sábado, 29 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 30 DE JULIO

 

SAN PEDRO CRISÓLOGO, obispo y doctor de la Iglesia. Nació hacia el año 380 en Imola (Emilia-Romaña, Italia), y entró a formar parte del clero de aquella ciudad. El año 424 fue elegido obispo de Ravena, e instruyó a su grey, de la que era pastor celosísimo, con su ejemplo y con abundantes sermones y escritos; poseemos unos 180 sermones suyos. Mantuvo unas fructíferas relaciones con la emperatriz Gala Plácida, con los obispos de su tiempo y sobre todo con el papa san León Magno. El título de Crisólogo, "palabra de oro", le fue dado en consonancia con la erudición y elocuencia de sus sermones. Murió en Imola el 31 de julio, hacia el año 450. -Oración: Señor Dios, que hiciste de tu obispo san Pedro Crisólogo un insigne predicador de la Palabra encarnada, concédenos, por su intercesión, guardar y meditar en nuestros corazones los misterios de la salvación y vivirlos en la práctica con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN LEOPOLDO MANDIC DE CASTELNOVO. [Murió el 30 de julio, pero la Familia franciscana celebra su memoria el 12 de mayo] Nació en Castelnovo de Càttaro o Herceg-Novi (Croacia) en 1866. Todavía joven se sintió llamado por Dios a trabajar por la unidad de los Ortodoxos a la Iglesia católica. Para ello se trasladó a la región de Venecia e ingresó en el noviciado de los capuchinos. Ordenado de sacerdote, pidió permiso para marchar a misiones, pero nunca se lo concedieron por su frágil constitución física y su delicado estado de salud, así como un pequeño defecto de pronunciación que le hacía penosa la predicación. Se dedicó a las diversas tareas que le encomendaron los superiores, hasta centrarse en el ministerio de la confesión. Durante cuarenta años estuvo siempre dispuesto a acoger, escuchar, consolar y reconciliar a innumerables penitentes en Padua, donde murió el 30 de julio de 1942. Juan Pablo II lo canonizó en 1983, durante la celebración del Sínodo de los obispos sobre «la Reconciliación». - Oración: Oh Dios, caridad verdadera y suma unidad, tú has adornado al presbítero san Leopoldo con la virtud de una insigne misericordia para con los pecadores y lo has colmado de celo por la unidad de los cristianos; concédenos por su intercesión que también nosotros, con el corazón y el espíritu renovados, extendamos a todos tu caridad y busquemos llenos de confianza la unidad de los creyentes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SANTA MARÍA DE JESÚS SACRAMENTADO VENEGAS DE LA TORRE. Nació en Zapotlanejo (Jalisco, México) en 1868, en el seno de una familia sencilla y numerosa. En 1905, después de unos ejercicios espirituales, decidió formar parte del incipiente grupo que luego fue la Congregación de Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, de la que es considerada fundadora, cuyos miembros se dedicaban al cuidado de los enfermos en Guadalajara. Se distinguió por su humildad, sencillez, trato afable con las hermanas, enfermos y personas en general, caridad inmensa bebida de la fuente del Corazón de Jesús, a quien profesó especial devoción. En 1921 fue elegida Superiora General y poco después escribió las Constituciones de su congregación. Fundó numerosos hospitales e instituciones para los pobres. Durante más de 50 años se dedicó al cuidado de los enfermos en un pequeño hospital para pobres. Murió en Guadalajara (Jalisco) el 30 de Julio de 1959. Fue canonizada por Juan Pablo II el año 2000.



BEATO RICARDO PLA ESPÍ. Nació en Agullent (Valencia) en 1898. Ingresó muy joven en el seminario de Valencia. En 1915 marchó al Colegio Español de Roma para estudiar en la Universidad Gregoriana, en la que se doctoró en Filosofía. Ordenado sacerdote en Roma el 19-III-1922, regresó a su diócesis. El arzobispo, don Enrique Reig, lo nombró su familiar y profesor del seminario. Cuando Mons. Reig, nombrado cardenal, marchó a su nueva diócesis de Toledo, se llevó consigo a Ricardo como secretario y mayordomo; siempre fue su persona de confianza. Fue secretario de estudios de la facultad de filosofía, capellán mozárabe de la catedral primada, consiliario de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, etc. Destacó por su amor a la Eucaristía. Sus sermones eran claros y profundos y, proclamada la República en 1931, habló con frecuencia y claridad del camino de la recta fe que, en aquellas circunstancias, llevaba al martirio. Fue arrestado en Toledo apenas desatada la persecución religiosa; lo fusilaron el 30-VII-1936.

