lunes, 31 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 1 DE AGOSTO

 

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor de la Iglesia. Nació en Marianella junto a Nápoles el año 1696. Después de obtener el grado de doctor en ambos derechos y de ejercer la abogacía con gran delicadeza de conciencia, cursó la carrera eclesiástica, se ordenó sacerdote en 1726 y se dedicó a las misiones populares y al confesonario. Entre grandes dificultades fundó en 1732 la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas), con el fin de dar nuevo aliento a la vida cristiana de los campesinos e iletrados. Además escribió libros de espiritualidad y de teología moral, materia en la que es considerado un verdadero maestro. Entre sus obras hay que destacar la Teología Moral y Las Glorias de María que tanto ha influido en la devoción a la Virgen. En torno al año 1760 fue consagrado obispo de Sant'Agata dei Goti, donde se prodigó a lo largo de trece años en un apostolado fecundo. Después renunció a su obispado y se fue con sus religiosos. Murió en Pagani, cerca de Nápoles, el 1 de agosto de 1787.- Oración: Oh Dios, que suscitas continuamente en tu Iglesia nuevos ejemplos de santidad, concédenos la gracia de imitar en el celo apostólico a tu obispo san Alfonso María de Ligorio, para que podamos compartir en el cielo su misma recompensa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN EUSEBIO DE VERCELLI. [Murió el 1 de agosto y su memoria se celebra el 2 de agosto]. Nació en Cerdeña (Italia) a principios del siglo IV. Abrazó el estado clerical en Roma y el año 345 fue elegido primer obispo de Vercelli (Piamonte). Con su predicación sobre todo en el medio rural contribuyó a incrementar la religión cristiana y a mantener la fe ortodoxa. Introdujo en su diócesis la vida en común del clero diocesano, iniciativa que luego se extendió por todas partes. Fue perseguido por los arrianos por su defensa y esclarecimiento de la divinidad de Jesucristo. El emperador Constancio lo desterró a Escitópolis a causa de la fe, y allí padeció amenazas, malos tratos, cárcel, hambre y toda clase de vejámenes. El año 361 lo enviaron a Capadocia y luego a la Tebaida. Al regresar a su patria, siguió trabajando denodadamente contra la herejía de Arrio y en la restauración de la fe. Murió en Vercelli el 1 de agosto del año 371.- Oración: Concédenos, Señor, Dios nuestro, imitar la fortaleza de tu obispo san Eusebio de Vercelli al proclamar su fe en la divinidad de tu Hijo, y haz que, perseverando en esa misma fe de la que fue maestro, merezcamos un día participar de la vida divina de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



SAN PEDRO JULIÁN EYMARD. [Murió el 1 de agosto y su memoria se celebra el 2 de agosto]. Nació en La Mure (Francia) el año 1811. Ordenado de sacerdote en 1834 y después de ejercer el ministerio pastoral algunos años en la diócesis de Grenoble, ingresó en la Sociedad de María (Maristas). Pronto se convirtió en el principal colaborador del fundador, el P. Colin. Estando en el santuario mariano de Fourvier en Lyon, tuvo una profunda experiencia espiritual que lo hizo sentirse llamado a fundar una congregación religiosa destinada a fomentar y propagar el culto al Santísimo Sacramento, del que era muy devoto. Dejó su Congregación y fundó otras dos, la de los Presbíteros del Santísimo Sacramento y la de las Siervas del Santísimo Sacramento. Sus sacerdotes se dedicaban a la adoración y apostolado del Santísimo y también a la atención de los pobres de los barrios periféricos de París, así como al cuidado de los sacerdotes que se encontraban en dificultades. Murió el 1 de agosto de 1868 La Mure.- Oración: Oh Dios, que concediste a san Pedro Julián un amor admirable hacia el sagrado misterio del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos benigno que merezcamos participar de este divino convite, comprendiendo, como él, su riqueza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SANTOS MACABEOS Y SAN ELEAZAR. La Iglesia conmemora hoy la pasión de los siete hermanos macabeos que, en el siglo II antes de Cristo, en Antioquía de Siria, durante el reinado de Antíoco Epífanes, por observar con fidelidad inquebrantable la Ley del Señor, fueron cruelmente asesinados, al igual que su madre, la cual presenció con dolor la muerte de cada uno de sus hijos y con todos ellos alcanzó la victoria de la vida eterna, como se nos refiere en el segundo Libro de los Macabeos. A la vez celebra la memoria de San Eleazar, uno de los escribas más estimados de su tiempo, varón de edad avanzada, que, en la misma persecución, se negó a comer carne prohibida por la Ley y prefirió una muerte gloriosa a una vida ignominiosa, y así precedió de buen grado a los otros en el martirio. Los amigos lo instaban a fingir que comía carne sacrificada a los diosos para así salvar la vida, pero él se negó para no arrastrar con su mal ejemplo a los más jóvenes.



