miércoles, 19 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano

BEATO LUIS NOVARESE


DÍA 20 DE JULIO

 

Santos León Ignacio Mangin, Pablo Denn y María Zhou Wuzhi. León Ignacio y Pablo eran sacerdotes jesuitas franceses, María era una seglar china, esposa del administrador de la comunidad cristiana. Los tres fueron asesinados por los bóxers el 20 de julio de 1900 en Zhoujiahe, provincia de Hebei (China). Cuando en 1898 las bandas de bóxers comenzaron sus actividades, el P. León Ignacio fortificó la misión, a la que acudieron muchos cristianos en busca de refugio. Sólo en su tercer asalto lograron los bóxers llegar hasta la iglesia. Allí estaban los dos sacerdotes presidiendo la celebración, los catequistas y numerosos fieles. Los bóxers ofrecieron la salvación a los que apostataran, y lo hicieron algunos. Los demás fueron masacrados. El P. León dio la absolución sacramental. Los sacerdotes murieron entre los primeros. Cuando iban a disparar sobre el P. León Ignacio, María, que tenía unos cuarenta años, se puso delante para protegerlo. Murió ella y también los demás.



Beatos Lucas de San José, Jorge de San José y Juan José de Jesús Crucificado. El 20 de julio de 1936, apenas desatada la persecución religiosa en España, estos tres Carmelitas Descalzos del convento de la Diagonal de Barcelona, fueron martirizados en los alrededores de su casa por los milicianos. En la madrugada de aquel día, los 13 miembros de la comunidad habían celebrado la Santa Misa en su iglesia y más tarde habían consumido las sagradas formas que quedaban en el sagrario. Después, vestidos de paisano, fueron saliendo del convento. Lucas de San José nació en la localidad de Su (Lérida) en 1872. Hizo la profesión religiosa en 1891 y se ordenó de sacerdote en 1899. Destacó como predicador y escritor, especialmente por el comentario a las obras de santa Teresa. Trabajó en España y en América, y desempeñó en su Orden cargos de gran responsabilidad. Jorge de San José nació en Tarragona el año 1889, hizo la profesión religiosa en 1906 y recibió la ordenación sacerdotal 1915. Fue rector del seminario menor de Palafrugell y prior de Barcelona. Juan José de Jesús Crucificado nació en Tortosa (Tarragona) en 1911. Ingresó en los Carmelitas con la intención de prepararse para el sacerdocio, pero luego optó por ser hermano profeso. Desempeñó el oficio de portero en Barcelona, ganándose el afecto de los feligreses con su afabilidad y cortesía.



Beata Rita Dolores del Corazón de Jesús Pujalte y Sánchez, y Beata Francisca del Corazón de Jesús Aldea y Araujo. Son dos religiosas españolas de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, que por su fe y condición religiosa fueron fusiladas en Canillejas, cerca de Madrid, el 20 de julio de 1936, al inicio de la guerra civil de España. Rita nació en Aspe (Alicante) el año 1853. Emitió sus primeros votos en 1888, y pronto la Fundadora, Vble. Isabel de Larrañaga, le confió cargos de gran responsabilidad, más aún, poco antes de morir, sugirió a sus religiosas que la eligieran superiora general de la naciente Congregación. La eligieron y la reeligieron hasta que, en 1928, anciana, enferma y casi ciega, se retiró a la vida privada en el colegio de Santa Susana de Madrid, donde la detuvieron el mismo día de su martirio. Francisca nació en Somolinos (Guadalajara) el año 1881. Pronto quedó huérfana de padre y madre. Era una niña inteligente, comprensiva y bondadosa. Se educó en el colegio de Santa Susana de Madrid, en el que hizo su profesión religiosa en 1903. Se dedicó a la enseñanza y le confiaron distintos cargos en la Congregación. En los días difíciles de julio de 1936, se comprometió a acompañar hasta el final a la M. Rita, anciana y enferma, aunque tuviera que compartir con ella el martirio. Y así fue, las detuvieron y las inmolaron juntas.

