miércoles, 26 de abril de 2017

Reseña: “Dios”


Dios             Dios
Título: Dios.
Autor: Eleuterio Fernández Guzmán.
Editorial: Lulu.
Páginas: 86.
Precio aprox.: 3.90 € en papel – 0.99€ formato electrónico.
ISBN: 5800122175076, papel; 978-0-244-30331-0, electrónico.
Año edición: 2017.

Los puedes adquirir en Lulu.

“Dios”,  de  Eleuterio Fernández Guzmán.

Continuamos con la publicación de textos dentro de la Colección Fe sencilla. Este libro pertenece al apartado de título Dios.

Vayamos, pues, con la reseña aunque, permítasenos, como ejemplo del libro, reproducir el apartado 1 de título “¿Es importante conocer a Dios?”

“Yo soy Yahveh, no hay ningún otro; fuera de mí ningún dios existe. Yo te he ceñido, sin que tú me conozcas,  para que se sepa desde el sol levante hasta el poniente, que todo es nada fuera de mí.  Yo soy Yahveh, no ningún otro;  yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, yo soy Yahveh, el que hago todo esto.”
(Is 45, 5-7)
  
Para un creyente en Dios Todopoderoso, si alguien le plantea la pregunta acerca de si es importante conocer a Dios manifiesta un gran desconocimiento de su fe por parte de quien eso ose preguntar. 
En realidad, la importancia de conocer a Dios es tan importante que no otra cosa debería hacer todo hijo suyo. 
La cosa, sin embargo, no resulta tan sencilla. Es decir, no es que sea imposible conocer a Dios sino que no somos capaces, muchas veces, de saber, a tal respecto, a qué atenernos. 
El texto bíblico con el que hemos dado comienzo a este capítulo es, ciertamente, una clara indicación de la necesidad que tenemos de conocer a Dios, de la importancia que tiene todo eso. 

Es decir, la propia Creación llevada a cabo por el Todopoderoso es una de las razones que nos deben impulsar a conocer a nuestro Creador. Y es que a través de ella sabemos, con seguridad absoluta, que Dios es sabio y que es Todopoderoso; también reconocemos que no tiene defecto alguno ni limitación alguna Quien eso es capaz de llevar a cabo. Pero no olvidamos que Dios es eterno y empezamos a comprender, con tal entendimiento, que algún día alcanzaremos la vida eterna. 
Hay, sin embargo, un instrumento espiritual que resulta esencial para conocer a Dios: la revelación. Y es que a través del conocimiento de la revelación de lo que Dios ha revelado a través de su Hijo Jesucristo alcanzamos a ver, con suma claridad, que Dios premia a los buenos con el Cielo y castiga a los malos con el Infierno. Pero también conocemos que en Dios hay tres personas que son, a saber, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 
Hay, sin embargo, algo que nunca debemos olvidar a tal respecto: Dios ama tanto a su semejanza (y todos somos sus hijos) que envió al mundo a Jesucristo para que el hombre, que había caído en una fosa inmensa, pudiese salvarse. Así, con eso, conocemos que Dios tiene un Amor más que especial por nosotros, sus hijos. 
No vaya a creerse, de todas formas, que no hay ninguna forma más de conocer a Dios. No. A través de la oración conocemos que Dios quiere una intimidad con cada uno de nosotros. Y la quiere porque ansía que estemos siempre a su lado y no lo abandonemos. Pero es que, como bien sabemos y aplicamos tantas veces, en la oración podemos dirigirnos a nuestro Padre del Cielo para presentar nuestras peticiones que, siendo cierto que no siempre son atendidas (¿Sabemos siempre lo que nos conviene?; Dios sí lo sabe) no por eso vamos a dejar de perseverar en las mismas. 
Todo esto, por decirlo así, se puede resumir en algo que, además, es un presupuesto, se presupone de nosotros, los hijos de Dios: debemos ansiar llevar una vida perfecta, santa, porque el Todopoderoso quiere que llevemos una vida santa. Por eso su Hijo dijo aquello de que debíamos ser santos como su Padre del Cielo era santo (cf. Mt 5, 48). 
Por tanto, resulta de vital importancia para nosotros, los creyentes en Dios Todopoderoso, conocer a Quien nos ha creado y nos mantiene aquí, en el mundo. Por eso debemos mantener en alto la voluntad de cumplir la que es del Creador porque es la única manera de mostrar y demostrar que lo conocemos, que lo hemos conocido y que eso lo vamos a tener en cuenta. 
De todas formas, hay algo que es muy sencillo y que tiene que ver con la necesidad de conocer a Dios porque sólo Dios puede llenar nuestro corazón y nuestra alma de esa felicidad que tanto ansía alcanzar el ser humano.  Y es que, siendo bien cierto que sólo se ama lo que se conoce, hay algo que es obvio: debemos conocer a Dios porque la felicidad está en Dios. Y si alguien pudiera pensar que eso no es posible para un ser humano, al menos que intente buscar y encontrar a Jesucristo que es lo mismo que buscar y encontrar a Dios. Así nos lo dice San Josemaría en el número 382 de su libro “Camino”:

“Al regalarte aquella Historia de Jesús, puse como dedicatoria: “Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo".
—Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado, por lo menos, vivir la primera?”

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