martes, 25 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 26 DE JULIO

 

SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA. Una antigua tradición, que arranca del siglo II, atribuye estos nombres a los padres de la Santísima Virgen María. Los evangelios no nos hablan de ellos. Las noticias sobre los mismos nos han sido transmitidas por los escritos apócrifos, en particular el Protoevangelio de Santiago, del siglo II. Éste cuenta que Joaquín contrajo matrimonio a los veinte años con Ana, perteneciente como él a la tribu de Judá y al linaje de David. Procedentes de Galilea, se instalaron pronto en Jerusalén, cerca de la piscina Probática, en la que Jesús curó a un paralítico. La actual iglesia de Santa Ana recuerda esta tradición, aunque según otra, la casa de los abuelos de Jesús estaría en Séforis (Galilea). Ser los padres de María es mucho. -Oración: Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SAN JORGE PRECA. Nació el año 1880 en La Valleta (isla de Malta), donde murió el 26 de julio de 1962. De joven ingresó en el Seminario y recibió la ordenación sacerdotal en 1906. «Fue un sacerdote totalmente dedicado a la evangelización: con su predicación, con sus escritos, con su guía espiritual y la administración de los sacramentos, y ante todo con el ejemplo de su vida. La expresión del evangelio de san Juan "El Verbo se hizo carne" orientó siempre su alma y su acción; así el Señor pudo servirse de él para dar vida a una obra benemérita, la Sociedad de la Doctrina Cristiana, que tiene como finalidad garantizar a las parroquias el servicio cualificado de catequistas bien preparados y generosos. Alma profundamente sacerdotal y mística». Son palabras de Benedicto XVI en su canonización el año 2007.

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San Austindo. Fue obispo de Auch en Francia, reformó los edificios sagrados y construyó la iglesia catedral, mejoró las costumbres del pueblo y trabajó en la edificación de la Casa de Dios. Murió el año 1068.

Santa Bartolomea Capitanio. Nació en Lovere, región de Lombardía (Italia) el año 1807. Se educó en las clarisas, sacó el título de maestra y continuó trabajando con las monjas. Después abrió en su casa una escuela para niñas pobres. Para trabajar en la educación de la juventud femenina fundó con santa Vicenta Gerosa el Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña. Murió en su pueblo natal en 1833, a los veintiséis años de edad, atacada por la tisis.

San Erasto. En esta fecha la Iglesia conmemora a san Erasto, que era tesorero de la ciudad de Corinto, y que ayudó al apóstol san Pablo. Cf. Hch 19,22; Rm 16,23; 2 Tim 4,20.

San Simeón. Era oriundo de Armenia y fue un monje y ermitaño peregrino que llegó al monasterio de San Benito, junto al río Po, en el territorio de Mantua (Italia), donde murió el año 1016.

Beato Alejo Miquel. Nació en Pla de Cabra, hoy Pla de Santa María (Tarragona), en 1882. Ordenado sacerdote en 1908, ejerció el ministerio en varias parroquias; por último, en 1934 pasó a regentar la parroquia de La Riera, donde le sorprendió la persecución religiosa. Desde el primer momento tuvo que buscar refugio, primero en el pueblo y después en Tarragona, donde el 26 de julio de 1936 los milicianos lo detuvieron y lo mataron a tiros en el Monte de La Oliva. En su apostolado se había ocupado sobre todo de los niños, los jóvenes, los enfermos y los moribundos. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Amancio Marín. Nació en Celada del Camino (Burgos) en 1908. Vistió el hábito mercedario en 1923 y fue ordenado sacerdote en 1931. Fue un hombre muy sencillo, sin malicia, enamorado de su vocación, y afrontó el martirio con entera serenidad. Cuando estalló la persecución religiosa en España, residía en su convento de Lérida y decidió trasladarse a su tierra burgalesa, pero en Binéfar (Huesca) fue descubierta su identidad de sacerdote mercedario, y el 26 de julio de 1936 sus verdugos lo pasearon por la población en son de burla, entre blasfemias y denuestos, para asesinarlo en el cementerio. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Andrés de Phu Yen . Es el protomártir de la Iglesia de Vietnam. Nació en el seno de una familia pagana en 1625. La relación con el misionero jesuita francés P. Alexandre de Rhodes, llevó a Andrés y a su madre a bautizarse en 1641. El misionero lo acogió entre sus estudiantes y colaboradores más estrechos, lo preparó para la tarea de catequista y lo incorporó a una asociación cuyos miembros se dedicaban al trabajo misionero y hacían voto de castidad; Andrés lo hizo en 1643. Trabajó en el apostolado hasta que, prohibido el cristianismo, lo arrestaron, le pusieron una canga y lo encerraron. Ante su firmeza en la fe, lo alancearon y lo decapitaron en Phu Yen (Vietnam) el año 1644.

