martes, 31 de enero de 2017

Tres cosas que deberías saber sobre la sexualidad

Tres cosas que deberías saber sobre la sexualidad


Ofrecemos desde hoy cada lunes una columna sobre sexualidad de la terapeuta Lourdes Illán
colemanelementaryjohnsmyrna  LOURDES ILLÁN  30 ENERO, 2017

¿Qué es la sexualidad? Esta es una pregunta que todavía hoy, en el siglo XXI, y con los tiempos que corren, a muchos nos cuesta contestar.

La sexualidad nos interesa a todos, pero nos cuesta muchísimo hablar de ella, incluso tener un concepto claro y completo de lo que es en realidad.

La sexualidad es una fuerza íntima que está presente desde aquel maravilloso momento en el que se inició nuestra vida y nos acompañara a lo largo de toda nuestra existencia. Nos marca como diferentes, hombre o mujer, a todos los niveles, e irá evolucionando y madurando como una faceta más de nuestra persona.


Está presente en todas las esferas de nuestro ser. A nivel físico marca unas diferencias claras y evidentes entre los dos sexos. Pero estas diferencias serían las más externas, las más visibles. No podemos pasar por alto aquellas diferencias a niveles más profundos e íntimos, aquellas que se dan a nivel psicológico, emocional y espiritual.

La humanidad ha pasado más de un siglo luchando por igualar al hombre y a la mujer. Y esta lucha por la dignidad de la mujer no nos debe confundir. No somos iguales. Somos profundamente distintos. Y esto lo debemos ver como un regalo que cada uno aporta al otro. Nos enriquece, y hace que valoremos más al otro, porque es alguien distinto a mí, es un misterio que tengo que aprender a descubrir, a desentrañar, a comprender, a valorar y a amar.

La sexualidad no es solo el sexo

La sexualidad tiene un carácter evolutivo y dinámico en la persona. Como he comentado al principio, está presente desde el comienzo de nuestra existencia y a lo largo de la vida ira madurando con nosotros.

El primero en afirmarlo fue Freud, y levantó muchísimo revuelo en aquel momento en que la sexualidad sólo se asociaba al sexo, a la genitalidad, a la capacidad de procrear… ¿Cómo afirmar que las personas tenían sexualidad siendo niños y que ésta iba madurando con la persona?

Además se atrevió a decir que los trastornos o disfunciones sexuales estaban ligados a trastornos psicológicos y viceversa. Esta relación, que para la mayoría de los psicólogos de hoy es algo totalmente asumido, en aquel momento fue escandalosa. Pero todavía hay muchas personas que tristemente siguen ancladas en esta concepción reduccionista de la sexualidad.

La sexualidad madura con la persona

Ese bebé, centrado en sí mismo y que sólo pide y a veces exige, que se cubran todas sus necesidades físicas, intelectuales, emocionales y afectivas, tiene que madurar a lo largo de su vida, y ser capaz de salir de sí mismo para ir al encuentro del otro. Deberá abandonar ese egocentrismo inicial para llegar al altruísmo, a ser capaz de hacer algo por alguien sin esperar nada a cambio.

Esto, que ocurre a nivel social, intelectual, emocional, afectivo y espiritual, ocurre también a nivel sexual, y concretamente, en aquel aspecto más íntimo de nuestra sexualidad: la genitalidad. La persona pasa por etapas en las que inicialmente está centrada en sí misma, en el conocimiento de su propio cuerpo, en todas las sensaciones y descubrimientos que sobre él hace. Son etapas en las que la conducta típica suele ser autoerótica. No busca ni necesita a nadie para compartir todo ese mundo de sensaciones nuevas.

El sexo no es sólo reproducción

La genitalidad también madura para ir al encuentro del otro. Es cierto que una de sus funciones es dotarnos de una capacidad para reproducirnos, para perpetuar la especie, cubriendo así nuestro deseo de trascendencia.

Pero ese instinto que en los animales se ve tan claro, perpetuar la especie, en el ser humano es mucho más. Lo que humaniza la sexualidad es su capacidad de comunicación y de encuentro. Cuando la genitalidad, que es la forma de expresión más íntima y más plena de la sexualidad, se hace portadora y expresión del amor, es cuando la sexualidad verdaderamente se humaniza, se engrandece y se dignifica.

Lourdes Illán es Psicóloga, máster en Psicología clínica y en Terapia sexual y de pareja

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