martes, 14 de febrero de 2017

Otra intervención heroica


Domingo Savio, Santo Domingo Savio, Biografía, Domenico Savio, Santidad SalesianaEstudiaba en el oratorio el joven Urbano Ratazzi, sobrino del Ministro del mismo nombre. Así lo habían querido sus padres y Don Bosco no tuvo inconveniente en aceptarlo. El Ministro era amigo personal de Don Bosco y éste le hizo el favor. Pero resulta que a Urbano se le subieron los humos a la cabeza, tal vez, por ser familia del Ministro y quiso hacer en el oratorio lo que le daba la gana. Un día él y un grupo de compinches llenan de nieve la estufa del salón donde están jugando los demás compañeros, y estropean la calefacción.
Urbano se ríe y disfruta de la gracia, mientras los otros se mueren de frío y de rabia. Se oye una voz en la sala. Es la voz de Domingo que recrimina a Ratazzi:
-Eso está mal hecho. Don Bosco lo ha prohibido terminantemente. Haces el ridículo. Ayer mismo Don Bosco lo repitió varias veces y tú, con la mayor frescura, te burlas de sus órdenes.
Cerca de Domingo está Francisco Cerruti, alumno que hace poco ha entrado en el oratorio y que es testigo del hecho. Urbano se enciende, la ira se le sale por los ojos y la boca y descarga una gruesa letanía de insolencias contra Domingo. Al ver la serenidad de Domingo, Ratazzi se enfurece más y le descarga dos fuertes puñetazos. Domingo baja la cabeza en silencio. Ha ofrecido sus dos mejillas y su pensamiento vuela al altar del sacrificio, donde a diario pasaba él sus ratos contemplando el rostro ensangrentado de Cristo.
Enseguida viene uno de los asistentes a poner orden. Domingo, como si nada hubiera pasado, ayuda a ordenar el local. A quien le pregunta por qué ha permanecido en silencio, responde con sencillez, que ha trabajado tanto en dominar el carácter, en no perder el control, en imitar a Cristo, que en aquel momento ha sabido poner freno sus pasiones, con la ayuda de Dios.
Urbano Ratazzi abandonó pronto el oratorio. No podía dar rienda suelta a sus caprichos y él mismo tomó la decisión. Siguió como su tío la carrera de la política y más tarde llegó a ocupar el cargo de Ministro de la Casa Real. Conservó, sin embargo, buen recuerdo de Don Bosco, y hablaba siempre de aquel episodio:
-Aquella paciencia heroica de Domingo Savio me hizo más bien que todos los sermones de mis maestros y superiores. Ese gesto valiente no se me borrará de la memoria, si algo de bueno hay en mí todavía, se lo debo a ese joven.

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