lunes, 3 de abril de 2017

“En la misericordia de Dios, el mundo encontrará la paz”: la herencia de san Juan Pablo II 12º aniversario de su “nacimiento al Cielo”


(ZENIT- 2 abril 2017). Acordaos siempre de su enseñanza: esto es en resumen el mensaje que el papa Francisco dio hace dos años, en el 10º aniversario de la muerte de san Juan Pablo II (18 de mayo de 1920-2 de abril del 2005). Un mensaje siempre válido en este nuevo aniversario, el 12º del nacimiento al cielo de este santo papa polaco.
El papa Juan Pablo II falleció en la tarde del sábado 2 de abril del 2005, en el domingo de la Misericordia Divina que él había instituido en respuesta a la demanda expresada por Cristo a santa Faustina Kowalska (1905-1938), santa polaca que el papa canonizó el mismo día de esta institución, el 30 de abril del 2000. La fecha de su muerte sella así de alguna manera su testamento espiritual.

“El Señor resucitado se ofrece como don a la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, por el egoísmo y por el miedo, su amor que perdona, que reconcilia y abre de nuevo el alma a la esperanza. Este amor que convierte los corazones y que da la paz. El mundo tiene una gran necesidad de comprensión y de acoger la Divina Misericordia!”, escribió para el 3 de abril de 2005.
En la inauguración del nuevo santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, Lagiewniki, sábado 17 de agosto de 2002, dijo: “¡En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad. Os encomiendo esta tarea a vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, a la Iglesia que está en Cracovia y en Polonia, y a todos los devotos de la Misericordia divina que vengan de Polonia y del mundo entero. ¡Sed testigos de la misericordia!”
“Con los ojos del alma, agregó Juan Pablo II, deseamos contemplar la mirada de Jesús misericordioso, para encontrar en la profundidad de esta mirada el reflejo de su vida, lo mismo que la luz de la gracia, que tantas veces hemos recibido y que Dios nos reserva para todos los días y para el último día”.
Y destacó el papel del Espíritu Santo: “Es el Espíritu Santo, Consolador y el Espíritu de Verdad, quien nos conduce en el camino de la Divina Misericordia “

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