Beata Camila Gentili. Nació de familia noble en San Severino (Las Marcas, Italia), en la segunda mitad del siglo XV. Contrajo matrimonio con un hombre violento que odiaba a la progenie materna de Camila. Le dio mala vida, la persiguió y acabó martirizándola en San Severino el año 1486.

Beatos Eduardo Thwing y Roberto Nutter. Estos dos sacerdotes dominicos fueron ahorcados y descuartizados en Lancaster (Inglaterra) el año 1600, durante el reinado de Isabel I. La causa de la condena, en este caso como en tantos otros, fue haberse ordenado de sacerdote en el extranjero y haber vuelto al país. Eduardo nació en cerca de York el año 1565. Estudió en Reims y se ordenó de sacerdote en Laon el año 1590. Cuatro años después volvió a Inglaterra como misionero y ejerció su ministerio hasta que lo detuvieron en 1600. Roberto nació en Clitheroe el año 1556. Estudió también en Reims y se ordenó de sacerdote en 1581. Tuvo una vida muy accidentada con repetidos regresos a su patria, tiempos de apostolado, detenciones y expulsiones, fugas, etc.

Beatos Evangelista y Peregrino . Fueron sacerdotes que vivieron en la región de Verona (Italia) en el siglo XII-XIII.

Beato Guillermo Webster (o Ward) . Nació en Inglaterra hacia el año 1565. Con cuarenta años entró en el colegio inglés de Douai (Francia) y se ordenó de sacerdote en 1608, y aquel mismo año desembarcó en Escocia, donde en seguida lo encarcelaron; liberado, pasó a Inglaterra y de nuevo lo arrestaron y desterraron; regresó a su patria y lo detuvieron varias veces. Pasó en total veinte años en la cárcel, pero siempre que pudo y como pudo hizo apostolado. Por fin lo condenaron a muerte por su condición de sacerdote católico y lo ejecutaron en la plaza londinense de Tyburn el año 1641, durante el reinado de Carlos I.

Beato Hugo de Actis. Fue un monje de la Congregación de los Silvestrinos de la Orden de San Benito, que murió en Sassoferrato (Las Marcas, Italia) el año 1250.

Beato Jaime Bertino Jaume Secases. Nació en Alás (Lérida) en 1905. Hizo el noviciado con los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1921. Formaba parte de la comunidad de Manresa (Barcelona) cuando estalló en España la persecución religiosa. El 26 de julio de 1936 los milicianos lo detuvieron en la casa particular en que se había refugiado. Empezaron a ofenderle, golpearle y escupirle en la cara. Lo hicieron caer en la escalera. Lo condujeron al lugar llamado "La Torre del Mitjé" (Manresa), se ensañaron con él a garrotazos y luego lo mataron a tiros.

