martes, 18 de abril de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 19 DE ABRIL

 

SAN MAPALICO Y COMPAÑEROS MÁRTIRES. El emperador Decio, el año 249, para acabar con los cristianos, ordenó que todos participaran en los sacrificios a los dioses del Imperio y que comieran de lo sacrificado, so pena de ser encarcelados y torturados. Lo que él buscaba era conseguir la apostasía, no tanto la muerte. Muchos cristianos apostataron. Mapalico pidió al juez que se dejara en libertad a su madre y a su hermana que habían apostatado. Pero fue detenido y, por negarse a abandonar su fe, lo torturaron con tal crueldad, que murió en medio de los tormentos. A su memoria se une la de otros santos que confesaron igualmente con su martirio la fe en Cristo, a saber: Basio, en una cantera; Fortunio, en la cárcel; Pablo, en el tribunal; Fortunata, Victorino, Víctor, Heremio, Crédula, Hereda, Donato, Firmo, Venusto, Frutos, Julia, Marcial y Aristón, todos ellos en la cárcel a consecuencia del hambre y abandono que padecieron. San Cipriano, en sus escritos, canta su fortaleza y ejemplo. Murieron el año 250 en África.



SAN ELFEGO (o Aelfheah) DE CANTERBURY. Nació en Inglaterra hacia el año 954. Fue monje benedictino en el monasterio de Deerhurst y luego en el Bath. El año 984 fue elegido obispo de Winchester, donde mostró sus cualidades de pastor y la santidad de su vida. En el 1106 pasó a la sede primada de Canterbury, desde la que promovió la disciplina eclesiástica y la vida religiosa en los obispados y monasterios sobre los que tenía autoridad; era querido de todos por su generosidad y humanidad. Durante la invasión danesa de 1011, no quiso huir ni esconderse, sino que permaneció junto a su pueblo. Visto el saqueo y pillaje a que se entregaban los invasores, fue a visitar a su jefe, Thorkil, para pedirle que tuviera compasión de la población. Hecho prisionero y tomado como rehén, el jefe danés pidió por su rescate una cantidad desorbitada. El arzobispo no quiso que se pagase su rescate con las limosnas recogidas de los pobres. Visto que era el propio preso quien no quería que pagaran por él, el jefe mandó que lo apalearan y luego que lo decapitaran. Esto sucedió en Greenwich, en la ribera del río Támesis, el sábado después de Pascua, día 19 de abril del año 1011.




SAN LEÓN IX, papa de 1049 a 1054. Nació en Alsacia el año 1002, y estaba emparentado con los emperadores alemanes Conrado II y Enrique III. Era canónigo y diácono cuando fue nombrado obispo de Toul, oficio en el que se mostró reformador de la Iglesia y defensor de su libertad; fue consejero de sucesivos emperadores. Muerto el papa Dámaso II, el emperador Enrique III lo designó papa, pero él se negó a asumir funciones papales hasta que el clero y el pueblo de Roma lo eligieron. Con él se puso en marcha la reforma de la Iglesia. Celebró un sínodo en Roma, viajó por Europa visitando diócesis y celebrando sínodos, impulsando el espíritu de reforma y revitalizando los estamentos eclesiales, luchando contra la simonía y la vida irregular de sacerdotes. Estuvo un tiempo preso de los normandos. Surgida la polémica con el patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario, tras hacer cuanto estaba de su parte para salvar la unidad de la fe y de la disciplina de la Iglesia, le envió una embajada que acabó excomulgándolo el 16 de julio de 1054, fecha de la ruptura entre Oriente y Occidente. El papa murió antes, el 19 de abril de aquel mismo año.



BEATO CONRADO DE ÁSCOLI. Nació en Áscoli Piceno (Italia) en 1234, de la ilustre familia Miliani. Desde niño fue amigo de Jerónimo de Áscoli, futuro General de la Orden y papa (Nicolás IV). Los dos vistieron el hábito franciscano en el convento de Áscoli, hicieron el noviciado en Asís, estudiaron en Perusa, enseñaron teología y predicaron el Evangelio en Roma. Cuando Jerónimo fue elegido General, Conrado, con su permiso, marchó de misionero a Libia. El papa Nicolás III, para conciliar a los reyes de Francia y España, envió a París como legado suyo a Jerónimo, y éste llamó a Conrado para que le acompañara. Luego Conrado estuvo un tiempo en Roma y volvió a París como profesor, de donde lo reclamó Jerónimo al ser elegido papa. Camino de Roma, Conrado, que ya estaba enfermó, murió en Áscoli el 19 de abril de 1289. Fue un fraile humilde y penitente, sabio y prestigioso profesor, incansable predicador, celoso misionero, paciente mediador de paz, apóstol de la Santísima Trinidad.