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Santos Abdón y Senén. Son dos mártires que, en el siglo III, fueron inmolados en Roma y enterrados en el cementerio de Ponciano en la Vía Portuense. Una leyenda posterior dice que eran nobles persas, que fueron llevados como esclavos a Roma y que allí ejercieron una gran caridad para con sus compañeros de prisión cristianos.

Santa Godeleva. Nació en Boulogne (Francia) hacia el año 1050 de familia noble. A los 18 años contrajo matrimonio con el señor de Ghistelles (Bélgica), que le daba muy mala vida, situación agravada por la crueldad de la suegra; Godeleva lo soportaba con paciencia y bondad. El marido se separó de ella, pero la curia episcopal no encontró motivo que justificara tal separación, y le mandó volver con su mujer. Entonces él hizo que dos criados acabaran con la vida de la joven esposa el año 1070. El pueblo la tuvo enseguida por mártir.

San José Yuan Gengyin. Era un seglar chino, cristiano fervoroso, que ejercía su oficio de vendedor en el mercado de su pueblo Daying, provincia de Hebei (China), donde fue asesinado por los bóxers el año 1900 por confesar sin titubeos su fe en Cristo.

Santa Julita. Mártir que fue quemada viva en Cesarea de Capadocia (Turquía), el año 303, por rechazar con firmeza la orden del juez de ofrecer incienso a los dioses.

Santas Máxima, Domitila y Segunda . Jóvenes vírgenes y mártires de Tebourba (Túnez) el año 304. Las dos primeras, durante la persecución del emperador Diocleciano, rechazaron sin amedrentarse la orden imperial que mandaba sacrificar a los ídolos, por lo que, juntamente con la niña Segunda, en cumplimiento de la sentencia del procónsul Anulino, fueron arrojadas primero a las fieras y después decapitadas.

San Orso. Fue obispo de Auxerre (Francia) en el siglo VI.

