viernes, 28 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 29 DE JULIO

 

SANTA MARTA. Era hermana de María y de Lázaro, la familia de Betania amiga de Jesús, en cuya casa el Señor se encontraba muy a gusto. San Juan nos dice que «Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro» (Jn 11,5). Dos escenas del evangelio nos lo evidencian. Marta acogió en su casa a Jesús; éste se entretenía con María; Marta se quejó de la falta de colaboración de su hermana, y entonces escuchó el dulce reproche de Señor que establece la jerarquía de valores: «Marta, Marta, una sola cosa es necesaria» (Lc 10,41-42); Marta hospedó al Señor y le sirvió con esmero. No menos emotivo es el episodio de la resurrección de Lázaro, y el diálogo que la precede entre Jesús y Marta cuando ésta sale a su encuentro y acaba confesando: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo» (Jn 11,27). -Oración: Dios todopoderoso, tu Hijo aceptó la hospitalidad de santa Marta y se albergó en su casa; concédenos, por intercesión de esta santa mujer, servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos y ser recibidos, como premio, en tu casa del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SAN LÁZARO Y SANTA MARÍA DE BETANIA. Son los hermanos de Marta y formaban la familia de Betania tan querida y tan frecuentada por Jesús. El Evangelio de san Juan (Jn 11) narra extensamente la resurrección de Lázaro realizada por Cristo. Ante la muerte de su amigo, Jesús lloró, y los judíos comentaron: «Mirad cómo le quería» (Jn 11,36). A lo que nos dicen los evangelios, se han añadido multitud de leyendas, como la de hacerlo obispo de Marsella, u obispo y mártir de Chipre. Sobre María de Betania los evangelios traen momentos de gran intensidad espiritual, como su diálogo con Jesús momentos antes de la resurrección de Lázaro (Jn 11,28ss), o cuando María ungió los pies de Jesús en Betania antes de la Pasión (Jn 12,1ss), o la escena en que María, también en Betania, estaba sentada a los pies del Señor escuchando su palabra y, cuando Marta se quejó de que su hermana no la ayudaba, Jesús acabó diciéndole: «María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán» (Lc 10,38ss).



SANTOS LUIS MARTIN Y CELIA GUÉRIN . Esposos y padres de santa Teresa del Niño Jesús. Él nació en Burdeos en 1823 y ella en Gandelain en 1831. Los dos eran descendientes de familia militar y se educaron en centros religiosos; él era relojero y ella artesana del «punto de Alençon», un encaje de los más famosos. En su juventud los dos quisieron en vano abrazar la vida religiosa, él en los Agustinos, ella en las Hijas de la Caridad. La relación entre ellos comenzó en Alençon. Tres meses después de su primer encuentro, contrajeron matrimonio el 13 de julio de 1858. Llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oración personal y comunitaria, confesión frecuente, participación en la vida parroquial. Tuvieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron prematuramente. A los 45 años, Celia recibió la noticia de que tenía un tumor en el pecho y pidió a su cuñada Celina que ayudara a su marido en la educación de los más pequeños. Murió el 28 de agosto de 1877. Luis se encontró solo para sacar adelante a su familia. Se trasladó a Lisieux, donde residía la tía Celina. Luis acompañó a cuatro de sus hijas al Carmelo y a una a la Visitación. El sacrificio mayor fue separarse de Teresa, la pequeña, que entró en el Carmelo a los 15 años. Luis tenía una enfermedad que lo fue invalidando hasta llegar a la pérdida de sus facultades mentales. Fue internado en el sanatorio de Caen. Murió en La Musse (Eure) el 29 de julio de 1894. Fueron canonizados los dos juntos el 18-X-2015 y se celebra la memoria de los dos juntos el 13 de julio, aniversario de su boda.

* * *

San Calínico. Sufrió el martirio en Gangra, capital de Paflagonia (en la actual Turquía), en una fecha desconocida del siglo II/III.

