miércoles, 22 de febrero de 2017

Año Cristiano Franciscano


DÍA 23 DE FEBRERO

 

SAN POLICARPO. Nació en Esmirna (Turquía) el año 69. Discípulo del apóstol san Juan y último testigo de la época apostólica, fue nombrado por los mismos Apóstoles obispo de Esmirna, dio hospedaje a su amigo Ignacio de Antioquía, quien luego le escribió una carta hoy famosa, tuvo como discípulo a san Ireneo. Escribió una carta a la Iglesia de Filipos, que había sido fundada por el apóstol Pablo. Hizo un viaje a Roma el año 154 para tratar con el papa Aniceto la cuestión de la fiesta de la Pascua. Selló con su sangre el testimonio de su fe en Cristo, condenado a morir en la hoguera en el anfiteatro de Esmirna el año 155, bajo los emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio. Al procónsul romano que lo invitaba a maldecir de Cristo, respondió Policarpo: «86 años hace que le sirvo y ningún daño he recibido de Él, ¿cómo puedo maldecir a mi rey, el que me ha salvado?... Yo soy cristiano».- Oración: Dios de todas las criaturas, que te has dignado agregar a san Policarpo, tu obispo, al número de los mártires, concédenos, por su intercesión, participar con él en la pasión de Cristo, y resucitar a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


BEATA ISABEL DE FRANCIA. Véase el 22 de febrero.



BEATA RAFAELA YBARRA. "Fue una notable mujer de gran corazón y destacada talla espiritual, que abarcó las diversas facetas de la vida familiar y social. Señora rica, culta, hija y esposa de dos grandes empresarios y madre de numerosa familia, atenta siempre a los más necesitados" (M. E. González, BAC). Nació en Bilbao (España) el año 1843 en una familia acomodada que le dio una esmerada educación cristiana, y pronto dio señales de una profunda piedad. A los 18 contrajo matrimonio con D. José Villalonga, del que tuvo siete hijos. Entre sus iniciativas y fundaciones destaca la Congregación de Religiosas de los Santos Ángeles Custodios, para la atención a jóvenes y niñas en difícil situación familiar o personal. Con permiso de su esposo hizo privadamente los votos religiosos. Viuda en 1898, hubiera querido ingresar en la religión por ella fundada, pero no lo hizo por atender a sus nietos huérfanos. Murió en Bilbao el 23 de febrero de 1900.

* * *

San Juan Theristi. Su familia era de Stilo, en Calabria (Italia). Su madre, estando encinta, fue raptada por los musulmanes y trasladada a Palermo, donde nació Juan. Educado por su madre, a la edad de 14 años volvió a Stilo, donde fue acogido y bautizado en un monasterio. Más tarde abrazó la vida monástica en la Orden de San Basilio. Se distinguió por su vida contemplativa y por la atención y ayuda que prestaba a los campesinos, por lo que le llamaron "Theristis", "el sembrador". Murió en Stilo hacia la mitad del siglo XI.

Santa Milburga. Hija de Merewald rey de Mercia (Inglaterra), fundó un monasterio en Much Wenlock del que fue abadesa y en el que murió hacia el año 722.

San Sireno (o Sinero o Sirmio). Era griego de nacimiento, y lo dejó todo para vivir en soledad ejerciendo el oficio de hortelano en los alrededores de Sirmio. Cuando sobrevino la persecución del emperador Maximiano Galerio, permaneció oculto hasta que, creyéndose a salvo, volvió a su casa. Lo delató una mujer a la que había reprochado su lascivia. Arrestado y conducido ante el juez, confesó que era cristiano y se negó a sacrificar a los dioses, por lo que fue decapitado en Sirmio (Panonia, en la actual Serbia) el año 307.