Beato Jorge Swallowell. Nació en el condado de Durham (Inglaterra) en el seno de una familia protestante, y de mayor se hizo ministro anglicano. La relación con un católico encarcelado a causa de su fe, lo convenció de la verdad de la Iglesia católica, a la que pidió el ingreso en la misma, cosa que anunció desde el púlpito a su feligresía. Enseguida lo encarcelaron y lo condenaron a muerte junto con san Juan Boste. Le horrorizó la tortura que le esperaba y se declaró dispuesto a prestar los juramentos que le exigían los anglicanos. San Juan Boste le hizo ver el mal paso que había dado, Jorge se arrepintió y ya se mantuvo firme en la fe católica hasta que lo ahorcaron y descuartizaron en Darlington el año 1594.

Beato José Badía. Nació en Salomó (Tarragona) en 1863. Estudió en el seminario de Tarragona y fue ordenado sacerdote en 1889. Ejerció su ministerio sacerdotal en Reus, primero como párroco y después como beneficiado del Priorato de San Pedro. Era piadoso, bondadoso, muy devoto de la Virgen, desinteresado y caritativo, apóstol de la juventud. El 26 de julio de 1936, los milicianos lo detuvieron y lo mataron a tiros en las afueras de Reus, después que los perdonó y exclamó: «¡Viva Cristo Rey!». Beatificado el 13-X-2013.

Beato José Civit Timoneda. Nació en Els Omells de na Gaia (Lérida) en 1874. Sacerdote diocesano de Tarragona (España), ordenado en 1899, muy pronto fue nombrado párroco de la iglesia de la Purísima Sangre, de Reus, donde permaneció hasta su muerte. Al estallar la persecución religiosa de 1936, siguió vistiendo y ejerciendo su ministerio como antes, a pesar del peligro que esto suponía. Era considerado un sacerdote celoso, prudente, piadoso y humilde. El 26 de julio de 1936, los milicianos lo detuvieron, lo maltrataron, lo vilipendiaron y lo fusilaron en la "Rambla Miró", término de Reus. Beatificado el 13-X-2013.

Beato José M. Jordá. Nació en Tarragona el año 1884. Profesó como hermano laico en los benedictinos de Montserrat en 1906. Ejerció varios oficios domésticos, sobre todo el de sastre de la comunidad. Fue siempre un religioso observante y austero, exigente consigo mismo. Iniciada la persecución religiosa, marchó a Tarragona, a casa de una tía suya. El 26 de julio de 1936 lo detuvieron los milicianos, él confesó que era monje, y lo mataron a tiros en el Pont Negre, cerca del barrio marítimo del Serrallo. Beatificado el 13-X-2013.

Beato José Masquef. Nació en Tarragona el año en 1872. Ordenado sacerdote en 1897, ejerció el ministerio en Aleixar. Fue preceptor de los hijos de los condes de Rius. Diariamente daba de comer a dos pobres y auxiliaba secretamente a los necesitados. La persecución religiosa le sorprendió en Tarragona. No quiso huir, pudiendo hacerlo, ni negar su condición sacerdotal. El 22-VII-1936, los milicianos lo detuvieron y apresaron, después de maltratarlo. El 26 de julio de 1936, lo fusilaron en el término de Tarragona. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Juan Ingram. Nació en Stoke Edith (Inglaterra) el año 1565 en el seno de una familia protestante. Se convirtió al catolicismo cuando estudiaba en Oxford. Hizo los estudios eclesiásticos en Francia y se ordenó de sacerdote en Roma en 1589. Volvió a Escocia, pasó a Inglaterra y estuvo ejerciendo el apostolado hasta que lo arrestaron en 1593. Pasó por varias cárceles y en la Torre de Londres lo torturaron brutalmente para que delatara a los católicos que conocía, cosa que no consiguieron. Lo condenaron por traidor a la patria y lo ahorcaron y descuartizaron en Gateshead, cerca de Newcastle, el año 1594, en tiempo de Isabel I.