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San Geroldo. Ermitaño que llevó una vida de penitencia en la región de Vorarlberg. Murió en Friesen, en los Alpes de Baviera (Alemania), el año 978.

San Jorge. Fue obispo de Antioquía de Pisidia (en la actual Turquía) y murió en el destierro el año 818 por haber defendido el culto de las sagradas imágenes.

Santa Marta. Virgen que fue martirizada en tiempo del rey Sapor II de Persia, al día siguiente del martirio de su padre san Pusicio. Sucedió el día de Pascua del año 341.

Beato Bernardo de Sithiu, también llamado El Penitente. Nació de familia noble en Provenza (Francia). Tuvo una juventud disipada y tomó parte incluso en un homicidio. Tocado por la gracia, se convirtió y arrepentido acudió al obispo que le impuso una penitencia pública de siete años. Escogió voluntariamente el destierro, y descalzo, vestido con un hábito pobre y comiendo con parquedad, peregrinó a diferentes santuarios; estuvo tres veces en Tierra Santa. Cumplida la penitencia, vivió en una pequeña celda junto al monasterio de Sithiu o Saint-Bertin, en la región de Thérouanne (Francia), asistiendo al oficio divino de los monjes y realizando obras de caridad. Murió el año 1182.

Beatos Ramón Llach Candell y Jaime Llach Candell. Eran dos hermanos carnales, religiosos Hijos de la Sagrada Familia, sacerdotes, que habían trabajado como educadores y profesores en colegios de su Instituto, en el que habían ejercido cargos de responsabilidad docente y económica. Cuando se desencadenó la persecución religiosa en julio de 1936, tuvieron que dejar sus colegios y refugiarse juntos en varias casas amigas de Barcelona. El 17 de abril de 1937 fueron detenidos y encarcelados en la checa de San Elías. Dos días después, el 19 de abril de 1936, los asesinaron en Montcada i Reixac (Barcelona). Ramón Llach nació en Torelló (Barcelona) en 1875, era el mayor de seis hermanos religiosos; maestro consumado, en especial de matemáticas, era también buen literato y poeta. Jaime Llach nació en Torelló el año 1878; de vasta cultura eclesiástica y civil, destacaba en ciencias. Beatificados el 13-X-2013.

Beato Santiago Duckett. Era inglés de nacimiento y se educó en la Iglesia anglicana. Trabajaba en una imprenta y cayó en sus manos un libro sobre la verdad del catolicismo. Dejó de acudir a la iglesia protestante, por lo que acabó en la cárcel, de donde el dueño de la imprenta consiguió sacarlo. Se estableció por su cuenta y abrió una librería. Se hizo católico y contrajo matrimonio con una viuda católica, de la que tuvo un hijo que llegó a ser un monje notable. Acusado de difundir libros católicos, pasó nueve años en la cárcel. El año 1602, en tiempo de la reina Isabel I, fue ahorcado y descuartizado en Tyburn (Londres), junto con el que lo había delatado, a quien convirtió a la fe católica antes de morir.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los que le temen; porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro (Salmo 102,8-10.13-14).

Pensamiento franciscano:

Dice san Francisco en su Carta a los fieles: «Aquel a quien se ha encomendado la obediencia [la autoridad] y es tenido como el mayor, sea como el menor y siervo de los otros hermanos. Y haga y tenga para con cada uno ellos la misericordia que querría se le hiciera a él, si estuviese en un caso semejante. Y no se irrite contra el hermano por el delito del mismo, sino que, con toda paciencia y humildad, amonéstelo benignamente y sopórtelo» (2CtaF 41-44).

Orar con la Iglesia:

Jesucristo, el Señor, nos acoge siempre con inmensa misericordia, e intercede por nosotros ante el Padre. Dirijámosle nuestra oración con confianza.

-Para que disipe todos los miedos de su Iglesia y le otorgue la valentía de predicar en todo el mundo la Buena Nueva.

