sábado, 15 de julio de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 16 DE JULIO

 

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN. Es la advocación de la Virgen como Patrona de la familia carmelitana. La Sagrada Escritura celebra la belleza del monte Carmelo, donde el profeta Elías, en el siglo IX antes de Cristo, defendió la pureza de la fe de Israel en el Dios vivo, en contra del culto a Baal. En el siglo XII, algunos eremitas se retiraron a aquel monte, constituyendo más tarde una Orden dedicada a la vida contemplativa, bajo el patrocinio de la Virgen María. Según la tradición, en este día la Virgen entregó el popular escapulario del Carmen a San Simón Stock. Además, bajo este título celebramos a la Virgen como guía de los navegantes, consuelo de los afligidos, fortaleza de los moribundos en su agonía, intercesora nuestra en el trásito de la muerte, auxilio de las almas del purgatorio. -Oración: Te suplicamos, Señor, que la poderosa intercesión de la Virgen María, en su advocación del monte Carmelo, nos ayude y nos haga llegar hasta Cristo, monte de salvación. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



CANONIZACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS . San Francisco murió al atardecer del 3 de octubre de 1226. Su fama de santidad era notoria en toda la Iglesia y los milagros se fueron multiplicando. Cumplidos todos los requisitos canónicos previos, el papa Gregorio IX decretó la canonización. Para llevarla a cabo se trasladó personalmente a la ciudad de Asís y el domingo 16 de julio de 1228, en medio de unos solemnísimos actos, inscribió a Francisco en el catálogo de los santos. -Oración: Dios todopoderoso, que otorgaste a nuestro Padre san Francisco la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregarnos a ti con amor jubiloso. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



SANTA MARÍA MAGDALENA POSTEL. Nació en Barfleur (Normandía, Francia) el año 1756. Desde joven se dedicó a la atención de los pobres y a la educación de la niñez y de la juventud, para lo que fundó una escuela. Durante la Revolución Francesa, escondió en su casa a sacerdotes perseguidos y los ayudó a huir a Inglaterra, atendió a los enfermos y a los fieles supliendo la falta de sacerdotes, guardó objetos del culto y, con la debida autorización, conservaba el Santísimo y daba la comunión. En 1798 se hizo terciaria franciscana. Pasada la Revolución, volvió a sus obras de caridad y a la docencia. En 1807, con algunas compañeras, desde la más completa pobreza fundó y gobernó la Congregación de Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia para la formación integral de las muchachas pobres. En 1832 puso la casa madre en Saint-Sauveur-le-Vicomte (Normandía), en una antigua abadía benedictina restaurada, donde murió el 16 de julio de 1846.




BEATOS NICOLÁS SAVOURETy CLAUDIO BEGUIGNOT. Nicolás nació en Jouvelle (Haute-Saône, Francia) el año 1733. En su juventud ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Conventuales. Hechos los estudios eclesiasticos, recibió la ordenación sacerdotal y se doctoró en teología. Cuando estalló la Revolución Francesa era capellán de las clarisas de Moulins. Por negarse repetidamente a prestar el llamado juramento de libertad-igualdad, y querer mantenerse fiel a su condición de religioso y de sacerdote, fue arrestado el 18 de mayo de 1793 y enviado, para ser deportado, a una sórdida galera anclada frente a Rochefort, donde murió por las condicones inhumanas del encierro, los malos tratos y la falta de medicación para su enfermedad, el 16 de julio de 1794. Claudio nació en Langres (Francia) el año 1736. Para seguir su vocación religiosa ingresó en la Orden Cartuja, en la que recibió la ordenación sacerdotal. Estuvo en distintas cartujas y, cuando la Revolución Francesa suprimió los conventos, se quedó en Rouen, donde lo arrestaron en abril de 1793. Después lo embarcaron en la galera Les Deux Associés, donde era buscado por los presos como el mejor confesor. Murió de miseria y enfermedad el 16 de julio de 1794.