Beatos Marcelo Gaucherio Labigne de Reignefort y Pedro José Le Groing de La Romagère. Los dos murieron mártires durante la Revolución Francesa, el año 1794, embarcados en pontones anclados en la costa de Rochefort, consumidos por las miserias del lugar, los malos tratos y las enfermedades. Marcelo nació en Limoges en 1751. Optó por la carrera sacerdotal y luego se hizo miembro de la Compañía de Misioneros de Limoges. Lo detuvieron y lo condenaron a la deportación como sacerdote refractario. Pedro José nació en Saint-Sauvier (Allier) en 1752 de familia aristocrática. Estudió teología en París y se hizo sacerdote de la Sociedad de Navarra. Ocupó puestos relevantes en la diócesis de Bourges. Lo detuvieron y también lo condenaron a la deportación.

Beato Mariano de San José Altolaguirre. Nació en Yurre (Vizcaya) en 1857. A los 15 años marchó a Roma para entrar en la Orden Trinitaria, todavía no restaurada en España. Hizo la primera profesión en 1874, estudió en la Gregoriana y fue ordenado sacerdote en 1880. Estuvo destinado en distintos conventos de España. Se dedicó a las misiones por los pueblos y fue profesor de teología moral. Desatada la persecución religiosa, fue detenido junto con los religiosos de la comunidad de Villanueva del Arzobispo (Jaén). Lo maltrataron, y lo mataron a tiros dentro de la cárcel de Villanueva el 26-VII-1936.

Beata María Margarita de San Agustín Bonnet y compañeras mártires. Son cinco religiosas de la Orden de Santa Úrsula que el año 1794, durante la Revolución Francesa, después de sufrir cárcel y malos tratos, fueron llevadas a la plaza pública de Orange, donde las guillotinaron mientras ellas cantaban el Te Deum. Estos son sus nombres: María Margarita de San Agustín Bonnet, nacida en Sérignan en 1719; Catalina de Jesús (María Magdalena) de Jastamont, nacida en Bollène en 1714; Ana de San Basilio Cartier, nacida en Livron, Valence, en 1733; Clara de Santa Rosalía (María Clara) du Bac, nacida en Laudun, Nimes, en 1727; e Isabel Teresa del Corazón de Jesús Consolin, nacida en Courthezon en 1736.

Beata María Pierina De Micheli. Nació en 1890 en Milán, en el seno de una familia profundamente religiosa, donde florecieron varias vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A los 23 años ingresó ella en el Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires, y se dedicó con pasión al servicio educativo, en Argentina y en Italia. Gozó de experiencias místicas. El Señor le donó una extraordinaria devoción a su Santa Faz, que la sostuvo siempre en las pruebas y en la enfermedad. Amó profundamente a la Virgen Inmaculada. Murió en Centonara d'Artò (Novara, Italia) el 26-VII-1945. Beatificada en 2010.

Beatos Pablo Gili y Francisco Vidal. Estos dos sacerdotes diocesanos ejercían su ministerio en Tarragona cuando se desató en España la persecución religiosa. El 26 de julio de 1936 fueron detenidos por los milicianos y fusilados en la desembocadura del río Francolí, en Tarragona. Pablo Gili nació en Omellons (Lérida) en 1912. Ya de seminarista destacó por su profunda piedad e intensa vida interior, así como por su aplicación a los estudios. Ordenado sacerdote en 1934, ejerció el ministerio en Tarragona, pues enseguida fue encargado de asistir como familiar al obispo auxiliar el beato Manuel Borrás, martirizado el 12-VIII-1936. Francisco Vidal nació en Montpalau (Lérida) en 1867. Ordenado sacerdote en 1895, ejerció su ministerio en Tarragona como vicario en las parroquias de la Santísima Trinidad y de San Francisco. Era sumamente sencillo y humilde; dedicaba mucho tiempo al confesonario y visitaba con frecuencia a los enfermos.- Beatificados el 13-X-2013.