San Félix. A este mártir del siglo III/IV se le recuerda en Roma, en el tercer miliario de la Vía Portuense, en el cementerio después dedicado a su nombre.

San Guillermo Pinchón. Nació en Saint-Alban (Bretaña, Francia), de familia campesina, el año 1184. En su juventud abrazó la vocación sacerdotal. Formó parte del clero diocesano de Saint-Brieuc hasta que obtuvo una canonjía en la catedral de Tours. En 1220 lo eligieron obispo de St. Brieuc, ciudad de la que, por oponerse a las pretensiones del duque de Bretaña, estuvo dos años exiliado. Fue un pastor excelente, firme en la defensa de los derechos de la Iglesia, hombre de oración y de vida austera, atento a las necesidades de los pobres y a sus derechos. Murió en St. Brieuc el año 1234.

Santos José Zhang y compañeros mártires. José Zhang Wenlan y Pablo Chen Changpin eran seminaristas, y Juan Bautista Lou Tingyin era el administrador seglar del seminario de Quigyan, en la provincia china de Guizhou. Los soldados detuvieron a los tres y los metieron en una cueva calurosa y húmeda donde sufrieron privaciones y malos tratos. Cuando los llevaban al lugar del suplicio, los soldados reconocieron y detuvieron a Marta Wang Louzhi, viuda, cocinera del seminario, que había llevado ropa a los apresados. Ante su firmeza en la fe, fueron degollados los cuatro en Quigyan el año 1861.

San Lupo de Troyes. Nació en Toul (Alsacia, Francia) hacia el año 383. Contrajo matrimonio con una hermana de san Hilario de Arlés. En el 426, los esposos decidieron abrazar la vida religiosa, y Lupo entró en el monasterio de Lerins, pero meses más tarde fue elegido obispo de Troyes. Sin menoscabo de sus obligaciones pastorales, adoptó la vida austera de los monjes y dedicaba muchas horas a la oración. Fue guía espiritual de los obispos y pastores de la Galia. El año 429 acompañó a san Germán de Auxerre a Gran Bretaña para combatir la herejía pelagiana. Trató de librar a su ciudad del asalto de los hunos de Atila. Murió en Troyes el año 479.

San Olav de Noruega. Nació el año 995. En una expedición de los vikingos a Inglaterra conoció el cristianismo; se bautizó el año 1014 en Rouen. Una vez rey en 1015/1016, hizo cuanto pudo por cristianizar su país organizándolo de acuerdo con las leyes y costumbres cristianas, combatió el paganismo, llevó misioneros ingleses, construyó iglesias, introdujo el derecho eclesiástico anglosajón. En 1028, a raíz de una guerra, tuvo que abandonar Noruega, a la que volvió dos años después, y murió en Nídaros (hoy Trondheim), en una batalla, el año 1030. Enseguida se le tuvo por santo mártir.

San Próspero. Fue obispo de Orleans (Francia) en el siglo V.

Santos Simplicio, Faustino, Viatriz y Rufo . Santos mártires del siglo III/IV, cuya memoria se celebra en Roma, en el cementerio de Generosa.

