domingo, 23 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano

BEATO CRISTÓBAL DE SANTA CATALINA


DÍA 24 DE JULIO

 

SANTA CUNEGUNDA . Nació en Hungría el año 1224, hija del rey Bela IV, que entre sus parientes contaba con numerosos santos: San Esteban, Santa Ladislaa, Santa Isabel de Turingia, Santa Eduvigis de Silesia, Santa Inés de Praga y las hermanas de Cunegunda, Margarita y Yolanda. En 1239 contrajo matrimonio con Boleslao, príncipe de Cracovia, y, a la muerte de éste, se retiró al monasterio de clarisas que había fundado en Sacz (Polonia), en el que más tarde profesó la Regla de Santa Clara y en el que murió el 24 de julio de 1292. Desde su adolescencia se había sentido especialmente atraída por los ideales de san Francisco de Asís y santa Clara, por lo que primero se hizo terciaria franciscana y, cuando pudo, monja clarisa. Fue ejemplo de penitencia y oración, de servicio y entrega al bien de los ciudadanos y al progreso de su pueblo; promovió la paz entre los príncipes cristianos; se interesó por el desarrollo cultural de la nación; tuvo predilección por los enfermos y los pobres. La canonizó Juan Pablo II en 1999. -Oración: Padre de bondad, que nos has dado en la beata Cunegunda un ejemplo de vida intachable y de desprendimiento en favor de los pobres, concédenos, por su intercesión y ejemplo, dedicar nuestra vida y nuestros bienes al servicio de los hombres en obras de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SAN SARBELIO (JOSÉ) MAKHLUF . Nació en una aldea del Líbano el año 1828. Desde muy joven manifestó su inclinación al retiro y la oración. El año 1851 ingresó en la Orden de los Maronitas Libaneses y cambió el nombre de José por el de Sarbelio. Recibió la ordenación sacerdotal en 1859. Pasó la mayor parte de su vida religiosa en el monasterio de Annaya (Líbano). Con permiso de los superiores, se retiró a una pequeña ermita situada en un desierto cercano al monasterio, donde llevó una vida de gran austeridad, ayunando y orando todo el tiempo. No obstante, seguía perteneciendo al monasterio, al que volvía en las grandes fiestas. La vida litúrgica la celebraba en la ermita con otro ermitaño. El 16 de diciembre de 1898, mientras celebraba la eucaristía y precisamente en el momento de la elevación, sufrió una crisis de apoplejía, y murió el día 24 de diciembre, víspera de la Navidad de aquel mismo año. [Su memoria se celebra el 24 de julio]. -Oración: Oh Dios, que llamaste a san Sarbelio, presbítero, al singular combate del desierto, y le enriqueciste de todo género de piedad, te rogamos que, habiendo imitado la pasión del Señor, merezcamos participar de su reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



BEATA LUISA DE SABOYA. Hija del beato Amadeo IX de Saboya y de Yolanda de Valois, hija del rey de Francia Carlos VII, nació en Ginebra el año 1462. Desde pequeña recibió una educación esmerada, profundamente cristiana. Huérfana de padre y madre, contrajo matrimonio en 1479 con el conde Hugo de Chalon; fue una pareja feliz, sintonizaban en lo espiritual, oraban juntos y ella, con la complicidad de su esposo, se dedicaba a las obras de caridad. Hugo murió en 1490 sin dejar descendencia. El P. Juan Perrin, franciscano, amigo y director espiritual de Luisa, la guió hasta su ingreso el año 1492 en el monasterio de Santa Clara de Orbe (cantón de Vaud), fundado por la familia Chalon, que seguía la Regla de santa Coleta, reformadora de las clarisas. Allí, alejada de la corte y despojada de honores y de bienes, llevó en fraternidad una vida de oración y de pobreza hasta su muerte acaecida el 24 de julio de 1503. -Oración: Dios todopoderoso, que en la beata Luisa nos diste un modelo de virtudes cristianas en todos los estados de vida, concédenos estar unidos a ti y agradarte con nuestra fe y nuestras obras en nuestro propio estado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

BEATO CRISTÓBAL DE SANTA CATALINA


BEATO CRISTÓBAL DE SANTA CATALINABEATO CRISTÓBAL DE SANTA CATALINA. Nació el año 1638 en Mérida (Badajoz, España) en el seno de una familia pobre. De joven trabajó en un hospital con los Hermanos de San Juan de Dios; su comportamiento hizo que el presidente del hospital le propusiera ser sacerdote. En 1663 recibió la ordenación sacerdotal y siguió trabajando en el hospital. Durante la guerra hispano-lusa lo nombraron capellán militar. En 1667 abrazó la vida eremítica en la sierra de Córdoba. Ingresó en la Tercera Orden Francisana y fundó una comunidad ermitaña de terciarios en el Bañuelo. Deseoso de servir a Dios en los necesitados, abandonó su retiro en 1673 para cuidar a enfermas y pobres; fundó la congregación de los Hermanos y Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas; el obispo le confió la administración del hospital de Jesús Nazareno, en el que acogía a mujeres incurables e impedidas y a niños necesitados. Murió en Córdoba el 24 de julio de 1690, contagiado de cólera. Beatificado en 2013. [Más información]