-Para que ilumine a los gobernantes, y los empuje a buscar siempre soluciones que lleven a la paz y a la justicia.

-Para que los que buscan la luz de la fe, la encuentren en Jesús resucitado y en el testimonio de sus discípulos.

-Para que todos los que celebramos con gozo la Pascual del Señor, seamos testigos de su presencia, amor y misericordia, entre nosotros.

Oración: Acoge, Señor Jesús, las plegarias que te dirigimos quienes hemos recibido el don de la fe y hemos sido objeto de tu misericordia. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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LA DIVINA MISERICORDIA
Benedicto XVI, Regina Caeli del 11 de abril de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo [II de Pascua] cierra la Octava de Pascua como un único día «en que actuó el Señor», caracterizado por el distintivo de la Resurrección y de la alegría de los discípulos al ver a Jesús. Desde la antigüedad este domingo se llama «in albis», del término latino «alba», dado al vestido blanco que los neófitos llevaban en el Bautismo la noche de Pascua y se quitaban a los ocho días, o sea, hoy. El venerable Juan Pablo II dedicó este mismo domingo a la Divina Misericordia con ocasión de la canonización de sor María Faustina Kowalska, el 30 de abril de 2000.

De misericordia y de bondad divina está llena la página del Evangelio de san Juan (20,19-31) de este domingo. En ella se narra que Jesús, después de la Resurrección, visitó a sus discípulos, atravesando las puertas cerradas del Cenáculo. San Agustín explica que «las puertas cerradas no impidieron la entrada de ese cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de su madre, pudo entrar en el Cenáculo a puerta cerrada»; y san Gregorio Magno añade que nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria. Jesús muestra las señales de la pasión, hasta permitir al incrédulo Tomás que las toque. ¿Pero cómo es posible que un discípulo dude? En realidad, la condescendencia divina nos permite sacar provecho hasta de la incredulidad de Tomás, y de la de los discípulos creyentes. De hecho, tocando las heridas del Señor, el discípulo dubitativo cura no sólo su desconfianza, sino también la nuestra.

La visita del Resucitado no se limita al espacio del Cenáculo, sino que va más allá, para que todos puedan recibir el don de la paz y de la vida con el «Soplo creador». En efecto, en dos ocasiones Jesús dijo a los discípulos: «¡Paz a vosotros!», y añadió: «Como el Padre me ha enviado, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos, diciendo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos». Esta es la misión de la Iglesia perennemente asistida por el Paráclito: llevar a todos el alegre anuncio, la gozosa realidad del Amor misericordioso de Dios, «para que -como dice san Juan- creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn 20,31).

A la luz de estas palabras, aliento, en particular a todos los pastores a seguir el ejemplo del santo cura de Ars, quien «supo en su tiempo transformar el corazón y la vida de muchas personas, pues logró hacerles percibir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio semejante y un testimonio tal de la verdad del amor» (Carta de convocatoria del Año sacerdotal). De este modo haremos cada vez más familiar y cercano a Aquel que nuestros ojos no han visto, pero de cuya infinita Misericordia tenemos absoluta certeza. A la Virgen María, Reina de los Apóstoles, pedimos que sostenga la misión de la Iglesia, y la invocamos exultantes de alegría: Regina caeli...

[Después del Regina caeli] En este segundo domingo de Pascua, dedicado a la Divina Misericordia, invoquemos a la santísima Virgen María, para que nos alcance la gracia de experimentar la presencia de Cristo resucitado en la Iglesia, que sigue actuando su amor para con el hombre, a través de la fuerza renovadora de los sacramentos, especialmente en el de la Reconciliación y en la Eucaristía. ¡Feliz Pascua y feliz domingo!

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LA NUEVA CREACIÓN EN CRISTO
San Agustín, Sermón 8, En la octava de Pascua, 1, 4

Me dirijo a vosotros, niños recién nacidos, párvulos en Cristo, nueva prole de la Iglesia, gracia del Padre, fecundidad de la Madre, retoño santo, muchedumbre renovada, flor de nuestro honor y fruto de nuestro trabajo, mi gozo y mi corona, todos los que perseveráis firmes en el Señor.

Me dirijo a vosotros con las palabras del Apóstol: Vestíos del Señor Jesucristo, y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos, para que os revistáis de la vida que se os ha comunicado en el sacramento. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús.

