domingo, 30 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano

Beato Andrés de Palazuelo


DÍA 31 DE JULIO

 

SAN IGNACIO DE LOYOLA. Nació en Loyola (Guipúzcoa, España) el año 1491. De joven permaneció en la corte y se dedicó a la vida militar. Herido en la defensa de Pamplona, tuvo que guardar reposo, y las lecturas piadosas favorecieron su conversión a Dios. Se retiró a Montserrat y Manresa, dando inicio a los Ejercicios espirituales. Viajó a Tierra Santa y luego estudió en Alcalá, Salamanca y finalmente en París, donde reunió a los primeros compañeros, con los que fundó en Roma la Compañía de Jesús. Antes, en Venecia, se ordenó de sacerdote el año 1537. Escribió las constituciones de la Compañía, a la que dio como lema «A mayor gloria de Dios». Fructífero fue su apostolado, por las obras que escribió y por los discípulos que formó, que contribuyeron poderosamente a la verdadera reforma de la Iglesia. Envió a san Francisco Javier a Oriente como misionero. Para que Roma fuera un centro de ciencia eclesiástica, con un plantel de doctores de los que pudiera disponer el Papa, fundó el Colegio Romano, después llamado Universidad Gregoriana. Murió en Roma el 31 de julio de 1556. -Oración : Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN PEDRO CRISÓLOGO, obispo y doctor de la Iglesia. [Su memoria se celebra el 30 de julio]. Nació hacia el año 380 en Imola (Emilia-Romaña, Italia), y entró a formar parte del clero de aquella ciudad. El año 424 fue elegido obispo de Ravena, e instruyó a su grey, de la que era pastor celosísimo, con su ejemplo y con abundantes sermones y escritos; poseemos unos 180 sermones suyos. Mantuvo unas fructíferas relaciones con la emperatriz Gala Plácida, con los obispos de su tiempo y sobre todo con el papa san León Magno. El título de Crisólogo, "palabra de oro", le fue dado en consonancia con la erudición y elocuencia de sus sermones. Murió en Imola el 31 de julio, hacia el año 450. -Oración: Señor Dios, que hiciste de tu obispo san Pedro Crisólogo un insigne predicador de la Palabra encarnada, concédenos, por su intercesión, guardar y meditar en nuestros corazones los misterios de la salvación y vivirlos en la práctica con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




BEATOS DIONISIO VICENTE RAMOS Y FRANCISCO REMÓN JÁTIVA. Estos Hermanos Menores Conventuales, fusilados en Granollers (Barcelona) el 31 de julio de 1936, son dos de los mártires de Granollers beatificados por Juan Pablo II el año 2001. Dionisio nació en Caudé (Teruel) el año 1871. Ingresó en el noviciado en Montalto (Italia) el año 1886 y, terminados los estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal en 1894. Ejerció diferentes ministerios tales como penitenciario en la basílica de Loreto, profesor en seminarios diocesanos y de la Orden, formador de los candidatos a la Orden, tanto en Italia como en España. Pasó los últimos años de su vida en Granollers dedicado sobre todo al confesonario por las limitaciones que le impuso una enfermedad de los ojos. Francisco, hermano profeso, nació también en Caudé en 1890. Ingresó en los conventuales de Granollers en 1906, pero hizo el noviciado y profesó en Asís, donde pasó la mayor parte de su vida religiosa, ejerciendo el oficio de sacristán de la Basílica de San Francisco; era un reconocido belenista. En 1935 fue destinado al convento de Granollers, donde se encargó de la sacristía y la portería.



BEATA SIDONIA (CECILIA) SCHELINGOVÁ . En religión tomó el nombre de Zdenka. Nació en Kriva (Eslovaquia) el año 1916. Antes de vestir el hábito religioso, hizo estudios de enfermería y se especializó en radiología. En 1936 ingresó en las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz. En 1942, el Gobierno la invitó a trabajar en el hospital público de Bratislava como ayudante de radiología. Fue una religiosa de profunda vida interior y de gran caridad para con todos, y una profesional ejemplar. En 1952 ayudó a huir a un sacerdote que estaba hospitalizado para curar de las heridas que le habían causado los comunistas en las torturas. La detuvieron, la maltrataron y la condenaron a doce años de cárcel y a diez de privación de los derechos civiles. A consecuencia de las torturas que sufrió, se le formó un tumor en el pecho y, además, contrajo la tuberculosis. La amnistiaron para que no muriera en la cárcel, y murió en Trnava (Eslovaquia) el 31 de julio de 1955. Declarada verdadera mártir, Juan Pablo II la beatificó en el 2003.



