viernes, 17 de marzo de 2017

Año Cristiano Franciscano


DÍA 18 DE MARZO

 

SAN CIRILO DE JERUSALÉN, obispo y doctor de la Iglesia. Nació en Jerusalén de padres cristianos el año 315. Recibió una buena formación clásica y teológica, y fue un gran conocedor de la S. Escritura. Sucedió al obispo Máximo en la sede de Jerusalén el año 348. Llevó una vida muy ajetreada, y por tres veces al menos tuvo que dejar su sede y marchar a otras tierras. Participó en el Concilio Ecuménico de Constantinopla e intervino en la controversia arriana. De sus obras escritas que nos quedan, la principal son las Catequesis, tanto las prebautismales como las llamadas «mistagógicas». En ellas se dirige a los que se preparaban durante la cuaresma para recibir el bautismo la noche de Pascua, y a los recién bautizados. La recta doctrina, las Escrituras, los misterios sagrados, las tradiciones de la Iglesia, la historia de la salvación y los sacramentos de la iniciación cristiana son el contenido de las catequesis, que pronunciaba en la basílica del Santo Sepulcro. Murió el año 386.- Oración: Señor, Dios nuestro, que has permitido a tu Iglesia penetrar con mayor profundidad en los sacramentos de la salvación, por la predicación de san Cirilo, obispo de Jerusalén, concédenos, por su intercesión, llegar a conocer de tal modo a tu Hijo que podamos participar con mayor abundancia de su vida divina. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SAN ANSELMO DE LUCCA, también llamado Anselmo II, o de Baggio. Nació en Baggio, cerca de Milán, hacia el año 1040, de familia noble; era sobrino del papa Alejandro II, el cual, siendo canónigo de Milán, se ocupó de su formación. De joven abrazó la vida eclesiástica, y luego la benedictina en monasterio de Polirone (Mantua). Fue elegido obispo de Lucca (Toscana). Era el tiempo de la lucha por las investiduras, y Anselmo estuvo siempre de parte del papa frente al emperador. Por fidelidad a la Iglesia entregó al papa Gregorio VII el anillo y el báculo pastoral que había recibido del emperador Enrique IV. Los papas le encomendaron diversas misiones por Italia y Europa. Fue un pastor celoso, empeñado en la reforma de costumbres, especialmente del clero, al que propuso la vida en comunidad, cosa que rechazaron sobre todo los canónigos. El papa lo envió como legado suyo a Lombardía, y él se estableció en Mantua, donde murió el año 1086. Fue pobre y humilde, fiel al Papa y a la Iglesia.



SAN SALVADOR DE HORTA. Nació el año 1520 en el hospital de Santa Coloma de Farnés (Gerona), casa de beneficencia en que sus padres, piadosos y pobres, prestaban sus servicios. Su nacimiento en un lugar de dolor fue como presagio de su futura misión en el mundo: aliviar a los desventurados. A los veinte años, cuando trabajaba como zapatero en Barcelona, ingresó en la Orden franciscana, donde ejerció los trabajos domésticos más humildes, y brilló por su sencillez, obediencia, pureza y austeridad de vida. Fueron muy numerosos los milagros que Dios obró por su medio, hasta crear problemas a los superiores, que lo fueron trasladando de un sitio a otro; los más numerosos fueron curaciones con la señal de la cruz y la invocación de los nombres de Jesús y María. Vivió varios años en el convento de Horta (Tortosa), y murió en el de Cágliari (Cerdeña) el 18 de marzo de 1567. Lo canonizó Pío XII en 1938.- Oración: Te rogamos, Dios todopoderoso, nos concedas a los que conmemoramos a san Salvador de Horta, tu humilde siervo, vernos libres, por su intercesión, de los males presentes, y gozar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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San Alejandro de Jerusalén o de Capadocia. Nació en la región de Capadocia (Turquía) de una familia pagana. Su inquietud religiosa le llevó a experimentar diversas corrientes de pensamiento, hasta que se convirtió al cristianismo. Después de estudiar en Alejandría, fue obispo en una diócesis de Capadocia, y desde lo trasladaron a la sede de Jerusalén. Fundó una importante biblioteca y una escuela superior. Fue amigo y protector de Orígenes. Hacia el año 250, en la persecución del emperador Decio y siendo ya anciano, fue detenido, trasladado a Cesarea y martirizado.

