lunes, 6 de febrero de 2017

Papa Francisco: “Somos reconocibles no en las palabras, sino por nuestras obras”



Papa Francisco:  “Somos reconocibles no en las palabras, sino por nuestras obras”

Reflexión del obispo de Roma antes del rezo del Ángelus
 ALVARO REAL  5 FEBRERO, 2017

Papa Francisco reflexionó este domingo sobre el llamado “Discurso de la montaña”, en el Evangelio de Mateo. En su intervención explicó que Jesús “utiliza las metáforas de la sal y de la luz, y sus palabras están dirigidas a los discípulos de todo tiempo, por lo tanto, también a nosotros”.

“Jesús nos invita a ser un reflejo de su luz, a través del testimonio de las obras buenas”, afirmó el Pontífice explicando la responsabilidad de los cristianos a la luz de la fe: “Estamos llamados a hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los demás mediante las obras buenas. ¡Y cuánto tiene necesidad el mundo de la luz del Evangelio que transforma, cura y garantiza la salvación a quien lo recibe! Pero esta luz nosotros debemos llevarla con nuestras obras buenas”.


“La luz de nuestra fe, donándose, no se apaga sino que se refuerza. En cambio puede debilitarse si no la alimentamos con el amor y con las obras de caridad. Así la imagen de la luz se encuentra con aquella de la sal. En efecto, la página evangélica nos dice que, como discípulos de Cristo somos también “sal de la tierra” (v. 13)”, añadió.

Papa Francisco también reflexionó sobre la sal: “es un elemento que mientras da sabor, preserva el alimento de la alteración y de la corrupción – ¡en los tiempos de Jesús no había heladeras! Por lo tanto, la misión de los cristianos en la sociedad es aquella de dar “sabor” a la vida con la fe y el amor que Cristo nos ha donado y, al mismo tiempo, mantener lejos los gérmenes contaminantes del egoísmo, de la envidia, de la maledicencia, y demás”.

En su mensaje antes del rezo del ángelus, alertó de los gérmenes que puede arruinar las comunidades y pidió que “seamos liberados de la degeneración corruptiva de los influjos mundanos, contrarios a Cristo y al Evangelio”.

Finalizó su intervención reiterando el llamamiento “a ser luz y sal en el propio ambiente de la vida cotidiana, perseverando en la tarea de regenerar la realidad humana en el espíritu del Evangelio y en la perspectiva de Reino de Dios”.

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