Beatos Agustín Mª García y 6 compañeros mártires, Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle). Desatada la persecución religiosa, el 30 de julio de 1936 un grupo de milicianos comunistas se presentaron en la casa de la librería Bruño, o Procuradoría de Madrid, de los hermanos de la Salle, detuvieron a cuantos religiosos encontraron, los condujeron a la Casa de Campo y allí los fusilaron. Agustín Mª García nació en Vellisca (Cuenca) en 1877. Profesó en 1895; estuvo un tiempo fuera de la congregación. Fue 19 años profesor del escolasticado. Anselmo Pablo Solas del Val nació en Briviesca (Burgos) en 1890. Fue excelente pedagogo, sabio profesor y competente escritor. Braulio José González nació en Villovieco (Palencia) en 1890. Se distinguió por la exacta observancia religiosa y por su entrega a la misión docente, en la que superó sus dificultades iniciales. Oseas Álvarez nació en Santa Cruz de la Salceda (Burgos) en 1890. Tuvo mucha dificultad para los estudios, pero era piadoso y muy sensato. Desempeñó casi siempre el oficio de cocinero. Norberto José Díaz de Zárate nació en Murua-Cogoitia (Álava) en 1892. Fue muchos años docente y en 1935 lo nombraron cajero de la librería Bruño. Crisólogo Sanz nació en Pamplona en 1880. Fue profesor y director en muchas escuelas. De carácter juvenil, dinámico, sereno. Esteban Vicente Herrero nació en La Serna (León) en 1883. Se dedicó a trabajos manuales: ropería, zapatería, huerta, cocina.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Alejandro Antonio Arraya y Alfeo Bernabé Núñez mártires, Hermanos de las Escuelas Cristianas. Al estallar la persecución religiosa, se encontraban en Madrid en viaje de promoción vocacional. Cuando se restableció la comunicación con Barcelona, tomaron el tren, bajaron en Tarragona y se dirigieron a su colegio; en el trayecto los milicianos los reconocieron como religiosos y los mataron a tiros. Era el 31 de julio de 1936. Alejandro Antonio nació en Monasterio de Rodilla (Burgos) en 1908. Profesó en 1925 y ejerció el apostolado en varios colegios. En el ministerio de la clase se mostró muy eficaz, celoso y competente. En 1935 hizo el servicio militar en Manresa; no ocultó su condición de religioso y se ganó el respeto de todos. Alfeo Bernabé nació en Santa María del Invierno (Burgos) en 1902. Profesó en 1920 y, mejor dotado para el trabajo manual que para el estudio, lo enviaron a Cambrils, para trabajos manuales. Hizo el servicio militar viviendo en Cuba, donde se manifestó como un excelente profesor de los más pequeños.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Braulio María Corres Díaz de Cerio y compañeros mártires. En Calafell, el 30 de julio de 1936, en la persecución religiosa desatada durante la guerra civil española, fueron inmolados, por odio a la fe y a la profesión religiosa, quince miembros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, pertenecientes a la comunidad del Sanatorio de San Juan de Dios de Calafell, cerca de Tarragona (España). Éstos son sus nombres: Sacerdotes: Braulio María Corres Díaz de Cerio, nacido en Torralba del Río (Navarra) en 1897, maestro de novicios; Julián Carrasquer Fos, nacido en Sueca (Valencia) en 1881, superior de la comunidad. Religiosos profesos: Eusebio Forcades Ferraté, nacido en Reus (Tarragona) en 1875; Constancio Roca Huguet, nacido en San Sadurní de Noya (Barcelona) en 1895; Benito José Labre Mañoso González, nacido en Lomoviejo (Valladolid) en 1879; Vicente de Paúl Canelles Vives , nacido en Onda (Castellón de la Plana) en 1894. Novicios: Tomás Urdánoz Aldaz, nacido en Echarri (Navarra) en 1903; Rafael Flamarique Salinas, nacido en Mendivil (Navarra) en 1903; Antonio Llauradó Parisi, nacido en Reus (Tarragona) en 1910; Manuel López Orbara, nacido en Puente la Reina (Navarra) en 1913; Ignacio Tejero Molina, nacido en Monzalbarba (Zaragoza) en 1916; Enrique Beltrán Llorca, nacido en Villarreal (Castellón de la Plana) en 1899; Domingo Pitarch Gurrea , nacido en Villarreal (Castellón de la Plana) en 1909; Antonio Sanchis Silvestre, nacido en Villamarchante (Valencia) en 1910; y Manuel Jiménez Salado, nacido en Jerez de la Frontera en 1907.

Beato Cayetano José Palos Gascón. Nació en Forcall (Castellón) en 1885. En 1908 ingresó en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle). Comenzó a ejercer su ministerio en 1910, en Teruel. Cuando se desencadenó la persecución religiosa, él era ecónomo del colegio de la Bonanova en Barcelona. El 30 de julio de 1936 lo llamaron los milicianos para pedirle explicaciones sobre algunas dependencias del Colegio. Lo fusilaron aquel mismo día en Pedralbes (Barcelona). En la ficha del depósito de cadáveres constaba que había muerto por heridas de bala en la cabeza, cuello y pecho

Beatos Constancio de San José y José María de la Virgen Dolorosa, Carmelitas Descalzos. El convento de los Carmelitas Descalzos de Toledo era la sede del Colegio Teológico de la Provincia de la Orden en Castilla. La comunidad estaba compuesta en 1936 por 10 sacerdotes, 8 estudiantes jóvenes y 3 hermanos que atendían la casa y la iglesia. El 21-VII-1936, iniciada la persecución religiosa, los religiosos tuvieron que dejar el convento y buscar refugio en familias amigas. Pero los milicianos los fueron buscando y fusilando a medida que los encontraban. Estos dos fueron martirizados el 30-VII-1936 en Cabañas de la Sagra (Toledo). Constancio de San José nació en Las Heras (Palencia) en 1914, profesó en 1930, completó los estudios de teología en el Teresianum de Roma, regresó a España en 1935 y fue a terminar sus estudios en Toledo. Allí, hecha la profesión solemne, se ordenó de subdiácono el 6-VI-1936. José María de la Virgen Dolorosa nació en Fondón (Almería) en 1901, profesó como hermano en 1928. Ejerció el oficio conventual de portero y sobre todo de cocinero. De carácter sumamente alegre.