Beatos Pablo Roselló y Miguel Vilatimó. Estos dos sacerdotes diocesanos fueron asesinados a tiros por los milicianos el 26 de julio de 1936 en el término de Tarragona. Pablo Roselló nació en Vimbodí (Tarragona) el año 1895. De familia pobre, tuvo que trabajar para pagarse los estudios. Ejerció el ministerio sacerdotal en Tarragona, donde era profesor de ciencias naturales en el seminario. Montó por sí mismo una pequeña emisora de radio en su casa. Miguel Vilatimó nació en Vich (Barcelona) en 1888 de familia humilde. Estudió en el seminario de Vich, y ejerció el ministerio sacerdotal primero en Vich y después en Tarragona. Era doctor en filosofía por la Universidad de Lovaina y licenciado en teología por la de Tarragona. Fue profesor de los seminarios de Vich y de Tarragona, y canónigo de la catedral tarraconense. Escribió libros y artículos.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Tito Brandsma. Nació en Boldsward (Holanda) el año 1881. Estudió con los franciscanos de Megen y en 1898 ingresó en la Orden Carmelitana. Ordenado de sacerdote en 1905, marchó a Roma para ampliar estudios. Vuelto a Holanda se dedicó a la docencia y al apostolado. Inició la traducción de las obras de santa Teresa. En 1923 fue nombrado profesor de la Universidad católica de Nimega y tuvo una amplia actividad intelectual. Cuando llegó el nazismo, no cesó de decir y publicar que era antievangélico. Lo arrestó la Gestapo a principios de 1942 y fue a parar al campo de concentración de Dachau (Alemania), donde recibió malos tratos y lo asesinaron con una inyección letal aquel mismo año.

Beato Vicente Burrel. Nació en Juseu (Huesca) en 1896. Estudió Magisterio y ejerció la enseñanza con niños. Ingresó como hermano laico en el monasterio benedictino de El Pueyo (Barbastro, Huesca), en el que hizo la profesión temporal en 1922 y la perpetua en 1925. Desempeñó en el monasterio diversos oficios domésticos. El 20 de julio de 1936, desencadenada la persecución religiosa, dejó el monasterio, y en su caminar incierto sufrió una tremenda soledad y cansancio, hasta que lo detuvieron los milicianos. Lo llevaron a Barbastro maltratándolo, y lo asesinaron. Era el 26 de julio de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beatos Vicente Pinilla Ibáñez y Manuel Martín Sierra. Fueron fusilados por los milicianos en Motril (Granada) el día 26 de julio de 1936, apenas empezada la guerra civil de España. El día anterior habían sido martirizados allí mismo el beato Deogracias Palacios y sus compañeros. Vicente nació en Calatayud (Zaragoza) en 1872. Profesó en la Orden de los Agustinos Recoletos en 1886 y recibió la ordenación sacerdotal en 1893. Hasta 1927 estuvo ejerciendo con gran celo el apostolado en las Islas Filipinas y en Brasil. Cuando estalló la persecución religiosa era miembro de la comunidad de Motril. Manuel nació en Churriana de la Vega (Granada) en 1892. Estudió en el seminario de Granada y se ordenó de sacerdote el año 1915. Ejerció diversos ministerios hasta que lo enviaron Motril como párroco de la Divina Pastora.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Del Cántico de Zacarías (el Benedictus): «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días» (Lc 1,68-70.74-75).

Pensamiento franciscano:

San Francisco escribió a santa Clara y a sus hermanas: «Yo, el hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y la pobreza del altísimo Señor nuestro Jesucristo y de su santísima Madre, y perseverar en ella hasta el fin; y os ruego, mis señoras, y os aconsejo que siempre viváis en esta santísima vida y pobreza» (UltVol 1-2).

Orar con la Iglesia:

Oremos a Dios Padre para que la intercesión y el ejemplo de san Joaquín y santa Ana, padres de María y abuelos de Jesús, nos impulsen a una vida santa.

-Por la Iglesia, el nuevo Israel, el pueblo definitivo de Dios, para que sea la gran familia de los hijos de Dios Padre.

-Por el pueblo judío, del que nació Cristo, hijo de Abrahán, de David, de María, para que encuentre en Cristo el cumplimiento de las profecías mesiánicas.