BEATAS ESPERANZA DE LA CRUZ Y 3 COMPAÑERAS MÁRTIRES. Son cuatro religiosas Carmelitas Misioneras, que fueron detenidas por un "Comité Rojo", vejadas, y acribilladas a balazos el 31 de julio de 1936, en la carretera de La Arrabassada (Barcelona), durante la persecución religiosa en España. Estos son sus nombres: Esperanza de la Cruz, María del Refugio de San Ángelo, Daniela de San Bernabé y Gabriela de San Juan de la Cruz. Las dos primeras eran superiora y vicaria de la comunidad de Vilarrodona (Tarragona); las otras dos residían en la Casa Madre de Gracia-Barcelona y estaban destinadas a la asistencia de enfermos a domicilio. Esperanza nació en Ventolá (Gerona) en 1875. Ingresó en el noviciado cuando contaba 20 años. Trabajó primero con los enfermos y más tarde fue destinada a tareas de enseñanza. María del Refugio nació en Gabarra (Lérida) en 1878. Ingresó en el noviciado en 1897. En las casas y puestos en que trabajó destacó por su estilo y manera de ser: trasparente, sencilla, orante, fraterna, "temerosa y acobardada ante el peligro de martirio, pero dispuesta a lo que Dios quisiera". Daniela nació en Berriatúa (Vizcaya) en 1890. En 1915 ingresó en el noviciado. Desempeñó diferentes servicios y tareas de apostolado; era entregada, sencilla, sacrificada, jovial, buena compañera. Gabriela nació en Espluga de Francolí (Tarragona) en 1880. Ingresó en el noviciado en 1907. Era alegre, muy libre y determinada, fraterna y caritativa. A la invitación de que volviera a su casa en los tiempos difíciles de 1909 y 1931, respondía "que estaba dispuesta a dar la vida y a morir con las Hermanas".

Beato Andrés de Palazuelo

Beato Andrés de PalazueloBEATO ANDRÉS DE PALAZUELO. Nació en Palazuelo de Torío, provincia de León (España), en 1883. Ingresó en la Orden capuchina en el convento de Basurto (Bilbao) y allí mismo, hecho el noviciado, profesó en 1900. Recibió la ordenación sacerdotal en 1908. Dadas sus cualidades y preparación, lo dedicaron a la enseñanza en las casas de formación de la Orden: El Pardo, León, Bilbao, Montehano. En 1920 lo destinaron a Madrid como cronista y archivero provincial. Al estallar la revolución de 1936, tuvo que dejar el convento y buscar refugio. Estando hospedado en la pensión de San Antonio, de la calle de León, cuyos dueños lo apreciaban mucho, lo detuvieron los milicianos y lo subieron a una furgoneta que partió con rumbo desconocido. El día 31 de julio de 1936 temprano, su cadáver fue recogido en la Pradera de San Isidro (Madrid) y enterrado en el cementerio de la Almudena, en lugar desconocido. Beatificado el 13-X-2013. [Más información]

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San Calimero . Fue obispo de Milán (Italia) a finales del siglo II.

Santos Demócrito, Segundo y Dionisio . Sufrieron el martirio en Synnada de Frigia (en la actual Turquía) en el siglo III.

Santa Elena . Era viuda y fue martirizada en Skövde (Suecia) el año 1160.

San Fabio . Se negó a llevar el estandarte del gobernador romano en una asamblea general de la provincia. Por ello sospecharon que era cristiano y lo detuvieron. Él confesó su fe y lo encarcelaron. Como continuaba declarándose cristiano, el juez lo condenó a muerte y lo decapitaron en Cesarea de Mauritania (en la actual Argelia) el año 303/034.