Beatos Ángel María Prat Hostench y 11 compañeros mártires. Los doce eran religiosos Carmelitas y estaban en la comunidad de Tárrega (Lérida); algunos de ellos eran muy jóvenes. El 29-VII-1936, comenzada la persecución religiosa, los doce fueron fusilados y quemados en el llamado "Clot dels Aubins", a 2 km del municipio de Cervera (Lérida). Indicamos sus nombres, con el lugar y fecha de su nacimiento y algún detalle: Ángel María Prat Hostench, Bañolas (Gerona) 1896, sacerdote, prior del convento de Tárrega y director del Centro de Propaganda de la Orden en Cataluña. Eliseo María Maneus Besalduch, San Mateo (Castellón) 1896, sacerdote, estuvo 12 años en Brasil misionando, fue maestro de novicios en Tárrega. Anastasio María Dorca Coromina, Santa Margarida de Bianya (Gerona) 1907, sacerdote, estuvo un par de años en Polonia, profesor de teología y predicador. Eduardo María Serrano Buj, Villarluengo (Teruel) 1912, ordenado sacerdote el 30-VI-1935, profesor de filosofía. Pedro María Ferrer Marín, Mataró (Barcelona) 1909, profesó el 24-IX-1935 y cursó el primer año de filosofía. Andrés Corsino María Solé Rovira, Vendrell (Tarragona) 1918, profesó el 22-IX-1935 y cursó el primer año de filosofía. Miguel María Soler Sala, Olot (Gerona) 1919, profesó el 22-IX-1935. Juan María Puigmitjá Rubió, Olot (Gerona) 1919, profesó el 22-IX-1935 y estudió el primer año de filosofía. Pedro Tomás María Prat Colldecarrera, Valle de Viaña (Gerona) 1919, profesó el 22-IX-1935 y cursó el primer año de filosofía. Eliseo María Fontdecava Quiroga, Port Bou (Gerona) 1891, profesó el 14-IV-1936, ejerció el oficio de cocinero y limosnero. José María Escoto Ruiz, nació en el rancho "Agua Caliente", del partido judicial de Atotonilco (Jalisco, México), en 1878; contrajo matrimonio en 1926; de acuerdo con su esposa y con indulto apostólico, él ingresó en los Carmelitas de Cataluña y ella en las Salesas de Barcelona; José María vistió el hábito de novicio el 14-X-1935 y esperaba profesar el día de santa Teresa, 15-X-1936. Elías María Garre Ejea, Lorca (Murcia) 1909; a los 24 años decidió abrazar la vida religiosa; vistió el hábito de novicio el 7-V-1936.

Beato Bartolomé Rodríguez Soria. Nació en Riópar (Albacete) en 1894. Entró muy joven en el seminario de Toledo y fue ordenado sacerdote en 1918. Era brillante en los estudios y de conducta ejemplar. Ejerció el ministerio parroquial en varios pueblos. Desde 1926 estuvo de párroco en Munera (Albacete), donde lo martirizaron. El 27-VII-1936 fue detenido y sometido a diversas vejaciones. El día 29 le dieron una gran paliza en su iglesia parroquial, lo subieron al púlpito y lo arrojaron sobre el pavimento; entró en agonía y murió en la misma iglesia.

Beato Carlos Nicolás Antonio Ancel . Nació en Rouen (Francia) el año 1763. Se ordenó de sacerdote en Lisieux el año 1788. Pertenecía a la Sociedad de Jesús y María. Cuando llegó la Revolución Francesa, se negó a prestar el juramento de 1791. Dos años después, ante su nueva negativa, lo embarcaron en el pontón Les Deux Associés, anclado frente a Rochefort, donde murió de enfermedad y miseria en 1794.