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San Antíoco. Era hermano de san Platón y sufrió el martirio en Anastasiópolis de Asia Menor (actual Turquía), en una fecha desconocida del siglo III-IV.

San Atenógenes. Era corepíscopo y lo martirizaron arrojándolo al fuego en Sebaste de la antigua Armenia el año 305. Dejó a sus discípulos un himno sobre la divinidad del Espíritu Santo.

San Helerio. Era un ermitaño de la isla de Jersey, en el Mar del Norte, que según la tradición fue martirizado por unos piratas en el siglo VI.

Santa Lang Yangzhi y San Pablo Lang Fu. Son madre e hijo. Lang era una mujer china nacida en el paganismo. Se casó con un cristiano, se convirtió al cristianismo y se inscribió en el catecumenado para prepararse al bautismo. Pablo, su hijo, nació en 1893 y había sido bautizado de pequeño. El 16 de julio de 1900 los boxers llegaron a su pueblo Lüjiapo, en la provincia de Hebei (China). El marido pudo esconderse. Alguien dijo a los boxers que su casa era la de un cristiano. Arrestaron a la joven madre y la torturaron para hacerla apostatar, sin conseguirlo. La ataron a un árbol de la calle frente a su casa. Llegó el pequeño Pablo y lo ataron junto a su madre, la cual lo animó a sufrir por Cristo. Los bóxers incendiaron la casa, mataron a madre e hijo con sus lanzas y arrojaron sus cuerpos a las llamas.

Santos Monulfo y Gondulfo. En Maastricht, región del río Mosa, en los Países Bajos, se hace memoria de estos dos santos, obispos en el siglo VI/VII.

Santa Reinilde y los Santos Grimoaldo e Gondulfo. Dice la tradición que Reinilde era hija de un conde merovingio y que en su juventud decidió consagrarse totalmente al Señor, pero sin hacerse monja. Peregrinó a Tierra Santa, donde estuvo dos años. Grimoaldo era clérigo y Gondulfo laico, y los dos estaban al servicio de Reinilde y su familia. Los tres fueron fueron asesinados por unos salteadores en Saintes, cerca de Bruselas, el año 680.

San Sisenando de Córdoba. San Eulogio de Córdoba cuenta que Sisenando era lusitano, que había ido a Córdoba a estudiar y que allí se le ordenó de diácono. Después del martirio de los santos Pedro y Walabonso y estimulado por su ejemplo, Sisenando acudió al cadí ante quien confesó su fe de cristiano. Lo encarcelaron y, al mantenerse firme en sus creencias, los musulmanes lo degollaron y arrojaron su cadáver el río Guadalquivir. Sisenando era joven y su martirio tuvo lugar el año 851.

Santa Teresa Zhang Hezhi. Era una cristiana china de nacimiento, que había estado casada y había quedado viuda con varios hijos. Se escondió antes que llegaran los bóxers a su pueblo Zhangjiaji, provincia de Hebei (China), pero la localizaron y detuvieron. No consiguieron que apostatara de su fe, ni aun con torturas. La llevaron a la pagoda y rehusó adorar a los ídolos. Entonces la sacrificaron junto con un hijo y una hija suyos. Era el 16 de julio de 1900.

Beatas Amada de Jesús y compañeras mártires. El 16 de julio de 1794, siete religiosas fueron guillotinadas en Orange (Francia) por quebrantar las leyes de la Revolución Francesa: «Todas ellas han propagado sin cesar el más peligroso fanatismo, han predicado la intolerancia y la superstición más horrible, y, refractarias a la ley, han rehusado prestar el juramento que la ley exige...», decía la sentencia de muerte. Estos son sus nombres: Amada de Jesús de Gordon, de pila María Rosa, nacida en Mondragón el año 1733, sacramentina de Bollène; María de Jesús Charansol, de pila Margarita Teresa, nacida en Richerenches el año 1758, sacramentina; María Ana de San Joaquín Béguin-Royal, nacida en Vals-Sainte-Marie el año 1736, sacramentina; María Ana de San Miguel Doux, nacida en Bollène el año 1739, ursulina; María Rosa de San Andrés Laye, nacida en Bollène el año 1728, ursulina; Dorotea Julia del Corazón de María, nacida en Bollène el año 1743, ursulina; y Magdalena Francisca del Santísimo Sacramento de Justamont, nacida en Bollène el año 1754, cisterciense.

