santa Isabel. Había allí un local amplio, semejante a un granero, que servía de depósito para hierba seca, que allí se precisaba en abundancia. Había en este lugar dos vigas, una larga y otra más corta, que parecieron a los soldados ser a propósito para colgar de ellas a sus prisioneros.

Los condujeron a aquel granero, mientras ellos, convencidos de que morirían por defender su fe católica, mutuamente se confortaban en el espíritu y oraban al Señor con fervor para que les ayudara en aquel trance definitivo. Cada uno, según Dios le inspiraba, confortaba a los demás, animándose con la esperanza de conquistar la retribución imperecedera y con la posesión definitiva del reino de los cielos, exhortándose también a soportar con valor cuantos suplicios les esperaban, sin perder el ánimo y venciendo la muerte corporal. Después los despojaron de sus vestidos y los dejaron totalmente desnudos.

El padre Guardián fue escogido el primero para sufrir aquel horrendo suplicio. Abraza y besa a cada uno, y con palabras graves les exhorta a que permanezcan fieles en la fe católica; y que mueran con valentía por ella, manteniendo el espíritu y amor de fraternidad que durante su vida les había unido en la vida religiosa, permaneciendo fieles hasta la muerte en la misma fe y en el mismo espíritu, sin perder en aquella hora final el amor que toda su vida les había mantenido unidos; que tenían ya cercano el premio que Dios les había prometido y por el que venían luchando toda su vida: la corona eterna de la felicidad; que preparadas estaban estas coronas, pendientes de posarse sobre sus cabezas; que por cobardía no las despreciaran en aquel trance; finalmente, que siguieran su ejemplo con valor ante el suplicio.

Diciendo estas palabras y otras parecidas, con intrepidez sube las gradas del patíbulo; con rostro cargado de paz y de cristiana alegría, avanza y no deja de pronunciar frases de aliento hasta que su garganta queda atrapada por las cuerdas de la horca. Su cuerpo pende en el aire. Y el vicario, padre Jerónimo, Ecio Nicasio y los dos párrocos, Leonardo y Nicolás, se dedican a reafirmar a sus compañeros, cumpliendo en aquel trance supremo su labor pastoral definitiva.

Todos fueron colgados de la viga más larga, excepto cuatro. Tres de éstos pendían en la viga más corta; entre el padre Guardián y el hermano lego, fray Cornelio, se hallaba Godofrido Duneo; el último en ser ahorcado fue Jaime, premonstratense, que pendía de una escalera. Por lo demás, los soldados, con gran sarcasmo, no a todos les colocaron las cuerdas en el cuello, sino que a unos se las pusieron en la boca, a modo de mordaza; a otros, en la barbilla; incluso algunos lazos eran flojos, para prolongar más el suplicio, como el del venerable Nicasio, que, al clarear el nuevo día, aún no había expirado, por habérsele prolongado la respiración. Aquellos esbirros emplearon en tan horrendo crimen dos largas horas, a partir de la media noche.

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LA VIDA DEL EVANGELIO
por Julio Micó, OFMCap

Jesús, el Siervo sufriente

El que se atreve a seguir a Jesús por el camino de las Bienaventuranzas no queda impune. El poder diabólico del mal no perdona, como tampoco le perdonó a Él, que pretendamos salir del círculo de su influencia (1 R 22,19). Por eso, el seguimiento evangélico debe contar con el hecho de la cruz como una consecuencia más de la opción tomada. El misterioso Siervo sufriente de Isaías (Is 42,1ss) tomó carne en Jesús. Las palabras que el Padre le dirigió en el momento en que era bautizado por Juan, «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1,11), configuran la vocación de Jesús como tarea y misión del siervo sufriente, solidarizándose con los miserables y pecadores, con todos los malvados de la tierra, para sufrir por ellos y en lugar de ellos (Is 53,12). Pero el Padre, al resucitar a Jesús, nos mostró que el mal, causante de sufrimientos y de muerte, no es lo más poderoso ni lo definitivo, ya que más allá de todo eso está Él con su voluntad amorosa de hacer del hombre su propia gloria.

En el caminar evangélico de san Francisco, como en el de todo creyente que se decida a seguir a Jesús hasta el fin, está el encuentro doloroso con la cruz. Llamado por el Señor a seguir sus huellas, no se acobardará al encontrarlas teñidas de sangre. Su tarea de realizador de un grupo evangélico, la Fraternidad, lo condujo a momentos de oscuridad en los que no percibía, a no ser en la contradicción, que se estuviera realizando el plan de Dios sobre ese grupo. La identificación en sus últimos años, enfermo y fracasado, con el Siervo sufriente le permitió comprender en su propia carne lo que es y significa la cruz para el cristiano. La aparición de las llagas es un signo de su firme voluntad de seguir hasta el final, hasta la cruz, al Jesús del Evangelio.

Sin embargo, él estaba persuadido de que la cruz no era lo último ni lo definitivo. En Jesús estamos llamados todos a pasar a la nueva vida, en la que el hombre tenga ya pleno sentido por estar junto a Dios. Por eso, el sufrimiento y la cruz no son para Francisco hechos deshumanizadores, capaces de destrozarle. Precisamente en el momento más oscuro de su vida, es capaz de expresar con un canto, el de las Criaturas, lo que siente en su interior. Reconciliado con Dios y la creación, asume el dolor que le proporciona el haberse atrevido a seguir a Jesús, confiado en su promesa.

Los cuatro temas que hemos visto y que constituyen el camino espiritual de Francisco -adoración, misión, bienaventuranzas y cruz-, se entrecruzan de tal modo en su vida, que llegan a formar la trama evangélica con la que se identificó y por la que se le reconoció como hombre de Evangelio.






















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