viernes, 30 de junio de 2017

Le prohibieron tañer las campanas y llamó a misa con colores: el párroco que no huyó del martirio

Le prohibieron tañer las campanas y llamó a misa con colores: el párroco que no huyó del martirio


Poli Sanchiz / ReL30 junio 2017


Durante la Guerra Civil española, miles de sacerdotes fueron perseguidos y asesinados aunque ya antes muchos de ellos habían sufrido ataques durante la II República. En medio de todas estas adversidades, muchos religiosos supieron ser fieles al Evangelio y ayudar hasta el mismo momento de su martirio a los demás. Como es el caso de este beato.

Josep Guardiet i Pujol nació en Manlleu, donde su padre era farmacéutico. Cursó estudios eclesiásticos en Vic y fue ordenado en 1902.  Más tarde, se doctoró en Teología por la universidad de Tarragona. 

Implacable con el error, condesciente con el individuo
Aunque tuvo un carácter conciliador, siempre fue firme a la hora de defender a otros del mal, lo cual le costó la vida. Como Chesterton dijo de él: “Era implacable con el error, pero condescendiente y respetuoso con las personas que lo sostienen”.

Su trabajo pastoral fue admirable, y trabajó sin descanso por sus feligreses. Siendo rector de la parroquia del Espíritu Santo de Tarrasa, en una excursión con los jóvenes, pasando por Rubí dijo: “¡Rubí, Rubí, quién pudiera  vivir en tu pueblo y dar por ti su sangre!”.


Una exclamación profética, ya que años más tarde, en  1917 fue nombrado párroco de este pueblo. Según narra su biografía en la página web de la parroquia de Rubí, el padre Josep restauró, gracias a sus continuos esfuerzos pastorales, la dañada comunidad católica del pueblo.


Siempre  de buen humor, optimista, enérgico... No por nada llamaban al padre Josep el “párroco de la sonrisa”. Fue un organizador activo de peregrinaciones marianas, especialmente a Lourdes. 

Inventiva ante la adversidad
Al llegar el gobierno de la república en 1931, se prohibió hacer sonar las campanas de la Iglesia. Josep ideó un sistema de iluminación utilizando los ventanales del  campanario con distintos colores según la celebración:

-Luz blanca: bautizo.
-Luz rosada: boda.
-Luz azul: funeral de bebés.
-Luz violeta: funeral de adultos.
-Luz  roja: fiestas solemnes.
-Luz verde: fiestas sencillas.

Este ingenioso sistema atrajo la atención internacional. El autor británico Chesterton elogió la invención, con su característico humor, en la revista católica que dirigía.

Parroquia de San Pedro de Rubí, en la provincia de Barcelona (diócesis de Tarrasa)

Cada vez más prohibiciones
El anticlericalismo de la república comenzó a hacerse efectivo  y la represión se hizo cada vez más fuerte en la localidad. Durante los enterramientos, las autoridades obligaban a los sacerdotes a abandonar el cortejo fúnebre, alegando que los deseos por escrito del difunto de ser enterrado católicamente tenían defectos de forma.

Al final del mes de mayo, la alcaldía prohibió la procesión mariana habitual por “poner en peligro el orden público”. El padre Josep respondió con una nota: “No creo que se pueda culpar a la parroquia de peligro de perturbación siendo la entidad que más manifestaciones de carácter público ha organizado en la villa y fuera de ella. Estas nunca han perturbado el orden, y así seguirá pasando”.

"Mi sitio está aquí, junto a mis feligreses"
En Julio de 1936, comenzó  la persecución violenta de los católicos tras el levantamiento nacional. Ramón Ratés, republicano contrario a los idearios católicos pero que respetaba al sacerdote escribió en sus memorias: “Comenzada la guerra civil, supe que  se proponían asesinar al Dr. Guardiet”. 

“Por primera  y única vez en mi  vida, fui corriendo a la rectoría para ofrecerle refugio en mi casa, el lugar más seguro, porque nadie sospecharía que estuviese escondido en la casa Ratés. El hombre, conmovido, me abrazó pero rehusó el ofrecimiento”. 

El padre Josep rechazó otra oportunidad  para escapar que le brindó el médico del pueblo. “Mi sitio está  junto a mis feligreses”, le dijo.

Algunos restos exhumados del padre Josep

El lunes 20 de Julio  un  grupo armado saqueó y quemó la Iglesia. Tan solo permitieron al padre guardar el Santísimo Sacramento. Por la noche rezó, sabiendo que dentro de muy poco moriría mártir. Al día siguiente fue detenido y encerrado en la cárcel de Rubí. Fue uno de sus antiguos monaguillos, un chico de dieciséis años, quien ejecutó esta orden. 

Allí pasó quince días rezando y dando consuelo al resto de detenidos. La noche del dos al tres de agosto, el padre Josep  y dos habitantes más del pueblo fueron llevados al Pi Bessó, cerca de la carretera de la Rabasada, que enlaza Barcelona y Sant Cugat, una ruta donde muchos mártires cristianos fueron asesinados.

Josep intentó ofrecerse por sus compañeros, pero todo fue inútil y los captores no lo admitieron. El padre Josep, antes de ser asesinado, perdonó a sus ejecutores.

En su recuerdo se erigió un monolito en el lugar en 1939. En 2013 fue beatificado. 

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