BEATO MODESTINO DE JESÚS Y MARÍA. Nació el año 1802 en Frattamaggiore (Nápoles), de padres muy cristianos, humildes artesanos. Pudo estudiar en el seminario mientras el obispo lo subvencionó; fallecido su bienhechor, tuvo que volver a casa. En 1822 vistió el hábito de los Hermanos Menores Alcantarinos. Recibió la ordenación sacerdotal en 1827. En 1839 fue destinado al convento de Santa María de la Sanità, Nápoles, situado en uno de los barrios más populares de la ciudad, donde permaneció hasta su muerte. Fue siempre un fraile franciscano humilde y piadoso, gran devoto de la Virgen, y destacó en el ministerio sacerdotal por su celo en la predicación y en la celebración del sacramento de la reconciliación, así como por su entrega al servicio de los pobres y enfermos de amplios sectores populares. Afectado por el cólera, contraído cuando asistía a las víctimas de esa epidemia, murió en Nápoles el 24 de julio de 1854.



Beatos Antonio Torrero Luque y Antonio Enrique Canut Isús, Salesianos. La persecución religiosa de 1936 los sorprendió en el colegio de Ronda (Málaga), del que Antonio Torrero era director. Pronto les llegaron al colegio y a la comunidad los registros y las amenazas de muerte. El 24-VII-1936, previendo lo que podía ocurrir, el Director hizo las últimas recomendaciones, exhortando a sus hermanos a mantenerse firmes ante la prueba suprema. Todos se confesaron, se abrazaron y abandonaron el colegio, buscando cada uno refugio donde pudo. Aquel mismo día, al atardecer, los milicianos detuvieron a estos dos mártires, los arrastraron hacia las afueras de la localidad y los fusilaron. Antonio Torrero nació en Villafranca de Córdoba (Córdoba) en 1888. Su padre fue fusilado por los milicianos "por ser padre de un sacerdote". Hizo su profesión en 1907 y fue ordenado sacerdote en 1913. Ejerció el ministerio en varios colegios. Se prodigó incansablemente por el bien de la juventud pobre y abandonada, y fue apóstol solícito de la palabra de Dios y de la devoción a María Auxiliadora. Sus últimas palabras fueron "¡Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen!". Antonio Enrique Canut nació en Llesuy (Lérida) en 1874, hizo la profesión religiosa en 1895 y fue ordenado sacerdote en 1901. Durante 35 años ejerció un intenso y provechoso apostolado en diversos colegios de España.

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San Balduino de Rieti. Era hijo del conde de los Marsos y nació a finales del siglo XI. Abrazó la vida religiosa en el monasterio de Claraval, entonces regido por san Bernardo, quien lo envió a fundar y regir el monasterio de San Mateo, cerca de Rieti. Ardua le resultó a Balduino la tarea que se le había encomendado, pero pudo desarrollarla con su buen ánimo y paciencia, y contando con el apoyo y consejos de san Bernardo. Murió en Rieti el año 1140.

Santos Boris y Gleb de Rusia. Eran hijos de san Vladimiro, gran duque de Kiev, que había hecho del cristianismo la religión de su estado. Cuando el padre murió de repente, uno de sus hijos, Svjatopolk, quiso quedarse con toda la herencia paterna, para lo que pagó a sicarios que asesinaran a sus hermanos. Ante los asesinos, Boris no quiso oponer violencia a la violencia de su hermano, por lo que se dejó matar. Gleb, al encontrarse con los sicarios, trató de convencerles de que no debían realizar aquella acción criminal, y se dejó inmolar. Boris murió el 24 de julio de 1015, y Gleb el 5 de septiembre del mismo año. Enseguida se les tuvo por mártires y fueron sepultados en la iglesia de San Basilio de Vigorod.

Santa Cristina de Bolsena. Sufrió el martirio esta virgen en Bolsena (Lazio, Italia), en una fecha desconocida de la antigüedad cristiana.

San Declano. En la actual Waterford, provincia de Munster en Irlanda, se celebra hoy con gran devoción a san Declano, a quien consideran como su primer obispo. Vivió en el siglo V.

Santa Eufrasia. Esta santa virgen era de familia senatorial y por amor a Dios decidió llevar vida eremítica en el desierto de la Tebaida (Egipto), haciéndose humilde, pobre y obediente. Vivió en el siglo V.

San Fantino. San Fantino el Viejo, de sobrenombre el Taumaturgo, vivió en Tauriana (Calabria, Italia) en el siglo IV.