BEATO BIENVENIDO MARÍA DE DOS HERMANAS. Nació en Dos Hermanas (Sevilla) en 1887. Siendo muy joven ingresó en la Congregación de los Terciarios Capuchinos del P. Luis Amigó, dedicada a la reeducación de menores. Hizo su primera profesión en 1905 y recibió la ordenación sacerdotal en 1920. Desempeñó en su Congregación muchos cargos, incluso el de general de 1927 a 1932, años en que impulsó la promoción vocacional, la capacitación científica de los religiosos y la apertura de la obra a Hispanoamérica. Inculcó a todos sus devociones especiales: Jesús Sacramentado, la Virgen de los Dolores, san Francisco y el Sagrado Corazón de Jesús. Cuando el 20 de julio de 1936 su Escuela de Madrid fue asaltada, el P. Bienvenido siguió con su hábito y fue el último en abandonarla. El 31 de julio, acompañado a la fuerza por dos milicianos, tuvo que acudir a los bancos a sacar los fondos de la Escuela, que le arrebataron. El 1 de agosto de 1936 lo asesinaron en la madrileña Pradera de San Isidro. Es uno de los mártires amigonianos beatificados el año 2001.

Beato Félix de Tortosa

Beato Félix de TortosaBEATO FÉLIX DE TORTOSA. Nació en Tortosa (Tarragona) el año 1894. Ingresó en los Capuchinos como hermano laico y, cumplido el año noviciado, profesó en 1926. Después de ejercer el oficio de hortelano y limosnero en Olot, pasó al convento y casa de estudios de Sarriá-Barcelona como limosnero, dependiendo del padre Provincial. La persecución religiosa de julio de 1936 le sorprendió en Tordera (Barcelona) adonde había ido a pedir limosna. De momento se refugió allí, pero, restablecidas las comunicaciones, decidió llegar hasta Arenys de Mar. Se despidió del domicilio que le había acogido y en la estación, quizá por su comportamiento y forma de vestir, fue reconocido como religioso. Los milicianos le detuvieron y él no puso resistencia. Subió a su coche y, poco después, caía fusilado junto con un párroco. Era el 1 de agosto de 1936. Beatificado el 21-XI-2015. [Más información]

Beato Rafael María de Mataró

Beato Rafael María de MataróBEATO RAFAEL MARÍA DE MATARÓ. Nació en Mataró (Barcelona) en 1902. Vistió el hábito de los capuchinos en 1917. Fue ordenado sacerdote en 1925. Trabajó sobre todo en la formación de los jóvenes aspirantes al sacerdocio: fue profesor de filosofía y director del centro de estudios filosóficos de su provincia. En el capítulo provincial de 1933 lo nombraron secretario provincial y archivero. Destacó por su gran pureza de espíritu y rectitud de intención, acompañadas de un profundo sentido sobrenatural. El 20 de julio de 1936, tras estallar la guerra civil española, dejó su convento de Sarriá-Barcelona y se refugió en casa de unos amigos. Estaban tramitando su salida hacia Italia para el 2 de Agosto de 1936, pero el día anterior fue identificado como religioso. Detenido, sufrió martirio el 1 de agosto de 1936 en Vallvidrera-Barcelona. Beatificado el 21-XI-2015. [Más información]