-Por las familias cristianas y por todas las familias, para que sean hogares en los que reine la paz, el amor, la solidaridad.

-Por los abuelos, los ancianos, las personas que se encuentran solas y desatendidas, para que se vean rodeadas del respeto y aprecio de los demás.

Oración: Señor, Dios de nuestros padres, enséñanos a tratar y amar a Cristo Jesús como lo hicieron sus abuelos, Joaquín y Ana, y su madre, María. Te lo pedimos, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA. VALOR DE LA ANCIANIDAD
Beato Juan Pablo II, Ángelus del 25 de julio de 1999

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Mañana, la liturgia celebrará la memoria de san Joaquín y santa Ana, a quienes la tradición, que se remonta al evangelio apócrifo de Santiago, venera como padres de la santísima Virgen María. Esta circunstancia me impulsa a decir algunas palabras sobre la ancianidad y su valor, teniendo en cuenta también el hecho de que 1999 es el año internacional del anciano.

La así llamada «tercera edad» es, ante todo, un valor en sí, por el hecho de la vida que se prolonga, y la vida es don de Dios. Además, es portadora de «talentos» peculiares, gracias al patrimonio de experiencias, conocimientos y enseñanzas que atesora el anciano. Por eso, en todas las culturas la ancianidad es sinónimo de sabiduría y equilibrio. Con su misma presencia, la persona anciana recuerda a todos, y en especial a los jóvenes, que la vida en la tierra es una «parábola», con su comienzo y su fin: para alcanzar su plenitud, ha de referirse a valores sólidos y profundos, no efímeros y superficiales.

2. En las sociedades con un gran desarrollo industrial y tecnológico, la condición de los ancianos es ambivalente: por una parte, están cada vez menos integrados en el entramado familiar y social; pero, por otra, su papel se vuelve cada vez más importante, sobre todo para el cuidado y la educación de los nietos. En efecto, los matrimonios jóvenes encuentran en los «abuelos» una ayuda a menudo indispensable.

Así pues, por un lado, el anciano es marginado, y, por otro, es buscado. Todo esto muestra el desequilibrio típico de un modelo social dominado por la economía y el lucro, que tiende a perjudicar a las clases «no productivas», considerando a las personas más por su utilidad que por sí mismas.

3. En este marco, es muy necesario acudir a los frescos manantiales de la revelación divina para conocer la verdad sobre el hombre y, en particular, sobre el anciano. En la sagrada Escritura la ancianidad está rodeada de veneración (cf. 2 Mac 6,23). El justo no pide evitar la vejez y su carga; por el contrario, ora así: «Tú eres mi esperanza, Señor, mi confianza desde mi juventud. (...) Y ahora que llegan la vejez y las canas, ¡oh Dios!, no me abandones, para que anuncie yo a todas las edades venideras tu brazo, tu poderío» (Sal 71,5.18).

En el umbral del Nuevo Testamento, precisamente san Joaquín y santa Ana preparan la venida del Mesías, acogiendo a María como don de Dios y ofreciéndola al mundo como inmaculada «arca de la salvación». A su vez, según el evangelio apócrifo de Santiago, luego son acogidos y venerados por la Sagrada Familia de Nazaret, que se convierte así en modelo de amorosa asistencia con respecto ellos.

Imploro a san Joaquín y a santa Ana y, sobre todo, a su excelsa Hija, la Madre del Salvador, inteligencia de amor para los ancianos, a fin de que en nuestra sociedad «la familia sepa conservar, revelar y comunicar el amor» (cf. Familiaris consortio, 17).

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POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS
San Juan Damasceno, Sermón 6 (2.4.5.6),
Sobre la Natividad de la Virgen María

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.

Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: «Ángel del gran designio» de la salvación universal, «Dios guerrero». Este niño es Dios.

¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.

¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!

Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.