Beatos Feliciano Ruiz y 3 compañeros mártires. En 1936, la comunidad de los Maristas de Chinchón (Madrid) la formaban tres hermanos, con los que colaboraba un seglar, cocinero, que quiso correr la misma suerte que los religiosos. El 29-VII-1936, asaltado el colegio por los milicianos, marcharon los cuatro a Madrid para refugiarse en alguno de sus colegios, pero todos habían sido asaltados. Se dirigieron a casa de una de las fundadoras del colegio de Chinchón, y el portero los denunció. Aquel mismo día, 29 de julio de 1936, fueron detenidos y fusilados en la Casa de Campo de Madrid. Feliciano Ruiz nació en Fuencaliente de Lucio (Burgos) en 1884. Profesó en 1901. Después de ejercer su misión docente en muchos de sus colegios, llegó a Chinchón en 1932 para fundar el colegio gratuito del que fue director hasta su muerte. Felipe Neri Zabaleta nació en Artajona (Navarra) en 1899. Tardó en abrazar la vida religiosa porque su padre lo necesitaba para las labores del campo. Hizo el servicio militar en Melilla. Emitió sus primeros votos en 1925. Lo destinaron al colegio de Chinchón en 1933. Era muy devoto del rosario. Herminio Pascual Jaunsarás nació en Irurzun (Navarra) en 1912. Hizo la primera profesión en 1929. En enero de 1936 estaba en Chinchón. Tuvo muchos destinos breves porque le era difícil adaptarse a las exigencias de la enseñanza y porque tenía serias dudas sobre su vocación; en la comunidad de Chinchón superó sus problemas. Julián Aguilar nació en Berge (Teruel) en 1912. Cuando se preparaba para el noviciado en los maristas, un accidente le afectó la vista; consideraron que no podría seguir los estudios. Volvió a su casa y trabajó en el campo. Pidió ser admitido como empleado, y en 1933 lo admitieron en Chinchón.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Joaquín Vilanova Camallonga . Nació en Onteniente (Valencia) el año 1888. Una hermana suya fue abadesa de las clarisas de Cocentaina. Pronto quedó huérfano y cuando quiso entrar en los franciscanos le aconsejaron que esperase para ayudar a sus hermanos. Con ayuda de algunos sacerdotes estudió en el Colegio de San José y en 1920 se ordenó de sacerdote. Ejerció el ministerio en varias parroquias y la gente sencilla lo estimaba, tenía un carácter alegre y era muy caritativo. El 29 de julio de 1936, lo detuvieron los milicianos y lo asesinaron en el término municipal de Ollería (Valencia).

Beato José Calasanz Marqués . Nació en Azanuy, provincia de Huesca (España), el año 1872. Se educó en el colegio de los salesianos en Barcelona, donde conoció a san Juan Bosco. Ingresó en la Sociedad Salesiana, y recibió la ordenación sacerdotal en 1895. Trabajó como buen hijo de Don Bosco en varios colegios de España, Cuba, Perú y Bolivia. En 1925 volvió a Barcelona y lo eligieron inspector o superior provincial. Estaba dando ejercicios en Valencia cuando estalló la guerra civil. Los milicianos lo detuvieron junto con toda la comunidad; pronto lo soltaron, pero poco después lo arrestaron de nuevo y, a la entrada de Valencia, lo mataron de un tiro en la cabeza. Era el 29 de julio de 1936.

Beato Juan Bautista Egozcuezábal Aldaz . Nació en Nuin (Navarra) el año 1882. A los 29 años ingresó en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Estuvo sirviendo a los enfermos en varias comunidades de su Orden antes de ser destinado al asilo-hospital de Barcelona. Al llegar la guerra civil española, sufrió con su comunidad registros y amenazas. Cuando tuvo que dejar el convento, marchó a Esplugas de Llobregat, donde fue reconocido y detenido. Se le mandó que, de rodillas, blasfemara, y si lo hacía le respetarían la vida y, si no, le dispararían. Él guardó silencio y le dispararon. Era el 29 de julio de 1936.

Beatos Lucio Martínez Mancebo y compañeros mártires. Son ocho mártires, que fueron fusilados por los milicianos en Calanda, provincia de Teruel (España), el 29 de julio de 1936, víctimas de la persecución religiosa desatada en España por aquellos años. Siete eran dominicos y uno sacerdote secular. Junto con ellos fueron martirizados otros dominicos, estudiantes o novicios, cuyos cuerpos desaparecieron. Los nombres de los beatos son: Lucio Martínez Mancebo, sacerdote, nacido en Vegas del Contado en 1902; Antonio López Couceiro, sacerdote, nacido en El Ferrol en 1869; Felicísimo Díez González, sacerdote, nacido en Devesa de Curueño en 1907; Saturio Rey Robles , sacerdote, nacido en Devesa de Curueño en 1907; Tirso Manrique Melero, sacerdote, nacido en Alfaro en 1877; Gumersindo Soto Barros , cooperante, nacido en Amil en 1869; Lamberto de Navascués y de Juan, novicio, nacido en Zaragoza en 1911, y Manuel Albert Ginés, sacerdote diocesano, nacido en Calanda en 1867.