San Willigis. Era canónigo de Hildesheim cuando lo nombraron preceptor del futuro Otón II. El año 971 fue nombrado canciller, oficio en el que fue eficaz, y en el 975 arzobispo de Maguncia (Alemania). Reconstruyó la catedral y otras muchas iglesias. Convocó un sínodo y acudió a otros, promovió la disciplina en la Iglesia como legado apostólico en Alemania. Consagró rey a Otón III y fue consejero de las más altas autoridades, con las que colaboró. Tanto en su labor de pastor de la Iglesia como en la de hombre de estado dejó una estela de santidad. Murió en Maguncia el año 1011.

Beato Braulio Carlos Lucas. Nació en Lorca (Murcia) en 1913. Ingresó en los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1928. Terminado el escolasticado, lo enviaron a Puente de Vallecas (Madrid), donde se reveló como excelente y celoso educador. Estallada la persecución religiosa, se refugió como empleado en el asilo del Sagrado Corazón, convertido en hospital. Durante siete meses no despertó sospechas. En febrero de 1937 lo detuvieron, lo llevaron a la checa de Bravo Murillo y después a la de Pacífico, en Puente de Vallecas, y, probado que era religioso, lo asesinaron, con toda probabilidad el 23 de febrero de 1937. Tenía 23 años. Beatificado el 13-X-2013.

Beata Josefina Vannini. Nació en Roma el año 1859, y a los siete años había quedado huérfana de padre y madre. Quiso ingresar en las Hijas de la Caridad, que la habían acogido y educado, pero la falta de salud no se lo permitió. Para canalizar sus aspiraciones, en colaboración con el P. Luis Tezza, de los Camilos, fundó la Congregación de Hijas de San Camilo, para la asistencia a los enfermos. Sufrió mucho la fundadora, pero el instituto creció rápidamente. Murió en Roma el año 1911.

Beata Juana Franchi. Nació en Como (Italia) en 1807, de familia noble y acomodada. De niña fue confiada a las monjas de la Visitación. Antes de casarse, falleció su prometido; poco después faltaron sus padres, dejándole un gran patrimonio. Ante las urgencias sociales de su tiempo y para atender a los enfermos y los menesterosos de su ciudad, fundó la Congregación de las Hermanas Enfermeras de la Dolorosa. Supo unir una profunda vida espiritual con un servicio generoso a los enfermos y a los más pobres material o espiritualmente. Murió en Como el 23 de febrero de 1872 por haber contraído la viruela cuando asistía a los enfermos. Beatificada el 20-IX-2014.

Beato Luis Mzyk. Sacerdote polaco, de la Congregación del Verbo Divino. Estudió la teología en Roma, donde se ordenó de sacerdote en 1932. Cuando regresó a su patria le confiaron el cargo de maestro de novicios. Era un religioso de grandes virtudes, enamorado de su vocación sacerdotal y religiosa. Llegada la invasión nazi, la Gestapo lo arrestó el 25 de enero de 1940 y lo llevó al Fuerte VII de Poznam, donde estuvo preso en duras condiciones y fue torturado hasta que el 23 de febrero de 1942 lo asesinó uno de los guardias.

Beato Nicolás Tabouillot. Sacerdote y mártir de la diócesis de Verdun. Ejerció el ministerio en varias parroquias. En 1791, sorprendido en su buena voluntad, prestó el juramento constitucional exigido por la Revolución Francesa, pero afirmando su sometimiento a las leyes divinas. Cuando se enteró de que el Papa había condenado tal juramento, se dirigió a sus feligreses manifestando su voluntad de permanecer siempre fiel a la Iglesia y al Papa. Pronto fue detenido y llevado a uno de los pontones-cárcel anclados frente a Rochefort, donde enfermó y murió en 1795.

Beato Vicente Frelichowski. Sacerdote polaco, nacido en 1913. Recibió la ordenación sacerdotal en 1937, y se entregó al apostolado con entusiasmo juvenil, especialmente entre los scouts. En otoño de 1939 fue arrestado por los nazis. Pasó, como estaciones sucesivas de su vía crucis, por varios campos de concentración hasta llegar al de Dachau (Alemania), donde en medio de tanta miseria y tortura atendió a jóvenes y ancianos y en particular a los enfermos de tifus, del que al final se contagió también él. Murió en 1945. Entregó su vida sacerdotal a Dios y a los hombres, llevando la paz a las víctimas de la guerra.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

«Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras"» (Salmo 94,5-7).