San Germán de Auxerre. Nació en Auxerre (Francia) el año 378 en el seno de una familia de terratenientes. En Roma sacó el doctorado en derecho y luego ejerció la abogacía. Fue gobernador de su provincia y, cuando la sede episcopal quedó vacante, lo eligieron a él obispo. Acordó con su esposa vivir en castidad, repartió sus bienes a los pobres y adoptó un estilo de vida pobre y austero. Defendió la región de Armórica del saqueo de los alanos. Estuvo dos veces en Inglaterra, delegado por el papa Celestino I, para combatir la herejía pelagiana. Vuelto a su tierra, marchó a Ravena para propiciar la paz en la Bretaña francesa, y fue bien recibido por Valentiniano y Gala Placidia. Y murió en Ravena el año 448.

San Justino de Jacobis. Nació en San Fele (Basilicata, Italia) el año 1800. Ingresó en la Congregación de la Misión y en ella se ordenó de sacerdote en 1824. Destacó por su espiritualidad y alta contemplación; en 1836 se entregó en Nápoles al cuidado de los apestados del cólera. A partir de 1839 trabajó como misionero en la región de Tigré (Etiopía), sobre todo en Adua y Guala. Entabló buenas relaciones con los coptos del lugar, y algunos se convirtieron al catolicismo. Allí se le conocía cariñosamente como «Abuna Jacob». En 1849, el obispo capuchino Guillermo Massaia lo consagró obispo. Organizó un seminario para cultivar las vocaciones nativas. En un brote de persecución religiosa fue encarcelado y luego expulsado. Murió en el Valle de Alighede (Eritrea), camino de Massawa, en 1860.

Santos Pedro Doan Cong Quy e Manuel Phung . Después de varios meses de cárcel, fueron decapitados estos dos mártires en Cay Met, cerca de Saigón (Vietnam), el año 1859, siendo emperador Tu Duc. Pedro nació en Bung (Vietnam) el año 1826. Ingresó en el seminario de Penang y, ordenado de sacerdote, se dedicó al apostolado parroquial, que ejerció con gran celo y valentía. En Dau Nuoc tuvo de catequista al que luego sería su compañero de martirio. Los detuvieron a los dos y a un grupo de cristianos. Pedro confesó que era cristiano y sacerdote, y se mantuvo en su fe a pesar de los malos tratos y las promesas. Manuel nació en Dau Nuoc hacia el año 1800. Era un cristiano fervoroso, casado y padre de familia, y con sus bienes hacía obras de caridad y de religión. Fue detenido con el P. Pedro y compartió su suerte.

San Tertulino . Mártir en la Vía Latina de Roma, en el siglo IV.

Beatos Alejandro Antonio Arraya y Alfeo Bernabé Núñez mártires, Hermanos de las Escuelas Cristianas. Al estallar la persecución religiosa, se encontraban en Madrid en viaje de promoción vocacional. Cuando se restableció la comunicación con Barcelona, tomaron el tren, bajaron en Tarragona y se dirigieron a su colegio; en el trayecto los milicianos los reconocieron como religiosos y los mataron a tiros. Era el 31 de julio de 1936. Alejandro Antonio nació en Monasterio de Rodilla (Burgos) en 1908. Profesó en 1925 y ejerció el apostolado en varios colegios. En el ministerio de la clase se mostró muy eficaz, celoso y competente. En 1935 hizo el servicio militar en Manresa; no ocultó su condición de religioso y se ganó el respeto de todos. Alfeo Bernabé nació en Santa María del Invierno (Burgos) en 1902. Profesó en 1920 y, mejor dotado para el trabajo manual que para el estudio, lo enviaron a Cambrils, para trabajos manuales. Hizo el servicio militar viviendo en Cuba, donde se manifestó como un excelente profesor de los más pequeños.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Ciriaco Olarte y Miguel Goñi, Redentoristas. En 1936 pertenecían a su convento de Cuenca. Al desatarse la persecución religiosa se refugiaron en casa de sacerdotes amigos. A diario celebraban la eucaristía. El 31 de julio de 1936, los milicianos los detuvieron, se los llevaron con violencia y los sacrificaron cerca del puente de los Descalzos. Ciriaco Olarte nació en Gomecha (Álava) en 1893. Hizo su primera profesión en 1911 y fue ordenado sacerdote en 1917. Tuvo sucesivos destinos en España y estuvo varios años en México. Se dedicó sobre todo a la predicación, a las misiones populares y al confesonario. Miguel Goñi nació en Imarcoain (Navarra) en 1902. Hizo la profesión temporal en 1920 y fue ordenado sacerdote en 1925. Su principal actividad fueron las misiones populares. De carácter alegre y extrovertido y de trato agradable, sabía abrir los corazones para la acogida del Evangelio.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Everardo Hanse. Nació en Northampton (Inglaterra) el año 1545 en el seno de una familia protestante y de mayor se hizo ministro anglicano. A raíz de una grave enfermedad, se convirtió y llamó a un hermano suyo, que era sacerdote católico, para que lo admitiera en la Iglesia católica. Así se hizo. Después estudió en Reims y se ordenó de sacerdote el 25 de marzo 1581. En seguida volvió a su patria y, cuando visitaba a unos presos católicos, lo detuvieron. Confesó que era sacerdote católico, y se mantuvo fiel a su fe y a la Iglesia católica. Lo ahorcaron y, aún vivo, lo descuartizaron en la plaza Tyburn de Londres el 31 de julio de 1581, a los cuatro meses de recibir la ordenación sacerdotal.