Beato Luis Aguirre. Nació en Munguía (Vizcaya) en 1914. De muy niño quedó huérfano de padre y madre, y se educó con las Hijas de la Caridad de Guernica. Era un niño alegre, sencillo, angelical. Transcurridos los años de seminario, emitió sus votos en los Paúles como hermano coadjutor en 1933. A continuación marchó a Alcorisa (Teruel) con la misión de servir en el Colegio Apostólico. Al estallar la persecución religiosa, se quedó en el colegio con el P. Fortunato Velasco (cf. 24-VIII). El 29 de julio de 1936, los milicianos lo detuvieron y en el mismo colegio lo fusilaron. Beatificado el 13-X-2013.

Beatos Luis Bertrán, Mancio de la Santa Cruz y Pedro de Santa María. Son tres dominicos que fueron quemados vivos en Omura (Japón) el año 1627 en una persecución contra los cristianos. Luis nació en Barcelona (España) hacia 1593. De joven ingresó en los dominicos. En 1618, ya sacerdote, marchó como misionero a Filipinas, y de allí pasó a Japón, donde habían quedado diezmados los misioneros. Estuvo trabajando hasta que lo detuvieron en 1626. Mancio era un joven japonés, fervoroso catequista, que trabajaba con el P. Luis y que fue detenido con él; en la cárcel pidió el hábito, hizo el noviciado y profesó. Pedro era también un joven japonés, catequista, que acompañaba a los misioneros. Lo apresaron con el P. Luis y en la cárcel hizo el noviciado y profesó.

Beato Rafael Martí. Nació en Tarragona el año 1878. Ordenado sacerdote en 1902, ejerció su ministerio en Cabra del Camp y en La Selva del Camp (Tarragona). Pasaba muchas horas ante el sagrario, visitaba con asiduidad a los enfermos, vivía en gran pobreza y pureza, era un apóstol del catecismo. La persecución religiosa le sorprendió en su parroquia de Cabra del Camp. El comité local, que al parecer quería salvarlo, le facilitó el traslado a Tarragona, donde no encontró el alojamiento que esperaba. El 29 de julio de 1936, los milicianos lo detuvieron y lo mataron a tiros. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Urbano II, papa del año 1088 al 1099. Nació en Francia el año 1040 de familia noble. Tuvo de maestro en Reims a san Bruno, futuro fundador de la Cartuja. Ingresó en el monasterio de Cluny. En su pontificado trabajó por la reforma de la Iglesia, defendió la libertad de ésta frente a las intromisiones de los poderes seculares, luchó contra la simonía y la corrupción del clero, preparó y en el Concilio de Clermont-Ferrand proclamó la I Cruzada, que reconquistó Jerusalén. Murió en Roma el año 1099.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (Lc 10,28-42).

Pensamiento franciscano:

En su Testamento dice santa Clara a las hermanas: «Amándoos mutuamente con la caridad de Cristo, mostrad exteriormente por las obras el amor que tenéis interiormente, para que, estimuladas por este ejemplo, las hermanas crezcan siempre en el amor de Dios y en la mutua caridad» (TestCl 59-60).

Orar con la Iglesia:

Animados por el ejemplo y la intercesión de santa Marta, que acogió a Jesús en su casa, dirijamos nuestra oración al Señor, que busca y acepta hacer morada en nosotros.

-Por la Iglesia y por todos sus ministros: para que sean testigos del amor con que Cristo acoge a todos.

-Por los creyentes: para que seamos capaces de servir al Señor en nuestros hermanos y, a la vez, de escucharle sentados junto a sus pies.

-Por los cristianos: para que cumplamos nuestras obligaciones en el trabajo, sin apagar ni impedir el espíritu de oración y devoción al que las cosas temporales deben servir.

-Por nosotros mismos: para que nuestras casas y nuestras vidas, por amor a Cristo, sean hogares abiertos y acogedores.

