martes, 21 de febrero de 2017

“Te visito, Señor, y todo cambia”

“Te visito, Señor, y todo cambia”

Todo ha sido sencillamente maravilloso. No dejan de ocurrir cosas sorprendentes en torno al sagrario. Hace poco me invitaron a un programa de televisión. No suelo aceptar porque me cuesta hablar. Para un escritor todo es más sencillo en la soledad frente a un escritorio y su computadora. ¿Te equivocas? Corriges y nada pasa. Pero con la televisión en vivo todo es diferente.
“¿De qué hablaremos?”, les pregunté.
“Del sagrario”.
Busco mil excusas y todas fallan. Al final, una palabra: “Acepto”.
Fue maravilloso. Las llamadas de los televidentes fueron geniales. Todas sobre el amor con que Jesús nos espera en los sagrarios del mundo entero.
Luego escribimos en Aleteia pidiendo fotos de los sagrarios. ¿Saben que no dejan de llegar fotografías de los más hermosos sagrarios alrededor del mundo? Cuando los presentamos, entre los comentarios, nos llegaron estas bellísimas palabras:
                                               “Te visito Señor y todo cambia”.
Qué belleza, son como una jaculatoria, una carta de amor a Jesús en el sagrario.
Quisiera compartirles el testimonio de un joven que cambió su vida visitando a Jesús en el sagrario.
He pasado una etapa de mi vida en la que he tenido mucha tribulación. Las cosas no parecían marchar bien en el trabajo, ni en mis responsabilidades en la iglesia. Una vida sin metas, sin horizonte ni sueños difícilmente me animaría a esforzarme.
No había podido definir el rumbo de mi vida.  Así que me propuse una sola meta: “Visitar a Jesús Sacramentado todos los días”. Y comencé a visitarlo en la capilla de la iglesia Santa Eduviges, en Panamá, cada tarde al salir del trabajo.
Estando allí, me desconectaba del tiempo.
Me encanta el silencio de ese lugar. Mi mente muchas veces iba a mil por hora, entonces le pedía a Jesús: “Señor, enséñame a callar, contemplarte en silencio y orar”. 
Reflexionaba sobre las personas con testimonios en los cuales Dios les responde de forma tan clara y rápida a sus necesidades. Y pensaba: “Ese no soy yo”.
Después de un mes de visitarlo le pregunté: “Señor ¿por qué no veo resultados en mi vida? ¿Por qué no me das respuestas a pesar de visitarte aquí todos los días?”.
Recuerdo ese día… al salir fue como si Jesús me quitara un velo del rostro y comencé a ver que las cosas realmente sí estaban mejorando, y por alguna razón no lo percibía.
He pasado ya 2 meses visitando todos los días a Jesús Sacramentado y tengo muy hondo una felicidad que antes no existía en mí. Mis ganas de vivir ahora son grandes. Mi vida está colmada de un aroma de gozo y paz.
Me emociona pensar cada mañana que por la tarde iré a verlo y estaremos juntos Jesús y yo”.

Gracias por compartir tantas preciosas imágenes historias relacionadas con la adoración, después de una primera publicación, aquí otras fotografías que nos han llegado de diversos lugares del mundo. ¡Viva Jesús!

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