domingo, 16 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 17 DE JULIO

 

SANTA EDUVIGIS. Reina y Patrona de Polonia y de Lituania. Nació en Buda el año 1374, hija del rey de Hungría. Contrajo matrimonio con el rey Ladislao Jaguellón, de Lituania. Estos esposos tuvieron una gran influencia en la evangelización de Lituania y en el progreso de la fe en el reino polaco-lituano. Eduvigis puso su posición social, sus talentos y su vida al servicio de Cristo y, cuando le correspondió gobernar, dedicó su vida también al servicio del pueblo que se le había confiado. Fundó hospitales y trató de aliviar las necesidades de los más pobres. Al mismo tiempo, se preocupó de la formación intelectual de su pueblo, y fundó la Universidad Jaguellónica de Cracovia, en la que la Santa, con su perseverancia, consiguió que el papa Bonifacio IX erigiera en 1397 la facultad de teología. Falleció el 17 de julio de 1399, y su tumba está en Wawel. Fue canonizada por Juan Pablo II en 1997.



BEATAS TERESA DE SAN AGUSTÍN Y COMPAÑERAS MÁRTIRES. El 17 de julio de 1794, en la Revolución Francesa, fueron guillotinadas en París 16 carmelitas descalzas del Carmelo de Compiègne, encabezadas por su priora, Teresa de San Agustín. Ésta nació en París el año 1752 e ingresó en el monasterio de carmelitas descalzas de Compiègne, en la región de Picardía, unos 65 Km al norte de París. Por sus talentos y virtudes pronto la eligieron priora, cargo que ejercía cuando llegó la Revolución Francesa. Por inspiración suya, todas se ofrecieron al Señor como víctimas de expiación para pedir la paz para la Iglesia y para su patria. En septiembre de 1792 fueron expulsadas de su convento. Siguieron viviendo en pequeños grupos hasta que en junio de 1794 fueron arrestadas, trasladadas a París y condenadas a muerte. Ante su inmolación, entonaron cantos religiosos y renovaron su profesión religiosa en manos de la priora, que fue la última en ser sacrificada. Estos son sus nombres (entre paréntesis, los de pila): Teresa de San Agustín (María Magdalena Claudina Lindoine), María Ana Francisca de San Luis Brideau, María Ana de Jesús Crucificado Piedcourt, Carlota de la Resurrección (Ana María Magdalena Thouret), Eufrasia de la Inmaculada Concepción (María Claudia Cipriana Brard), Enriqueta de Jesús (María Gabriela de Croissy), Teresa del Corazón de María (María Ana Hanisset), Teresa de San Ignacio (María Gabriela Trézelle), Julia Luisa de Jesús (Rosa Cristina de Neufville), María Enriqueta de la Providencia (Ana Pelras), Constancia (María Genoveva Meunier), María del Espíritu Santo (Angélica Roussel), María de Santa Marta Dufour, Isabel Julia de San Francisco Vérolot, Catalina y Teresa Soiron. -Oración: Señor, Padre Santo, que elegiste a la beata Teresa y a sus hermanas carmelitas para que, fortalecidas con la gracia de tu Espíritu Santo, llegaran desde la soledad del Carmelo hasta la palma del martirio; concédenos amarte con fidelidad, hasta llegar a la contemplación de tu gloria en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


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San Alejo. Se tienen pocas noticias seguras de su vida y hay varias tradiciones sobre la misma. Se le venera en Roma, en la iglesia del Aventino que lleva su nombre. Según la tradición era un hombre de Dios, rico, que dejó su casa y sus bienes para convertirse en un pobre mendigo que pedía limosna de incógnito, hasta el extremo de que, cuando volvió a su casa años después, sus padres lo acogieron como a un pobre, pero sin reconocer su identidad hasta después de su muerte. Se le sitúa allá por el siglo IV.

San Enodio de Pavía. Nació en Arlés hacia el año 475, y desde pequeño se crió en Pavía (Italia). Contrajo matrimonio, pero ambos esposos decidieron consagrarse a Dios, ella como monja y él como diácono. El año 514 fue elegido obispo de Pavía. Fue un pastor celoso del bien de sus fieles y solícito de la atención a los pobres. Fue firme en la defensa del Papa legítimo y de sus atribuciones. Compuso himnos en los que exaltó la memoria y las iglesias de los santos. Murió el año 521.