Beato Francisco Stryjas. Nació en Popowo (Polonia) el año 1882. Contrajo matrimonio y tuvo siete hijos. Murió su esposa cuando los hijos eran pequeños, y contrajo nuevo matrimonio, del que no tuvo descendencia. Era un cristiano profundamente religioso, que se entregó al apostolado cuando empezaron a escasear los sacerdotes. Montó varios centros de catequesis para preparar a los niños a la primera comunión. Lo detuvieron los nazis y lo sometieron a tantas y tales torturas, que murió en la prisión de Kalisz el 31 de julio de 1944.

Beato Jaime Buch Canals. Nació en Bescanó (Girona, España) el año 1889. Entró en la Congregación Salesiana en 1909 y hecha la profesión lo enviaron a Alicante. Aquí estuvo hasta que en 1931, declarada la República Española, incendiaron la casa de los salesianos. Luego lo enviaron a Valencia, donde estaba cuando estalló la guerra civil. Fue encarcelado con los demás religiosos, luego lo dejaron en libertad. El 31 de julio de 1936 lo detuvieron y lo fusilaron en el Saler de Valencia.

Beato Juan Colombini. Nació en Siena (Italia) el año 1304 en el seno de una familia acomodada de mercaderes, y pronto llegó a ser él un experto comerciante de lanas. Como buen ciudadano, participó en la magistratura de la ciudad. A los 39 años contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Más tarde pasó por una profunda crisis espiritual que lo llevó, con licencia de su esposa, a hacer voto de castidad, repartir muchos bienes a los pobres y vivir en una casita entregado a la oración y la penitencia. Se le unieron compañeros, con los que fundó la Sociedad de San Jerónimo, llamada de los jesuatos, a quienes quería verdaderos pobres de Cristo y esposos de dama Pobreza. Fundó también la rama femenina de la Orden. Murió en Acquapendente (Lazio) el año 1367.

Beato Juan Francisco Jarrige de la Morelie du Breuil. Nació en Saint-Yrieux (Francia) el año 1752. Entró en el seminario de Limoges en 1776 y poco después recibió la ordenación sacerdotal. Llegada la Revolución Francesa, protestó contra la supresión de los cabildos y se negó a jurar la constitución civil del clero. Por miedo prestó el juramento de igualdad-libertad, pero se retractó poco después, por lo que lo arrestaron y lo condenaron como sacerdote refractario. Lo embarcaron en el pontón Les Deux Associés, frente a la costa de Rochefort, y allí murió en 1794 a causa de las miserias padecidas.

Beato Miguel Ozieblowski. Nació en Izdebno (Polonia) el año 1900 en el seno de una familia obrera y numerosa. A los 22 años ingresó en el seminario; contrajo la tuberculosis y tuvo que salir; pero más tarde pudo volver, se ordenó de sacerdote en Varsovia el año 1938 y empezó su ministerio parroquial. En octubre de 1941 fue detenido por los nazis y fue a parar al campo de concentración de Dachau en Baviera (Alemania). No pudo soportar los malos tratos, el hambre y los trabajos forzados, y murió de agotamiento el 31 de julio de 1942.