Beatos Eduardo Powell, Ricardo Featherstone y Tomás Abel. Son tres sacerdotes ingleses, doctores en teología, que no aprobaron el divorcio de Enrique VIII ni aceptaron su supremacía religiosa. Por eso, después de años de cárcel en la Torre de Londres, fueron ahorcados y descuartizados en Smithfield, Londres. Eduardo nació en Gales en 1478, se doctoró en teología en Oxford y consiguió varios beneficios canonicales; se opuso a la reforma propugnada por Lutero, por lo que lo felicitó Enrique VIII. Ricardo consiguió el doctorado en teología en Cambridge, fue arcediano de Brecon y lo llamaron para profesor de la princesa María. Tomás estudió en Oxford y se especializó en Artes. Fue capellán de Catalina de Aragón.

Beatos Jaime Puig y Sebastián Llorens. El P. Jaime Puig nació en Terrassa (Barcelona) en 1908. De joven ingresó en la congregación Hijos de la Sagrada Familia. Fue ordenado sacerdote en 1932. Era superior y director del colegio Santa María, de Blanes (Gerona), cuando estalló la persecución religiosa. Se refugió en casa del exalumno Sebastián Llorens. El 30 de julio de 1936, cuando después de un largo y cruel interrogatorio se dirigía a casa, acompañado por Sebastián Llorens, fueron asesinados los dos por los milicianos a las afueras de Blanes. Sebastián Llorens nació en Tordera (Barcelona) en 1909. Seglar, estudioso, trabajador del campo, apóstol de la juventud. Puso a salvo la imagen milenaria de la patrona de Blanes. Compartió el martirio con el P. Jaime Puig. Beatificados el 13-X-2013.

Beatos José María Muro Sanmiguel, Joaquín Prats Baltueña y Zósimo Izquierdo Gil. Los tres fueron martirizados en Castelserás, localidad de la provincia de Teruel (España), por los milicianos, el 30 de julio de 1936, sin más motivo que su condición de religiosos y sacerdotes. José María , nació en Tarazona (Zaragoza) en 1905. En su juventud ingresó en el seminario diocesano y se ordenó de sacerdote en 1928. Después de ejercer el ministerio parroquial en varios destinos, ingresó en la Orden de Predicadores en 1934 y lo destinaron a la comunidad de Calanda (Teruel). Joaquín nació en Zaragoza en 1915. En septiembre de 1935 solicitó en Calanda ser admitido en la Orden de Predicadores, y comenzó el noviciado. Zósimo nació en Villahermosa del Campo (Teruel) en 1895. Ingresó en el seminario diocesano de Zaragoza y se ordenó de sacerdote en 1920. Estuvo ejerciendo el ministerio parroquial hasta que, llegada la persecución, lo detuvieron a la puerta de su casa.

Beato Manés de Guzmán . Nació en Caleruega (Burgos) antes de 1070, año en que nació su hermano santo Domingo. Cuando éste fundó la Orden de Predicadores, Manés, ya sacerdote, ingresó en la misma. Colaboró en la propagación de la Orden y fue un sabio consejero de las monjas dominicas. Se le encomendó la fundación del convento de París y luego estuvo en Madrid para encargarse de la dirección de sus religiosas. Fue un predicador fervoroso, humilde y jovial. Murió en Caleruega o en Gumiel de Izán hacia el año 1236. El Martirologio Romano antes lo conmemoraba el 18 de agosto, y ahora el 30 de julio.

Beata María Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco. Nació en Cotija (Michoacán, México) el año 1867. A los 25 años cayó enferma y la llevaron a un hospital de Guadalajara en el que, mientras era atendida, decidió consagrarse a Dios en la atención a los enfermos. En 1892 entró en el hospital como enfermera y en 1897 hizo votos privados con el propósito de fundar una congregación religiosa, y en efecto la fundó en Guadalajara el año 1905 con el nombre de Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres, que, contando sólo con la ayuda de Dios y de la Providencia, cuidaban a los enfermos y a los pobres. Tuvo que sortear los problemas de la persecución religiosa que azotó a la Iglesia de México. Murió en Guadalajara el año 1949.