San José Fernández . Nació en Cueva (Ávila, España) el año 1775. A los 21 años ingresó en la Orden de Predicadores. Se ordenó de sacerdote en 1805 y lo enviaron a la misión de Tonkín, país al que llegó en 1806. Durante 32 años ejerció un fecundo apostolado en el poblado de Kien-Lao. Supo encarnarse en el pueblo al que servía y se ganó el amor y respeto de todos. Cuando empezó la persecución del emperador Minh Mang en 1838, tuvo que huir, anciano y achacoso, por parajes inhóspitos. Lo detuvieron, lo encerraron en una jaula de bambú, con promesas y amenazas quisieron hacerlo apostatar. Como él se mantuvo firme en la fe, lo decapitaron en Nam Dinh (Vietnam) el año 1838.

San Juan Boste. Nació en Dufton (Inglaterra) hacia el año 1543. Estudió en Oxford y se hizo pastor protestante. Tras una crisis espiritual, se convirtió a la fe católica. Estudió en Reims (Francia) y en 1581 se ordenó de sacerdote. Volvió enseguida a Inglaterra y durante doce años ejerció un amplio apostolado. Un renegado le pidió la confesión y comunión para, acto seguido, denunciarlo a las autoridades. Lo detuvieron y lo enviaron a Londres, donde lo torturaron hasta dejarlo lisiado. Se le condenó por ser sacerdote ordenado en el extranjero y vuelto al país. Lo ahorcaron y lo destriparon cuando aún estaba vivo en Durham el año 1593.

Santos Magos de Oriente. En la ciudad de Colonia (Alemania) se celebra el 24 de julio la traslación de los tres Magos de Oriente que fueron a Belén a adorar el Niño Jesús y le ofrecieron sus dones, como narra el Evangelio según San Mateo (cf. Mt 2,1-12). El año 1162, Federico I Barbarroja, después de conquistar la ciudad de Milán, hizo trasladar de aquí a Colonia las reliquias de los Reyes Magos, y las depositó en la catedral de San Pedro, que pronto se convirtió en un centro de culto y de peregrinaciones.

Santa Sigolena. Fue abadesa del monasterio de Troclar en Albi (Aquitania, Francia), en el siglo VI/VII.

San Victorino. Sufrió el martirio en Amiterno, hoy San Vittorino (Sabina, Italia)), en la Vía Salaria, en el siglo IV.

Beato Antonio Capdevila. Nació en L'Espluga Calba (Lérida) en 1894. Profesó en los claretianos como hermano coadjutor en 1910. Era muy apreciado en las comunidades por los servicios que prestaba, en especial el de sastre. Como profesor de primaria se distinguió por su seriedad y eficacia. Cuando estalló la persecución religiosa, pertenecía a la comunidad de La Selva del Camp. Acompañó a un religioso anciano a Reus y al día siguiente, 24 de julio de 1936, emprendió viaje en tren hacia Montblanc, pero lo detuvieron en Vimbodí (Tarragona) y, después de confesar que era religioso, lo mataron a tiros. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Antonio Torriani. Nació en Milán en 1424 de familia noble. Estudió medicina en la Universidad de Pavía y luego la ejerció en Milán. Entró en la Orden de los Ermitaños de San Agustín y a su tiempo se ordenó de sacerdote. Pronto adquirió fama de predicador y taumaturgo, médico de cuerpos y de almas. En 1458 fue en peregrinación a Santiago de Compostela y luego estuvo predicando por España, Francia e Italia. A partir de 1474 estuvo en L Aquila, donde atendió a las monjas agustinas y fundó la hermandad de terciarias agustinas. Se distinguió en la atención a los enfermos y a los pobres y en la promoción de la concordia. Murió en 1494.

Beata Cristina la Admirable. Nació en Lieja y abrazó la vida religiosa en Sint-Truiden (Bélgica). Tiene el sobrenombres de «Admirable» porque en ella Dios obró cosas realmente admirables, tanto en su cuerpo, pues tuvo que sufrir mucho, como en su alma, enriquecida con fenómenos místicos. Murió el año 1224.