Beatos Nazario del Sagrado Corazón y 6 compañeros mártires, Carmelitas Descalzos. El convento de los Carmelitas Descalzos de Toledo era la sede del Colegio Teológico de la Provincia de la Orden en Castilla. La comunidad estaba compuesta en 1936 por 10 sacerdotes, 8 estudiantes jóvenes y 3 hermanos que atendían la casa y la iglesia. El 21-VII-1936, iniciada la persecución religiosa, los religiosos tuvieron que dejar el convento y buscar refugio en familias amigas. Pero los milicianos los fueron buscando y fusilando a medida que los encontraban. Estos siete fueron martirizados el 31-VII-1936 en Toledo. Nazario del Sagrado Corazón nació en Castilfalé (León) en 1901, profesó en 1917 y se ordenó sacerdote en 1923. Tanto en España como en Cuba (1926-1929) desarrolló un gran apostolado. En 1936 fue destinado a Toledo como maestro de los estudiantes de teología. Pedro José de los Sagrados Corazones nació en Valdeprado (Soria) en 1861. Fue maestro de escuela, en 1885 fue ordenado sacerdote, y profesó como carmelita en 1895. Ejerció el ministerio en varios destinos; estuvo 6 años en Cuba. Desde 1924 fue profesor de moral, derecho y liturgia en Toledo. Ramón de la Virgen del Carmen nació en Calahorra (Logroño) en 1896, profesó en 1914 y fue ordenado sacerdote en 1922. Fue profesor de humanidades, patrología, historia de la Iglesia y teología espiritual en colegios de la Orden. Destacó en el apostolado hacia los niños. Melchor del Niño Jesús nació en San Pedro de Cansoles (Palencia) en 1914, hizo la profesión solemne en febrero de 1936 y recibió las órdenes menores en junio y julio de 1936. Félix de la Virgen del Carmen nació en Valladolid el año 1912, hizo la profesión solemne en 1933 y recibió las órdenes menores en junio y julio de 1936. Plácido del Niño Jesús nació en Madrid el año 1912, ingresó en el noviciado carmelitano en 1930, hizo la profesión solemne y recibió las órdenes menores en julio y agosto de 1936. Daniel de la Sagrada Pasión nació en Pontevedra el año 1908. De joven ocupó un puesto de músico en la banda del Regimiento de Zaragoza, con guarnición en Santiago de Compostela. Profesó como hermano en los carmelitas en 1933. En Toledo era portero del convento.

Beatos Prudencio de la Cruz Gueréquiz y Segundo de Santa Teresa García. Los dos eran religiosos Trinitarios que residían en el Santuario de la Virgen de la Cabeza en Andújar (Jaén) cuando estalló en España la persecución religiosa. El 28-VII-1936 fueron detenidos con el resto de la comunidad y enviados a Andújar, donde se hospedaron en un domicilio particular. El 31-VII-1936 fueron sacados por la fuerza de dicho domicilio y, mientras iban por la calle del Hoyo, fueron asesinados a tiros, por la espalda. Prudencio nació Rigoitia (Vizcaya) en 1883. Hizo su profesión simple en 1899 y fue ordenado sacerdote en 1905. Fue profesor de primera enseñanza, también de teología, y director espiritual de su noviciado. Segundo nació en Barrios de Nistoso (León) en 1891. Emitió su primera profesión en 1907, estudió filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma (1907-1910), cayó enfermo y volvió a España, y en Madrid recibió la ordenación sacerdotal en 1914. Estuvo cuatro años en Argentina. Se dedicó sobre todo a la enseñanza.

Beato Victorio Anglés Oliveras. Nació en Sentmanat (Barcelona) en 1887. De joven ingresó en los Hermanos de las Escuelas Cristianas. A partir de 1906 desarrolló su apostolado en los centros a que lo destinaron. Cuando se desató la persecución religiosa estaba en Manlleu (Barcelona). Buscó refugio en una casa particular y después en un caserío muy escondido. La noche del 31 de julio de 1936 una multitud de milicianos rodeó la propiedad para registrar la casa. Lo detuvieron, y lo asesinaron a tres kilómetros del lugar, en Pruit, entre los km 37 y 38 de la carretera de Vich a Olot, y lo dejaron en la carretera.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

De la Carta a los Romanos: «Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno. Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad» (Rom 12,9-13).