Beato Magín Pedro. Nació en Els Omells de na Gaia (Lérida) en 1918. Vistió el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 2-II-1935. Aunque sólo era escolástico, tuvo que salir de Cambrils cuando estalló la persecución religiosa. Fue detenido en Tarragona y encerrado en el barco-prisión "Río Segre", pero sus padres lo sacaron por ser menor de edad. Llamado al servicio militar, alguien lo denuncio en el cuartel como religioso. Lo encerraron junto con dos de sus hermanos carnales muy religiosos, y el 30 de julio de 1938 los fusilaron en Juncosa (Lérida). Beatificado el 13-X-2013.

Beato Sergio Cid Pazo. Nació en Allariz (Orense) el año 1886. De joven ingresó en la Sociedad Salesiana y se ordenó de sacerdote en 1912. En seguida lo destinaron a Sarriá como catequista y animador religioso de los estudiantes. Era un sacerdote celoso y muy estimado. El día en que estalló la guerra civil de España, en la homilía habló con entusiasmo del martirio por causa de Jesucristo. Tuvo que dejar la casa religiosa, y cuando lo detuvieron los milicianos en un tranvía y le preguntaron, manifestó que era sacerdote salesiano. Lo fusilaron aquel mismo día, 30 de julio de 1936, a las afueras de Barcelona, después de perdonar él a sus verdugos.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

«Dice el Señor: Convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor Dios vuestro, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo» (Joel 2,12-13).

Pensamiento franciscano:

Oración de san Francisco: «Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, te damos gracias porque, así como por tu Hijo nos creaste, así, por el santo amor con que nos amaste, hiciste que Él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen la beatísima santa María, y que nosotros fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte» (1 R 23,3).

Orar con la Iglesia:

Con filial confianza dirijamos nuestra oración al Padre, fuente de la verdad y del bien:

-Para que la Iglesia, fiel al encargo de Jesús, proclame en todas partes la Buena Nueva de la que es portadora.

-Para que los gobiernos no impidan el anuncio de la Palabra a todas las personas.

-Para que los cristianos escuchemos y acojamos con premura la Palabra del Señor, que es espíritu y vida.

-Para que la semilla del Evangelio caída en nuestro corazón, crezca y dé fruto centuplicado.

Oración: Acoge, Padre, las oraciones que con fe y esperanza te hemos dirigido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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SENTIDO ACTUAL DEL AYUNO PENITENCIAL
De la catequesis del beato Juan Pablo II
en la audiencia general de miércoles 21 de marzo de 1979

He aquí brevemente la interpretación del ayuno hoy día.

La renuncia a las sensaciones, a los estímulos, a los placeres y también a la comida y bebida, no es un fin en sí misma. Debe ser, por así decirlo, allanar el camino para contenidos más profundos de los que «se alimenta» el hombre interior. Tal renuncia, tal mortificación debe servir para crear en el hombre las condiciones en orden a vivir los valores superiores, de los que está «hambriento» a su modo.

He aquí el significado «pleno» del ayuno en el lenguaje de hoy. Sin embargo, cuando leemos a los autores cristianos de la antigüedad o a los Padres de la Iglesia, encontramos en ellos la misma verdad, expresada frecuentemente con lenguaje tan «actual» que nos sorprende. Por ejemplo, dice San Pedro Crisólogo: «El ayuno es paz para el cuerpo, fuerza de las mentes, vigor de las almas», y más aún: «El ayuno es el timón de la vida humana y rige toda la nave de nuestro cuerpo». Y San Ambrosio responde así a las objeciones eventuales contra el ayuno: «La carne, por su condición mortal, tiene algunas concupiscencias propias: en sus relaciones con ella te está permitido el derecho de freno. Tu carne te está sometida (...): no seguir las solicitaciones de la carne hasta las cosas ilícitas, sino frenarlas un poco también por lo que respecta a las lícitas. En efecto, el que no se abstiene de ninguna cosa lícita, está muy cercano a las ilícitas». Incluso escritores que no pertenecen al cristianismo declaran la misma verdad. Esta verdad es de valor universal. Forma parte de la sabiduría universal de la vida.

Ahora ciertamente es más fácil para nosotros comprender por qué Cristo Señor y la Iglesia unen la llamada al ayuno con la penitencia, es decir, con la conversión. Para convertirnos a Dios es necesario descubrir en nosotros mismos lo que nos vuelve sensibles a cuanto pertenece a Dios, por lo tanto: los contenidos espirituales, los valores superiores que hablan a nuestro entendimiento, a nuestra conciencia, a nuestro «corazón» (según el lenguaje bíblico). Para abrirse a estos contenidos espirituales, a estos valores, es necesario desprenderse de cuanto sirve sólo al consumo, a la satisfacción de los sentidos. En la apertura de nuestra personalidad humana a Dios, el ayuno -entendido tanto en el modo «tradicional» como en el «actual»-, debe ir junto con la oración, porque ella nos dirige directamente hacia Él.

