lunes, 13 de febrero de 2017

Año Cristiano Franciscano


DÍA 14 DE FEBRERO

 

SAN CIRILO, monje, y SAN METODIO, obispo, patronos de Europa. Eran hermanos, nacidos en Tesalónica (Grecia), misioneros, oriundos de la Iglesia Bizantina, que, en el siglo IX, en los tiempos difíciles del gran cisma del Oriente cristiano, evangelizaron a los pueblos eslavos de la Europa oriental. Tradujeron las sagradas Escrituras y celebraron la liturgia en lengua eslava, adaptando así el Evangelio a las diversas culturas. El papa Nicolás I confirmó su misión y alentó sus trabajos. Juan Pablo II los proclamó en 1980, junto a san Benito, patronos de Europa- San Cirilo hizo brillantes estudios en Constantinopla. En unión de su hermano Metodio se dirigió a Moravia a predicar la fe. Entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava, escritos en caracteres «cirílicos», como después se designaron. Llamados a Roma, Cirilo murió allí el 14 de febrero del año 869.- San Metodio, consagrado obispo, marchó a Panonia, donde desarrolló una infatigable labor de evangelización. Tuvo que sufrir mucho a causa de los envidiosos, pero contó siempre con el apoyo de los papas. Murió el 6 de abril del año 885 en la ciudad checoslovaca de Vellehrad.- Oración: Oh Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SAN JUAN BAUTISTA DE LA CONCEPCIÓN. Nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real, España) el año 1561, hijo de labradores acomodados. A los 15 años conoció en su pueblo a santa Teresa, que le dejó huella en su espiritualidad. A los 19, cuando estudiaba en Toledo, vistió el hábito de los Trinitarios. Recibió la ordenación sacerdotal en 1585 y luego realizó en Sevilla un fecundo apostolado con la predicación y el confesonario. En 1596 decidió unirse al movimiento de reforma en su Orden; por tanto, se despojó de todo y abrazó en todo su radicalismo la Regla primitiva que acentuaba la pobreza, humildad, penitencia, fraternidad. Viajó a Roma y en 1599 obtuvo la aprobación canónica de la Reforma de su Orden, pero sufrió una fuerte tribulación interna, el abandono de muchos colaboradores y la oposición de hermanos en religión, los calzados en particular. Salió de la prueba más firme en su opción radical, y se consagró a la consolidación de la reforma emprendida. Murió en Córdoba el 14 de febrero de 1613. Fue un fecundo escritor acético-místico.



BEATO VICENTE VILAR DAVID. Nació en Manises (Valencia, España) el año 1889. Estudió ingeniería industrial en Barcelona. Desde joven sintió inquietudes religiosas y apostólicas, y le preocuparon los problemas sociales de su tiempo. Contrajo matrimonio. Al fallecer su padre, asumió la dirección de la empresa familiar de cerámica, en la que trató de aplicar la doctrina social de la Iglesia. Al mismo tiempo se enroló en la vida y apostolado de la parroquia y de la Iglesia, y en obras de atención a los indigentes. Pronto, por su condición de católico y de apóstol, fue objeto de la persecución religiosa desatada en España. No obstante, hospedó en su casa a sacerdotes y religiosas. El 14 de febrero de 1937, lo asesinaron en su pueblo, mientras perdonaba a sus asesinos. En su beatificación, Juan Pablo II pedía que «este hombre bueno y coherente con su fe suscite en la Iglesia... nuevos y valientes testigos del Evangelio en la familia, en el campo profesional y en la vida pública».

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San Antonino de Sorrento. Abrazó la vida monástica y fue abad de un monasterio; cuando éste fue saqueado y destruido por los lombardos, estuvo deambulando por la Campania italiana hasta que se estableció en Castellamare, cuyo obispo quedó prendado de su santidad y lo agregó al régimen de la diócesis. No tardaron en retirarse los dos a los montes para llevar vida eremítica. Antonino se estableció después en Sorrento e ingresó en el monasterio de San Agripino, del que fue abad. Murió el año 830.

San Auxencio. En su juventud perteneció a la guardia imperial de Teodosio II. Llevado de sus inquietudes espirituales, dejó su profesión y abrazó la vida eremítica. Primero se retiró al desierto de Oxia, cerca de Constantinopla. El año 451 acudió al Concilio de Calcedonia, que condenó la doctrina monofisita. Luego se construyó una ermita en el Monte Escopa, junto a Calcedonia (en la actual Turquía), adonde acudieron muchos discípulos y discípulas, a los que formó en la fe católica y en la espiritualidad. Murió el año 473.