Oración: Señor Jesús, concédenos servirte en nuestro prójimo, animados por el trato asiduo y profundo contigo alimentado en la escucha de tu palabra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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MARTA Y MARÍA
De la homilía del beato Juan Pablo II
el 20 de julio de 1980, en Castelgandolfo

Queridos hermanos y hermanas:

Puesto que estamos celebrando la Santa Misa (Domingo XVI-C), debemos tomar de la liturgia de la Palabra la enseñanza adecuada para nuestra vida. Acabamos de leer en el Evangelio según San Lucas el episodio de la hospitalidad concedida a Jesús por Marta y María (Lc 10,38-42). Estas dos hermanas, en la historia de la espiritualidad cristiana, se han considerado como figuras emblemáticas relacionadas, respectivamente, con la acción y la contemplación: Marta está muy ocupada en las tareas de la casa, mientras que María está sentada a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Podemos sacar dos lecciones de este texto evangélico.

Ante todo, hay que notar la frase final de Jesús: «María ha elegido la parte mejor, que no le será quitada». De esta manera subraya, con fuerza, el valor fundamental e insustituible que, para nuestra existencia, tiene la escucha de la Palabra de Dios: ésta debe ser nuestro constante punto de referencia, nuestra luz y nuestra fuerza. Pero hay que escucharla.

Hay que saber estar en silencio, crear espacios de soledad o, mejor, de encuentro reservado a una intimidad con el Señor. Hay que saber contemplar. El hombre de hoy siente mucho la necesidad de no limitarse a las meras preocupaciones materiales, e integrar, en cambio, su propia cultura técnica con superiores y desintoxicantes aportaciones procedentes del mundo del espíritu. Desgraciadamente, nuestra vida diaria corre el riesgo o incluso experimenta casos, más o menos difundidos, de contaminación interior. Pero el contacto de fe con la Palabra del Señor nos purifica, nos eleva y nos vuelve a dar energía.

Por tanto, tenemos que conservar siempre ante los ojos del corazón el misterio del amor, con que Dios ha venido a nuestro encuentro en su Hijo, Jesucristo: el objeto de nuestra contemplación está todo aquí, y de aquí procede nuestra salvación, el rescate de toda forma de alienación y, sobre todo, de la del pecado. En resumidas cuentas, estamos invitados a hacer como la otra María, la Madre de Jesús, la cual «guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Con esta condición no seremos hombres en una sola dimensión, sino ricos de la misma grandeza de Dios.

Pero hay una segunda lección que aprender: y es que nunca debemos ver un contraste entre la acción y la contemplación. En efecto, leemos en el Evangelio que fue «Marta», y no María, quien acogió a Jesús «en su casa». Por otra parte, la primera lectura de hoy (Gén 18,1-10) nos sugiere la armonía entre las dos cosas: el episodio de la hospitalidad concedida por Abrahán a los tres misteriosos personajes enviados por el Señor, los cuales, según una antigua interpretación, son incluso una imagen de la Santa Trinidad, nos enseña que también con nuestros trabajos diarios más pequeños podemos servir al Señor y estar en contacto con Él. Y, puesto que este año se celebra el decimoquinto centenario del nacimiento de San Benito, recordamos su célebre máxima: «Reza y trabaja», Ora et labora! Estas palabras contienen un programa entero: no de oposición, sino de síntesis; no de contraste, sino de fusión entre dos elementos igualmente importantes.

Esto trae consigo para nosotros una enseñanza muy concreta que se puede expresar en manera de interrogación: ¿hasta qué punto somos capaces de ver en la contemplación y en la oración un momento de auténtica carga para nuestras tareas diarias? Y, por otra parte: ¿hasta qué punto podemos vivificar, hasta lo íntimo, nuestro trabajo con una fermentadora comunión con el Señor? Estas preguntas pueden servir para un examen de conciencia y convertirse en estímulo para una toma de conciencia de nuestra vida de cada día, que sea, al mismo tiempo, más contemplativa y más activa.

Mientras ahora seguimos la celebración de la Santa Misa, ofrecemos al Señor estos nuestros propósitos, y sobre todo invocamos su potente gracia para que nos ayude a traducirlos en realidad vivida.