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Santo Domingo Nguyen Van Hanh (Dieu) y San Bernardo Vu Van Due. En tiempo del emperador Minh Mang, estos dos sacerdotes vietnamitas, el primero dominico y el segundo diocesano, fueron decapitados en Nam-Dinh (Vietnam) el 1 de agosto de 1838 por haber ejercido el ministerio sagrado y por negarse a apostatar de su fe en Cristo. Domingo profesó en la Orden de Predicadores el año 1826 y, terminados los estudios, recibió la ordenación sacerdotal y se entregó al ministerio con gran celo. Llegada la persecución se escondió, pero lo delataron unos falsos amigos. Lo torturaron terriblemente. Bernardo nació hacia el año 1755. Lo ordenó de sacerdote san Clemente Ignacio Delgado. Trabajó muchos años como buen ministro del Señor y, ya anciano, sordo y casi ciego, lo arrestaron.

San Emerico de Quart. Nació en el castillo de Quart a mediados del siglo XIII en el seno de una familia noble. Cursó estudios universitarios y luego llevó vida eremítica en los alrededores del castillo. En 1301 fue consagrado obispo de Aosta. Renovó y mejoró las escuelas, seleccionó los candidatos al sacerdocio, dio a los pobres la mayor parte de sus ingresos, instituyó en 1311 la «fiesta de la Concepción de la Virgen María», era de carácter firme pero amable, describió en un libro las costumbres del Valle de Aosta. Murió en Aosta (Italia) el año 1313.

San Etelvoldo. Nació y murió en Winchester (Inglaterra). De joven fue cortesano del rey Atelstano. Se ordenó de sacerdote y más tarde, el año 944, abrazó la vida monástica. Fue consagrado obispo de Winchester el año 963. Se dedicó a la renovación de la vida monástica después de la devastación de los daneses, sustituyó a los canónigos seculares por monjes, restauró monasterios e iglesias, compuso la Concordia Regular que adoptaron cuarenta monasterios reformados, y así restableció la disciplina monástica que había aprendido de san Dunstano. Murió el año 984.

San Exuperio. Es venerado como el primer obispo de Bayeux (Francia), en el siglo IV.

San Félix de Girona. Sufrió el martirio en Girona (España) durante la persecución del emperador Diocleciano, a principios del siglo IV. El poeta cristiano Prudencio recuerda la veneración de que gozaba su sepulcro en Girona.

Santos Friardo y Secundelo. Friardo era diácono, y los dos llevaron vida eremítica en la isla de Besné, cerca de Nantes (Francia), en el siglo VI.

San Jonato. Abad del monasterio de Marchiennes, en la región de Norte-Paso de Calais (Francia). Murió el año 690.

San Pedro Fabro. Nació en Villaret (Saboya) el año 1506. De joven se dedicó a la guarda del rebaño, pero con mucho esfuerzo pudo estudiar en la Sorbona de París, donde tuvo de compañero a san Francisco Javier y conoció a san Ignacio de Loyola. Fue uno de los miembros fundacionales de la Compañía de Jesús, y superior del grupo en las ausencias de san Ignacio. Paulo III le encomendó importantes tareas: profesor en la Sapienza de Roma, apostolado itinerante como jesuita en Parma, participación en los coloquios de religión entre católicos y protestantes en Alemania, apostolado en España y Portugal donde introdujo la Compañía de Jesús. Murió en Roma el año 1546 cuando se dirigía al Concilio de Trento por encargo del Papa. Canonizado de manera equipolente el 17-XII-2013.

San Secundino. Sufrió el martirio en Roma en una fecha desconocida de la antigüedad cristiana, y fue enterrado en la Vía Prenestina.

San Severo. Sacerdote que dio sus bienes para la construcción de iglesias y para ayuda de los pobres en la región de Aquitania (Francia). Murió hacia el año 500.