BEATO LUIS NOVARESE


BEATO LUIS NOVARESEBEATO LUIS NOVARESE. Nació en Casale Monferrato (Italia) el año 1914. De niño sufrió una tuberculosis ósea, de la que curó milagrosamente. Después maduró la idea de hacerse sacerdote y ocuparse de los enfermos; a este fin fundó los institutos “Voluntarios del sufrimiento”, “Obreros silenciosos de la Cruz” y “Hermanos y Hermanas de los enfermos”. Ordenado sacerdote en 1938, renovó la pastoral de los enfermos haciéndolos sujetos activos en la Iglesia. El Card. Montini lo llamó a la Secretería de Estado de la Santa Sede para ocuparse en particular de lo referente a los soldados que estaban en el frente. Ese trabajo, sin alejarlo de los enfermos, amplió su campo de apostolado. Luchó contra la marginación de los minusválidos, fundó centros de asistencia, organizó cursos para enfermos y minusválidos, enseñándoles a pensar y vivir de un modo nuevo su enfermedad, y haciendo que no sólo fueron objeto de caridad, sino miembros activos de evangelización. Murió el 20 de julio de 1984 Rocca Priora (Roma). Beatificado el 2013.

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San Apolinar. Son muy pocas las noticias históricas que tenemos sobre la vida y actividad de este santo. Según la tradición parece que, a finales del siglo II, gobernó como obispo la Iglesia de Classe cerca de Ravena, en la región de Flaminia (Italia), dando a conocer entre los paganos las inescrutables riquezas de Cristo, y fue honrado con el honor del eximio martirio. Marchó hacia el Señor un día 23 de julio, sin que podamos precisar el año.

San Aurelio de Cartago. El año 388 era diácono en Cartago (Túnez) e hizo amistad con el futuro san Agustín que quedó muy edificado por la caridad hacia los pobres que practicaba Aurelio y por la solemnidad y belleza que daba a los divinos oficios. El año 391 ó 392 fue elegido obispo de Cartago. Tuvo que oponerse al donatismo y al pelagianismo, y para ello convocó varios sínodos. También tuvo que luchar para imponer la disciplina eclesiástica. Mantuvo correspondencia con san Agustín, era obispo de Hipona, y se ve que ambos sintonizaban en convicciones y en obras. Agustín le dedicó varias obras. Murió el año 430.

San Elías Tesbita. Hoy conmemoramos a este gran Profeta del Antiguo Testamento. Nació a finales del siglo X o principios del siglo IX antes de Cristo. Ejerció su ministerio de profeta del Señor en tiempo de Ajab y Jezabel, reyes de Israel. Contra Baal y sus sacerdotes, defendió los derechos del único Dios ante el pueblo infiel a su Señor con tal valor, que prefiguró no sólo a Juan Bautista sino al mismo Cristo. No dejó profecías escritas, pero su memoria se ha conservado fielmente, sobre todo en el Monte Carmelo. En el Nuevo Testamento aparece en la escena de la Transfiguración hablando con Jesús, quien en otro momento dice que el Bautista era el Elías que tenía que venir (Mt 11,14).

San Frumencio. En su juventud lo apresaron y lo redujeron a esclavitud los etíopes, que lo llevaron a la corte de Axum. Allí pudo hacer propaganda del cristianismo e incluso consiguió la libertad. San Atanasio lo ordenó de obispo y lo envió de vuelta a Axum con la misión de evangelizar a las gentes de Etiopía. Murió en una fecha desconocida del siglo IV.

San José Barsabás el Justo . Es un personaje del N. T., a quien propusieron, junto con Matías, para ocupar el puesto de Judas Iscariote. Así lo narra el libro de los Hechos de los Apóstoles: «Uno de aquellos días Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y les dijo: "Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas... Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, ... uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrección". Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías... Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles» (Hch 1,15-26). Y José continuó dedicándose al ministerio de la predicación.