San Eleucadio. Fue obispo de Rávena (Italia) en el siglo III.

Santos Mártires de Alejandría de Egipto. En este día se conmemora a un grupo de mártires de Alejandría, en Egipto, que en fecha incierta, durante las antiguas persecuciones contra los cristianos, en defensa de su fe padecieron muertes diversas: Basiano, Toniono, Proto y Lucio fueron arrojados al mar. Cirión, sacerdote, Agatón, exorcista, y Moisés fueron quemados vivos. Dionisio y Amonio fueron muertos a espada.

San Nostriano. Fue obispo de Nápoles y murió el año 450.

San Valentín. Tenemos pocos datos seguros sobre la vida de este santo. Sufrió el martirio en Roma, durante una de las persecuciones de los emperadores romanos contra los cristianos, en fecha incierta, y fue enterrado en la Vía Flaminia, cerca del Puente Milvio. El mismo 14 de febrero se celebra el "día de los enamorados", que no tiene ninguna relación histórica con el santo y que posiblemente sea la prolongación de una fiesta pagana anterior al cristianismo.

San Vital. La única noticia que tenemos de este santo mártir es la inscripción que puso en una lápida del siglo IV el obispo de Espoleto, Spes, cuando a finales de dicho siglo se encontró su sepulcro.

San Zenón. Sufrió el martirio en Roma, en fecha incierta, y fue enterrado en el cementerio de Pretextato, junto a la Vía Apia.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Escribe san Pablo a los Corintios: -Siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Con los judíos me he hecho judío; con los que están bajo la Ley de Moisés, como quien está bajo esa Ley; con los que están sin ley, como quien está sin ley. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes (cf. 1 Cor 9,19-23).

Pensamiento franciscano:

Decía san Francisco a los superiores de su Orden: -En toda predicación, recordad al pueblo la penitencia y que nadie puede salvarse sino quien recibe el santísimo cuerpo y sangre del Señor. Y cuando es consagrado por el sacerdote sobre el altar y cuando es llevado a alguna parte, que todas las gentes, de rodillas, rindan alabanzas, gloria y honor al Señor Dios vivo y verdadero (1CtaCus 6-7).

Orar con la Iglesia:

En la festividad de los santos Cirilo y Metodio, oremos al Señor, nuestro Padre.

-Por la concordia entre las Iglesias católica y ortodoxa en el este europeo, que veneran a los dos santos como patronos y fundadores.

-Por la unión de las Iglesias de oriente y occidente, que en su día reconocieron y alentaron el esfuerzo de los dos misioneros.

-Por la paz y el bienestar de los pueblos eslavos, que valoran digno de todo encomio el legado cultural de los dos hermanos.

-Por los cristianos que se esfuerzan por adaptar el mensaje evangélico a las diversas culturas, en el espíritu de Cristo y de la Iglesia.

-Por Europa, para que, bajo el patrocinio de estos santos, sus evangelizadores y civilizadores, avive y haga fructíferas sus raíces cristianas.

Oración: Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia, que los santos Cirilo y Metodio te recomiendan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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SAN CIRILO Y SAN METODIO
De la catequesis de Benedicto XVI
en la audiencia general del miércoles 17 de junio de 2009

Hoy quiero hablar de san Cirilo y san Metodio, hermanos en la sangre y en la fe, llamados apóstoles de los eslavos. San Cirilo nació en Tesalónica; era el más joven de los siete hijos de León, magistrado imperial en los años 826-827. De niño aprendió la lengua eslava. A los catorce años fue enviado a Constantinopla para educarse y fue compañero del joven emperador Miguel III. En aquellos años fue introducido en las diferentes materias universitarias. Después de rechazar un matrimonio brillante, decidió recibir las órdenes sagradas.

Mientras tanto, su hermano Miguel, nacido en torno al año 815, tras una carrera administrativa en Macedonia, hacia el año 850 abandonó el mundo para retirarse a la vida monástica en el monte Olimpo, en Bitinia, donde recibió el nombre de Metodio. También san Cirilo, atraído por el ejemplo de su hermano, decidió dejar la enseñanza para dedicarse a meditar y rezar en el monte Olimpo.