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LA ORACIÓN, DESARROLLO
DE LA «VIDA DE PENITENCIA»
por Kajetan Esser - Engelbert Grau, OFM

Francisco, maestro de oración (II)

A la unión del hombre con Dios precede la pureza de corazón, el desprendimiento de sí mismo y de todo lo que no es de Dios. Francisco pone aquí en práctica lo que el Señor mismo le había dicho al principio de su vida de penitencia: «Francisco -le dice Dios en espíritu-, lo que has amado carnal y vanamente, cámbialo ya por lo espiritual, y, tomando lo amargo por dulce, despréciate a ti mismo, si quieres conocerme, porque sólo a ese cambio saborearás lo que te digo» (2 Cel 9). Sólo cuando el hombre se olvida y se pospone a sí mismo, puede conocer y contemplar a Dios en la oración, según la profunda expresión del beato Gil: «Vivir en la contemplación significa separarse de todo y de todas las cosas y estar unido tan sólo a Dios» (Dicta 13). Francisco habla también de manera parecida en la Admonición 16: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5,8). Son verdaderamente limpios de corazón quienes desprecian las cosas terrenas, buscan las celestiales y no dejan nunca de adorar y ver, con corazón y alma limpios, al Señor Dios vivo y verdadero».

De este modo la pureza de corazón aparece como premisa y, al mismo tiempo, como resultado de la oración, al igual que la oración es premisa y, a la vez, resultado de la visión de Dios en el alma del hombre puro. Por ello dice el beato Gil, con su típica forma de hablar: «La oración es principio y fin de todo bien» (Dicta 12); pero de todo bien, porque ésta conduce a la unión con Dios, que es concedida solamente al hombre de oración. «Quien no sabe rezar, no puede conocer a Dios», dice el beato Gil de manera lapidaria (Dicta 12).

Cuando en un hombre, a través de esta interacción mutua de pureza de corazón y de abajamiento y condescendencia de Dios a la búsqueda del hombre puro, se enciende la visión de Dios como contenido y coronamiento de la oración, éste ya nunca más abandonará la oración. Rezará siempre y en todas partes, porque se ha perdido a sí mismo y ha encontrado a Dios: «Por consiguiente, amemos a Dios y adorémoslo con corazón puro y mente pura, porque él mismo, buscando esto sobre todas las cosas, dijo: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad... Y digámosle alabanzas y oraciones día y noche diciendo: Padre nuestro, que estás en el cielo..., porque es preciso que oremos siempre y que no desfallezcamos» (2CtaF 19-21).

Al igual que en la Carta a los fieles, Francisco exhorta en la Regla no bulada con palabras casi idénticas: «El Señor dice: Vigilad, pues, orando en todo tiempo, para que seáis considerados dignos de huir de todos los males que han de venir, y de estar en pie ante el Hijo del Hombre. Y cuando estéis de pie para orar, decid: Padre nuestro, que estás en el cielo. Y adorémosle con puro corazón, porque es preciso orar siempre y no desfallecer; pues el Padre busca tales adoradores. Dios es espíritu, y los que lo adoran es preciso que lo adoren en espíritu y verdad» (1 R 22,27-31).

La oración continua e incesante es por tanto «oración en el Espíritu», obra del Espíritu del Señor, que descansa en los hombres puros y hace en ellos «su habitación y morada» (1 R 22). Él ora en, con y por nosotros, como tan gráficamente expresa Francisco, aunque con palabras desmañadas: «Y porque todos nosotros, miserables y pecadores, no somos dignos de nombrarte, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo amado, en quien bien te complaciste, junto con el Espíritu Santo Paráclito, te dé gracias por todos como a ti y a él os place, él que te basta siempre para todo y por quien tantas cosas nos hiciste. Aleluya» (1 R 23,5). En este contexto alcanza todo su profundo sentido esta frase de la Regla de los hermanos menores y de las Damas pobres: «Sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación, orar siempre a él con puro corazón...» (2 R 10,8-9; RCl 10).

































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