San José María Díaz Sanjurjo. Nació en Santa Eulalia de Suegos (Lugo, España) el año 1818. Estudió en el seminario de Santiago, pero en 1842 ingresó en el colegio misionero de Ocaña, de los dominicos, y en 1844 se ordenó de sacerdote. Lo destinaron a Vietnam, donde empezó su apostolado trabajando en un seminario para nativos, mas enseguida empezó la persecución contra los cristianos. En 1849 lo nombraron obispo para el nuevo Vicariato del Tonkín Oriental. Siguió una época de relativa calma, pero en 1857 arreció de nuevo la persecución. Lo arrestaron y lo encarcelaron. Lo pusieron ante la disyuntiva de apostatar o morir, y él sin titubeos se afirmó y reafirmó en su fe. Fue decapitado en Nam Dinh el año 1857.

Santa María Fu Guilin. Era una mujer china, maestra y catequista fervorosa, nacida en 1863 y colaboradora de los misioneros en las tareas apostólicas. Cuando llegaron los bóxers se escondió, pero una mujer pagana la delató. La sacaron con violencia del pueblo en que vivía, Daliucun, provincia de Hebei (China), la invitaron a apostatar y, al no hacerlo, la decapitaron mientras invocaba a nuestro Salvador Jesucristo. Era el año 1900.

Santas María Zhao Guozhi y sus hijas Rosa Zhao y María Zhao. La madre era viuda y cuidaba con esmero la educación de sus hijas. Cuando en 1900 la persecución de los bóxers llegó hasta su pueblo, Wuqiao Zhaojia, en la provincia de Hebei (China), madre e hijas se escondieron en un pozo para librarse de su violencia, pero las sacaron unos vecinos y cayeron en manos de sus perseguidores. Estos mataron en seguida a la madre, ataron a las hijas en sendos árboles y les propusieron una y otra vez que renegaran del cristianismo. Ellas se mantuvieron firmes en la fe, por lo que un bóxer sacó su espada y las mató.

Santa Marina (o Margarita). Según la tradición, fue una mujer que consagró su cuerpo a Cristo en la virginidad y en el martirio al ser decapitada en Antioquía de Pisidia (Turquía) en torno al año 305.

Santos Mártires de Seúl. El 20 de julio de 1839 fueron decapitados en Seúl (Corea) ocho cristianos, siete mujeres y un varón, que prefirieron perder la vida antes que abandonar la fe de Cristo que profesaban de corazón y que confesaron con los labios ante sus perseguidores sin miedo a las represalias. Estos son sus nombres: Magdalena Yi Yonghui, Teresa Yi Maeim, Marta Kim Songim, Lucía Kim, Rosa Kim, Ana Kim Changgum y María Won Kwiim, virgen, y Juan Bautista Yi Kwangnyol.

San Pablo de Córdoba. Era pariente de san Eulogio de Córdoba, quien narra su historia, y pertenecía como diácono al clero de la iglesia cordobesa de San Zoilo. Sobresalía por sus muchas virtudes y especialmente por la caridad que le llevaba a visitar y ayudar a los presos. Animado por la palabra y el ejemplo de san Sisenando, se presentó ante el juez musulmán y le confesó su fe en Cristo como verdadero Dios. Fue encarcelado y más tarde decapitado. Esto sucedió en Córdoba el año 851.

San Pedro Zhou Rixin. Era un joven de 19 años, natural de Lujiazhuang, provincia de Hebei (China), que se refugió como otros muchos cristianos junto al P. León Ignacio Mangin. Cuando los bóxers asaltaron la iglesia en que estaban reunidos, Pedro pudo escaparse por una ventana. Estuvo mucho tiempo escondido sin comer y, cuando lo encontraron los soldados, lloraba de hambre y de miedo. Le ofrecieron la libertad si apostataba. Él se mantuvo firme en su fe, y lo decapitaron. Esto sucedió días después del 20 de julio de 1900, en fecha desconocida, por lo que el Martirologio ha preferido conmemorarlo hoy.

