sábado, 27 de mayo de 2017

La gracia de la serenidad interior

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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios


Acudo de vez en cuando a mi Eucaristía diaria en una pequeña capilla, recoleta, consagrada al Sagrado Corazón. Es un Misa en familia pues no superamos habitualmente la veintena de personas. Todos nos conocemos, nos damos la paz con cordial camadería y compartimos breves conversaciones a la salida.
En el dintel del templo converso con un sastre a punto de jubilarse. Me explica los anhelos que tiene por cerrar su atelier y dedicar más tiempo a adorar al Señor y viajar a lugares marianos. Interrumpe la conversación una abuela para pedir oraciones por su nieta, una madre treintañera con tres hijos, que padece un cáncer muy agresivo. “Os pido oraciones porque aunque tiene mucha serenidad y confianza en Dios vuestras oraciones serán importantes para la familia”, dice. Antes de despedirse, remata: “Una voz interior me dice que con serenidad y confianza, todo es pasajero”. En un mundo marcado por las prisas, las tensiones y los problemas es un alegría grande encontrar alguien que irradie esa paz interior.

La serenidad interior es una gracia del Espíritu para afrontar las tormentas de la vida. Vivimos bajo la presión de tener que cambiar todo lo que nos sucede pero la actitud de la serenidad establece un criterio diferente: acepta las cosas como son, ponlas en manos de Dios con confianza, Él que ha creado el bien.
Se trata de convertirse en centros de paz en medio de la agitación. Comprender que las penas quedan atrás y que las victorias se olvidan con el paso del tiempo. Y que lo único realmente decisivo es vivir la realidad de cada día aceptando la voluntad de Dios sin permitir que los pilares que sustentan la vida mermen la paz del corazón. ¡Ójala fuese yo capaz de tener cada día en mi vida una serenidad vital así!

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¡Señor, por medio de tu Santo Espíritu, te pido me llenes de serenidad interior; la deseo para unirme más a Ti y a los demás! ¡La necesito, Señor, porque quiero ajustarme al orden que tu estableces y entregarme enteramente a Ti! ¡Y una vez unido a Ti, Señor, unirme también a los demás para fomentar el buen ambiente, la armonía, la generosidad y la paz! ¡Lograr, Señor, que en mi pequeño mundo, en mi entorno familiar, social, laboral y comunitario reine la paz y la gente me vea como un instrumento de tu amor! ¡Pero Señor, sobre todo te pido serenidad interior que es la paz que más cuesta conseguir! ¡Ayúdame, Señor, por medio de tu Santo Espíritu a sanar mis heridas, a perdonar de corazón, a aceptar mis debilidades, a cambiar mis actitudes negativas, a ser más tolerante y menos intransigente, a superar mis desvelos! ¡No permitas, Señor, que mi alma se llene de tristeza y desasosiego para no alejarme de ti y replegarme sobre mi mismo! ¡Señor, ayúdame a dar a los que me rodean paz y serenidad! ¡Espíritu Santo, Señor de la paz, renuévame, cámbiame, transforme y purifícame!

Jaculatoria a María en el mes de mayo: ¡En tus manos, Madre y Reina mía, pongo mi voluntad humana, dame a cambio la Voluntad Divina como vida para alcanzar serenidad interior!

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