viernes, 27 de enero de 2017

Si quieres sentirte más feliz, haz algo por los demás

Si quieres sentirte más feliz, haz algo por los demás


Trabajar desinteresadamente para los demás proporciona más felicidad que el dinero. Dedica un poco de tiempo a los que necesitan apoyo y, de esta manera, podrás solucionar más rápido… tus propios problemas.
zashca  DENA DYER/ ALETEIA FOR HER  26 ENERO, 2017

Al parecer, esta verdad nos es de sobra conocida, pero ahora se ve confirmada por los resultados de la investigación de los científicos de la Escuela de Economía de Londres (London School of Economics). Estudiaron la relación entre el trabajo desinteresado para los demás y el sentido de la felicidad. En el estudio participaron un grupo de adultos estadounidenses. Resultó que cuanto más se dedicaban los voluntarios a ayudar a los demás, tanto más felices se sentían.

Los psicólogos explican que cuando nos centramos en los problemas de los más desfavorecidos, nuestros propios parecen menos graves o menos dolorosos. Los percibimos desde una perspectiva diferente. En lugar del bajón debido a nuestros propios fallos, defectos o la soledad, aparece la alegría y la satisfacción de haber hecho algo bueno por los demás, algo que nos salió bien.


Me emociona recibir muestras de gratitud de los refugiados por cada pequeña cosa que hago por ellos.

Estoy contenta, porque pude convencerme de ello personalmente. Participo en la organización World Relief, que se involucra en el apoyo a los refugiados. A veces ayudo a rellenar los documentos, presentarlos en el departamento correspondiente, a los recién llegados les explico cómo hacer las compras (voy a comprar medicamentos, alimentos).

Nunca me arrepiento del tiempo empleado en la oficina de la organización. A veces, tengo la oportunidad de aprender la importancia de la capacidad de resistencia y coraje cuando la vida nos enfrenta a un grave peligro o desafío.

Creo que nada me proporcionaría más satisfacción que saber que puedo dar lo que tengo a las personas que han perdido tanto. Estoy orgullosa de poder llevar a cabo este tipo de trabajo y soy feliz de ser capaz de trabajar con eficacia.

Sienten lo mismo otros voluntarios que he conocido. Shaela enseñaba inglés. – Una de las lecciones más valiosas que aprendí a través del voluntariado fue entender que la gente es igual, independientemente de la cultura, el estatus socioeconómico, edad, condición física… En un primer momento, a primera vista podría parecer que mi vida es una historia completamente diferente, pero luego resulta que nos une mucho – dice.

Katy afirma: – El voluntariado hizo que disfrutara de la vida. Me convertí en una persona más social. He trabajado con los animales en un refugio, mi vida ha cambiado para mejor. Sabía que era útil, que aquellos animales me necesitaban, que tenía que salir de casa, encontrar cuidadores para ellos, lo que me obligó a conocer gente nueva y a aprender a hablar con extraños. Para mí, que soy introvertida, fue un gran desafío y un gran logro -, dice.

La experiencia como voluntario puede ser muy valiosa también para los niños y los jóvenes. Para toda la familia. Michele Nietert dice: – Con la ayuda de los niños empecé a entregar las comidas a domicilio a los ancianos. Los niños disfrutaban cuando veían sonrisas en los rostros de esas personas de edad avanzada. ¡Ha llegado el almuerzo!, gritaban desde la puerta y esto les hacía gracia. Y yo me alegraba de poder compartir esta alegría con ellos.

– Precisamente, el hecho de poder abrir mi corazón, vivir una experiencia única y aprender cosas nuevas, me parece lo más valioso del voluntariado – dice Rosa Hopkins, voluntaria y presentadora de radio.

– Me he dado cuenta, muchas veces, de que aquellos que necesitan ayuda son para nosotros, de alguna manera, un regalo espiritual. Es un encuentro especial con Dios.

Creo que el voluntariado desarrolla la fe. Cuando nos enfrentamos a las tareas para las que no nos sentimos suficientemente preparados (asistencia a los refugiados, cuidado de una persona de edad avanzada con discapacidad) pedimos la ayuda de Dios, la esperamos cada vez de nuevo. Esto fortalece nuestra fe. Dedicando nuestro tiempo a los demás, mostramos nuestro agradecimiento a Dios por las bendiciones, por lo bueno que recibimos en la vida. Y lo más importante: es mejor dar que recibir.

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