San Vulmaro. Nació en la región de Boulogne (Francia). Contrajo matrimonio en su juventud, pero resultó que la mujer ya estaba casada y su marido la reclamó. Tras este fracaso entró en el monasterio de Hautmont como criado, para cortar leña y cuidar del ganado. Su humildad y buenas cualidades atrajeron la atención del abad, quien le vistió el hábito monacal y lo preparó para el sacerdocio. Después, con los debidos permisos, se retiró a un monte para vivir como ermitaño siguiendo las costumbres de los antiguos padres. Fundó en medio de los bosques un monasterio para hombres y otro para mujeres. Murió el año 689.

San Xi Guizi. Era un joven catecúmeno de 18 años y aún no había recibido un nombre cristiano. Tenía poca cultura, pero estaba entusiasmado con Cristo y estudiaba con todo su interés el catecismo. Lo apresaron los bóxers y lo llevaron a la pagoda para que adorara los ídolos. Él se negó alegando su fe cristiana. Lo maniataron y lo llevaron al lugar del suplicio, donde le soltaron las manos. Él se santiguó y dejó mansamente que lo descuartizaran vivo. Así recibió el bautismo de sangre en su pueblo, Dechao, provincia de Hebei (China), el año 1900.

Beato Antonio Fernández Camacho. Nació en Lucena (Córdoba) en 1892, hizo la profesión en los Salesianos en 1909, fue ordenado sacerdote en 1917 y se consagró con celo a la enseñanza y al sagrado ministerio. Fue apóstol de las devociones a Jesús Eucarístico y a María Auxiliadora. Se encontraba en Sevilla cuando comenzó la persecución religiosa. El 20-VII-1936 fue denunciado como sacerdote, arrestado y cacheado. Al encontrarle el crucifijo que llevaba en el cuello, los milicianos, entre insultos e injurias, le dispararon varios tiros de fusil y lo abandonaron. Murió poco después.

Beato Bernardo de Hildesheim. Fue obispo de Hildesheim en Sajonia (Alemania) y, aunque ciego, gobernó santamente su Iglesia durante veintitrés años. Murió en 1153.

Beato León Argimiro García. Nació en Calzadilla de los Hermanillos (León) en 1913. Emitió sus primeros votos en 1932. A continuación lo enviaron al colegio San José de la calle Fuencarral de Madrid. Tuvo que hacer el servicio militar en el cuartel de la Montaña; en los tiempos libres seguía ayudando en las clases del colegio. El 20 de julio de 1936, se presentó en el colegio un grupo de milicianos que detuvieron a los hermanos que encontraron a su paso. Al Hno. León Argimiro, uno de los detenidos, lo asesinaron aquel mismo día en la Casa de Campo de Madrid. Tenía 23 años. Beatificado el 13-X-2013.

Beatos Luis Furones y Jacinto García, dominicos. El 20-VII-1936, iniciada la persecución religiosa en España, fue asaltado el convento de Atocha en Madrid, incendiado y profanado. Estos religiosos, al pasar por la calle Granada, fueron detenidos y ultrajados, Fr. Jacinto asesinado y el P. Luis herido de tal gravedad que quedó en plena calle varias horas hasta que expiró, tras una larga agonía entre insultos y mofas. Luis Furones nació Abraveses de Tera (Zamora) en 1892, profesó en 1910 y recibió la ordenación sacerdotal en 1917. A continuación fue misionero en Centroamérica. Organizó misiones y se dedicó intensamente a la predicación. Regresó a España en 1935 y lo eligieron prior del convento de Atocha. Jacinto García nació en Calvillas, Somiedo (Asturias) en 1894 y profesó como hermano cooperador en 1921. Marchó en 1923 a las misiones de Perú, donde permaneció hasta 1932. Buen religioso y excelente misionero, debilitado por una enfermedad, tuvo que regresar a España. Lo destinaron a Salamanca y después al convento de Atocha. Murió perdonando a sus ejecutores.