Beato Alejo Sobaszek. Nació en Polonia el año 1895, hijo de un empleado de correos. Hizo los estudios eclesiásticos en Polonia y Alemania, y se ordenó de sacerdote en 1919. Ejerció su ministerio en varias parroquias y en las escuelas. Después de entrar las tropas alemanas en Polonia, continuó su ministerio hasta que lo arrestaron en 1939. Estuvo detenido un tiempo en Poznam y luego lo internaron en el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich (Alemania). No aguantó el régimen del campo, su salud se resintió y murió agotado el 1 de agosto de 1942, habiendo dado un gran testimonio de mansedumbre y paciencia, y de entrega total a la providencia de Dios.

Beato Eladio Perés. Nació en Maldá (Lérida) en 1883. Estudió en el seminario de Tarragona y fue ordenado sacerdote en 1906. Ejerció el ministerio en varias parroquias y por último fue nombrado capellán del noviciado menor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Cambrils. Era prudente, erudito, piadoso, sencillo; estaba especialmente dotado para la enseñanza del catecismo. Al estallar la persecución religiosa, buscó refugio en distintos lugares, pasando grandes calamidades. Finalmente, cuando iba entre avellanos hacia de Reus, donde vivía un hermano suyo, despareció. Los miembros de un control lo asesinaron. Era el mes de agosto de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Gaudencio Íñiguez de Heredia. Nació en Dallo (Álava) en 1882. Su padre, viudo, ingresó en la Orden Hospitalaria. Es hermano suyo el beato Mauricio, martirizado el 27-VIII-1936. De joven se dedicó a trabajos de labranza y pastoreo. Profesó en los Hospitalarios de San Juan de Dios en 1900. Era muy responsable, observante, manso y tranquilo, afable y humilde, creador de unión y fraternidad. Le confiaron cargos de responsabilidad. Cuando estalló la persecución religiosa era ecónomo del sanatorio de Ciempozuelos. El 1 de agosto de 1936, cuando se dirigía a Madrid para liquidar algunos pagos, los milicianos lo detuvieron en Valdemoro y lo asesinaron. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Gerhard Hirschfelder. Nació el año 1907 en Glatz, Silesia. Por ser hijo natural, su camino al sacerdocio estuvo lleno de dificultades. Se ordenó sacerdote en Breslau el año 1932. Hasta 1939 fue capellán en Grenzeck, y luego capellán mayor en Habelschwerdt y responsable de la pastoral juvenil de la diócesis. Trató de defender a los jóvenes de la propaganda nazi, y denunció los excesos y violencia de aquel régimen. La Gestapo lo arrestó el 1-VIII-1941 y lo encerró en el campo de concentración de Dachau el 27-XII-1941. Allí falleció por hambre, malos tratos y una grave neumonía el 1-VIII-1942, a los 35 años. Pertenecía al Movimiento de Schoenstatt. Beatificado en 2010.

Beatos José Teófilo Mulet y Severino Ruiz, Maristas. Estaban en su comunidad de Vich cuando en julio de 1936 se desató en España la persecución religiosa; marcharon a Barcelona y se hospedaron en una pensión, pero enseguida fueron detenidos y encarcelados. El 1 de agosto de 1936 los mataron a tiros en La Palma de Cervelló (Barcelona), mientras gritaban: “¡Viva Cristo Rey!”. José Teófilo nació en Mazaleón (Teruel) en 1917. Profesó en 1934 y al año siguiente lo destinaron a Vich para realizar el cursillo de preparación a la enseñanza. Era piadoso, alegre, inteligente y amante del trabajo. Murió mártir a los 19 años. Severino nació en Fuencaliente de Lucio (Burgos) en 1907. Después de tres años de servicio militar en África, ingresó en los maristas; profesó el año 1932 y en 1935 lo enviaron al juniorado de Vich. Su profunda y sincera religiosidad, acompañada de su jovialidad y carácter feliz, lo hicieron amar de todos.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Juan Bufalari de Rieti. Nació en Castel Poschiano (Umbría, Italia) el año 1318. La beata Lucía Bufalari era hermana suya. Entró muy joven en la Orden de los Ermitaños de San Agustín, en la que profesó en calidad de hermano. Pronto lo trasladaron al convento de Rieti, donde permaneció el resto de su vida. Se distinguió por la simplicidad e inocencia de vida, en la que no hubo sucesos extraordinarios, pero sí humildad y caridad amable y afectuosa con todos. Atendía a los hermanos enfermos, servía el altar, se desvivía por los huéspedes. Su santidad era profunda y trasparente. Murió joven el año 1336.