Beatos Andrés de Soveral, Domingo Carvalho y compañeros mártires. El cabeza del grupo, Andrés, nació en Sao Vicente (Sao Paulo, Brasil) el año 1572. A los 21 años ingresó en la Compañía de Jesús y en 1606, ordenado de sacerdote, lo enviaron a misionar por los poblados indígenas de Rio Grande do Norte. Más tarde dejó la Compañía. En 1614, ya como sacerdote diocesano, lo destinaron a la parroquia de Cunhaú (Natal, Brasil), y durante muchos años pudo ejercer su ministerio. El 16 de julio de 1645, cuando estaba diciendo misa para los fieles, un grupo de holandeses furibundos anticatólicos, junto con algunos indígenas, asaltaron la iglesia y masacraron al sacerdote y a los fieles. De entre éstos, 28 en total, sólo se ha podido identificar a Domingo, un seglar terrateniente.

Beato Bartolomé Fernandes de los Mártires. Nació en Lisboa el año 1514. En 1528 ingresó en la Orden de Predicadores y, ordenado de sacerdote, se dedicó a la docencia en distintos conventos. Por indicación de fray Luis de Granada, fu nombrado arzobispo de Braga en 1559. Practicó la visita pastoral a su diócesis, evangelizó sin descanso, redactó un catecismo, publicó obras llenas de sabiduría espiritual y dio muestras de su espíritu reformador. Participó en el Concilio de Trento, en el que presentó proposiciones notables de reforma. En 1582 renunció a su sede y se retiró al convento dominico de Viana do Castelo, donde murió en 1590. Fue beatificado el año 2001.

Beata Irmengarda de Chiemsee. Nació en Ratisbona (Alemania) hacia el año 832. Era descendiente de Carlomagno e hija del rey Luis el Germánico y su esposa Emma. Desde joven se consagró al Señor y su padre, que apoyaba tal decisión, la nombró primero abadesa del monasterio de Buchau y luego de la abadía real de Chiemsee en Baviera. Destacó por su piedad, austeridad y espíritu de penitencia. Procuró siempre el mayor bien de sus religiosas y las animó con su ejemplo de entrega plena a Dios, viviendo con perfección la totalidad de la Regla de San Benito. Murió en el monasterio de Frauenwörth, junto al lago Chiemsee, el año 866.

Beatos Juan Sugar y Roberto Grissold. Estos mártires fueron ahorcados y descuartizados en Warwick (Inglatrerra) en 1604, bajo el reinado de Jacobo I, porque, en definitiva, prefirieron dar la vida por Dios antes que renegar de la Iglesia de Jesucristo. Juan había nacido en Wambourne, fue primero ministro protestante, se convirtió al catolicismo, estudió en Douai (Francia) y se ordenó de sacerdote. En 1601 volvió a Inglaterra y estuvo ejerciendo su ministerio en distintos condados. Lo detuvieron en julio de 1603 junto con Roberto. Lo condenaron a muerte por haber recibido la ordenación sacerdotal en el extranjero y haber entrado luego en Inglaterra. Afrontó el martirio con alegría. Roberto nació en Rowington hacia el año 1575. Era un católico seglar fervoroso, que no tenía reparo en ayudar a los sacerdotes católicos. Lo detuvieron cuando acompañaba al P. Juan Sugar. Por tres veces habría podido escaparse, pero no quiso apartarse del P. Juan. Se negó a ir a una iglesia protestante.

