miércoles, 5 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 6 DE JULIO

 

SANTO TOMÁS MORO. Nació en Londres el año 1478. Estudió en Londres y Oxford. Fue laico, casado y padre de cuatro hijos, amigo de los franciscanos y al parecer miembro de la Tercera Orden Franciscana, humanista y jurista, escritor y hombre de gobierno, canciller del Reino. Era considerado uno de los humanistas si no el humanista más grande a nivel europeo. Su obra más conocida se titula Utopía, y es uno de los textos paradigmáticos de la filosofía política. Un «hombre verdaderamente completo» lo denominó Pío XI. Porque fue coherente con sus convicciones cristianas, cayó en desgracia del rey Enrique VIII al oponerse a sus pretensiones divorcistas y al negarse a jurar la supremacía espiritual del monarca sobre la del papa. Fue encarcelado en la Torre de Londres y luego decapitado el 6 de julio de 1535. Por sus dotes naturales y por su fe, supo enfrentarse a la muerte con la sonrisa en los labios. Canonizado por Pío XI en 1935, Juan Pablo II, el año 2000, lo proclamó patrono de los gobernantes y políticos. [Su memoria se celebra el 22 de junio, asociada a la de san Juan Fisher]. -Oración: Señor, tú has querido que el testimonio del martirio sea perfecta expresión de la fe; concédenos, te rogamos, por la intercesión de san Juan Fisher y de santo Tomás Moro, ratificar con una vida santa la fe que profesamos de palabra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SANTA MARÍA GORETTI. Nació en Corinaldo (Ancona, Italia) el año 1890, de una familia pobre que pronto se trasladó a Agro Pontino. Huérfana de padre a los diez años y analfabeta, se ocupaba del cuidado de la casa y de sus cuatro hermanos más pequeños, así como de otros niños, cuando sus familiares tenían que ir a trabajar al campo. A los once años hizo la primera comunión y maduró el propósito de morir antes que pecar. En una alquería a diez kilómetros de Nettuno (Lazio), donde su familia cultivaba un campo en alquiler, fue repetidamente asediada por un vecino, Alejandro Serenelli, un joven de 18 años, que se había enamorado de ella y que, el 5 de julio de 1902, tras varios intentos de violentarla, exasperado ante su resistencia, la agredió con un punzón causándole las heridas a consecuencia de las cuales murió al día siguiente en el hospital de Nettuno, después de perdonar a su asesino. Fue canonizada por Pío XII en 1950. -Oración: Señor, fuente de la inocencia y amante de la castidad, que concediste a tu sierva María Goretti la gracia del martirio en plena adolescencia, concédenos a nosotros, por su intercesión, firmeza para cumplir tus mandamientos, ya que le diste a ella la corona del premio por su fortaleza en el martirio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




BEATA NAZARIA IGNACIA DE SANTA TERESA MARCH MESA. Nació en Madrid el año 1889. En 1906 marchó a México con su numerosa familia, y en el barco se encontró con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, con las que simpatizó. Para ingresar en su congregación volvió a España para hacer el noviciado, y en 1908 la destinaron a la misión de Oruro en Bolivia, donde permaneció doce años. En 1920 concibió una nueva congregación entendida como «una cruzada de amor en torno a la Iglesia», y la fundó en 1925 con el nombre de Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Tratando de ser una vanguardia en la situación de la Bolivia de entonces, se dedicaron a la catequesis parroquial, la preparación de los niños a la primera comunión, la visita y asistencia a los presos, a los ancianos y a los pobres, y asimismo a la promoción social y laboral de la mujer, de los parados y de todos los necesitados. En 1938 pasó a Argentina y allí dio vida a muchas instituciones en favor de las jóvenes y de los pobres. Murió en Buenos Aires el 6 de julio de 1943.

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Santa Ciriaca. Virgen y mártir en Nicomedia de Bitinia, en la actual Turquía, en el siglo IV, siendo emperador Diocleciano. Se le tiene mucha devoción de Tropea, Calabria.

San Goar. Oriundo de Aquitania (Francia), se trasladó a Tréveris (Alemania), donde recibió la ordenación sacerdotal. Con permiso del obispo se construyó, junto a Oberwesel, a orillas del Rin, una celda y una ermita, y una hospedería para los peregrinos, a los que atendía material y espiritualmente. Vivió y murió en el siglo VI.

San Justo de Condat. Fue monje en el monasterio de Condat (hoy St. Claude), en la región del Jura en Francia, en el siglo VI.

Santa Monena. Abadesa del monasterio de Killeevy, que ella misma había fundado, en la región de Armagh (Irlanda). Murió el año 517.