Beato Justino Alarcón Vera. Nació en Fuensalida (Toledo) en 1885, ingresó en el seminario de Toledo en 1898 y en 1910 fue ordenado sacerdote. Trabajó como coadjutor parroquial y capellán de religiosas. Además, fue profesor del seminario, segundo maestro de ceremonias en la catedral, fundador de "Editorial Católica Toledana", de cuyo consejo fue secretario y presidente, y formó parte de la redacción de "El Castellano". Durante la persecución religiosa en España, el 1-VIII-1936 los milicianos lo arrastraron por las calles, lo hirieron con las bayonetas y lo mataron cerca de la catedral.

Beatas María Estrella del Santísimo Sacramento (Adelaida) Mardosewicz y diez compañeras mártires. Las once mártires eran religiosas de la Congregación de Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret, y formaban parte de la comunidad de Nowogródek en Polonia. Habían abierto la casa en 1929, se hacían cargo de la iglesia de la Transfiguración y llevaban una institución dedicada a la enseñanza de niñas y jóvenes. Después de estallar la II Guerra Mundial, sufrieron primero la invasión soviética y después la alemana con toda clase de malos tratos. La iglesia de la Trasfiguración y la comunidad religiosa se convirtieron en faro de luz para el pueblo cristiano en medio de las tinieblas de la guerra. La Gestapo detuvo a las once religiosas y al día siguiente, 1 de agosto de 1943, sin juicio y sin más las fusiló en un bosque cercano a la ciudad.

Beato Nicolás de la Torre Merino. Nació en Béjar, provincia de Salamanca en España, el año 1892. Hizo el noviciado en los Salesianos de Sarriá (Barcelona) y profesó como coadjutor en 1910. Desplegó sus actividades en Barcelona, Valencia, La Coruña, Vigo y Madrid, donde le sorprendió la persecución religiosa de 1936. Vestido de seglar pudo continuar durante algún tiempo ocupándose de sus trabajos, hasta que, reconocido como religioso, quizás tras una denuncia, fue encarcelado y fusilado en los primeros días de agosto de 1936. Fue beatificado el año 2007.

Beato Sebastián Tarragó. Nació en Vinaixa (Lérida) en 1879. Estudió en el seminario de Tarragona y fue ordenado sacerdote en 1903. Ejerció el ministerio en Bellmunt de Ciurana. Iniciada la persecución religiosa de 1936, sufrió el acecho de los milicianos, que le propusieron, para salvar la vida, que se casara con su sirvienta, mujer piadosa de 60 años y casi ciega, lo que el sacerdote rechazó. El 1 de agosto de 1936, los milicianos metieron en un taxi al sacerdote y a la doméstica para llevarlos a Vinaixa, pero en el término de Poboleda (Tarragona) los hicieron bajar del coche, los obligaron a desnudarse y pretendieron que pecaran, lo que no consiguieron. Entonces los mataron a tiros. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Tomás Welbourne. Nació en Hutton Bushel (Inglaterra). Católico seglar, era maestro de escuela y estaba al servicio de Tomás Darcy, caballero de Hornby, cuyos sentimientos católicos eran bien conocidos. Acusado de atraer a otras personas al catolicismo, fue arrestado, juzgado y condenado como reo de alta traición. Lo ahorcaron en York el año 1605, en tiempo del rey Jacobo I.