San Fredegando. Era un monje procedente de Irlanda que colaboró con san Foilán y otros misioneros en la evangelización de Brabante, y murió en Deurne, cerca de Amberes (Bélgica), el año 740.

San Jacinto. Sufrió el martirio en el siglo III en Amasra de Paflagonia, Asia Menor (hoy Turquía).

Santas Justa y Rufina. Son dos hermanas mártires de Sevilla (España), ciudad de la que son copatronas. La memoria de estas mártires está recogida en los más antiguos martirologios y su celebración consta en los libros litúrgicos mozárabes. Su passio narra que ambas vendían objetos de loza y se negaron a colaborar en el culto de la diosa Salambó, por lo que los adoradores de esta diosa les destrozaron los objetos de loza, a lo que ellas respondieron destruyendo el ídolo. Esto trajo consigo la detención y encarcelamiento de ambas hermanas, a las que sometieron a crueles suplicios por ser y confesarse cristianas. Justa murió en la cárcel y Rufina fue decapitada. Esto sucedió en tiempo del gobernador romano Diogeniano, en torno al año 287.

San Kenelmo. Fue príncipe de Mercia (Inglaterra), hijo del rey Coenwulf, y se le tiene por mártir. Fue enterrado en el monasterio de Winchcombe en torno al año 821.

San Koloman (o Colman). Era un peregrino irlandés que, cuando se dirigía como peregrino y en traje de tal a Tierra Santa, lo confundieron con un enemigo que estaba explorando el terreno, por lo cual lo colgaron de un árbol. Esto sucedió en Stockerau, cerca de Viena (Austria), el año 1012.

San León IV, papa del año 847 al año 855. Era romano y de joven ingresó en el monasterio benedictino de San Martín, situado junto al Vaticano. Ejerció diversos cargos de responsabilidad en la curia romana antes de ser elegido papa. En su pontificado tuvo que restaurar la devastación causada por los sarracenos el año 846 y consideró imprescindible dotar de seguridad a San Pedro, para lo que hizo amurallar la llamada Ciudad Leonina. Gobernó la Iglesia con gran sentido de la autoridad, independencia y dignidad de la sede romana frente a los poderes públicos. Celebró un concilio que se ocupó de cuestiones doctrinales y disciplinarias. Murió en Roma y fue sepultado en San Pedro.

Santa Marcelina. Nació en Tréveris (Alemania) hacia el año 330 y era hermana de san Ambrosio, arzobispo de Milán. En Roma, adonde se trasladó con su familia, recibió el año 353 de manos del papa Liberio el velo de las Vírgenes. San Ambrosio le dedicó su tratado sobre la virginidad. Murió en Milán hacia el año 400.

Santo Mártires Escilitanos. El año 180, en Cartago (Túnez), fueron martirizados 12 santos, llamados escilitanos porque procedían de Scillium en la Numidia. Detenidos y encarcelados, comparecieron ante el procónsul Saturnino. Ellos confesaron su fe y ni los cepos ni las torturas ni las amenazas consiguieron que apostataran, volvieran a la religión imperial y dieran culto al emperador como si fuera un ser divino. A la hora del martirio se pusieron todos de rodillas y los decapitaron mientras ellos daban gracias a Dios. Estos son sus nombres: Esperado, Narzalo, Citino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Genara, Generosa, Vestia, Donata y Segunda.

San Pedro Liu Ziyu. Era un seglar chino, cristiano convencido y fervoroso, encargado de la iglesia de su pueblo Zhujiaxiezhuang, provincia de Hebei (China). Muchos cristianos del pueblo huyeron cuando supieron que llegaban los bóxers. Pedro no quiso abandonar la iglesia y se escondió en el mismo pueblo. Los bóxers apresaron a un sobrino suyo, que era pagano, y Pedro, para evitar que lo maltrataran por no encontrarlo a él, se presentó al mandarín. Éste le exigió que abandonara el cristianismo, pero él permaneció firme en la fe, incluso cuando sus amigos le aconsejaban lo contrario. Fue decapitado el año 1900.

