martes, 14 de febrero de 2017

SER CRISTIANO EN LA INDIA

Publicado: 13 de Feb 2017 15:02 PST
"One" documenta la persecución de los cristianos en el país asiático

El periodista Fernando de Haro continúa su exploración del mundo a la luz de la denuncia, muchas veces silenciada, de la persecución de los cristianos. En esta carrera ha rodado ya documentales sobre los coptos egipcios, Walking next to the Wall (2014); sobre los cristianos de Irak y de Siria, Nasarah (2015); y sobre las comunidades tanto protestantes como católicas de Nigeria, sometidas al terror de Boko Haram, Aleluya (2016). 

Dentro de este proyecto de enciclopedia portátil del martirio en tiempos posmodernos, disponible al completo en Vimeo, nos llega la entrega de este año: One (2017). Es un relato sobre el sufrimiento de veinticinco millones de cristianos en un país de mil doscientos millones de habitantes como la India, donde la religión institucional es la hindú. 

Como en los documentales previos, la narración es clásica y eminentemente informativa, exenta del barroquismo y la complejidad postelevisiva típicas de los documentales último modelo. Sin embargo, se consigue captar la atención del espectador mediante estrategias más sencillas y también efectivas.

Por un lado, nos encontramos, como en los reportajes anteriores de la serie, con un uso inusual de los primeros planos, que nos permite acceder fácilmente a la humanidad misteriosa de los cristianos. De este modo, los rostros y las manos, especialmente de las cristianas de la India, se convierten en los verdaderos protagonistas de esta cinta.

Contemplarlos nos remite, nítidamente, a la carne lacerada de Cristo y a la certeza de su abrazo, especialmente ostensible en la potencia de las miradas.

Pero, además, One no es una mera repetición de la denuncia ante las injusticias padecidas por la comunidad cristiana y de la reverencia que causa la fidelidad de estos creyentes en situaciones extremas. La idiosincrasia de este país nos hace percatarnos de que la clave de vuelta del cristianismo es siempre una historia particular, que escapa a las siempre tentadoras reducciones esquemáticas.

India es un país mayoritaria y hegemónicamente hindú, donde, pese a las leyes de libertad religiosa, las manifestaciones del islam y del cristianismo son sometidas a numerosas restricciones desde el aparato del Estado. Son muchas las normativas orientadas a ahogar económicamente a las minorías, a intentar evitar el crecimiento de otros credos.

Dato tras dato se nos revela una telaraña administrativa urdida desde una visión nacionalista y proteccionista de la tradición mayoritaria que entiende a las minorías como agresiones externas que hay que combatir, en ocasiones incluso con la violencia física.

Algo que se plasma en violaciones, saqueos, destrucciones de iglesias, linchamientos, torturas y asesinatos.

Otro dato interesante, que contrasta con las ideas preconcebidas de espectador occidental, es que el ochenta por ciento de la comunidad cristiana está compuesta por dalits (intocables).

Según la sociedad de castas promovida por el hinduismo y sus brahmanes, los intocables son los hombres inferiores, sin apenas dignidad. Quizás es por eso que ellos tienen una mayor apertura a reconocer el mensaje de igualdad y fraternidad que emerge de la relación entre Cristo y sus discípulos, uno de los cuales, Tomás, llegó a la India, ya en el siglo primero, para predicar el evangelio.

En suma, One retrata el mal que puede hacer una concepción cultural hegemónica y sus cautelas para blindarse contra el otro. Un temario que convendría repasar en Europa, donde no dejamos de criticar a Trump por construir muros y blindarse ante los extranjeros, mientras nuestros campos de refugiados siguen aportando datos vergonzosos a los futuros libros de historia.

Por Jorge Martínez Lucena

Fuente: Aleteia

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