Beato Simón da Costa. Es el último mártir del grupo del beato Ignacio de Azevedo (cf. 15 de julio) que fueron asaltados cuando viajaban en la nave Santiago rumbo a Brasil. A Simón, por su aspecto, lo consdieraron persona principal y no lo mataron en el acto sino que lo llevaron al galeón del capitán. Allí, preguntado al respecto, manifestó que era católico y jesuita, y esto le costó la vida el 16 de julio de 1570. Simón había nacido en Oporto (Portugal) el año 1542 y había ingresado en la Compañía de Jesús como hermano coadjutor.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Después del anuncio del ángel: «Los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,16-19).

Pensamiento franciscano:

Después de recomendar la pobreza a sus frailes, les dice san Francisco: «Esta es aquella eminencia de la altísima pobreza, que a vosotros os ha constituido herederos y reyes del reino de los cielos, os ha hecho pobres de cosas, os ha sublimado en virtudes. Esta sea vuestra porción, que conduce a la tierra de los vivientes. Adhiriéndoos totalmente a ella, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, ninguna otra cosa jamás queráis tener debajo del cielo» (2 R 6,4-6).

Orar con la Iglesia:

Oremos al Señor, nuestro Dios, implorando la intercesión de la Virgen María, nuestra Señora del Carmen.

-Por la Iglesia, que contempla en María la imagen radiante de la nueva humanidad salvada en Cristo: para que sea santa y misericordiosa.

-Por todos los que sufren y se encuentran en cualquier necesidad: para que experimenten la cercanía de la Virgen y la ayuda de los hermanos.

-Por los navegantes y los trabajadores de la mar: para que María del Monte Carmelo alivie sus penalidades y los conduzca a buen puerto.

-Por los enfermos y agonizantes: para que en su dolor y soledad se sientan en brazos de la Virgen Madre.

-Por los difuntos necesitados de purificación: para que pronto gocen de la plenitud de la gloria de Cristo y de su Madre en el cielo.

Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas, que te dirigimos confiando en la poderosa intercesión de santa María. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

* * *

ORACIÓN DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
CONSAGRACIÓN DE CHILE A LA VIRGEN DEL CARMEN
Santuario nacional de Maipú, 3 de abril de 1987

1. Te bendecimos, ¡oh Dios nuestro!, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
porque elegiste a María, desde antes de la creación del mundo,
para ser santa e inmaculada ante Ti por el amor. 
En previsión de los méritos de Cristo, 
la redimiste y constituiste Madre del mismo Redentor. 
Por virtud del Espíritu Santo hiciste de Ella para siempre 
templo de tu gloria, una nueva criatura, 
primicia de la nueva humanidad. 
¡Bendito seas por siempre, Señor!

2. ¡Bendita Tú entre las mujeres, Virgen María, 
y bendito el fruto de tu seno, Jesús!

En Ti, la llena de gracia, se refleja la bondad de Dios 
y el destino de la criatura humana, 
para alabanza de la gloria de su gracia 
con la que nos enriqueció en su Hijo muy amado, 
que es nuestro Hermano e Hijo tuyo, Jesucristo.

Tú, la humilde sierva del Señor, 
eres el modelo de los discípulos de Cristo 
que consagran su vida a realizar la voluntad del Padre 
para la venida de su reino.

3. ¡Santa María, Madre de Cristo, 
Madre de Dios y Madre nuestra!

Bajo tu amparo nos acogemos, 
a tu intercesión maternal nos confiamos. 
Como Tú te consagraste totalmente a Dios, 
nosotros, siguiendo tu ejemplo 
y en comunión contigo, 
nos consagramos a Cristo el Señor; 
nos consagramos también a Ti, nuestro modelo, 
porque queremos hacer en todo la voluntad del Padre, 
y ser como Tú fieles a las inspiraciones del Espíritu.