San Teodosio de Auxerre. Fue obispo de Auxerre (Francia) en el siglo VI.

Santos Zoerardo (o Andrés) y Benito . Fueron dos ermitaños oriundos de Polonia que, por invitación del rey san Esteban, se trasladaron a Hungría y llevaron una austerísima vida eremítica en el Monte Zobor, cerca de Nitra, al pie de los Cárpatos (en la actual Eslovaquia). Zoerardo murió en torno al año 1010. Su discípulo Benito de Skalka continuó viviendo en el mismo lugar hasta que, hacia el año 1034, unos ladrones la asaltaron, lo asesinaron y arrojaron su cadáver al río Waag.

Beato Pablo (Pedro) Gojdich. Nació en Eslovaquia, hijo de un sacerdote greco-católico. Se ordenó de sacerdote en 1911, y en 1922 ingresó en la Orden de San Basilio Magno, en la que tomó el nombre de Pablo. A partir de 1926 ejerció diversos cargos eclesiásticos, hasta llegar a obispo de Presov, con jurisdicción, a partir de 1946, sobre todos los greco-católicos de Checoslovaquia. Las autoridades comunistas lo presionaron para que se pasara a la ortodoxia, pero no lo consiguieron, y él acabó condenado a cadena perpetua por traidor. Lo llevaron de una cárcel a otra, en malas condiciones. A causa de las enfermedades contraídas por los malos tratos murió en la cárcel de Leopoldov (Eslovaquia) en 1960. Fue beatificado el año 2001.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

El Señor designó a otros 72 discípulos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todas los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les dijo: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decir primero: "Paz a esta casa"» (Lc 10,1-5).

Pensamiento franciscano:

San Francisco inculcaba a sus hermanos: «Devolvamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que todos son de él, y démosle gracias por todos a él, de quien proceden. Y el mismo altísimo y sumo, solo Dios verdadero, tenga y a él se le tributen y él reciba todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones, todas las gracias y gloria, de quien es todo bien, solo el cual es bueno» (1 R 17,17-18).

Orar con la Iglesia:

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, confesando que todo bien procede de Él y confiando en su misericordia.

-Padre todopoderoso, haz que florezcan en la tierra la justicia y el amor, y que tu pueblo se alegre en la paz.

-Que todos los pueblos, Señor, por tu gracia y nuestra colaboración, entren a formar parte de tu reino.

-Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia y sean fieles a su mutuo amor.

-Acoge con amor a quienes han muerto víctimas del odio, de la violencia, del terrorismo, de la guerra, y dales el descanso eterno.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar al mundo un testimonio creíble de la misión de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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EL ENVÍO DE LOS DISCÍPULOS
Benedicto XVI, Ángelus del día 8 de julio de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de hoy (cf. Lc 10,1-12.17-20) presenta a Jesús que envía a setenta y dos discípulos a las aldeas a donde está a punto de ir él, para que preparen el ambiente. Esta es una particularidad del evangelista san Lucas, el cual subraya que la misión no está reservada a los doce Apóstoles, sino que se extiende también a otros discípulos.

En efecto, Jesús dice que «la mies es mucha, y los obreros pocos» (Lc 10,2). En el campo de Dios hay trabajo para todos. Pero Cristo no se limita a enviar: da también a los misioneros reglas de comportamiento claras y precisas. Ante todo, los envía «de dos en dos» para que se ayuden mutuamente y den testimonio de amor fraterno. Les advierte que serán «como corderos en medio de lobos», es decir, deberán ser pacíficos a pesar de todo y llevar en todas las situaciones un mensaje de paz; no llevarán consigo ni alforja ni dinero, para vivir de lo que la Providencia les proporcione; curarán a los enfermos, como signo de la misericordia de Dios; se irán de donde sean rechazados, limitándose a poner en guardia sobre la responsabilidad de rechazar el reino de Dios.

San Lucas pone de relieve el entusiasmo de los discípulos por los frutos de la misión, y cita estas hermosas palabras de Jesús: «No os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos, más bien, de que vuestros nombres estén escritos en los cielos» (Lc 10,20). Ojalá que este evangelio despierte en todos los bautizados la conciencia de que son misioneros de Cristo, llamados a prepararle el camino con sus palabras y con el testimonio de su vida.