En esto consiste la fuerza del sacramento: en que es el sacramento de la vida nueva, que empieza ahora con la remisión de todos los pecados pasados y que llegara a su plenitud con la resurrección de los muertos. Por el bautismo fuisteis sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos, así también andéis vosotros en una vida nueva. Pues ahora, mientras vivís en vuestro cuerpo mortal, desterrados lejos del Señor, camináis por la fe; pero tenéis un camino seguro que es Cristo Jesús en cuanto hombre, el cual es al mismo tiempo el término al que tendéis, quien por nosotros ha querido hacerse hombre. Él ha reservado una inmensa dulzura para los que le temen y la manifestará y dará con toda plenitud a los que esperan en él, una vez que hayamos recibido la realidad de lo que ahora poseemos sólo en esperanza.

Hoy se cumplen los ocho días de vuestro renacimiento: y hoy se completa en vosotros el sello de la fe, que entre los antiguos padres se llevaba a cabo en la circuncisión de la carne a los ocho días del nacimiento carnal.

Por eso mismo, el Señor al despojarse con su resurrección de la carne mortal y hacer surgir un cuerpo, no ciertamente distinto, pero sí inmortal, consagró con su resurrección el domingo, que es el tercer día después de su pasión y el octavo contado a partir del sábado; y, al mismo tiempo, el primero.

Por esto, también vosotros, ya que habéis resucitado con Cristo -aunque todavía no de hecho, pero sí ya esperanza cierta, porque habéis recibido el sacramento de ello y las arras del Espíritu-, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis juntamente con él, en gloria.

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DEL DISCURSO DE S. S. JUAN PABLO II
A LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR (19-VI-1986)

En el ámbito de la gran familia franciscana, la Orden Seglar se configura como una unión orgánica de fieles que, «impulsados por el Espíritu a alcanzar la perfección de la caridad en su estado seglar, se comprometen con la Profesión a vivir el Evangelio a la manera de san Francisco» (Regla OFS, 2).

Elemento fundamental de vuestro carisma es la plena y completa observancia del Evangelio de Cristo: esto lleva consigo una continua y asidua meditación sobre la figura, la persona, la obra y el mensaje de Jesús, que es el centro de nuestra fe. En esto, san Francisco es uno de los guías más fascinantes de la historia de la espiritualidad cristiana: él quiso conocer y vivir el Evangelio «sin glosa», o sea, a la letra, poniendo en práctica las exigencias más radicales del mismo, de tal forma que fue favorecido por Cristo crucificado con el fenómeno místico de la «estigmatización». A las muchedumbres de fieles de comienzos del siglo XIII, Francisco apareció como un auténtico «alter Christus», otro Cristo.

Y Francisco recomienda a sus hijos e hijas espirituales que viven en el mundo:

-que sepan buscar siempre la persona viva y operante de Cristo en los hermanos, en la Sagrada Escritura, en la Iglesia y en las acciones litúrgicas (Regla OFS, 5);

-que hagan de la oración y de la contemplación el alma de su ser y de su obrar, a imitación de Jesús que fue el verdadero adorador del Padre (Regla OFS, 8);

-que vivan en plena comunión con el Papa, los Obispos y los Sacerdotes (Regla OFS, 6);

-que realicen en la vida de cada día el espíritu de las «bienaventuranzas» buscando en el desapego y en el uso una justa relación con los bienes terrenos, purificando el corazón de toda tendencia y codicia de posesión (Regla OFS, 11);

-que ejerciten continuamente una radical transformación interior, o sea, la «conversión», que encuentra en el Sacramento de la Reconciliación el signo privilegiado de la misericordia del Padre y la fuente de toda gracia (Regla OFS, 7);

-que sepan tratar y acoger a todos los hombres como don del Señor e imagen de Cristo, y que busquen los caminos de la paz, de la unidad, del amor y del perdón (Regla OFS, 13. 19).

En este espíritu, todas las Fraternidades franciscanas seglares están desde hace tiempo en oración por el buen éxito de la «Jornada mundial de oración por la Paz» que he convocado para el 27 del próximo octubre [de 1986] en Asís. Esto indica cómo los miembros de la Orden Franciscana Seglar se sienten, por vocación, portadores de paz y mensajeros de alegría.

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