San Paladio. Tenemos pocos datos seguros sobre su vida y actividad. Al parecer, lo envió el papa Celestino I a Gran Bretaña a evangelizar. Después lo nombró obispo con el encargo de trabajar en Irlanda. Luego pasó a Escocia, donde falleció hacia el año 432. Fue contemporáneo de san Germán de Auxerre, que luchaba en Inglaterra contra la herejía de Pelagio.

San Pedro Wang Zuolong. Nació en Shuangzhong, provincia de Hubei (China), el año 1842. En su juventud fue seminarista, pero optó por la vida seglar y llevó en su pueblo una vida de cristiano ejemplar. Cuando llegó la noticia de que los boxers estaban al llegar, huyó, pero luego regresó para no dejar solo a su hermano. Lo detuvieron, lo sometieron a diversos suplicios sangrientos porque se mantenía firme en su fe y se negaba a adorar los ídolos de una pagoda, y finalmente lo remataron. Sucedió en Shuangzhong el año 1900.

San Rómulo. Es recordado en Fiésole (Florencia, Italia) como diácono y primer mártir de la ciudad en una fecha desconocida de la antigüedad cristiana.

San Sisoes llamado el Grande. Nació en Egipto y abrazó la vida monástica en el desierto de Escete. Cuando murió san Antonio el año 357, para huir de la gente que allí acudía, se retiró a la montaña de San Antonio. Murió a una edad avanzada en una ciudad egipcia a orillas del Mar Muerto hacia el año 430. En los «Apotegmas» o «Dichos de los Padres» se le recuerda como un contemplativo amante de la soledad y abandonado a la misericordia divina.

Beato Agustín José (Elías) Desgardin. Nació en la diócesis de Arrás (Francia) el año 1750. Estuvo ejerciendo el oficio de cuchillero hasta que en 1777 ingresó en la Orden Cisterciense en la abadía de Sept-Fons (Allier) como hermano profeso. Cuando llegó la Revolución Francesa lo detuvieron, el se negó a prestar el juramento constitucional y lo condenaron a la deportación. Fue a parar al pontón «les Deux Associés» anclado frente a Rochefort. Había sido enfermero en el convento, y allí se dedicó a atender a los muchos enfermos que había en aquella sórdida galera, y estuvo repartiendo consuelo y alivio hasta que, en 1794, murió contagiado.

Beata María Teresa Ledochowska. Nació en Loodsdorf (Austria) de familia noble el año 1863. Un hermano suyo fue general de la Compañía de Jesús y santa Úrsula, fundadora de las Ursulinas del Corazón de Jesús, era hermana suya. En Polonia entró al servicio de la alta nobleza. Tuvo dos encuentras providenciales que cambiaron el rumbo de su vida: las Franciscanas Misioneras de María y el cardenal Lavigerie. Se enamoró de las misiones. En 1890 fundó la revista Eco de África. Al año siguiente dejó de la Corte y emprendió el camino que la llevaría a la fundación, en 1894, del Sodalicio de San Pedro Claver para librar a los oprimidos por la esclavitud. Celebró en 1900 un congreso antiesclavista en Viena, dio muchas conferencias, multiplicó sus publicaciones. Murió en Roma el año 1922.

Beata Susana Águeda de Loye. Nació en Sérignan (Francia) el año 1741. De joven ingresó en la Orden de San Benito y en la profesión tomó el nombre de María Rosa. Cuando llegó la Revolución Francesa, fue suprimido su monasterio, y cuando llegó el Terror, la detuvieron y encarcelaron a ella y a varias de sus compañeras. Se negó a prestar el juramento de libertad-igualdad, y la condenaron como enemiga de la libertad que intentaba subvertir la República. La guillotinaron en Orange el 6 de julio de 1794.

Beato Tomás Alfield. Nació en Gloucester (Inglaterra) el año 1552 en el seno de una familia protestante. En 1575, siendo estudiante de Cambridge, se convirtió al catolicismo. Estudió en Douai y Reims y se ordenó de sacerdote en 1581. Volvió a Inglaterra y estuvo ejerciendo un apostolado fecundo hasta que, en la primavera de 1582, lo arrestaron. Sometido a tortura, renunció al catolicismo y volvió al anglicanismo, y lo dejaron libre. Pronto se arrepintió y se reconcilió con la Iglesia católica. Reanudó su apostolado y en 1585 lo arrestaron de nuevo. Por haber difundido una apología en favor de los católicos y por negarse a reconocer la supremacía religiosa de la Reina, lo ahorcaron y descuartizaron en la plaza londinense de Tyburn aquel mismo año.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Los discípulos preguntaron a Jesús: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,3-6).