Es tiempo de vacaciones y mañana partiré para Lorenzago di Cadore, donde seré huésped del obispo de Treviso en la casa que ya acogió al venerado Juan Pablo II. El aire de montaña me hará bien -así lo espero- y podré dedicarme más libremente a la reflexión y a la oración.

Deseo a todos, especialmente a los que sienten mayor necesidad, que puedan tomar vacaciones, para reponer las energías físicas y espirituales, y renovar un contacto saludable con la naturaleza. La montaña, en particular, evoca la elevación del espíritu hacia las alturas, hacia el «grado alto» de nuestra humanidad que, por desgracia, la vida diaria tiende a rebajar.

Que la Virgen María nos proteja siempre, tanto en la misión como en el merecido descanso, para que podamos realizar con alegría y con fruto nuestro trabajo en la viña del Señor.

[Después del Ángelus] Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española... Mañana comienza mi período de vacaciones. Que vuestros días de merecido descanso sean también un momento propicio para alabar a Dios y anunciar su reino, tal como exhorta el evangelio de hoy. ¡La paz esté con vosotros!

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¿CÓMO PAGAREMOS AL SEÑOR
TODO EL BIEN QUE NOS HA HECHO?
San Basilio Magno, Regla monástica mayor, respuesta 2,2-4

¿Qué lenguaje será capaz de explicar adecuadamente los dones de Dios? Son tantos que no pueden contarse, y son tan grandes y de tal calidad que uno solo de ellos merece toda nuestra gratitud.

Pero hay uno al que por fuerza tenemos que referirnos, pues nadie que esté en su sano juicio dejará de hablar de él, aunque se trate en realidad del más inefable de los beneficios divinos; es el siguiente: Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo honró con el conocimiento de sí mismo, lo dotó de razón, por encima de los demás seres vivos, le otorgó poder gozar de la increíble belleza del paraíso y lo constituyó, finalmente, rey de toda la creación. Después, aunque el hombre cayó en el pecado, engañado por la serpiente, y, por el pecado, en la muerte y en las miserias que acompañan al pecado, a pesar de ello, Dios no lo abandonó; al contrario, le dio primero la ley, para que le sirviese de ayuda, lo puso bajo la custodia y vigilancia de los ángeles, le envió a los profetas, para que le echasen en cara sus pecados y le mostrasen el camino del bien, reprimió, mediante amenazas, sus tendencias al mal y estimuló con promesas su esfuerzo hacia el bien, manifestando en varias ocasiones por anticipado, con el ejemplo concreto de diversas personas, cual sea el término reservado al bien y al mal. Y, aunque nosotros, después de todo esto, perseveramos en nuestra contumacia, no por ello se apartó de nosotros.

La bondad del Señor no nos dejó abandonados y, aunque nuestra insensatez nos llevó a despreciar sus honores, no se extinguió su amor por nosotros, a pesar de habernos mostrado rebeldes para con nuestro bienhechor; por el contrario, fuimos rescatados de la muerte y restituidos a la vida por el mismo nuestro Señor Jesucristo; y la manera como lo hizo es lo que más excita nuestra admiración. En efecto, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo.

Más aún, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores, fue traspasado por nuestras rebeliones, sus cicatrices nos curaron; además, nos rescató de la maldición, haciéndose por nosotros un maldito, y sufrió la muerte más ignominiosa para llevarnos a una vida gloriosa. Y no se contentó con volver a dar vida a los que estaban muertos, sino que los hizo también partícipes de su divinidad y les preparó un descanso eterno y una felicidad que supera toda imaginación humana.

¿Cómo pagaremos, pues, al Señor todo el bien que nos ha hecho? Es tan bueno que la única paga que exige es que lo amemos por todo lo que nos ha dado. Y, cuando pienso en todo esto -voy a deciros lo que siento-, me horrorizo de pensar en el peligro de que alguna vez, por falta de consideración o por estar absorto en cosas vanas, me olvide del amor de Dios y sea para Cristo causa de vergüenza y oprobio.