San Braulio de Zaragoza. Nació a finales del siglo VI, y de su educación se ocupó su hermano Juan, que fue primero monje y luego metropolitano de Zaragoza. Marchó a Sevilla y allí fue discípulo y amigo de san Isidoro, a quien animó a escribir las Etimologías y con el que colaboró en la renovación de la Iglesia en España. Cuando el año 531 murió su hermano Juan, lo eligieron a él obispo de Zaragoza. Fue un gran pastor de su diócesis y un dirigente eclesial al servicio del episcopado español. Asistió a los concilios de Toledo de su tiempo. Dejó importantes escritos, entre ellos la Vida y milagros de San Millán. Murió el año 651.

San Eduardo II, rey de Inglaterra. Nació el año 962 y era hijo del rey Edgar. A la muerte de éste en el 975, le sucedió Eduardo con el apoyo del arzobispo de Canterbury san Dunstano, pero con la oposición de su hermano de padre, pero no de madre, Etelredo. Poco después, en el 978 ó 979, fue asesinado en Wareham, condado de Dorset (Inglaterra), por los sicarios enviados por su hermanastro o por la madre de éste. El pueblo lo consideró mártir por lo injusta que fue su muerte.

San Frigdiano (o Frigidiano). Era un irlandés que peregrinó por Italia y se quedó en Monte Pisano para llevar vida eremítica. El año 566 fue elegido obispo de Lucca (Toscana). Promovió entre su clero la vida en comunidad y bajo una regla. Para bien del pueblo, desvió el curso del río Serchio, haciendo más fértil el territorio. Reedificó la catedral quemada por los longobardos y convirtió a muchos de ellos que habían invadido la región. Murió hacia el año 588.

San Leobardo. Nació en Auvergne a principios del siglo VI. Peregrinó a la tumba de San Martín en Tours, y luego se retiró a vivir como recluso en una pequeña celda junto al monasterio de Marmoutier (Tours, Francia), dedicado a la oración y la penitencia y al estudio de la S. Escritura. Hizo mucho bien a los fieles que lo visitaban. Murió hacia el año 593.

Beata Celestina Donati. Nació Toscana (Italia) el año 1848. Desde pequeña se sintió llamada a la vida religiosa. En 1888 tomó la decisión de consagrarse a Dios y su primer pensamiento fue reunir en torno a sí a mujeres que colaboraran con ella en la educación de niñas pobres y abandonadas. En 1889 fundó la congregación de las Hijas Pobres de San José de Calasanz, para la educación cristiana de las niñas pobres y también de los hijos e hijas de los detenidos en las cárceles. La gobernó con sabiduría y prudencia, la extendió por toda Italia, y a sus hijas les infundió el espíritu de pobreza. Murió en Florencia en 1925, y fue beatificada el año 2008.

Beatos Juan Thules y Rogerio Wrenno. Mártires ingleses. Juan era un presbítero que recibió la ordenación sacerdotal en Roma; vuelto a su patria, ejerció su ministerio en Essex y Lancashire. Cuando lo encarcelaron, se encontró con Rogerio, católico seglar, de profesión tejedor, que había sido arrestado por prestar asistencia a los misioneros católicos. Se les ofreció la libertad a cambio del juramento de fidelidad al Rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, cosa que ambos rehusaron, reafirmándose en su fe y en su fidelidad al Papa. Fueron ahorcados y descuartizados en Lancaster el año 1616, bajo el reinado de Jacobo I.

Beata Marta Le Bouteiller. Nació en Percy (Francia) el año 1816. A los 25 años ingresó en las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia. Ya profesa, se dedicó siempre a los servicios más humildes. Estuvo en varias casas en las que trabajó de cocinera, jardinera y despensera. Durante la guerra franco-prusiana atendió a los soldados heridos. Religiosa cumplidora, llena de humildad y modestia, dio a todos, en el trabajo cotidiano y en su vida de piedad, un gran ejemplo de virtud. Murió en el convento de Saint-Saveur-le-Vicomte (Normandía) el año 1883.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo...». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado del ángel del Señor y acogió a su mujer (Mt 1,18-20.24).

Pensamiento franciscano:

Oración de san Francisco: «Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por los siglos de los siglos. Amén» (CtaO 50-52).

Orar con la Iglesia:

Oremos a Dios Padre, por intercesión de san José, a quien puso al frente del hogar de su Hijo en Nazaret.

-Por la Iglesia, la gran familia de los hijos de Dios, para que goce siempre del patronazgo de quien cuidó de Jesús y de María.

-Por los hogares cristianos y por todos los hogares, para que permanezcan firmes en la fidelidad y el amor.

-Por los gobernantes, para que se sientan responsables de la institución familiar y de la convivencia de todos los ciudadanos.

-Por los enfermos y los agonizantes, para que sientan la cercanía de la Sagrada Familia.