Beato Francisco Esteban Lacal y 22 compañeros mártires. El 17 de diciembre de 2011 fueron beatificados en Madrid 23 mártires de la persecución religiosa de 1936 en España. De ellos, 22 eran Misioneros Oblatos de María Inmaculada y pertenecían a la comunidad de Pozuelo de Alarcón (Madrid), en la que abundaban los jóvenes estudiantes; a ellos se unió en el martirio el seglar Cándido Castán San José, casado y padre de familia, muy conocido en el pueblo de Pozuelo por su claro testimonio católico. El grupo está encabezado por el P. Francisco Esteban Lacal, que era el superior provincial. Todos fueron detenidos y asesinados sin proceso ni pruebas ni posibilidad de defenderse, por causa de su fe, y murieron perdonando. Fueron fusilados por grupos en tres fechas: 8 en Pozuelo el 24 de julio, 2 en Paracuellos y Soto de Aldovea el 7 de noviembre, y 13 el 28 de noviembre en Paracuellos. Estos son los 8 martirizados el 24 de julio de 1936 en Pozuelo de Alarcón (indicamos el lugar y año de su nacimiento):
Juan Antonio Pérez Mayo, 1907 en Santa Marina del Rey (León)
Francisco Polvorinos Gómez, 1910 en Calaveras de Arriba (León)
Manuel Gutiérrez Martín, 1913 en Fresno del Río (Palencia)
Cecilio Vega Domínguez, 1913 en Villamor de Órbigo (León)
Juan Pedro Cotillo Fernández, 1914 en Siero de la Reina (León)
Justo González Llorente, 1915 en Villaverde de Arcayos (León)
Pascual Aláez Medina, 1917 en Villaverde de Arcayos (León)
Cándido Castán San José (seglar), 1894 en Benifayó o Benifaió (Valencia).

Beatos Gaspar Martínez y Camerino Álvarez, Maristas. Al estallar la persecución religiosa en julio de 1936, estos hermanos del colegio de la calle Los Madrazo de Madrid se refugiaron en una posada madrileña, donde el 23 de julio fueron detenidos por los milicianos, quienes al día siguiente, 24 de julio de 1936, los mataron en Madrid. Gaspar nació en Los Balbeses (Burgos) en 1898. Emitió sus primeros votos en 1915. Ejerció con entrega y dedicación su labor docente en varios colegios maristas y destacó como buen profesor. Era humilde y trabajador, un dechado de alegría auténticamente cristiana y llena de caridad para con todos. Camerino nació en Villamedianilla (Burgos) en 1900. Hecho el servicio militar, vistió el hábito marista en 1925. Después de ejercer oficios manuales en Les Avellanes, fue destinado a Madrid, al colegio de la calle Los Madrazo, como profesor. Fue un excelente educador y un buen apóstol. Además, desde el noviciado prestó sus servicios a los hermanos como enfermero.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Indalecio de María Morón Casas. Nació en Noguera (Teruel) en 1899. Tomó el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) en 1914. Ejerció su apostolado en Barcelona. De 1921 a 1923 tuvo que estar en Melilla donde lo asignaron al Cuerpo Sanitario. El carácter amable, la entrega y la paciencia lo hicieron muy popular en el hospital, donde desempeñaba los servicios más humildes con generosidad y delicadeza. Por su heroico comportamiento le otorgaron dos condecoraciones. Cuando estalló la persecución religiosa, dejó el convento y buscó alojamiento en la misma Barcelona. El 24 de julio de 1936 un coche de milicianos se lo llevó. En el depósito de cadáveres se halló su ficha con la fecha del 24 de julio, y como profesión «cura».

Beato Jaime de Santa Teresa. Nació en Forcall (Castellón) el año 1886. De pequeño estudió en el seminario diocesano, pero a los 16 años entró en el noviciado de los Carmelitas Descalzos en el Desierto de las Palmas, donde profesó en 1903. Ordenado sacerdote en 1909, ejerció su ministerio en varios conventos. En 1918 se incorporó a la provincia catalana en el convento de Barcelona. Impartió clases de teología dogmática y moral, y se dedicó al confesonario. El 20 de julio de 1936 tuvo que salir de su convento; lo golpearon hasta que cayó malherido y un miliciano le disparó. Lo llevaron al hospital y allí murió el 24-VII-1936 a causa de las heridas recibidas.

Beato Javier Bordas Piferer. Nació el 4 de septiembre de 1914 en Sant Pol de Mar (Barcelona). Ingresó en la Sociedad Salesiana de Don Bosco en 1931. Era un joven que prometía mucho por su carácter e inteligencia, y lo enviaron a Roma a estudiar filosofía en la Gregoriana. Regresó de vacaciones a Barcelona el 17 de julio de 1936. Acababa de estallar la guerra civil y tuvo que refugiarse en casa de unos amigos. El 23 por la tarde salió de casa y ya no se supo más de él hasta que el 29 encontraron su cadáver en el Hospital Clínico con evidentes heridas por arma de fuego. Tenía 21 años.

Beato José Joaquín Esnaola Urteaga. Nació en Idiazábal (Guipúzcoa) en 1898. Profesó en los Agustinos de El Escorial en 1915 y se ordenó sacerdote en 1922. Ejerció el apostolado en los colegios de El Escorial, Guernica y Leganés. Se refugió en Madrid, pero volvió a Leganés a pagar unas deudas de la comunidad, y fue interceptado por unos milicianos en el tranvía. Lo martirizaron el 24-VII-1936 en el lugar de Leganés llamado "Prado del Arroyo Butarque".