* * *

DICHOSOS LOS QUE PUDIERON HOSPEDAR AL SEÑOR
EN SU PROPIA CASA
San Agustín, Sermón 103 (1-2.6)

Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos todavía peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella tiende nuestro deseo; pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un día llegar a término.

Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu. Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello no por necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.

Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, él, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: «Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa». No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Por lo demás, tú, Marta -dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos servicios-, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?

Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

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LA ORACIÓN, DESARROLLO
DE LA «VIDA DE PENITENCIA»
por Kajetan Esser - Engelbert Grau, OFM

Aplicaciones (II)

2. La fuente de la oración contemplativa debe ser para el franciscano -como lo fue para Francisco-, ante todo, la vida de Jesucristo. «Nuestra máxima preocupación debe consistir en quedarnos en la vida de Jesús», dice Tomás de Kempis en la Imitación de Cristo (I 1,3). Francisco no opina otra cosa cuando confiesa: «Es bueno recurrir a los testimonios de la Escritura, es bueno buscar en ellas al Señor Dios nuestro; pero estoy ya tan penetrado de las Escrituras, que me basta, y con mucho, para meditar y contemplar. No necesito de muchas cosas, hijo; sé a Cristo pobre y crucificado» (2 Cel 105).

La vida de Jesucristo, Dios hecho hombre, tal como se nos presenta en la Sagrada Escritura -sobre todo su encarnación, su pasión y muerte, pero también su resurrección, su ascensión y su segunda venida-, y el Hombre Dios que continúa viviendo en la Iglesia, que permanece presente entre nosotros en el misterio de la Eucaristía, debe constituir el objeto principal de la meditación. Es una característica de la manera franciscana de meditar el no tomar muchos temas en consideración, sino meditar de continuo sobre unos pocos temas asequibles. El énfasis reside no en el conocimiento de un mayor número de verdades de fe, sino en la contemplación amorosa de las maravillas del amor de Dios (cf. S. Buenaventura, Regula novitiorum II, 7; De triplici via II).

En la meditación de la vida de Jesús debería descansar toda nuestra vida. La Buena Nueva debe convertirse para cada uno en evangelio vivo: «Que yo piense como Tú, trabaje contigo, viva en ti». Por eso en la meditación está en primer plano la pregunta: ¿Qué me dice el Señor mediante esta Palabra de la Escritura en la situación concreta de mi vida? En el ejercicio del evangelio vivo tiene que reconocer el franciscano las «vestigia», las huellas que el Hombre Dios nos ha dejado para que le sigamos.

¿Pero cómo podré imitarle si no lo conozco, si no experimento su presencia real y cercana, si no he tenido un contacto vivo con Él? En la meditación conocemos a Jesús cada vez más profundamente y mejor. Pero este conocimiento no hay que entenderlo en el sentido de un enriquecimiento de nuestro saber o como una satisfacción de nuestra curiosidad, sino como un conocimiento en la fe y el amor que naturalmente no puede limitarse al solo tiempo de la oración, sino que debe extenderse como una exigencia incondicional a toda nuestra vida. Francisco llama bienaventurado a aquél que ha aprendido el arte de la meditación: «Bienaventurado aquel religioso que no encuentra placer y alegría sino en las santísimas palabras y obras del Señor, y con ellas conduce a los hombres al amor de Dios con gozo y alegría» (Adm 20).

El oír y gustar una sola vez no basta para penetrar en ese arte; por eso se dice de Francisco: «Leía a las veces en los libros sagrados, y lo que confiaba una vez al alma le quedaba grabado de manera indeleble en el corazón. La memoria suplía a los libros; que no en vano lo que una vez captaba el oído, el amor lo rumiaba con devoción incesante» (2 Cel 102). He aquí el rasgo fundamental de la manera franciscana de meditar: escuchar la palabra de Dios, leerla y considerarla una y otra vez con afecto, rumiarla continuamente; entonces no habrá sido escuchada en balde.



























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