Los dos hermanos fueron enviados a Moravia por el emperador Miguel III, a quien el príncipe de Moravia, Ratislao, había hecho una petición precisa: «Nuestro pueblo, desde que renunció al paganismo, observa la ley cristiana; pero no tenemos un maestro capaz de explicarnos la verdadera fe en nuestro idioma». La misión tuvo muy pronto un éxito insólito. Al traducir la liturgia a la lengua eslava, los dos hermanos se ganaron una gran simpatía entre el pueblo.

Esto, sin embargo, suscitó la hostilidad contra ellos por parte del clero franco. Para justificarse, en el año 867 los dos hermanos viajaron a Roma. Durante el viaje se detuvieron en Venecia, donde tuvo lugar una acalorada discusión con los que defendían la así llamada "herejía trilingüe": estos consideraban que había sólo tres idiomas en los que se podía alabar lícitamente a Dios: hebreo, griego y latín. Obviamente los dos hermanos se opusieron a esto con fuerza. En Roma, san Cirilo y san Metodio fueron recibidos por el Papa Adriano II.

Por desgracia, en Roma san Cirilo enfermó gravemente. Luego pidió con insistencia a su hermano Metodio, que mientras tanto había sido consagrado obispo, que no abandonara la misión en Moravia y regresara a aquellas poblaciones. Falleció el 14 de febrero del año 869. Al año siguiente, san Metodio regresó a Moravia y a Panonia (hoy Hungría).

Resumiendo brevemente el perfil espiritual de los dos hermanos, hay que constatar ante todo la pasión con la que san Cirilo se acercó a los escritos de san Gregorio Nacianceno, aprendiendo de él el valor del idioma en la transmisión de la Revelación. San Gregorio había expresado el deseo de que Cristo hablara a través de él: «Soy servidor del Verbo, por eso me pongo al servicio de la Palabra». Queriendo imitar a san Gregorio en este servicio, san Cirilo pidió a Cristo que hablara en eslavo por medio de él. Introduce su obra de traducción con la invocación solemne: «Escuchad, eslavos todos, escuchad la Palabra que procede de Dios, la Palabra que alimenta las almas, la Palabra que lleva al conocimiento de Dios».

En realidad, ya algunos años antes de que el príncipe de Moravia pidiera al emperador Miguel III el envío de misioneros a su tierra, parece que san Cirilo y su hermano san Metodio, rodeados por un grupo de discípulos, estaban trabajando en el proyecto de recoger los dogmas cristianos en libros escritos en lengua eslava. Entonces se constató con claridad la necesidad de contar con nuevos signos gráficos, que fueran más adecuados a la lengua hablada: nació así el alfabeto glagolítico que, modificado posteriormente, fue designado con el nombre de "cirílico" en honor a su inspirador. Fue un hecho decisivo para el desarrollo de la civilización eslava en general. San Cirilo y san Metodio estaban convencidos de que los diferentes pueblos no podían considerar que habían recibido plenamente la Revelación hasta que no la hubieran escuchado en su propio idioma y leído en los caracteres propios de su alfabeto.

San Cirilo y san Metodio constituyen un ejemplo clásico de lo que hoy se indica con el término "inculturación": cada pueblo debe hacer que penetre en su propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvífica con su lenguaje propio. Esto supone un trabajo de "traducción" muy arduo, pues exige encontrar términos adecuados para volver a proponer, sin traicionarla, la riqueza de la Palabra revelada. En este sentido, los dos santos hermanos han dejado un testimonio muy significativo, que la Iglesia sigue mirando también hoy para inspirarse y orientarse.

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ACRECIENTA TU IGLESIA
Y REÚNE A TODOS SUS MIEMBROS EN LA UNIDAD
De la vida eslava de Constantino Cirilo (Cap 18)

Cargado de trabajos, Constantino Cirilo cayó enfermo; estuvo muchos días con fiebre y un día tuvo una visión de Dios y empezó a cantar así:

«Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"; se regocijan mi corazón y mi espíritu».

Revestido de sus ornamentos, se pasó todo aquel día lleno de contento, diciendo:

«Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén».

Al día siguiente se vistió con el santo hábito monástico y, como quien añade luz a la luz, se impuso el nombre de Cirilo [su nombre de bautismo era Constantino]. Permaneció con este hábito durante cincuenta días.