Beato Virginio Pedro López. Nació en Miraveche (Burgos) en 1884. Profesó en los Hermanos de La Salle en 1901. Ejerció su apostolado como profesor o director en diversas escuelas, en las que dejó fama de competente, activo y metódico. En septiembre de 1935 lo destinaron a la escuela de Santa Susana de Madrid y allí le sorprendió la persecución religiosa. Se refugió en casa de un antiguo alumno y, a finales de julio de 1936, se acercó a ver la escuela y si se había retirado la reserva del sagrario. Alguien lo reconoció y avisó a los milicianos, que lo detuvieron y lo asesinaron cerca del cementerio de la Almudena. Beatificado el 13-X-2013.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

«Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes temor. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos» (Salmo 129).

Pensamiento franciscano:

Dice el Apóstol: La letra mata, pero el espíritu vivifica. Y comenta san Francisco: «Son matados por la letra aquellos que únicamente desean saber las palabras solas, para ser tenidos por más sabios y poder adquirir riquezas. Y son vivificados por el espíritu de la divina letra aquellos que no se la apropian, sino que, con la palabra y el ejemplo, la devuelven al altísimo Señor Dios, de quien es todo bien» (Adm 7).

Orar con la Iglesia:

Glorifiquemos a Cristo que ha querido ser nuestro maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y presentémosle con humildad y confianza nuestras peticiones.

-Cristo Jesús, hecho en todo semejante a nosotros, menos en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y lloremos con los que lloran.

-Concédenos saciar el hambre y la sed de los hambrientos y sedientos, y haz que sepamos darles también tu pan y tu espíritu de paz y alegría.

-Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte, haz que, por la fe y la penitencia, vuelvan los pecadores a la vida cristiana.

-Tú que perdonaste a la mujer adúltera, perdona nuestros pecados y danos tu gracia para no pecar más.

-Haz que nosotros, siguiendo el ejemplo de María y de los santos, sigamos cada vez con mayor diligencia y fidelidad tus enseñanzas.

Oración: Te rogamos, Padre, que tu gracia nos ayude a vivir siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por nuestra salvación. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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MÁS ALLÁ DEL MURO DE LA MUERTE
Benedicto XVI, Ángelus del día 10 de abril de 2011

Queridos hermanos y hermanas:

Todas las lecturas bíblicas de este domingo [V de Cuaresma] hablan de la resurrección. Pero no de la resurrección de Jesús, que irrumpirá como una novedad absoluta, sino de nuestra resurrección, a la que aspiramos y que precisamente Cristo nos ha donado, al resucitar de entre los muertos. En efecto, la muerte representa para nosotros como un muro que nos impide ver mas allá; y sin embargo nuestro corazón se proyecta mas allá de este muro y, aunque no podemos conocer lo que oculta, sin embargo, lo pensamos, lo imaginamos, expresando con símbolos nuestro deseo de eternidad.

El profeta Ezequiel anuncia al pueblo judío, en el destierro, lejos de la tierra de Israel, que Dios abrirá los sepulcros de los deportados y los hará regresar a su tierra, para descansar en paz en ella (cf. Ez 37,12-14). Esta aspiración ancestral del hombre a ser sepultado junto a sus padres es anhelo de una «patria» que lo acoja al final de sus fatigas terrenas. Esta concepción no implica aún la idea de una resurrección personal de la muerte, pues esta sólo aparece hacia el final del Antiguo Testamento, y en tiempos de Jesús aún no la compartían todos los judíos. Por lo demás, incluso entre los cristianos, la fe en la resurrección y en la vida eterna con frecuencia va acompañada de muchas dudas y mucha confusión, porque se trata de una realidad que rebasa los límites de nuestra razón y exige un acto de fe.