Pensamiento franciscano:

Dice san Francisco: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Hay muchos que, perseverando en oraciones y oficios, hacen muchas abstinencias y mortificaciones corporales, pero, por una sola palabra que les parezca injuriosa para sus cuerpos o por alguna cosa que se les quite, escandalizados enseguida se perturban. Estos no son pobres de espíritu, porque quien es de verdad pobre de espíritu, se tiene en menos a sí mismo y ama a aquellos que lo golpean en la mejilla (Adm 14).

Orar con la Iglesia:

Oremos al Señor, nuestro Dios, que dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo.

-Por la Iglesia; para que, fortalecida con el pan de la palabra de Dios, no caiga en la tentación de confiar en poderes y medios extraños a su misión en el mundo.

-Por los grupos catecumenales y por los creyentes que toman en serio la catequesis de adultos; para que crezcan y maduren en la fe aun en medio de muchas tentaciones.

-Por los pueblos subdesarrollados y por los que carecen de medios para superarse; para que encuentren la ayuda fraterna de los ricos y desarrollados.

-Por nosotros que hemos escuchado «no sólo de pan vive el hombre»; para que se nos despierte el hambre de la palabra de Dios.

Oración: Señor, Dios nuestro, escucha nuestras súplicas, perdona nuestras caídas y devuélvenos la alegría de tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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ENTRAR EN EL ITINERARIO CUARESMAL
Benedicto XVI, Ángelus del 21 de febrero de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

Con el rito penitencial de la Ceniza comenzamos la Cuaresma, tiempo de renovación espiritual que prepara para la celebración anual de la Pascua. Pero, ¿qué significa entrar en el itinerario cuaresmal? Nos lo explica el Evangelio de este primer domingo, con el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. El evangelista san Lucas narra que Jesús, tras haber recibido el bautismo de Juan, «lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo» (Lc 4,1-2). Es evidente la insistencia en que las tentaciones no fueron contratiempo, sino la consecuencia de la opción de Jesús de seguir la misión que le encomendó el Padre de vivir plenamente su realidad de Hijo amado, que confía plenamente en él. Cristo vino al mundo para liberarnos del pecado y de la fascinación ambigua de programar nuestra vida prescindiendo de Dios. Él no lo hizo con declaraciones altisonantes, sino luchando en primera persona contra el Tentador, hasta la cruz. Este ejemplo vale para todos: el mundo se mejora comenzando por nosotros mismos, cambiando, con la gracia de Dios, lo que no está bien en nuestra propia vida.

De las tres tentaciones que Satanás plantea a Jesús, la primera tiene su origen en el hambre, es decir, en la necesidad material: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan». Pero Jesús responde con la Sagrada Escritura: «No sólo de pan vive el hombre» (Lc 4,3-4; cf. Dt 8,3). Después, el diablo muestra a Jesús todos los reinos de la tierra y dice: todo será tuyo si, postrándote, me adoras. Es el engaño del poder, que Jesús desenmascara y rechaza: «Al Señor, tu Dios adorarás, y a él solo darás culto» (cf. Lc 4,5-8; Dt 6,13). No adorar al poder, sino sólo a Dios, a la verdad, al amor. Por último, el Tentador propone a Jesús que realice un milagro espectacular: que se arroje desde los altos muros del Templo y deje que lo salven los ángeles, para que todos crean en él. Pero Jesús responde que no hay que tentar a Dios (cf. Dt 6,16). No podemos "hacer experimentos" con la respuesta y la manifestación de Dios: debemos creer en él. No debemos hacer de Dios "materia" de "nuestro experimento".