Pensamiento franciscano:

De la Regla de san Francisco: «Temed y honrad, alabad y bendecid, dad gracias y adorad al Señor Dios omnipotente en Trinidad y Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas. Haced penitencia, haced frutos dignos de penitencia, porque pronto moriremos. Dad y se os dará. Perdonad y se os perdonará. Y, si no perdonáis a los hombres sus pecados, el Señor no os perdonará los vuestros; confesad todos vuestros pecados. Bienaventurados los que mueren en penitencia, porque estarán en el reino de los cielos» (1 R 21,2-7).

Orar con la Iglesia:

Adoremos a Cristo, el Dios santo, y pidámosle que nos enseñe a servirle y a darle gloria con santidad y justicia:

-Señor Jesús, probado en todo como nosotros, menos en el pecado, compadécete de nuestras debilidades.

-Señor Jesús, que a todos nos llamas a la perfección del amor, danos el progresar por caminos de santidad y buenas obras.

-Señor Jesús, que quieres que seamos sal de la tierra y luz del mundo, ilumina nuestras vidas con tu propia luz.

-Señor Jesús, que viniste al mundo para servir y no para que te sirvieran, haz que sepamos servirte a ti y a nuestros hermanos con humildad.

-Señor Jesús, que nos dijiste que no impidiéramos a los pequeños acercarse a ti, concédenos que con nuestras obras les facilitemos el encuentro contigo.

Oración: Dios Padre de bondad, acoge las peticiones que te hemos presentado confiados en la intercesión de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

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IGNACIO, CONTEMPLATIVO EN LA ACCIÓN
Beato Juan Pablo II, Ángelus del día 28-VII-1991

1. Se acerca la fiesta de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Echando una mirada al conjunto de la obra que llevó a cabo, podemos preguntarnos: ¿cuál fue el secreto de la extraordinaria influencia ejercida por este campeón de la Reforma católica? La respuesta no deja lugar a dudas: hay que buscar ese secreto en su profunda vida interior. Tenía la firme convicción de que el apóstol, todo apóstol, debe mantenerse íntimamente unido a Dios para «dejarse guiar por su mano divina» ( Constituciones, X).

Se atuvo constantemente a este primado de la vida interior, a pesar de los múltiples compromisos y de las diversas ocupaciones que llenaban sus jornadas. Fue, en verdad, «contemplativo en la acción» y así quiso que fueran los miembros de la orden que fundó. En resumidas cuentas, para él la contemplación fue siempre la condición indispensable de todo apostolado fructuoso.

2. La eficacia de esta unión con Dios, alimentada por la oración, está testimoniada por la fecundidad sobrenatural de la acción evangelizadora de los primeros jesuitas, formados en la escuela de Ignacio y a quienes él mismo envió a las diversas regiones de Europa, a Asia -hasta el extremo Oriente- y a las nuevas tierras de América.

Tanto los religiosos jesuitas como los cristianos más generosos y abiertos a la acción apostólica han de tener presente, con celo atento, este testimonio nobilísimo. La misión de difundir el Evangelio es compleja y exigente. Por eso, es necesario reafirmar que la urgencia de los compromisos apostólicos no debe llevarnos a olvidar la necesidad primaria de la oración y la contemplación. La Iglesia, hoy más que ayer, tiene necesidad de apóstoles que sepan ser, como san Ignacio, contemplativos en la acción.

A la Virgen María, que como verdadera contemplativa conservaba y meditaba en su corazón los misterios de su Hijo Jesús, le pedimos que alimente en nosotros el espíritu de oración, a fin de que nuestro testimonio cristiano sea creíble, convincente y, por tanto, espiritualmente fecundo.

Del Discurso del Santo Padre Benedicto XVI 
a los miembros de la Compañía de Jesús (22-IV-2006)

Queridos padres y hermanos de la Compañía de Jesús:

San Ignacio de Loyola fue, ante todo, un hombre de Dios, que en su vida puso en primer lugar a Dios, su mayor gloria y su mayor servicio; fue un hombre de profunda oración, que tenía su centro y su cumbre en la celebración eucarística diaria. De este modo, legó a sus seguidores una herencia espiritual valiosa, que no debe perderse ni olvidarse. Precisamente por ser un hombre de Dios, san Ignacio fue un fiel servidor de la Iglesia, en la que vio y veneró a la esposa del Señor y la madre de los cristianos. Y del deseo de servir a la Iglesia de la manera más útil y eficaz nació el voto de especial obediencia al Papa, que él mismo definió como «nuestro principio y principal fundamento» ( MI, Serie III, I, p. 162).