Beato José Lambton. Nació en Malton (Inglaterra) el año 1568. Muy pronto empezó los estudios eclesiásticos en Reims y en Roma, y en 1589 recibió la ordenación sacerdotal. Enseguida volvió a Inglaterra y empezó su apostolado, pero pronto lo detuvieron. Lo condenaron por ser sacerdote ordenado en el extranjero y vuelto al reino inglés. Después de atroces tormentos, lentamente lo descuartizaron vivo en Newcastle-upon-Tyne en 1592, cuando tenía 24 años, en tiempo de Isabel I.

Beato José Máximo Moro. Nació en Santibáñez de Béjar (Salamanca) en 1882. A los 14 años ingresó en el seminario de Ávila. Fue ordenado sacerdote en 1910. Ejerció el ministerio sagrado en varias parroquias antes de llegar a la de Cebreros (Ávila) en 1926. Era un hombre de oración, muy atento a las necesidades de sus feligreses, especialmente los pobres y los enfermos, desprendido de los bienes materiales, valiente y decidido aunque prudente y comprensivo. El 24 de julio de 1936 los milicianos de la FAI lo detuvieron y lo mataron en una carretera de El Tiemblo (Ávila). Murió perdonando a sus perseguidores. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Juan Tavelli. Nació en Tossignano (Bolonia) el año 1386. En 1408, cuando estudiaba derecho en Bolonia, ingresó en la Congregación de los Jesuatos. Era perseverante en la oración y la penitencia, adicto al estudio de la Escritura y de los Santos Padres. Lo eligieron obispo de Ferrara en 1431. Visitó repetidas veces las iglesias de su diócesis, tradujo y compuso obras de carácter bíblico y ascético, participó en los concilios de Basilea y de Ferrara-Florencia para tratar de la unión de los cristianos, atendió a los apestados, fundó un hospital, estuvo presente en el mundo de la cultura, procuró la buena formación del clero. Murió en Ferrara en 1446.

Beato Julio Sanromá. Nació en Vilavert (Tarragona) en 1879. Ordenado sacerdote en 1908, ejerció el ministerio en Dosaigües, Torroja y Solivella. Era muy celoso de su misión y desplegó un celo apostólico admirable; cuidaba a los niños, ayudaba a los pobres, visitaba a los enfermos, era el párroco de todos, incluso de los apartados de la Iglesia. El 24 de julio de 1936, iniciada la persecución religiosa, el comité de Solivella ordenó evacuar el pueblo ante un posible ataque de la aviación. D. Julio cumplió la orden, y pronto fue detenido por unos milicianos que lo maltrataron y lo mataron a tiros. Beatificado el 13-X-2013.

Beata María de las Mercedes Prat Prat . Nació en Barcelona (España) el año 1880. Desde pequeña frecuentó el colegio de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, en la que ingresó en 1905. Antes había estudiado Bellas Artes, mientras se daba a las obras de caridad y mortificación, y había sido catequista de las jóvenes obreras y de las empleadas del hogar, a las que enseñaba también a leer y escribir. En su Compañía se dedicó a la docencia en varios colegios y ejerció cargos de responsabilidad. La guerra civil la encontró en Barcelona, y pronto fue detenida en la calle porque la reconocieron como religiosa. La torturaron y vejaron e incluso simularon un fusilamiento. El 24 de julio de 1936 la fusilaron en la carretera de La Arrabassada (Barcelona).

Beatas María Pilar de San Francisco Borja y compañeras mártires. Se trata de tres carmelitas descalzas del monasterio de San José de Guadalajara (España), que murieron en esta ciudad víctimas de la persecución religiosa el 24 de julio de 1936, al principio de la guerra civil de España. Estos son sus nombres: María Pilar de San Francisco de Borja (Jacoba) Martínez García, nació en Tarazona (Zaragoza) el año 1877. Estuvo colaborando con un hermano suyo sacerdote y, en 1898, siguiendo el ejemplo de su hermana mayor, ingresó en las carmelitas descalzas de Guadalajara. Teresa del Niño Jesús (Eusebia) García García, nació en Mochales (Guadalajara) el año 1909, y estuvo con un hermano suyo sacerdote hasta que, por influjo de la lectura de la Historia de un alma de santa Teresita, abrazó la vida de las carmelitas descalzas en Guadalajara el año 1925. María Ángeles de San José (Marciana) Valtierra Tordesillas, nació en Getafe (Madrid) el año 1905. Cuatro hermanos abrazaron la vida religiosa, y dos fueron mártires. Desarrolló un intenso apostolado parroquial y, también por influjo de la Historia de un alma de san Teresita, entró en el Carmelo de Guadalajara en 1929.