Por otra parte, el ayuno, esto es, la mortificación de los sentidos, el dominio del cuerpo, confieren a la oración una eficacia mayor, que el hombre descubre en sí mismo. Efectivamente, descubre que es «diverso», que es más «dueño de sí mismo», que ha llegado a ser interiormente libre. Y se da cuenta de ello en cuanto la conversión y el encuentro con Dios, a través de la oración, fructifican en él.

Resulta claro de estas reflexiones nuestras de hoy que el ayuno no es sólo el «residuo» de una práctica religiosa de los siglos pasados, sino que es también indispensable al hombre de hoy, a los cristianos de nuestro tiempo. Es necesario reflexionar profundamente sobre este tema.

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EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN
Del Sermón 148 de san Pedro Crisólogo

El hecho de que una virgen conciba y continúe siendo virgen en el parto y después del parto es algo totalmente insólito y milagroso; es algo que la razón no se explica sin una intervención especial del poder de Dios; es obra del Creador, no de la naturaleza; se trata de un caso único, que se sale de lo corriente; es cosa divina, no humana. El nacimiento de Cristo no fue un efecto necesario de la naturaleza, sino obra del poder de Dios; fue la prueba visible del amor divino, la restauración de la humanidad caída. El mismo que, sin nacer, había hecho al hombre del barro intacto tomó, al nacer, la naturaleza humana de un cuerpo también intacto; la mano que se dignó coger barro para plasmarnos también se dignó tomar carne humana para salvarnos. Por tanto, el hecho de que el Creador esté en su criatura, de que Dios esté en la carne, es un honor para la criatura, sin que ello signifique afrenta alguna para el Creador.

Hombre, ¿por qué te consideras tan vil, tú que tanto vales a los ojos de Dios? ¿Por qué te deshonras de tal modo, tú que has sido tan honrado por Dios? ¿Por qué te preguntas tanto de dónde has sido hecho, y no te preocupas de para qué has sido hecho? ¿Por ventura todo este mundo que ves con tus ojos no ha sido hecho precisamente para que sea tu morada? Para ti ha sido creada esta luz que aparta las tinieblas que te rodean; para ti ha sido establecida la ordenada sucesión de días y noches; para ti el cielo ha sido iluminado con este variado fulgor del sol, de la luna, de las estrellas; para ti la tierra ha sido adornada con flores, árboles y frutos; para ti ha sido creada la admirable multitud de seres vivos que pueblan el aire, la tierra y el agua, para que una triste soledad no ensombreciera el gozo del mundo que empezaba.

Y el Creador encuentra el modo de acrecentar aún más tu dignidad: pone en ti su imagen, para que de este modo hubiera en la tierra una imagen visible de su Hacedor invisible y para que hicieras en el mundo sus veces, a fin de que un dominio tan vasto no quedara privado de alguien que representara a su Señor. Más aún, Dios, por su clemencia, tomó en sí lo que en ti había hecho por sí y quiso ser visto realmente en el hombre, en el que antes sólo había podido ser contemplado en imagen; y concedió al hombre ser en verdad lo que antes había sido solamente en semejanza.

Nace, pues, Cristo para restaurar con su nacimiento la naturaleza corrompida; se hace niño y consiente ser alimentado, recorre las diversas edades para instaurar la única edad perfecta, permanente, la que él mismo había hecho; carga sobre sí al hombre para que no vuelva a caer; lo había hecho terreno, y ahora lo hace celeste; le había dado un principio de vida humana, ahora le comunica una vida espiritual y divina. De este modo lo traslada a la esfera de lo divino, para que desaparezca todo lo que había en él de pecado, de muerte, de fatiga, de sufrimiento, de meramente terreno; todo ello por el don y la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, ahora y siempre y por los siglos inmortales. Amén.

