sábado, 25 de marzo de 2017

Francisco explica en San Siro, cómo educar a los hijos

Recuerda a un sacerdote salesiano que le bautizó y ayudó a crecer en la fe
(ZENIT – Roma).- Respondiendo a un matrimonio que le interrogó cómo transmitir la fe a los hijos, el Papa respondió con la pregunta ‘¿Quién me ayudó en la fe?: papá, mamá, una catequista, un vecino. Todos llevamos a alguno que nos ayudó’, dijo.
Lo hizo en el estadio milanés de San Siro con capacidad para 80 mil personas, en un evento dedicado en particular a los jóvenes recién confirmados o a los que están por recibir este sacramento.
“A mi me ayudó a crecer tanto a crecer en la fe, un sacerdote de la diócesis de Lodi, un lombardo, que me bautizó, y que visité durante mi vida, y que me acompañó hasta la entrada al noviciado”. Y dirigiéndose a los presentes, añadió: “lo debo también a ustedes, gracias”.
¿Por qué?, preguntó, Porque nuestros hijos nos miran constantemente, aunque no nos demos cuenta, ellos aprenden. Los niños nos miran, ‘I bambini ci guardano’ como el título de un film de Vittorio De Sica. Películas del post II Guerra, que fueron una catequesis de humanidad, dijo.

“Y no se imaginan la angustia que tiene un niño cuando los papás se pelean o se separan. Porque la cuenta la pagan ellos”. Ellos captan todo, dijo el Papa, incluso cuando los engañamos, porque son vivísimos. Por lo tanto cuiden su corazón, su alegría, su esperanza. Añadió que ellos “memorizan como la fe es una de las mejores herencias que recibieron de sus abuelos”, así como ayuda a enfrentar las dificultades.
Y si como dice el refrán: “A las palabras se las lleva el viento”, en cambio “lo que se siembra en el corazón queda para siempre”.
Consideró muy lindo cuando las familias van a misa y después hacen un paseo, también con otras familias, para jugar y estar un poco juntos, lo que dijo en su país se llama “dominguear”.
Lamentó entretanto “que muchos papás tengan que trabajar el domingo para dar de comer a sus hijos” y contó que a veces pregunta a los papás, ¿Juegas con tus hijos?
Contó cuando una madre en Buenos Aires con sus hijos –comían justamente milanesas, recalcó– cuando llega un mendigo que pide comida, la mamá le pregunto si le daban y los niños dijeron que sí. Les invitó así a dar un pedazo de la cada una de ellos y no de las que estaban en la fuente porque eran para después. Así, aseguró, se educaba a la solidaridad.

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