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EL EVANGELIO DE SAN FRANCISCO:
POBREZA Y ALEGRÍA
por Victoriano Casas García, OFM

Menores y pobres, conviviendo entre los despreciados y débiles

Ser pobre y vivir pobre significa no considerarse ni colocarse como centro. Quien retiene la propia voluntad como propiedad inalienable se enaltece hasta el punto de considerarse autosuficiente. La experiencia y enseñanza fundamental de Francisco es: Todo bien es propiedad de Dios. Dios realiza el bien y lo manifiesta por medio del hombre, su instrumento. El corazón de la pobreza franciscana es un acontecimiento que se da en lo íntimo del hombre, referido a su encuentro fascinante con la zarza ardiente de Dios (Éx 3). Restituir todo a Dios es reconocer en todo y siempre el reinado de Dios en nuestra existencia; es la rica y feliz experiencia de despojamiento y pobreza. Todo es don de Dios, también nosotros mismos y nuestros hermanos los hombres. El Altísimo, Señor Dios, es quien dice y hace todo bien (Adm 7,4; 8,3).

El despojamiento y la desnudez espiritual es ciertamente exigencia de la pobreza. Elegir la pobreza, entregar todo lo que uno tiene como propio llevó a Francisco evidentemente a pedir a los hombres con una gran formación científica que deseban entrar en la Fraternidad franciscana, el renunciar a su ciencia para seguir a Cristo pobre y crucificado en la desnudez de su cruz (cf. 2 Cel 194). Francisco no es un hombre de ciencia, es decir, no se expresa con el lenguaje de la mediación cultural. Para él la sabiduría está personalizada, no siendo por lo mismo ni una doctrina ni una conclusión de la misma, ya que en este caso sólo los doctos y cultos la poseerían, mientras que los simples no tendrían jamás acceso a ella. La sabiduría para Francisco es más bien una relación con la persona de Jesús, el Hijo de Dios, es tenerlo incrustado en la médula y los huesos, es estar vestido de Él. Esto no se realiza en el plano del puro conocimiento, sino acogiendo y recibiendo el cuerpo y la sangre de Cristo y actuando el bien mediante la conversión (cf. 1CtaF 2,8; 2CtaF 67).

Ser pobre es vestir pobremente (Test 16-18). El pobre, a diferencia del rico, propietario, no tiene otro recurso para vivir sino el propio trabajo. Francisco trabaja con sus manos y quiere que todos los hermanos hagan igual. Cuando falte el trabajo, recurran a la limosna: «Yo -dice Francisco en su Testamento- trabajaba con mis manos, y quiero trabajar; y quiero firmemente que todos los otros hermanos trabajen en trabajo que conviene al decoro. Los que no saben, que aprendan, no por la codicia de recibir el precio del trabajo, sino por el ejemplo y para rechazar la ociosidad. Y cuando no se nos dé el precio del trabajo, recurramos a la mesa del Señor, pidiendo limosna de puerta en puerta» (Test 20-22). En verdad, Dios es el gran limosnero. En sus manos nos encontramos. Es Él quien nos convida a su mesa generosa. Y Francisco añade para sus frailes: «Y séales permitido tener las herramientas e instrumentos convenientes para sus oficios» (1 R 7,9).

En los comienzos de la Fraternidad, cuando eran muy pocos los hermanos, no tenían vivienda estable. En su vida de predicadores ambulantes hallaban refugio donde podían: puertas de entrada de las ciudades, casas de campo o abandonadas y, con predilección, las iglesias: «Y muy gustosamente permanecíamos en las iglesias. Y éramos iletrados y súbditos de todos» (Test 18-19). Al aumentar el número de hermanos considerablemente, se hubo de introducir el noviciado y el estudio; la nueva relación de obediencia en las fraternidades exigía tener casas, pero sin establecerse en ellas como si fuesen de su propiedad.

Menores y pobres entre los pobres, los hermanos de Francisco han de sentirse contentos de convivir con los más queridos por Cristo, su imagen humillada y despreciada: «Y deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y despreciada, con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los caminos» (1 R 9,2). Sin embargo, han de esforzarse por ayudarlos y socorrerlos; así dirá incluso: «Los hermanos, en caso de evidente necesidad de los leprosos, pueden pedir limosna para ellos» (1 R 8,10). Los hermanos han de discernir cómo ayudar en cada caso a los pobres con los medios de que disponen.

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