Citando nuevamente la Sagrada Escritura, Jesús antepone a los criterios humanos el único criterio auténtico: la obediencia, la conformidad con la voluntad de Dios, que es el fundamento de nuestro ser. También esta es una enseñanza fundamental para nosotros: si llevamos en la mente y en el corazón la Palabra de Dios, si entra en nuestra vida, si tenemos confianza en Dios, podemos rechazar todo tipo de engaños del Tentador. Además, de toda la narración surge claramente la imagen de Cristo como nuevo Adán, Hijo de Dios humilde y obediente al Padre, a diferencia de Adán y Eva, que en el jardín del Edén cedieron a las seducciones del espíritu del mal para ser inmortales, sin Dios.

La Cuaresma es como un largo "retiro" durante el que debemos volver a entrar en nosotros mismos y escuchar la voz de Dios para vencer las tentaciones del Maligno y encontrar la verdad de nuestro ser. Podríamos decir que es un tiempo de "combate" espiritual que hay que librar juntamente con Jesús, sin orgullo ni presunción, sino más bien utilizando las armas de la fe, es decir, la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia. De este modo podremos llegar a celebrar verdaderamente la Pascua, dispuestos a renovar las promesas de nuestro Bautismo.

Que la Virgen María nos ayude para que, guiados por el Espíritu Santo, vivamos con alegría y con fruto este tiempo de gracia. Que interceda en particular por mí y por mis colaboradores de la Curia romana, que esta tarde comenzaremos los ejercicios espirituales.

[Después del Ángelus] Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. En este inicio del itinerario cuaresmal, la liturgia nos va introduciendo poco a poco en un clima de mayor austeridad y recogimiento para propiciar en los fieles una reflexión profunda sobre el fin último de nuestra existencia y su dimensión eminentemente sobrenatural. Es Cristo el que se nos ofrece como única riqueza que perdura, como el verdadero alimento de vida eterna y la plenitud para nuestras almas. Confiemos a las manos maternas de María santísima la vivencia humilde y fructífera de este tiempo de preparación para la Pascua.

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COMO UN SACRIFICIO ENJUNDIOSO Y AGRADABLE
De la carta de la Iglesia de Esmirna
sobre el martirio de san Policarpo

Preparada la hoguera, Policarpo se quitó todos sus vestidos, se desató el ceñidor e intentaba también descalzarse, cosa que antes no acostumbraba a hacer, ya que todos los fieles competían entre sí por ser los primeros en tocar su cuerpo; pues, debido a sus buenas costumbres, aun antes de alcanzar la palma del martirio, estaba adornado con todas las virtudes.

Policarpo se encontraba en el lugar del tormento rodeado de todos los instrumentos necesarios para quemar a un reo. Pero, cuando le quisieron sujetar con los clavos, les dijo:

«Dejadme así, pues quien me da fuerza para soportar el fuego me concederá también permanecer inmóvil en medio de la hoguera sin la sujeción de los clavos».

Por tanto, no le sujetaron con los clavos, sino que lo ataron.

Ligadas las manos a la espalda como si fuera una víctima insigne seleccionada de entre el numeroso rebaño para el sacrificio, como ofrenda agradable a Dios, mirando al cielo, dijo:

«Señor, Dios todopoderoso, Padre de nuestro amado y bendito Jesucristo, Hijo tuyo, por quien te hemos conocido; Dios de los ángeles, de los arcángeles, de toda criatura y de todos los justos que viven en tu presencia: te bendigo, porque en este día y en esta hora me has concedido ser contado entre el número de tus mártires, participar del cáliz de Cristo y, por el Espíritu Santo, ser destinado a la resurrección de la vida eterna en la incorruptibilidad del alma y del cuerpo. ¡Ojalá que sea yo también contado entre el número de tus santos como un sacrificio enjundioso y agradable, tal como lo dispusiste de antemano, me lo diste a conocer y ahora lo cumples, oh Dios veraz e ignorante de la mentira!