4. ¡Virgen del Carmen de Maipú, 
Reina y Patrona del pueblo chileno!

A tu corazón de Madre encomiendo la Iglesia
y todos los habitantes de Chile: 
los Pastores y los fieles, 
todos los hijos de esta nación. 
Que bajo tu protección maternal, 
Chile sea una familia unida en el hogar común, 
una patria reconciliada en el perdón 
y en el olvido de las injurias, 
en la paz y en el amor de Cristo. 
Tú que eres la Madre de la Vida verdadera, 
enséñanos a ser testigos del Dios vivo, 
del amor que es más fuerte que la muerte, 
del perdón que disculpa las ofensas, 
de la esperanza que mira hacia el futuro 
para construir, con la fuerza del Evangelio, 
la civilización del amor en una patria reconciliada y en paz.

5. ¡Santa María de la Esperanza, 
Virgen del Carmen y Madre de Chile!

Extiende tu escapulario, como manto de protección,
sobre las ciudades y los pueblos, sobre la cordillera y el mar, 
sobre hombres y mujeres, jóvenes y niños, 
ancianos y enfermos, huérfanos y afligidos, 
sobre los hijos fieles y sobre las ovejas descarriadas. 
Tú, que en cada hogar chileno tienes un altar familiar, 
que en cada corazón chileno tienes un altar vivo, 
acoge la plegaria de tu pueblo, que ahora, con el Papa, de nuevo se consagra a Ti. 
Estrella de los mares y Faro de luz, 
consuelo seguro para el pueblo peregrino, 
guía los pasos de Chile en su peregrinar terreno, 
para que recorra siempre senderos de paz y de concordia, 
caminos de Evangelio, de progreso, de justicia y libertad. 
Reconcilia a los hermanos en un abrazo fraterno; 
que desaparezcan los odios y los rencores, 
que se superen las divisiones y las barreras, 
que se unan las rupturas y sanen las heridas. 
Haz que Cristo sea nuestra Paz, 
que su perdón renueve los corazones, 
que su Palabra sea esperanza y fermento en la sociedad.

6. ¡Madre de la Iglesia y de todos los hombres!

Inspira y conserva la fidelidad a Cristo 
en la nación chilena y en el continente latinoamericano. 
Mantén viva la unidad de la Iglesia bajo la cruz de tu Hijo. 
Haz que los hombres de todos los pueblos, 
reconozcan su mismo origen y su idéntico destino, 
se respeten y amen como hijos del mismo Padre, 
en Cristo Jesús, nuestro único Salvador, 
en el Espíritu Santo que renueva la faz de la tierra, 
para gloria y alabanza de la Santísima Trinidad. 
Amén.

* * *

MARÍA, ANTES DE CONCEBIR CORPORALMENTE,
CONCIBIÓ EN SU ESPÍRITU
San León Magno, Sermón 1 en la Natividad del Señor (2.3)

Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y para que no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.

Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que en el principio estaba junto a Dios, por medio del cual se hizo todo, y sin el cual no se hizo nada, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable que ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.

Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón, pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.

Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, no hubiera podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido darnos ejemplo.

Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?

* * *

EL EVANGELIO DE SAN FRANCISCO:
POBREZA Y ALEGRÍA
por Victoriano Casas García, OFM

Conmovido y seducido por la pobreza de Cristo pobre

Los movimientos pauperistas del tiempo de Francisco veían el paradigma de su vida pobre en la vida de los apóstoles y la de la primitiva comunidad de Jerusalén. Francisco, en cambio, tenía ante sus ojos, sobre todo, la vida pobre de Cristo pobre. Esto es lo que conmovió e impresionó a este joven burgués y rico. Lo «alcanzó» tanto que en él produjo un profundo sentimiento de participación emocional y cordial.