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor (Salmo 24,6-7).

Pensamiento franciscano:

Dice san Francisco en su Paráfrasis del Padrenuestro: -Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: y lo que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor, que lo perdonemos plenamente, para que, por ti, amemos verdaderamente a los enemigos, y ante ti por ellos devotamente intercedamos, no devolviendo a nadie mal por mal, y nos apliquemos a ser provechosos para todos en ti (ParPN 8).

Orar con la Iglesia

Oremos a Dios Padre, en el nombre de Jesús, de quien procede toda reconciliación y perdón de los pecados.

-Para que la Iglesia sea siempre y en toda situación instrumento y lugar de reconciliación y pacificación entre los hombres.

-Para que los cristianos seamos factores y testigos de vida reconciliada y de perdón generoso.

-Para que los que ejercen autoridad no se dejen dominar por el espíritu de venganza, el egoísmo o el afán de prestigio.

-Para que los injustamente oprimidos alcancen, con dignidad y sin rencor, la plena libertad y el reconocimiento de sus derechos.

Oración: Escúchanos, Padre de misericordia, y concédenos vivir siempre reconciliados y en paz contigo, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
De la Carta Apostólica «Spiritus Domini»
del Sumo Pontífice Juan Pablo II (1-VIII-1987)

[San Alfonso murió el 1 de agosto de 1787, a la edad de 91 años].

Esta vida larguísima estuvo llena de un trabajo incesante: trabajo de misionero, de obispo, de teólogo y de escritor espiritual, de fundador y superior de una congregación religiosa.

Para ir al encuentro de las necesidades del Pueblo de Dios, pronto añadió al apostolado de la palabra y de la acción pastoral el de la pluma. Se trata de dos aspectos inseparables de su vida y de su actividad que se completan mutuamente, imprimiendo a la producción literaria del Santo un carácter pastoral característico. En efecto, el empeño del escritor proviene de la predicación y a ella retorna en la persistente tensión por la salvación de las almas.

Alfonso fue el renovador de la moral; con el contacto de la gente en el confesionario, especialmente en el decurso de la predicación misionera, gradualmente y con mucho trabajo sometió a revisión su mentalidad, llegando progresivamente al justo equilibrio entre la severidad y la libertad.

La estructura de la espiritualidad alfonsiana podría reducirse a estos dos elementos: la oración y la gracia. Para san Alfonso, la oración no es un ejercicio primariamente ascético; es una exigencia radical de la naturaleza correlativa a la dinámica misma de la salvación. Y es evidente que este planteamiento hace comprender la importancia que la plegaria asume en la práctica de la vida cristiana como «el gran medio de la salvación». Al igual que la obra moral y dogmática, también la producción espiritual de san Alfonso, y en medida mayor, nace del apostolado y lo integra.

Sus obras espirituales son conocidas de todos. Recordamos las más importantes en orden cronológico: Las glorias de María, la Preparación para la muerte, El gran medio de la oración, la Verdadera esposa de Jesucristo, las Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima, el Modo de conversar continua y familiarmente con Dios y, sobre todo, la Práctica del amor a Jesucristo, su libro ascético principal y resumen de todo su pensamiento.

Si además se nos pregunta cuál es la característica de su espiritualidad, ésta se puede sintetizar así: es una espiritualidad popular. En resumen: Todos están llamados a la santidad, cada uno en su propio estado. La santidad y la perfección consisten esencialmente en el amor de Dios, que encuentra su culmen y su perfección en la uniformidad con la voluntad de Dios. No de un Dios abstracto, sino de un Dios Padre de los hombres: el Dios de la «salvación», que se manifiesta en Jesucristo. La dimensión cristológica es una nota esencial de la espiritualidad alfonsiana, siendo la Encarnación, la Pasión y la Eucaristía los signos máximos del amor divino.