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LA ORACIÓN, DESARROLLO
DE LA «VIDA DE PENITENCIA»
por Kajetan Esser - Engelbert Grau, OFM

Aplicaciones (y III)

El oír y gustar una sola vez las palabras y obras del Señor no basta para penetrar en el arte de la meditación; por eso se dice de Francisco: «Leía a las veces en los libros sagrados, y lo que confiaba una vez al alma le quedaba grabado de manera indeleble en el corazón. La memoria suplía a los libros; que no en vano lo que una vez captaba el oído, el amor lo rumiaba con devoción incesante» (2 Cel 102). He aquí el rasgo fundamental de la manera franciscana de meditar: escuchar la palabra de Dios, leerla y considerarla una y otra vez con afecto, rumiarla continuamente; entonces no habrá sido escuchada en balde.

Este afecto, este quedar afectado por la palabra de Dios, tiene que nacer del amor. Y el amor debe abarcar todo el ser y toda la vida para ser un amor auténtico; el auténtico amor a la «Palabra encarnada» es el paso decisivo para el pleno conocimiento de la revelación de Dios: «Aunque este hombre bienaventurado no había hecho estudios científicos, con todo, aprendiendo de Dios la sabiduría que viene de lo alto e ilustrado con las iluminaciones de la luz eterna, poseía un sentido no vulgar de las Escrituras. Efectivamente, su ingenio, limpio de toda mancha, penetraba hasta lo escondido de los misterios, y su afecto de amante entraba donde la ciencia de los maestros no llegaba a entrar» (2 Cel 102).

La meditación debe llevarnos de continuo a una permanencia amorosa en Dios, es decir, a la oración afectiva. El amor es siempre algo que va de persona a persona, una relación entre un yo y un tú; y sólo el amor permite a la meditación desembocar en aquel «diálogo que se da entre la esposa y el esposo» (S. Buenaventura, De triplici via II, 7). En este diálogo con su Señor, «Francisco respondía al Juez, oraba al Padre, conversaba con el Amigo, se deleitaba con el Esposo» (2 Cel 95).

A esta escucha amorosa de Dios y a este diálogo con Dios sigue naturalmente la obediencia amorosa, como se dice de Francisco: «Todo lo demás que había escuchado se esfuerza en realizarlo con la mayor diligencia y con suma reverencia. Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza» (1 Cel 22). Y en otro lugar se dice todavía con mayor plasticidad e intuición: «Con la mayor devoción oraba para que Dios, eterno y verdadero, le dirigiese en sus pasos y le enseñase a poner en práctica su voluntad. Sostenía en su alma tremenda lucha, y, mientras no llevaba a la práctica lo que había concebido en su corazón, no hallaba descanso» (1 Cel 6).

De igual manera, el franciscano debe traducir en obras «lo que ha concebido en su corazón», para convertirse así en un evangelio vivo, pues sólo aquél que por la meditación de Jesucristo consigue llegar a un seguimiento amoroso comprenderá enteramente a Cristo, como ha formulado Tomás de Kempis de manera clásica: «El que quiera comprender e imitar perfectamente las palabras de Cristo, tiene que aspirar a conformar su vida en todo con la vida de Jesús» (Imitación I 1,2). Esta conformidad de la propia vida con la vida de Jesús es, a la inversa, la piedra de toque que nos permite conocer el valor de nuestra oración y de nuestra meditación.

3. Entre la oración y la vida no debe existir ninguna discrepancia. El hombre de «penitencia» no puede llevar una vida «doble». Eso sería deslealtad, hipocresía y temeridad. La oración y la vida, para ser auténticas, han de completarse y potenciarse mutuamente, tanto más cuanto que es Dios, y no el hombre, quien tiene que estar en el centro tanto de la vida como de la oración.

Esta incondicional e ilimitada «escucha» de Dios en la oración y en la vida es exigida sobre todo cuando Dios abre al hombre las puertas que conducen al peldaño más elevado de la oración, la oración contemplativa. Aquí sólo cabe hacer una cosa: dejarse conducir por Dios con absoluta sumisión, permanecer totalmente abiertos a la voz de Dios para que Él actúe según le plazca, bien si quiere elevar al hombre al séptimo cielo de la contemplación, bien si quiere conducirlo a la aridez y sequedad. Para ello debe el hombre haberse vaciado enteramente de sí mismo, pues únicamente en semejante pureza puede tomar Dios posesión de él como quiera: «Por consiguiente -dice Francisco a sus hermanos-, nada de vosotros retengáis para vosotros mismos, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero» (CtaO 29).






















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