Llegada la hora de recibir el merecido descanso y emigrar a las moradas eternas, levantó las manos hacia Dios, diciendo entre sollozos:

«Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno.

»Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado. Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».

Y, besando a todos con el ósculo santo, dijo:

«Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos».

Y con esto se durmió en el Señor. Tenía cuarenta y dos años de edad.

El papa ordenó que todos los griegos residentes en Roma, así como los romanos, asistieran con cirios al funeral de aquel santo varón, y que lo hicieran como si del mismo papa se tratase.

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EL CUERPO ADORABLE DEL SEÑOR
por José Álvarez, OFM

Hacia 1220, o tal vez 1223, envió San Francisco un precioso escrito a toda la Orden. Es una exhortación paterna y sentida de un testigo que cree y vive lo que confiesa. En ella anima a sus hermanos a responder con actitudes adecuadas, fundadas en la fe sincera, a tanto amor y humildad como Dios nos ha demostrado en el admirable sacramento del altar: «Mirad, hermanos (sacerdotes), la humildad de Dios y derramad vuestros corazones en su presencia» (CtaO 28). En ella pide a sus hermanos, no sólo tratar lo santo con reverencia y dignidad, sino, lo que es más importante, ser ellos santos: «Mirad vuestra dignidad, hermanos sacerdotes, y sed santos, porque Él es Santo». Y razona la exigencia: «Si la Virgen es tan honrada, como es justo, porque le llevó en su seno virginal; si el Bautista tembló sin atreverse a tocar la cabeza del Santo de Dios; si el sepulcro donde yació por algún tiempo es tan venerado, ¡cómo no debe ser santo y digno aquel que tiene entre sus manos, toma con la boca y el corazón y lo da a comer a otros!» (CtaO 21-22). «Por tanto, los que quieran celebrar la misa, es decir, el verdadero sacrificio del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, deben hacerlo con pureza de corazón, con intención santa y limpia, y con la máxima reverencia» (CtaO 14).

La misma carta y otros textos de los escritos del Santo señalan la respuesta que el trato del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo debe encontrar en los hermanos, especialmente los sacerdotes: la fe (Adm 1,14-21); la penitencia-conversión-sacramento de la reconciliación (2CtaF 22); la humildad (1 R 20,5); la reverencia y el honor (CtaO 12); las alabanzas, gloria y honor (CtaCus 7).

Francisco, además de exhortar personalmente, apela a la normativa y autoridad de la Iglesia: «Ruego, con el alma y encarecimiento que puedo, que cuando parezca oportuno, supliquéis humildemente a los sacerdotes que tengan limpios y preciosos los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo cuanto se relaciona con el Sacrificio, según lo que está mandado por la Iglesia» (CtaCle 4 y 13).

Independientemente de esta llamada de la Iglesia en pro de esa especie de cruzada eucarística, el altar fue siempre el hogar de su fe, y la Eucaristía el centro de su piedad y el foco de toda su vida cristiano-religiosa. Por eso, como ha escrito el padre Hilarino Felder, mientras vivió, puso todo su empeño en amar, reverenciar y honrar al Salvador eucarístico, el sacerdocio eucarístico, los utensilios eucarísticos, los ornamentos eucarísticos, y quiso que sus hijos fueran portadores al mundo de este mensaje eucarístico.

Y un apunte final por si nos alcanza a nosotros, también herederos de una reforma conciliar como Francisco: han pasado ya unos años desde la celebración del Concilio Vaticano II, el cual emanó un solemne documento sobre la renovación litúrgica (Sacrosanctum Concilium). La ligereza, a veces, en la interpretación, el prurito de snobismo, y la ignorancia, incluso, usada con inteligencia por muchos de nosotros en el trabajo pastoral, ha generado también en nuestro ambiente eclesial actuaciones y actitudes discutibles y hasta revisables, creo. En este sentido, tal vez nos pueda aprovechar la exhortación de Francisco: «Pongamos atención todos y corrijamos, si el caso lo requiere, prontamente y con esfuerzo todas estas cosas, es decir, posibles excesos en nuestro proceder, según los preceptos del Señor y las sanas disposiciones de la Iglesia» (cf. CtaCle 10 y 13).

[Cf. Santuario (Arenas de San Pedro), n. 122, julio-agosto de 1998, pp. 6-7]

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