lunes, 6 de febrero de 2017

“Traen el teléfono de su “madame” escondido en las trenzas”

“Traen el teléfono de su “madame” escondido en las trenzas”


Niñas nigerianas se prostituyen en Sicilia
Sean Umphlet  ALFA Y OMEGA  5 FEBRERO, 2017

Cada dos minutos, un niño o un niño es víctima de explotación sexual. Es una de las cifras de un fenómeno, el de la trata de seres humanos, que en las últimas décadas ha afectado a unos 30 millones de niños. Pero los números están creciendo en un negocio ilegal que mueve 150.000 millones de dólares al año. Por eso Francisco calificó la trata de «la mayor esclavitud» del siglo XXI.

Precisamente por voluntad del Papa, el 8 de febrero se celebra desde 2015 la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, en la memoria litúrgica de santa Bakhita, que conoció el sufrimiento de la esclavitud.


Este año, se centra en los menores víctimas de trata, con el lema ¡Son niños! No esclavos. La organiza la Red Internacional de la Vida Consagrada contra la Trata de Personas, llamado Talitha Kum, en coordinación con las diferentes realidades del mundo de la Iglesia y la sociedad civil.

“Sobre el fenómeno de la trata, se habla de 21 millones de personas en los documentos oficiales de las Naciones Unidas, aunque otras organizaciones no gubernamentales hablan de 45 millones –explica la hermana Gabriella Bottani, coordinador del Comité de la Jornada–. Lo que sí sabemos es que la mayoría son mujeres y que hay un aumento alarmante de niños y adolescentes. Por eso este año se quiere hacer hincapié en este grupo de personas. Son alrededor de un tercio de las víctimas. La cifra está creciendo, cada vez hay más niños y jóvenes. Ellos cuentan el dolor, el sufrimiento, pero también sus esperanzas y sus sueños”.

Historias como la de “tres primas de Filipinas de 6, 8 y 9 años”. Estaban involucradas en el llamado “sexo cibernético: los niños están en un pequeño espacio, delante de una cámara conectada a través de Internet a los clientes en todo el mundo, principalmente en Europa, y hacen lo que estas personas les mandan, actos sexuales o pornográficos. En este momento las tres chicas están en un centro de acogida protegido y necesitan todo un proceso de educación, salud e integración, que puede ayudar a reconstruir sus vidas, su presente y su futuro”.

La Jornada cuenta con muchos eventos, que culminarán con la iniciativa de 8 de febrero, precedida –como se puede comprobar en la página web www.preghieracontrotratta.org– de una vigilia de oración contra la trata.

También hay jornadas de estudio y eventos en Filipinas, Nigeria o Australia. Se escucharán muchas historias de víctimas jóvenes. Con ellos, en Catania (Sicilia), trabaja sor Rosalía Caserta, directora de la Casa Familiar San José, que acoge a niñas, en su mayoría nigerianas, que han escapado al control y la explotación por parte de grupos criminales, encarnados en mujeres a las que llaman «”madame”».

A veces solo traen un simple número de teléfono, oculto en las trenzas de sus cabellos

“Llegan a la costa siciliana compradas, vendidas, con una deuda atrás. Ya en el puerto hay personas que las están esperando. A veces solo traen un simple número de teléfono, oculto en las trenzas de sus cabellos, porque ese es el número al que “deben” llamar a su llegada a un centro de acogida, donde tal vez pero no siempre –por el hacinamiento– se puede proteger al menor”.

“A través de este número pueden contactar con la “madame”, que inmediatamente viene a llevárselas. Cuando se las llevan, van a la calle; no hay otro: la calle más cruda y más oscura que se pueda. Este grupo de chicas a las que acogemos –todas menores de edad– no hacemos otra cosa que ofrecerles un ambiente alternativo, tratando de protegerlas de los riesgos de la trata. ¡Dormir, estar bajo el mismo techo limpio, ordenado, agradable, llena de calor humano, no de cosas superfluas, hace tanto!”.

Iana Matei, presidenta de la ONG Reaching Out Rumania, habla de un flagelo que aún no ha sido derrotado también por falta de educación: habla de madres y padres «irresponsables» porque a veces consideran al niño una «forma de sacar beneficio» en contextos de extrema pobreza. Sin embargo, el tráfico de personas no solo significa la explotación sexual: incluye los derechos negados, el trabajo infantil, el tráfico de órganos, los matrimonios forzados.

Lo cuenta Gianpaolo Trevisi, director de la Escuela de Policía de Peschiera del Garda, que en un libro sobre la inmigración ha logrado convertir historias dramáticas en relatos de esperanza: «Son historias que parten de la realidad para luego regalar al final algo un poco diferente, surrealista, que sabe como un sueño. Esto hace que las historias sean más legibles».

Entre sus historias, cita la de una niña que se encuentra en Australia. «Sus padres son de Pakistán y dicen que quieren llevarla a su país de origen durante las vacaciones de verano. En realidad, cuando llega, se encuentra un matrimonio ya acordado con una persona mucho mayor. Así que di vuelta a la historia, como si fuera solo una pesadilla para la joven, de la que se despierta por la mañana y va a casarse con un chico australiano que había caído en el amor, porque ahora su país es Australia».

Giada Aquilino / Radio Vaticano

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