Beatos Nicolás Garlick, Roberto Ludlam y Ricardo Simpson. Estos tres sacerdotes seculares ingleses fueron ahorcados, destripados y descuartizados vivos en Derby (Inglaterra), durante el reinado de Isabel I, el 24 de julio de 1588, sin más culpa que haber recibido la ordenación sacerdotal en el extranjero, haber vuelto a su patria, ejercer el sagrado ministerio y haber propagado la doctrina católica. Nicolás nació en Glossop hacia 1554, estudio en Oxford y ejerció la docencia hasta que en 1581 marchó a Reims y recibió la ordenación sacerdotal en 1582. Volvió a su patria para ejercer su ministerio, pero fue arrestado, desterrado, encarcelado de nuevo a su regreso, hasta la condena a muerte. Roberto nació en Radbourne el año 1551. Estudió en Oxford y ejerció la docencia. Luego marchó a Reims y se ordenó de sacerdote en 1581. Vuelto a Inglaterra ejerció la pastoral seis años, hasta su detención y martirio. Ricardo nació en Wells en el seno de una familia protestante. Se convirtió al catolicismo y fue encarcelado. Una vez libre marchó a Douai (Francia) y se ordenó de sacerdote. Se repitieron las vueltas a Inglaterra y los destierros, hasta el martirio.

Beato Romualdo de Santa Catalina. Nació en Llansá (Gerona) en 1866. A los 15 años vistió el hábito de los Carmelitas Descalzos en el Desierto de las Palmas. Fue ordenado sacerdote en 1890. De 1893 a 1905 estuvo en Israel, en el Monte Carmelo y en Haifa. Ejerció cargos de responsabilidad incluido el de provincial de Cataluña. Tradujo y difundió las obras de santa Teresa del Niño Jesús. El 20 de julio de 1936, apenas desatada la persecución religiosa, tuvo que dejar el convento de la Diagonal de Barcelona; se refugió en la cercana casa de su padre. Dos días después los milicianos lo arrestaron, y el 24-VII-1936 lo mataron en la carretera de la Arrabassada (Barcelona).



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Del profeta Isaías: «Así dice el Señor: Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía» (Is 58,9-10).

Pensamiento franciscano:

San Francisco decía y repetía a sus hermanos: «Tanto sabe el hombre cuanto obra; y tanto sabe obrar un religioso, cuanto practica». Cómo si dijera: Al buen árbol no se le conoce sino por sus frutos (LP 105).

Orar con la Iglesia:

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado: Trata con bondad a tu pueblo, Señor.

-Salva a tu pueblo, redimido por tu Hijo Jesucristo, y enriquece a tu heredad con los dones del Espíritu Santo.

-Congrega en la unidad a todos los cristianos, para que juntos te alabemos y te demos gracias, y el mundo crea en Cristo, tu enviado.

-Derrama abundantemente tu gracia sobre nosotros, para que seamos capaces de difundir por todas partes la fragancia de Cristo.

-Muestra tu ternura a los enfermos y a los agonizantes, y que a nadie falte el consuelo de sentirse en brazos de nuestra madre la Virgen María.

Oración: Señor Dios, que nuestro humilde servicio a tu pueblo proclame tu grandeza, y ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humildad de María, haz que como ella abramos nuestro corazón a tu Palabra, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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LA GUERRA, MATANZA INÚTIL
Benedicto XVI, Ángelus del 22-VII-2007, en Lorenzago di Cadore

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días de descanso que, gracias a Dios, estoy pasando aquí, en Cadore, siento aún más intensamente el impacto doloroso de las noticias que me llegan sobre los enfrentamientos sangrientos y los episodios de violencia que se están produciendo en muchas partes del mundo. Esto me induce a reflexionar hoy una vez más sobre el drama de la libertad humana en el mundo.

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de «labrar y cuidar» este «jardín» que es la tierra (cf. Gén 2,8-17). Veo cómo de verdad cultiváis y cuidáis este hermoso jardín de Dios, un verdadero paraíso. Cuando los hombres viven en paz con Dios y entre sí, la tierra se asemeja verdaderamente a un «paraíso». Por desgracia, el pecado arruina continuamente este proyecto divino, engendrando divisiones e introduciendo la muerte en el mundo. Así sucede que los hombres ceden a las tentaciones del maligno y se hacen la guerra unos a otros. La consecuencia es que, en este estupendo «jardín», que es el mundo, se abren espacios de «infierno». En medio de esta belleza no debemos olvidar las situaciones en las que se encuentran a veces muchos hermanos y hermanas nuestros.

La guerra, con su estela de lutos y destrucciones, desde siempre se considera con razón una calamidad que contradice el proyecto de Dios, el cual ha creado todo para la existencia y, en particular, quiere hacer del género humano una familia. En este momento no puedo por menos de remontarme con el pensamiento a una fecha significativa: el 1 de agosto de 1917, hace exactamente 90 años, mi venerado predecesor el Papa Benedicto XV dirigió su celebre «Nota a las potencias beligerantes», solicitándoles que pusieran fin a la primera guerra mundial (cf. AAS 9 [1917] 417-420).