Alfonso atribuye una importancia capital a la vida sacramental, especialmente a la Eucaristía y al culto eucarístico, del que las visitas constituyen la expresión más típica. Un punto enteramente particular en la economía de la salvación es la devoción a la Virgen, Mediadora de las gracias y Corredentora, y por ello Madre, Abogada y Reina. En realidad Alfonso fue siempre todo de María, desde el comienzo de su vida hasta su muerte.

Deseo atraer vuestra atención hacia algunos aspectos que hoy aparecen más elocuentes. San Alfonso fue el gran amigo del pueblo, del pueblo bajo, del pueblo de los barrios pobres de la capital del reino de Nápoles, el pueblo de los humildes, de los artesanos y, sobre todo, la gente del campo. Como misionero anduvo a la búsqueda de las «almas más abandonadas del campo y de las aldeas rurales», dirigiéndose al pueblo con los medios pastorales más idóneos y eficaces. Renovó la predicación en el método y en el contenido, ligándola a un arte de oratoria sencilla y directa. Hablaba de esta forma, para que todos pudieran comprender. Como fundador quiso un grupo que, como él, hiciese la opción radical por los más abandonados y se instalase permanentemente cercano a ellos. Como obispo, su casa estaba abierta a todos, pero los visitantes más deseados eran los humildes y sencillos. Para su pueblo promovió iniciativas sociales y económicas. Como escritor miraba siempre y sólo a lo que resultaba útil para la gente.

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EL AMOR A CRISTO
Del «Tratado sobre la práctica del amor a Jesucristo»,
de san Alfonso María de Ligorio

Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo, nuestro Dios, nuestro sumo bien y nuestro redentor. La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto.

¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad. «Considera, oh hombre -así nos habla-, que yo he sido el primero en amarte. Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba. Desde que existo, yo te amo».

Dios, sabiendo que al hombre se le gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: «Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor». Y éste es el motivo de todos los dones que concedió al hombre. Además de haberle dado un alma dotada, a imagen suya, de memoria, entendimiento y voluntad, y un cuerpo con sus sentidos, no contento con esto, creó, en beneficio suyo, el cielo y la tierra y tanta abundancia de cosas, y todo ello por amor al hombre, para que todas aquellas criaturas estuvieran al servicio del hombre, y así el hombre lo amara a él en atención a tantos beneficios.

Y no sólo quiso darnos aquellas criaturas, con toda su hermosura, sino que además, con el objeto de conquistarse nuestro amor, llegó al extremo de darse a sí mismo por entero a nosotros. El Padre eterno llegó a darnos a su Hijo único. Viendo que todos nosotros estábamos muertos por el pecado y privados de su gracia, ¿qué es lo que hizo? Llevado por su amor inmenso, mejor aún, excesivo, como dice el Apóstol, nos envió a su Hijo amado para satisfacer por nuestros pecados y para restituirnos a la vida, que habíamos perdido por el pecado.

Dándonos al Hijo, al que no perdonó, para perdonarnos a nosotros, nos dio con él todo bien: la gracia, la caridad y el paraíso, ya que todas estas cosas son ciertamente menos que el Hijo: El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?

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S. S. Juan Pablo II
DON DE LA GRACIA Y DE LA MISERICORDIA DE DIOS
QUE NOS LLEVA A LA CONVERSIÓN CONSTANTE (I)
Mensaje del el Papa al Ministro General de los Frailes Menores,
con ocasión de la apertura de la Porciúncula (20-VIII-1999)

1. La reapertura de la Basílica y de la Capilla de la Porciúncula, tras la restauración por las heridas del terremoto de 1997, me brinda la grata oportunidad de dirigirle un saludo afectuoso a Usted, amado hermano, y a la comunidad franciscana que en Asís presta un valioso servicio eclesial y cuida el decoro de esos lugares vinculados a la memoria del Poverello de Asís, tan querido para los fieles y los peregrinos que llegan a la tierra de Francisco y de Clara para realizar una intensa experiencia espiritual. Los pasos de los fieles se detienen a las puertas de Asís, que, por los numerosos prodigios realizados allí, se suele llamar, con razón, «La ciudad particular del Señor».