Jesús no es sólo el Mesías de los pobres. El Cristo es verdaderamente pobre. La pobreza no puede separarse de la persona, de la vida y de la acción salvadora de Cristo. La santa pobreza emerge por encima de todas las demás virtudes, al tiempo que es su fundamento, ya que «el mismo Hijo de Dios, "el Señor de las virtudes y el Rey de la gloria", sintió por ella una predilección especial, la buscó y la encontró "cuando realizaba la salvación en medio de la tierra"» (Sacrum Commercium 2).

Cristo pobre cautivó el pensamiento de Francisco. A lo largo de su vida él se entregó a vivir según el ejemplo suyo. «Por eso, el bendito Francisco, como verdadero imitador y discípulo del Salvador, en los comienzos de su conversión se entregó con gran amor a la búsqueda de la santa pobreza, deseoso de encontrarla y decidido a hacerla suya» (SC 4). Francisco se mueve plenamente en sus sentimientos desde los sentimientos de Cristo Jesús pobre y despojado (Flp 2,5-8). No ha sido una teología sistemática, reflexionada y ofrecida por él, sino el encuentro personal y determinante con Cristo lo que ha llevado a Francisco a vivir y a enseñar así. Desde el espíritu y la vida de Cristo, la pobreza evangélica despliega todo su significado y sentido histórico y salvífico. Lo que a él le ha sido revelado como «forma de vida», él lo ofrece a sus hermanos como experiencia a hacer.

Con una desconcertante frescura nos sorprende en la vida de Francisco la iniciativa de Dios. La fuente inagotable, invisible y, a la vez, deslumbrante, de su vocación, de su invitación y de su inaudito protagonismo es el corazón abierto de Dios amor, de Dios salvador y de Dios señor y dador de vida. Francisco sabía que lo más que le puede pasar a un hombre se llama Dios. Fue Él el que lo llamó por su nombre. Fue Él quien primero lo amó. Francisco estaba inundado del sol nuevo de aquella mañana que se alzó en su vida torturada y perdida cuando él se decidió a responder gozosamente a Aquel que lo llamaba desde el Crucifijo de San Damián: «De muy buena gana lo haré, Señor» (TC 13).

La conciencia que él tiene de sí mismo y de sus hermanos es de que «para esto os ha enviado el Hijo de Dios al mundo entero, para que de palabra y de obra deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay omnipotente sino él» (CtaO 9). Francisco, antes rico y elegante, ahora andrajoso y feliz, permanece fiel a su identidad de ser voz de Cristo, su mensajero, su heraldo, también cuando los ladrones lo encuentren cantando por el bosque en lengua francesa alabanzas al Señor. Él, como hombre que ha nacido otra vez, responde: «Soy el pregonero del gran Rey», y «sacudiéndose la nieve, de un salto se puso fuera de la hoya, a donde lo habían arrojado, y, reventando de gozo, comenzó a proclamar a plena voz, por los bosques, las alabanzas del Creador de todas las cosas» (1 Cel 16).

El encuentro con Jesucristo fue tan conmovedor, que la vida de Francisco anduvo al ritmo de la juventud de Dios. Esta fuente de agua viva, que le fue dada gratis (Jn 4,10.14), hizo que él y sus hermanos se percibiesen como «un nuevo y pequeño pueblo», que se siente contento con tener solamente a Jesucristo, Altísimo y Glorioso (EP 26). Tal es su contento que no quiere tener ninguna otra cosa bajo el cielo, al haber elegido él y sus hermanos la dicha y bienaventuranza de la altísima pobreza, que es la persona de Jesucristo, exclusivamente y para siempre (2 R 6,2-7). La felicidad de este hombre pobre lo convierte a él y a sus hermanos en «juglares de Dios, el Señor», capaces de cantar desde la Palabra de Dios todas las demás palabras, descubiertas y oídas en el misterio de las criaturas y en el corazón de los hombres, a los que desean, como única recompensa, que acepten la dicha de vivir en la conversión sincera, abiertos al gozo espiritual.




















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