Que este carácter eclesial, tan específico de la Compañía de Jesús, siga estando presente en vuestras personas y en vuestra actividad apostólica, queridos jesuitas, para que podáis responder con fidelidad a las urgentes necesidades actuales de la Iglesia. Entre estas me parece importante señalar el compromiso cultural en los campos de la teología y la filosofía, ámbitos tradicionales de presencia apostólica de la Compañía de Jesús, así como el diálogo con la cultura moderna, la cual, si por una parte se enorgullece de sus admirables progresos en el campo científico, por otra sigue fuertemente marcada por el cientificismo positivista y materialista.

Ciertamente, el esfuerzo por promover en cordial colaboración con las demás realidades eclesiales una cultura inspirada en los valores del Evangelio requiere una intensa preparación espiritual y cultural. Precisamente por eso, san Ignacio quiso que los jóvenes jesuitas se formaran durante largos años en la vida espiritual y en los estudios. Conviene que esta tradición se mantenga y se refuerce, teniendo en cuenta también la creciente complejidad y amplitud de la cultura moderna.

Otra gran preocupación suya fue la educación cristiana y la formación cultural de los jóvenes: de ahí el impulso que dio a la institución de los «colegios», los cuales, después de su muerte, se difundieron por Europa y por todo el mundo. Continuad, queridos jesuitas, este importante apostolado, manteniendo inalterado el espíritu de vuestro fundador.

Al hablar de san Ignacio, no puedo por menos de recordar a san Francisco Javier: no sólo su historia se entrelazó durante largos años en París y Roma, sino también un único deseo -se podría decir una única pasión- los impulsó y sostuvo en sus vicisitudes humanas, por lo demás diferentes: la pasión de dar a Dios trino una gloria cada vez mayor y de trabajar por el anuncio del Evangelio de Cristo a los pueblos que no lo conocían.

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EXAMINAD SI LOS ESPÍRITUS PROVIENEN DE DIOS
De los hechos de san Ignacio de Loyola recibidos
por Luis Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo (Cap 1,5-9)

Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que tenía por título Flos sanctórum, escritos en su lengua materna.

Con la frecuente lectura de estas obras, empezó a sentir algún interés por las cosas que en ellas se trataban. A intervalos volvía su pensamiento a lo que había leído en tiempos pasados y entretenía su imaginación con el recuerdo de las vanidades que habitualmente retenían su atención durante su vida anterior.

Pero, entretanto, iba actuando también la misericordia divina, inspirando en su ánimo otros pensamientos, además de los que suscitaba en su mente lo que acababa de leer. En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo:

«¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?».

Y, así, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distraído por cualquier motivo, volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta sucesión de pensamientos duró bastante tiempo.

Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la realidad, se sentía triste y árido de espíritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no sólo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales pensamientos lo dejaban lleno de alegría. De esta diferencia él no se daba cuenta ni le daba importancia, hasta que un día se le abrieron los ojos del alma y comenzó a admirarse de esta diferencia que experimentaba en sí mismo, que, mientras una clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre. Y así fue como empezó a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. Más tarde, cuando se dedicó a las prácticas espirituales, esta experiencia suya le ayudó mucho a comprender lo que sobre la discreción de espíritus enseñaría luego a los suyos.

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FIESTA DEL PERDÓN,
INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA 
De la Homilía de Fr. José Rodríguez Carballo,
Ministro general OFM (Asís-Porciúncula, 1-VIII-2010)

Estimados hermanos y hermanas: ¡El Señor os dé la paz!

Reflejo del amor trinitario de Dios, el perdón es participación en la victoria de Cristo sobre la muerte. La última palabra en la vida del hombre, su última verdad es siempre el amor de Dios. El hombre es antes que nada, el amado por el Padre que no duda en donar al Hijo para que la humanidad vuelva a la plena comunión con Dios, con los otros y con la creación misma, querida por el Creador desde los inicios. En este sentido podemos decir que «la iglesia es una comunidad de pecadores convertidos, que viven la gracia del perdón, transmitiéndola a su vez a los otros» (J. Ratzinger).

