viernes, 10 de marzo de 2017

VIERNES 10 DE MARZO DE 2017 - EVANGELIO DEL DÍA

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Lo que dice
Mt 5, 20-26 - Ve a reconciliarte con tu hermano

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Lo que me dice 

Porque Dios es padre de todos, nosotros somos todos hermanos. Hoy el evangelio de Mateo hace un señalamiento muy particular, que afecta directamente a uno de los momentos centrales de mi vida como es la participación en la misa: “si al presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas de que tu hermano tiene una queja contra ti …” . Este llamado del evangelista hace que la liturgia no sea algo que me resbale o ante lo que pueda permanecer pasivo.
Me viene bien este pasaje de Mateo. Corro el riesgo de asistir a misa como espectador y se me pasa por alto cuál es el estado de mi corazón.

Yendo a Don Bosco, y a partir de este Evangelio, me imagino la infinita cantidad de veces que nuestro padre habrá tenido que intervenir, cortando peleas, y haciendo que dos de sus muchachos se reconcilien, se perdonen, se den la mano y vuelvan a empezar. Si me pongo a pensar calculo que Don Bosco les diría: “muchachos, no es para tanto” y sentiría por dentro que Jesús ha dado la vida por ellos y ha perdonado a todos.
Y entonces pienso si las cosas por las que permanezco alejado de algunas personas no serán en realidad fruto de mi orgullo, de mi agrandar las cosas, de mi tomarme demasiado en serio a mí mismo ….

Lo que le digo
En este día quiero pedirte Señor dos regalos.
El primero: no sentirme tan el centro del mundo.
El segundo: mayor agilidad para perdonar.
Si me das lo primero evitaré sentirme tan agraviado y ofendido como acostumbro. Me volveré más simple y más libre.
Si me das lo segundo, la energía enorme que pongo en “no perdonar” podré volcarla en tantísimas otras cosas tan buenas.
¡Ven en mi ayuda Señor!
Amén.

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