En el Evangelio de hoy -la resurrección de Lázaro-, escuchamos la voz de la fe de labios de Marta, la hermana de Lázaro. A Jesús, que le dice: «Tu hermano resucitará», ella responde: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día» (Jn 11,23-24). Y Jesús replica: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11,25). Esta es la verdadera novedad, que irrumpe y supera toda barrera. Cristo derrumba el muro de la muerte; en él habita toda la plenitud de Dios, que es vida, vida eterna. Por esto la muerte no tuvo poder sobre él; y la resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que ante Dios es como un sueño (cf. Jn 11,11).

Pero hay otra muerte, que costó a Cristo la lucha más dura, incluso el precio de la cruz: se trata de la muerte espiritual, el pecado, que amenaza con arruinar la existencia del hombre. Cristo murió para vencer esta muerte, y su resurrección no es el regreso a la vida precedente, sino la apertura de una nueva realidad, una «nueva tierra», finalmente unida de nuevo con el cielo de Dios. Por este motivo, san Pablo escribe: «Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros» (Rom 8,11).

Queridos hermanos, encomendémonos a la Virgen María, que ya participa de esta Resurrección, para que nos ayude a decir con fe: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios» (Jn 11,27), a descubrir que él es verdaderamente nuestra salvación.

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OBSERVA LOS MISTERIOS DE DIOS
Y LA CLEMENCIA DE CRISTO
San Ambrosio de Milán, Carta 26 (11-20)

Los letrados y los fariseos le habían traído al Señor Jesús una mujer sorprendida en adulterio. Y se la habían traído para ponerlo a prueba: de modo que si la absolvía, entraría en conflicto con la ley; y si la condenaba, habría traicionado la economía de la encarnación, puesto que había venido a perdonar los pecados de todos.

Presentándosela, pues, le dijeron: Hemos sorprendido a esta mujer en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices?

Mientras decían esto, Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Y como se quedaron esperando una respuesta, se incorporó y les dijo: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. ¿Cabe sentencia más divina: que castigue el pecado el que esté exento de pecado? ¿Cómo podrían, en efecto, soportar a quien condena los delitos ajenos, mientras defiende los propios? ¿No se condena más bien a sí mismo, quien en otro reprueba lo que él mismo comete?

Dijo esto, y siguió escribiendo en el suelo. ¿Qué escribía? Probablemente esto: Te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo. Escribía en el suelo con el dedo, con el mismo dedo que había escrito la Ley. Los pecadores serán escritos en el polvo, los justos en el cielo, como se dijo a los discípulos: Estad alegres porque vuestros nombres están escritos en el cielo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, y, sentándose, reflexionaban sobre sí mismos. Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie. Bien dice el evangelista que salieron fuera, los que no querían estar con Cristo. Fuera está la letra; dentro, los misterios. Los que vivían a la sombra de la ley, sin poder ver el sol de justicia, en las sagradas Escrituras andaban tras cosas comparables más bien a las hojas de los árboles, que a sus frutos.

Finalmente, habiéndose marchado letrados y fariseos, quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie. Jesús, que se disponía a perdonar el pecado, se queda solo, como él mismo dice: Está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pues no fue un legado o un nuncio, sino el Señor en persona, el que salvó a su pueblo. Queda solo, pues ningún hombre puede tener en común con Cristo el poder de perdonar los pecados. Este poder es privativo de Cristo, que quita el pecado del mundo. Y mereció ciertamente ser absuelta la mujer que -mientras los judíos se iban- permaneció sola con Jesús.

Incorporándose Jesús, dijo a la mujer: ¿Dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha lapidado? Ella contestó: Ninguno, Señor. Y Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Observa los misterios de Dios y la clemencia de Cristo. Cuando la mujer es acusada, Jesús se inclina; y se incorpora cuando desaparece el acusador: y es que él no quiere condenar a nadie, sino absolver a todos. ¿Qué significa, pues: Anda, y en adelante no peques más? Esto: desde el momento en que Cristo te ha redimido, que la gracia corrija a la que la pena no conseguiría enmendar, sino sólo castigar.