Hoy la capilla de la Porciúncula, y la basílica patriarcal donde se conserva, vuelven a abrir sus puertas para acoger a multitudes de personas atraídas por la nostalgia y la fascinación de la santidad de Dios, que se manifestó abundantemente en su siervo Francisco.

El Poverello sabía que «la gracia divina podía ser concedida a los elegidos de Dios en cualquier parte; de igual modo, había experimentado que el lugar de Santa María de la Porciúncula rebosaba de una gracia copiosa (...), y solía decir a los frailes (...): "Este lugar es santo, es la morada de Cristo y de la Virgen, su Madre"» (EP 83). La humilde y pobre Iglesia se había convertido para Francisco en el icono de María santísima, la «Virgen hecha Iglesia» (SalVM 1), humilde y «pequeña porción del mundo», pero indispensable al Hijo de Dios para hacerse hombre. Por eso el santo invocaba a María como tabernáculo, casa, vestidura, esclava y Madre de Dios.

Precisamente en la Capilla de la Porciúncula, que había restaurado con sus propias manos, Francisco, iluminado por las palabras del capítulo décimo del evangelio según san Mateo, decidió abandonar su precedente y breve experiencia de eremita para dedicarse a la predicación en medio de la gente, «con la sencillez de su palabra y la magnificencia de su corazón», como testimonia su primer biógrafo, Tomás de Celano (1 Cel 23). Así inició su singular ministerio itinerante. Y en la Porciúncula tuvo lugar después la toma de hábito de santa Clara, y en ella se fundó la Orden de las «Damas pobres de San Damián». Allí también Francisco pidió a Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los ángeles, el gran perdón o «indulgencia de la Porciúncula», confirmada por mi venerado predecesor el papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216. Desde entonces empezó la actividad misionera, que llevó a Francisco y a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Allí, por último, el Santo acogió cantando a «nuestra hermana muerte corporal» (Cánt 12).

2. De la experiencia del Poverello de Asís, la iglesia de la Porciúncula conserva y difunde un mensaje y una gracia peculiares, que perduran todavía hoy y constituyen un fuerte llamamiento espiritual para cuantos se sienten atraídos por su ejemplo. A este propósito, es significativo el testimonio de Simone Weil, hija de Israel fascinada por Cristo: «Mientras estaba sola en la capilla románica de Santa María de los Ángeles, incomparable milagro de pureza, donde san Francisco rezó tan a menudo, algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a arrodillarme» (Autobiografía espiritual).

La Porciúncula es uno de los lugares más venerados del franciscanismo, no sólo muy entrañable para la Orden de los Frailes Menores, sino también para todos los cristianos que allí, cautivados por la intensidad de las memorias históricas, reciben luz y estímulo para una renovación de vida, con vistas a una fe más enraizada y a un amor más auténtico. Por tanto, me complace subrayar el mensaje específico que proviene de la Porciúncula y de la indulgencia vinculada a ella. Es un mensaje de perdón y de reconciliación, es decir, de gracia, que la bondad divina derrama sobre nosotros, si estamos bien dispuestos, porque Dios es verdaderamente «rico en misericordia» (Ef 2,4).

¡Cómo no reavivar diariamente en nosotros la invocación, humilde y confiada, de la gracia redentora de Dios! ¡Cómo no reconocer la grandeza de este don que nos ha ofrecido en Cristo, «una vez para siempre» (Hb 9,12), y que continuamente nos vuelve a proponer con su inmutable bondad! Se trata del don del perdón gratuito, que nos dispone a la paz con él y con nosotros mismos, infundiéndonos renovada esperanza y alegría de vivir. La consideración de todo esto nos ayuda a comprender la austera vida de penitencia de Francisco, a la vez que nos invita a aceptar la llamada a una constante conversión, que nos aleje de una conducta egoísta y oriente decisivamente nuestro espíritu hacia Dios, punto focal de nuestra existencia.

































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