-Por nosotros, llamados a vivir en la oscuridad y a la luz de la fe, para que aprendamos de san José a fiarnos siempre de Dios.

Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas, que hoy te recomienda san José, protector e intercesor de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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SAN CIRILO DE JERUSALÉN
Benedicto XVI, Catequesis en la
audiencia general del miércoles 27 de junio de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

San Cirilo, nacido alrededor del año 315 en Jerusalén o en sus cercanías, recibió una óptima formación literaria, que constituyó la base de su cultura eclesiástica, centrada en el estudio de la Biblia. Ordenado presbítero por el obispo Máximo, cuando este murió o fue depuesto, en el año 348 fue ordenado obispo por Acacio, influyente metropolita de Cesarea de Palestina, filo-arriano, convencido de que Cirilo era su aliado. Por eso, se sospechó que había obtenido el nombramiento episcopal mediante concesiones al arrianismo. En realidad, muy pronto san Cirilo chocó con Acacio.

Su ortodoxia, puesta en duda por algunas fuentes de aquel tiempo, la atestiguan otras fuentes igualmente históricas. La más autorizada de ellas es la carta sinodal del año 382, después del segundo concilio ecuménico de Constantinopla (381), en el que san Cirilo había participado con un papel cualificado. En esa carta, enviada al Pontífice romano, los obispos orientales reconocen oficialmente la más absoluta ortodoxia de san Cirilo, la legitimidad de su ordenación episcopal y los méritos de su servicio pastoral, que concluyó con su muerte en el año 387.

De san Cirilo conservamos veinticuatro célebres catequesis, que impartió como obispo hacia el año 350. Introducidas por una Procatequesis de acogida, las primeras dieciocho están dirigidas a los catecúmenos; las pronunció en la basílica del Santo Sepulcro. Las primeras (1-5) tratan cada una, respectivamente, de las disposiciones previas al bautismo, de la conversión de las costumbres paganas, del sacramento del bautismo, de las diez verdades dogmáticas contenidas en el Credo o Símbolo de la fe.

Las sucesivas (6-18) constituyen una «catequesis continua» sobre el Símbolo de Jerusalén, en clave antiarriana. De las últimas cinco (19-23), llamadas «mistagógicas», las dos primeras desarrollan un comentario a los ritos del bautismo; y las tres últimas versan sobre la Confirmación, sobre el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y sobre la liturgia eucarística. En ellas se incluye la explicación del padrenuestro (Oración dominical): con ella se comienza un camino de iniciación en la oración, que se desarrolla paralelamente a la iniciación en los tres sacramentos: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

En su conjunto, las homilías de san Cirilo constituyen una catequesis sistemática sobre el nuevo nacimiento del cristiano mediante el bautismo. Dice san Cirilo al catecúmeno: «Has caído dentro de las redes de la Iglesia. Por tanto, déjate captar vivo; no huyas, porque es Jesús quien te pesca con su anzuelo, no para darte la muerte, sino la resurrección después de la muerte. En efecto, debes morir y resucitar... Desde hoy mueres al pecado y vives para la justicia» (Procatequesis 5).

Desde el punto de vista doctrinal, san Cirilo comenta el Símbolo de Jerusalén recurriendo a la tipología de las Escrituras, en una relación «sinfónica» entre los dos Testamentos, desembocando en Cristo, centro del universo. La tipología será incisivamente descrita por san Agustín de Hipona: «El Antiguo Testamento es el velo del Nuevo; y en el Nuevo Testamento se manifiesta el Antiguo».

Por lo que atañe a la catequesis moral, se funda, con una profunda unidad, en la catequesis doctrinal: el dogma se va introduciendo progresivamente en las almas, las cuales así se ven impulsadas a cambiar los comportamientos paganos de acuerdo con la nueva vida en Cristo, don del bautismo.

Por último, la catequesis «mistagógica» constituía el vértice de la instrucción que san Cirilo impartía, ya no a los catecúmenos, sino a los recién bautizados o neófitos, durante la semana de Pascua. Esa catequesis los llevaba a descubrir, bajo los ritos bautismales de la Vigilia pascual, los misterios encerrados en ellos, aún sin desvelar. Iluminados por la luz de una fe más profunda gracias al bautismo, los neófitos podían por fin comprenderlos mejor, habiendo celebrado ya sus ritos.

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PREPARAD LIMPIOS LOS VASOS
PARA RECIBIR AL ESPÍRITU SANTO
San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 3, 1-3

Alégrese el cielo, goce la tierra, por estos que van a ser rociados con el hisopo y purificados con el hisopo espiritual, por el poder de aquel que en su pasión bebió desde la cruz por medio de la caña de hisopo. Alégrense las virtudes de los cielos; y prepárense las almas que van a desposarse con el Esposo. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor».

