viernes, 27 de enero de 2017

La impagable enseñanza que una pobre nos enseñó en la calle

La impagable enseñanza que una pobre nos enseñó en la calle


¿Sabéis lo que hace falta para entrar al cielo? Una cosa bastará..."
2001cobramustangsupercharger  COMUNIDAD DEL CORDERO  26 ENERO, 2017


En una tarde de domingo, nos cuesta llegar a abrirnos paso entre las colas de turistas que esperan para entrar en el Museo Picasso. De repente, percibimos en un rinconcito una joven rumana que presenta su vaso de papel para recibir alguna moneda. La magnífica sonrisa que ilumina y transfigura su rostro desdentado, marcado por la miseria, es una invitación a acercarnos.


Diana está contenta de compartir inmediatamente con nosotras el secreto de la alegría que irradia:

“Yo soy cristiana. ¡Estoy bautizada en el agua! Soy cristiana. Amo a Jesús con todo mi corazón. Yo no sé leer pero mamá conoce bien la Biblia y me la cuenta. Amo la Biblia. Es como comida. Hay que comerla. No es sólo de papel. Hay que conocerla con el corazón. Hay que vivirla y que sembrarla…”.

Diciendo esto, Diana imita el gesto del sembrador lanzando al aire unas cáscaras de pipas que coge del suelo.

“Estamos de paso en la tierra. Todo se acabará: la casa, el dinero, la comida, todo eso no tiene importancia. Hoy es mi cumpleaños pero tampoco eso es importante. Lo importante es la vida de después, cuando veremos a Dios para siempre. Lo que cuenta es creer en Dios y alabarlo. ¿Sabéis lo que hace falta para entrar al cielo? Una cosa, bastará con decir un día: “Jesús, te quiero”, para entrar directamente al cielo. Yo espero que Jesús vuelva. Jesús, te quiero”.

Antes de despedirnos de Diana, mendigamos su oración. Inmediatamente, cierra los ojos y comienza a rezar por nosotras en su lengua con mucho fervor. No comprendemos sus palabras pero recibimos este regalo con mucha emoción, convencidas de que el Señor nos bendice a través de la fe de esta pequeña tan grande a sus ojos.

Ese rinconcito junto a la papelera se había convertido en ¡un trozo de cielo!


“¿Quién se preocupó ni siquiera de echarle una mirada? Pero el Señor la miró y la elogió ante los que no la veían… Ella tenía mucho, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca” (San Agustín, Comentario sobre el Evangelio de la viuda pobre).


Por la Fraternidad de las Hermanitas del Cordero de Barcelona (España)

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