Pensamiento franciscano:

Dice san Francisco: «Considera, oh hombre, en cuán grande excelencia te ha puesto el Señor Dios, porque te creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza según el espíritu. Y todas las criaturas que hay bajo el cielo, según su ser, sirven, conocen y obedecen a su Creador mejor que tú» (Adm 5,1-2).

Orar con la Iglesia:

Elevemos nuestra oración a Dios, por mediación de su Hijo, que vino a liberarnos de toda esclavitud, para que proteja a los inocentes y convierta el corazón de los pecadores.

-Para que fortalezca a la Iglesia en su lucha contra el pecado y contra toda forma de mal.

-Para que todos los cristianos conozcamos y vivamos la verdad que nos hace libres y felices, frente a las malas pasiones.

-Para que las autoridades de los pueblos defiendan a los más indefensos y necesitados de protección.

-Para que la Palabra de Cristo y la fuerza del Espíritu fortalezcan nuestra vida cristiana y la libren también del mal que proviene de los hombres.

Oración: Escúchanos, Dios, Padre nuestro, sana las enfermedades de nuestro espíritu y concédenos tu constante protección. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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NADA TEMO, PORQUE TÚ VAS CONMIGO
De la homilía de S. S. Pío XII
en la canonización de santa María Goretti

De todo el mundo es conocida la lucha con que tuvo que enfrentarse, indefensa, esta virgen; una turbia y ciega tempestad se alzó de pronto contra ella, pretendiendo manchar y violar su angélico candor. En aquellos momentos de peligro y de crisis, podía repetir al divino Redentor aquellas palabras del áureo librito De la imitación de Cristo: «Si me veo tentada y zarandeada por muchas tribulaciones, nada temo, con tal de que tu gracia esté conmigo. Ella es mi fortaleza; ella me aconseja y me ayuda. Ella es más fuerte que todos mis enemigos». Así, fortalecida por la gracia del cielo, a la que respondió con una voluntad fuerte y generosa, entregó su vida, sin perder la gloria de la virginidad.

En la vida de esta humilde doncella, tal cual la hemos resumido en breves trazos, podemos contemplar un espectáculo no sólo digno del cielo, sino digno también de que lo miren, llenos de admiración y veneración, los hombres de nuestro tiempo. Aprendan los padres y madres de familia cuán importante es que eduquen a los hijos que Dios les ha dado en la rectitud, la santidad y la fortaleza, en la obediencia a los preceptos de la religión católica, para que, cuando su virtud se halle en peligro, salgan de él victoriosos, íntegros y puros, con la ayuda de la gracia divina.

Aprenda la alegre niñez, aprenda la animosa juventud a no abandonarse lamentablemente a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, sino, por el contrario, a luchar con firmeza, por muy arduo y difícil que sea el camino que lleva a la perfección cristiana, perfección a la que todos podemos llegar tarde o temprano con nuestra fuerza de voluntad, ayudada por la gracia de Dios, esforzándonos, trabajando y orando.

No todos estamos llamados a sufrir el martirio, pero sí estamos todos llamados a la consecución de la virtud cristiana. Pero esta virtud requiere una fortaleza que, aunque no llegue a igualar el grado cumbre de esta angelical doncella, exige, no obstante, un largo, diligentísimo e ininterrumpido esfuerzo, que no terminará sino con nuestra vida. Por esto, semejante esfuerzo puede equipararse a un lento y continuado martirio, al que nos amonestan aquellas palabras de Jesucristo: El reino de los cielos se abre paso a viva fuerza, y los que pugnan por entrar lo arrebatan.

Animémonos todos a esta lucha cotidiana, apoyados en la gracia del cielo; sírvanos de estímulo la santa virgen y mártir María Goretti; que ella, desde el trono celestial, donde goza de la felicidad eterna, nos alcance del Redentor divino, con sus oraciones, que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas ilustres con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo.

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RECONOCE LA DIGNIDAD DE TU NATURALEZA
San León Magno, Sermón 7 En la Natividad del Señor, 2. 6

Al nacer nuestro Señor Jesucristo como hombre verdadero, sin dejar por un momento de ser Dios verdadero, realizó en sí mismo el comienzo de la nueva creación y, con su nuevo origen, dio al género humano un principio de vida espiritual. ¿Qué mente será capaz de comprender este misterio? ¿Qué lengua será capaz de explicar semejante don? La iniquidad es transformada en inocencia, la antigua condición humana queda renovada; los que eran enemigos y estaban alejados de Dios se convierten en hijos adoptivos y herederos suyos.

Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las creaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivo de alabanza y gloria del Creador.

Deja que tus sentidos corporales se impregnen de esta luz corporal y abraza, con todo el afecto de tu mente, aquella luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre, y de la cual dice el salmista: Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si somos templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en nosotros, es mucho más lo que cada fiel lleva en su interior que todas las maravillas que contemplamos en el cielo.

Con estas palabras, amadísimos hermanos, no queremos induciros o persuadiros a que despreciéis las obras de Dios, o que penséis que las cosas buenas que ha hecho el Dios bueno significan un obstáculo para vuestra fe; lo que pretendemos es que uséis de un modo racional y moderado de todas las creaturas y de toda la belleza de este mundo, pues, como dice el Apóstol, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Por consiguiente, puesto que hemos nacido para las cosas presentes y renacido para las futuras, no nos entreguemos de lleno a los bienes temporales, sino tendamos, como a nuestra meta, a los eternos; y, para que podamos mirar más de cerca el objeto de nuestra esperanza, pensemos qué es lo que la gracia divina ha obrado en nosotros. Oigamos las palabras del Apóstol: Habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de gloria, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

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LA VIDA DEL EVANGELIO
por Julio Micó, OFMCap

Una espiritualidad de seguimiento

La experiencia de Dios como Padre, metido y comprometido en el amor a los hombres, que se percibe en la imagen del Reino, es fundamental a la hora de construir la propia vida de fe. Esta experiencia viva de Dios nos impide recalar en los puertos del pasado, dirigiendo nuestra vida al mar abierto del futuro. El que ha conocido a Dios de forma existencial ya no puede seguir encerrado en su propia quietud, ya que su misma presencia arrastra hacia el futuro, hacia la búsqueda de su rostro, donde poder encontrarle con plenitud. Pero esta experiencia básica de un Dios Padre que nos conduce por el camino en el que el reconocimiento de su bondad se traduce en un amor eficaz a los hombres puede tomar formas distintas, lo cual explica el pluralismo a la hora de concretar el modo de ser cristianos.

No cabe duda de que Jesús entendió esta respuesta al amor interpelante del Padre en forma de itinerancia desarraigada para anunciar la buena noticia del Reino. Al resucitar Jesús, su persona se convierte en camino obligado para llegar a Dios. Pero aún en su vida terrena, como sacramento que era del Padre, el seguimiento de su persona equivalía a responder a la llamada salvadora de Dios; de ahí que Jesús llamara para que le siguieran. Llamada que comportaba la convivencia con Él, la participación en el anuncio del Reino y la com-pasión en los sufrimientos consecuentes.

Cuando Jesús llama no es para compartir una ideología, aceptar un conjunto de verdades teóricas o seguir una normativa más o menos exigente; ni siquiera, por importante que parezca, para aceptar un proyecto común como podía ser el Reino. Todo esto está incluido en el seguimiento, pero no constituye su núcleo. El seguimiento se refiere a la persona misma de Jesús y solamente a su persona.

Esta experiencia de relación e intimidad con el Señor no se agota, sin embargo, en sí misma. Jesús llama a los discípulos para que estén con Él y para enviarlos a predicar (Mc 3,13-15). Por lo tanto, el seguimiento va más allá de una convivencia íntima con Jesús; implica también la misión y el trabajar para que el hombre se abra a Dios y encuentre su realización.

La participación en la vida y trabajo de Jesús conduce indefectiblemente a la participación en su mismo destino. A través de todo el Evangelio cruza la idea de que el destino de Jesús es la muerte violenta, concretamente la muerte de cruz. Pero también aparece de forma constante la imagen de que el discípulo no es mayor que su maestro; por lo tanto, el que quiera seguir a Jesús tiene que asumir y seguir ese mismo destino cargando con la cruz (Mt 10,38).

Esta imagen del Jesús histórico, que se nos transmite en los Evangelios y que el Movimiento de Jesús vivió y mantuvo en la Iglesia, es la que percibió san Francisco y la que le sirvió para organizar su vida evangélica y la de su Fraternidad.

El proyecto que aparece en las dos Reglas y que Francisco concreta como forma del santo Evangelio, aunque visto desde una perspectiva pauperística, no se puede reducir al seguimiento de Jesús pobre. El tema joánico de Dios adorado en espíritu y verdad, los temas sinópticos de la misión y las bienaventuranzas, así como el tema del Siervo sufriente de Isaías, son fundamentales a la hora de comprender la espiritualidad de san Francisco.


























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