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EL EVANGELIO DE SAN FRANCISCO:
POBREZA Y ALEGRÍA
por Victoriano Casas García, OFM

«Cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es y no más»

No guardar nada para uno mismo, no aparentar lo que uno no es, no buscar estar sobre los demás, reconocer y aceptar las propias carencias y limitaciones, todo esto es señal de una gran libertad interior. El hombre se reconoce y se acepta tal cual es sólo ante la presencia y transparencia de Dios: «Bienaventurado el siervo de Dios que no se tiene por mejor cuando es engrandecido y exaltado por los hombres, que cuando es tenido por vil, simple y despreciado, porque cuanto es el hombre delante Dios, tanto es y no más» (Adm 19,2). La libertad la vive el hombre en el amor que Dios le tiene y en la obediencia confiada con que se entrega a Él.

Recibirlo todo de las manos de Dios gozosamente, soportarlo todo con paciencia es vivir en la tierra de Dios, felicidad del hombre: «El siervo de Dios no puede conocer cuánta paciencia y humildad tiene en sí, mientras todo le suceda a su satisfacción. Pero cuando venga el tiempo en que aquellos que deberían causarle satisfacción, le hagan lo contrario, cuanta paciencia y humildad tenga entonces, tanta tiene y no más» (Adm 13). El gozo lo transfigura todo, elevándose por encima de todo. Hay gozo en amar cuando se está cerca como cuando se está lejos: «Bienaventurado el siervo que ama y respeta tanto a su hermano cuando está lejos de él, como cuando está con él, y no dice nada detrás de él, que no pueda decir con caridad delante de él» (Adm 25).

Hay gozo dando no sólo cosas, sino entregándose uno mismo: «Francisco estaba siempre pronto a entregarse por entero a sí mismo hasta agotarse; y daba muy gozosamente cuanto le pedían» (2 Cel 181).

Francisco supo también del gozo de la creación artística, como expresión plástica de su honda y radical experiencia de Dios. El pesebre de la Navidad en Greccio fue para él la ocasión de una de las experiencias de gozo más inolvidables: Francisco estaba «derretido en inefable gozo» (1 Cel 85).

La alegría se vive en la espontaneidad. Francisco soportaba con dificultad la tristeza y la melancolía. El gozo interior no tiene nada que ver con la vanidad, la fatuidad, la frivolidad, las palabras ociosas, sino con la serenidad de un corazón en paz y libre de amargura: «¡Ay de aquel religioso que se deleita en las palabras ociosas y vanas y con ellas conduce a los hombres a la risa!» (Adm 20,3). Mesura, agrado, alegría gozosa, sin alboroto, son talantes franciscanos: «Guárdense los hermanos de manifestarse externamente tristes e hipócritas sombríos; manifiéstense, por el contrario, gozosos en el Señor, y alegres y convenientemente amables» (1 R 7,16).

Tanto el gozo interior como el exterior se alimentan del pan de un corazón puro (cf. LP 120).

El gozo verdadero bebe su agua del manantial de la pobreza y la humildad, antídotos contra el afán de tener, acaparar y acumular: «Donde hay paciencia y humildad, allí no hay ira ni perturbación. Donde hay pobreza con alegría, allí no hay codicia ni avaricia» (Adm 27,2-3).

El gozo se vive en el sufrimiento, por medio del cual el hombre es despojado de sí mismo y hecho libre para vivir en Dios como en su casa de confianza. Desde ahí la muerte no es ya nociva, sino una hermana que hay que esperar y acoger gozosamente como puerta que introduce al hombre en el encuentro definitivo: «Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal» (Cánt 12). «Bienvenida sea mi hermana muerte» (2 Cel 217).
























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