viernes, 3 de marzo de 2017

¿POR QUÉ EL AYUNO? – SAN JUAN PABLO II

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Es necesario dar una respuesta profunda a esta pregunta, para que quede clara la relación entre el ayuno y la conversión, esto es, la transformación espiritual que acerca a Dios.
 El abstenerse de la comida y la bebida tiene como fin introducir en la existencia del hombre no sólo el equilibrio necesario, sino también el desprendimiento de lo que se podría definir como “actitud consumística”.

Tal actitud ha venido a ser en nuestro tiempo una de las características de la civilización y en particular de la civilización occidental. El hombre, orientado hacia los bienes materiales, muy frecuentemente abusa de ellos. La civilización de consumo suministra los bienes materiales no sólo para que sirvan al ser humano en orden a desarrollar las actividades crepitas y útiles, sino cada vez más para satisfacer los sentidos, la excitación que se deriva de ellos, al placer momentáneo, una multiplicación de sensaciones cada vez mayor.
El hombre de hoy debe ayunar, es decir, abstenerse de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos: ayunar significa abstenerse de algo. El hombre es él mismo sólo cundo logra decirse a sí mismo: “no”. No es la renuncia por la renuncia; sino para el mejor y más equilibrado desarrollo de sí mismo, para vivir mejor los valores superiores, para el dominio de sí mismo.

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