Mientras se desarrollaba aquel terrible conflicto, el Papa tuvo la valentía de afirmar que se trataba de una «matanza inútil». Esta expresión ha quedado grabada en la historia. Se justificaba en la situación concreta de aquel verano de 1917, especialmente en este frente véneto. Pero las palabras «matanza inútil» encierran también un valor más amplio, profético, y se pueden aplicar a muchos otros conflictos que han segado innumerables vidas humanas.

Precisamente las tierras donde nos encontramos, que de por sí hablan de paz, de armonía, de la bondad del Creador, fueron escenario de la primera guerra mundial, como aún evocan tantos testimonios y algunos conmovedores cantos de los alpinos. No hay que olvidar esos acontecimientos. Es necesario aprender de las experiencias negativas, que por desgracia vivieron nuestros padres, para no repetirlas.

La «Nota» del Papa Benedicto XV no se limitaba a condenar la guerra; indicaba, en un plano jurídico, los caminos para construir una paz justa y duradera: la fuerza moral del derecho, el desarme equilibrado y controlado, el arbitraje en las controversias, la libertad de los mares, la condonación recíproca de los gastos bélicos, la restitución de los territorios ocupados y negociaciones justas para dirimir las cuestiones.

La propuesta de la Santa Sede se orientaba al futuro de Europa y del mundo, según un proyecto de inspiración cristiana, pero que todos pueden compartir, porque se funda en el derecho de gentes. Es la misma línea que siguieron los siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II en sus memorables discursos a la Asamblea de las Naciones Unidas, repitiendo, en nombre de la Iglesia: «¡Nunca más la guerra!». Desde este lugar de paz, en el que se sienten más vivamente aún como inaceptables los horrores de las «matanzas inútiles», renuevo el llamamiento a emprender con tenacidad el camino del derecho, a rechazar con determinación la carrera de armamentos y, más en general, a evitar la tentación de afrontar situaciones nuevas con sistemas antiguos.

Con estos pensamientos en el corazón, y deseando que esta tierra sea siempre, como es actualmente, gracias a Dios, una tierra de paz y de hospitalidad, elevemos ahora una oración especial por la paz en el mundo, encomendándola a María santísima, Reina de la paz.

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CON LA PACIENCIA AUMENTA LA HUMILDAD
De la Vida perfecta para religiosas, de san Buenaventura

Aprended, oh vírgenes consagradas, a tener espíritu humilde, andar humilde, sentidos humildes, hábito humilde, porque solamente la humildad es la que aplaca la ira, la que halla la gracia de Dios. Cuanto eres mayor, más te has de humillar en todas las cosas, se dice en el Eclesiástico, y hallarás gracia delante de Dios. De este modo halló gracia delante del Señor la Virgen María, como ella misma lo asegura diciendo: Miró la humildad de su esclava. Y no es de maravillar esto, porque la humildad prepara lugar a la caridad y vacía el alma de vanidad. Por esto dice san Agustín: «Cuanto más vacíos estamos de la hinchazón de la soberbia, tanto más llenos estamos de caridad». Pues al modo que el agua confluye a los valles, así la gracia del Espíritu Santo baja a los humildes; y así como el agua fluye con más fuerza cuanto mayor es la pendiente, así el que procede con un corazón totalmente humillado se acerca más al Señor para conseguir su gracia. Por cuya razón dice el Eclesiástico: La oración del que se humilla traspasará las nubes y no parará hasta que llegue al Altísimo, porque el Señor hará la voluntad de los que le temen y escuchará su oración.

Por lo tanto, sed humildes, oh siervas de Dios, oh esclavas de Cristo. Sed humildes, de manera que no permitáis nunca que reine la soberbia en vuestros corazones, pues tuvisteis un maestro humilde, a saber, nuestro Señor Jesucristo, y una humilde maestra, la Virgen María, Reina de todos. Sed humildes, pues tuvisteis un padre humilde, el bienaventurado Francisco, y una madre humilde, la bienaventurada Clara, ejemplar de humildad. Pero habéis de ser humildes de tal forma, que la paciencia sea la prueba de vuestra humildad. Pues la virtud de la humildad se perfecciona con la paciencia. Lo que confirma san Agustín diciendo: «Es cosa fácil ponerse el velo a la cara, usar hábitos viles y despreciables, caminar con la cabeza baja; mas la paciencia es la que manifiesta al verdadero humilde», según aquello del Eclesiástico: En tu humildad ten paciencia.