El perdón, del que sentimos la necesidad, nos llega hoy a través de la Indulgencia de la Porciúncula obtenida por Francisco directamente del Papa para mandarnos a todos al Paraíso. Francisco, que había experimentado en su vida la misericordia del Señor, como él mismo confiesa en su Testamento, quiere que todos hagamos esta misma experiencia. Lo específico de esta Indulgencia es su gratuidad. Contrariamente a cuanto sucedía entonces con otras Indulgencias, esta es gratuita. Por esto podemos decir que es la Indulgencia de los pobres, de quien no podía ir a Jerusalén o a Santiago de Compostela. El gran corazón de Francisco no quiere dejar a nadie sin la posibilidad de ir al cielo, sin la posibilidad de ser perdonado.

Estimados hermanos y hermanas, convocados para gustar y celebrar la gracia del perdón, somos igualmente llamados a redescubrir el amor de Dios y a compartir este amor-perdón con los otros. Efectivamente, estas son las actitudes necesarias para participar plenamente en la fiesta del perdón. Lo primero como condición para gustar el perdón, lo segundo como consecuencia de sentirse perdonados.

Quien no es consciente de que Dios lo ama ¿cómo podrá celebrar y hacer fiesta por el perdón? Pero ni siquiera podrá jamás sentir lo que significa el pecado. Son los santos, como Francisco, los que, por sentirse realmente amados, se sienten también perdonados y sienten la urgencia de romper con toda situación de pecado, por pequeña que sea. Cuando Francisco en el monte Alverna grita: El amor no es amado, el amor no es amado, lo hace porque ha experimentado el gran amor que Dios tiene por la humanidad y la insuperable distancia entre el amor de Dios y el amor del hombre. Y cuando afirma en su Testamento «cuando estaba en pecado», no lo dice por humildad, sino que lo dice sintiendo que es real, y lo es, teniendo presente el amor sin límites de Dios por él. Por otro lado, sentirse perdonados nos pone delante de una exigencia de perdonar sin límites: setenta veces siete. Por esto, el Señor, en la versión que Lucas nos ofrece del Padrenuestro, nos enseña a orar así: Perdónanos como nosotros perdonamos. Quien se siente perdonado llega a ser necesariamente apóstol del perdón y de la reconciliación. Nos lo enseña Francisco en su compromiso por reconciliar al obispo y al podestá de Asís, el lobo y la ciudad de Gubbio, etc.

Hermanos y hermanas, amigos todos, celebrando la solemnidad de Santa María, Reina de los Ángeles, celebramos a Aquella a la cual la liturgia aplica el elogio que el libro del Sirácida hace de la Sabiduría. Guiados por esta actualización litúrgica, María es la madre del amor hermoso y del temor, del conocimiento y de la santa esperanza. En Ella se encuentra toda gracia de verdad y el camino, toda esperanza de vida y virtud. Ella es la llena de gracia, como la llama el ángel, cuya memoria perdurará por todos los siglos. Ella es la mujer de la cual nace el Hijo de Dios para rescatar a todos cuantos estábamos bajo la ley del pecado. Ella es la discípula fiel que ha encontrado gracia delante de Dios, porque ha concebido al Hijo primeramente por la fe, antes que en la carne. Ella es la Virgen hecha iglesia, palacio, tabernáculo, casa, vestidura, sierva y Madre de Dios, como le canta el padre san Francisco (SalVM).

Siguiendo el consejo del libro del Sirácida, acerquémonos a Ella, y la Madre de misericordia nos conducirá al Hijo para gustar cuán bueno es el Señor. Y entonces también nosotros encontraremos gracia ante Dios y volviendo a entrar en nosotros mismos, nos pondremos en camino y volveremos a la casa del Padre. Él tendrá compasión de nosotros, saldrá a nuestro encuentro y abrazándonos nos acogerá con gran alegría, porque un pecador se ha arrepentido. Así iniciará la fiesta, la fiesta del perdón, de aquel que estaba muerto y ha vuelto a la vida, de quien estaba perdido y ha sido encontrado, la fiesta de todos nosotros que reconociendo nuestro pecado nos sentimos amados, perdonados y reconciliados. La fiesta del perdón consiste justo en esto: sentir a un Dios al que confesamos como AMOR.

Que la Reina de los Ángeles, medianera de todas las gracias, y el padre san Francisco nos obtengan del Señor la gracia de hacer esta experiencia cada vez que, a causa de nuestra debilidad, nos sentimos pecadores.



































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