Comportaos, pues, rectamente, oh hijos de la justicia, recordando la exhortación de Juan: Allanad sus senderos: Retirad todos los estorbos e impedimentos para llegar directamente a la vida eterna. Por la fe sincera, preparad limpios los vasos de vuestra alma para recibir al Espíritu Santo. Comenzad por lavar vuestros vestidos con la penitencia, a fin de que os encuentren limpios, ya que habéis sido llamados al tálamo del Esposo.

El Esposo llama a todos sin distinción, pues su gracia es liberal y abundante; sus pregoneros reúnen a todos a grandes voces, pero luego él segrega a aquellos que no son dignos de entrar a las bodas, figura del bautismo.

Que ninguno de los inscritos tenga que oír aquella voz: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?

Ojalá que todos escuchéis aquellas palabras: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.

Hasta ahora os habéis quedado fuera de la puerta, pero deseo que todos podáis decir: El rey me introdujo en su cámara. Me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Que vuestra alma se encuentre sin mancha ni arruga, ni nada por el estilo; no digo antes de recibir la infusión de la gracia (¿para qué, entonces, habríais sido llamados a la remisión de los pecados?), pero sí que, cuando la gracia se os infunda, vuestra conciencia, estando libre de toda falta, concurra al efecto de la gracia.

El bautismo es algo sumamente valioso y debéis acercaros a él con la mejor preparación. Que cada uno se coloque ante la presencia de Dios, rodeado de todas las miradas de los ejércitos celestiales. El Espíritu Santo sellará vuestras almas, pues habéis sido elegidos para militar al servicio del gran rey.

Preparaos, pues, y disponeos para ello, no tanto con la blancura inmaculada de vuestra túnica, cuanto con un espíritu verdaderamente fervoroso.

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HEMOS DE SER SENCILLOS, HUMILDES Y PUROS
San Francisco de Asís: Carta a los Fieles (2CtaF 38-56 y 61-62)

Debemos amar a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos tienen odio. Debemos observar los preceptos y consejos de nuestro Señor Jesucristo. Debemos también negarnos a nosotros mismos y poner nuestro cuerpo bajo el yugo de la servidumbre y de la santa obediencia, como cada uno lo haya prometido al Señor. Y que ningún hombre esté obligado por obediencia a obedecer a nadie en aquello en que se comete delito o pecado.

Mas aquel a quien se ha encomendado la obediencia y que es tenido como el mayor, sea como el menor (Lc 22,26) y siervo de los otros hermanos. Y haga y tenga para con cada uno de sus hermanos la misericordia que querría se le hiciera a él, si estuviese en un caso semejante. Y no se irrite contra el hermano por el delito del mismo hermano, sino que, con toda paciencia y humildad, amonéstelo benignamente y sopórtelo.

No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino que, por el contrario, debemos ser sencillos, humildes y puros. Y tengamos nuestro cuerpo en oprobio y desprecio, porque todos, por nuestra culpa, somos miserables y pútridos, hediondos y gusanos, como dice el Señor por el profeta: Yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y desprecio de la plebe (Sal 21,7). Nunca debemos desear estar por encima de los otros, sino que, por el contrario, debemos ser siervos y estar sujetos a toda humana criatura por Dios (1 Pe 2,13).

Y sobre todos ellos y ellas, mientras hagan tales cosas y perseveren hasta el fin, descansará el espíritu del Señor (Is 11,2) y hará en ellos habitación y morada (cf. Jn 14,23). Y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras hacen. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 12,50). Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a Jesucristo. Somos ciertamente hermanos cuando hacemos la voluntad de su Padre, que está en el cielo; madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, por el amor y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo.

¡Oh cuán glorioso y santo y grande, tener un Padre en los cielos! ¡Oh cuán santo, consolador, bello y admirable, tener un esposo! ¡Oh cuán santo y cuán amado, placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable, tener un tal hermano y un tal hijo!, que dio su vida por sus ovejas y oró al Padre por nosotros diciendo: Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado (Jn 17,11).

Y a aquel que tanto ha soportado por nosotros, que tantos bienes nos ha traído y nos traerá en el futuro, y a Dios, toda criatura que hay en los cielos, en la tierra, en el mar y en los abismos rinda alabanza, gloria, honor y bendición, porque él es nuestro poder y nuestra fortaleza, y sólo él es bueno, sólo él altísimo, sólo él omnipotente, admirable, glorioso y sólo él santo, laudable y bendito por los infinitos siglos de los siglos. Amén.


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