Pero, ¡ay!, lo digo con pena: somos muchos los que queremos ensoberbecernos en el claustro, cuando no fuimos en el mundo más que personas humildes. Por cuyo motivo san Bernardo dice: «Veo con mucho sentimiento que algunos, después de haber despreciado la pompa del siglo, más bien aprenden la soberbia en la escuela de la humildad, y que bajo las alas del manso y humilde maestro se insolentan más gravemente y se hacen más impacientes que si estuvieran en el siglo; y lo que es peor, muchos sufren ser tenidos como despreciables en la casa de Dios, cuando en la suya no pudieron ser más que despreciables».

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LA ORACIÓN, DESARROLLO
DE LA «VIDA DE PENITENCIA»
por Kajetan Esser - Engelbert Grau, OFM

Francisco, hombre de oración

Fiel seguidor de Cristo, san Francisco se esforzó por conformar en todo su vida a la del Señor, también en la oración. Por eso fue un hombre de oración y su vida fue un modelo de comunión con el Dios Altísimo. Más aún, a requerimiento de sus hermanos, él supo enseñarles este "arte" maravilloso, tanto en sus líneas esenciales como en sus detalles prácticos.

San Francisco se convirtió en un gran hombre de oración, al vivir según la forma del santo Evangelio y no buscar otra cosa que seguir con toda sencillez las huellas del Señor y asemejarse cada vez más a Él. En efecto, el Señor, durante su vida en la tierra, no sólo predicó y atendió a las necesidades de los hombres con misericordia infatigable sino que, como nos relatan los evangelistas, se reservó siempre tiempo para orar al Padre: «Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Al atardecer estaba solo allí» (Mt 14,23). «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario, donde se puso a orar» (Mc 1,35). «Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?"» (Lc 9,18). «Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba» (Lc 22,41).

Francisco, que siempre miraba a Cristo y en todo se orientaba según su ejemplo, se sentía obligado por este modo de obrar del Señor y se entregaba de continuo a la oración. La oración informaba de tal manera su vida y configuraba de tal suerte a todo el hombre Francisco, que Tomás de Celano pudo decir de él: «Así, hecho todo él no ya sólo orante, sino oración, enderezaba todo en él -mirada interior y afectos- hacia lo único que buscaba en el Señor» (2 Cel 95).

«Su preocupación máxima era la de ser libre de cuanto hay en el mundo, para que, ni por un instante, pudiera el más ligero polvillo empañar la serenidad de su alma. Permanecía insensible a todo estrépito del exterior y ponía toda su alma en tener recogidos los sentidos exteriores y en dominar los movimientos del ánimo, para darse sólo a Dios... Por esto escogía frecuentemente lugares solitarios, para dirigir su alma totalmente a Dios; sin embargo, no eludía perezosamente intervenir, cuando lo creía conveniente, en los asuntos del prójimo y dedicarse de buen grado a su salvación. Su puerto segurísimo era la oración; pero no una oración fugaz, ni vacía, ni presuntuosa, sino una oración prolongada, colmada de devoción y tranquilidad en la humildad. Podía comenzarla al anochecer y con dificultad la habría terminado a la mañana; fuese de camino o estuviese quieto, comiendo o bebiendo, siempre estaba entregado a la oración. Acostumbraba salir de noche a solas para orar en iglesias abandonadas y aisladas; bajo la divina gracia, superó en ellas muchos temores y angustias de espíritu» (1 Cel 71).

«En verdad que su perseverancia era suma y a nada atendía fuera de las cosas de Dios» (1 Cel 72). «Cuando oraba en selvas y soledades, llenaba de gemidos los bosques, bañaba el suelo en lágrimas, se golpeaba el pecho con la mano» (2 Cel 95); Francisco se entregaba por entero a la oración, oraba realmente a Dios «con cuerpo y alma». «Con toda el alma anhelaba con ansia a su Cristo; a éste se consagraba todo él, no sólo en el corazón, sino en el cuerpo» (2 Cel 94).

El contenido de su oración era «un diálogo con su Señor». Tomás de Celano ha descrito este diálogo con inimitable concisión: «Allí hablaba muchas veces con su Señor. Allí respondía al Juez, oraba al Padre, conversaba con el Amigo, se deleitaba con el Esposo» (2 Cel 95). Todas estas relaciones vitales del hombre cristiano para con Dios formaban la oración del Santo y fueron contenido y fin de la misma. «Para convertir en formas múltiples de holocausto las intimidades todas más ricas de su corazón, reducía a suma simplicidad lo que a los ojos se presentaba múltiple» (2 Cel 95). En dicha oración era poseído completamente por Dios: «Rumiaba muchas veces en su interior sin mover los labios, e, interiorizando todo lo externo, elevaba su espíritu a los cielos. Así, hecho todo él no ya sólo orante, sino oración, enderezaba todo en él -mirada interior y afectos- hacia lo único que buscaba en el Señor» (2 Cel 95).


























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