»Por esto te alabo, te bendigo y te glorifico en todas las cosas por medio de tu Hijo amado Jesucristo, eterno y celestial Pontífice. Por él a ti, en unión con él mismo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y en el futuro, por los siglos de los siglos. Amén».

Una vez que acabó su oración y hubo pronunciado su «Amén», los verdugos encendieron el fuego.

Cuando la hoguera se inflamó, vimos un milagro; nosotros fuimos escogidos para contemplarlo, con el fin de que lo narrásemos a la posteridad. El fuego tomó la forma de una bóveda, como la vela de una nave henchida por el viento, rodeando el cuerpo del mártir que, colocado en medio, no parecía un cuerpo que está abrasándose, sino como un pan que está cociéndose, o como el oro o la plata que resplandecen en la fundición. Finalmente, nos embriagó un olor exquisito, como si se estuviera quemando incienso o algún otro preciado aroma.

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HACIA DIOS POR LA PENITENCIA (IV)
por Kajetan Esser, OFM

Vida «sin nada propio» (I)

¿Adónde conduce, «contando con la gracia del Omnipotente», el camino de renuncia de sí mismo y de penitencia?

En esta forma de vida se realiza el ideal franciscano de «vivir sin nada propio», con lo que el hermano menor se convierte ante Dios en un expropiado voluntario. En Francisco la pobreza interior y exterior es la forma básica de todo comportamiento religioso en general. Veamos, por ejemplo, con qué sencillez se expresa en el Saludo a las virtudes: «Nadie hay absolutamente en el mundo entero que pueda poseer a una de vosotras si antes no muere» (SalVir 5). Morir significa aquí negarse a sí mismo, no retener nada para sí, ser enteramente puro, vivir en pobreza interior y exterior. Sólo en esta muerte puede llegar a consumarse nuestra vida religiosa, nuestra vida de entrega absoluta a Dios. Sólo a través de esa desapropiación y desprendimiento, sólo a través de esa pobreza, será posible hacer vacío en nosotros mismos para que libremente y sin obstáculo pueda derramarse el amor de Dios:

«En la santa caridad que es Dios -dice Francisco-, ruego a todos los hermanos, tanto a los ministros como a los otros, que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, como mejor puedan, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios, y háganlo con limpio corazón y mente pura, que es lo que Él busca por encima de todo; y hagamos siempre en ellos habitación y morada a Aquel que es el Señor Dios omnipotente, Padre, Hijo, y Espíritu Santo» (1 R 22,26-27).

Estas palabras son el fruto de una experiencia del amor de Dios, que se entrega al hombre tanto más abundantemente cuanto éste sea más puro, e interior y exteriormente más pobre. Cierto día, en que el joven Francisco estaba orando, le fue revelado este misterio: «Francisco -le dice Dios en espíritu-, lo que has amado carnal y vanamente, cámbialo ya por lo espiritual, y, tomando lo amargo por dulce, despréciate a ti mismo, si quieres conocerme, porque sólo a ese cambio saborearás lo que te digo» (2 Cel 9). Palabras a las que conformó su vida con absoluta fidelidad, y que contienen ya en germen toda su experiencia ulterior: el que realmente desea sentir a Dios y conocerle, debe menospreciarse y negarse a sí mismo; el hombre debe renunciar a todo amor propio y egoísta. Se trata, en el fondo, de estructurar y organizar la vida de forma diferente, basculando en Dios y no en el hombre (CtaO 30-37).

Todo esto parecerá amargo al hombre viejo; sin embargo, el hombre nuevo, que vive según Dios, hallará alegría en ello; esa alegría que Francisco evocó poco antes de morir: cuando, en respuesta a la llamada de Dios, negándome totalmente a mí mismo, me puse al servicio de los leprosos, «aquello que me parecía amargo, se me tornó en dulzura de alma y de cuerpo» (Test 3).

[K. Esser, Temas espirituales. Oñate 1980, pp. 55-56]

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