viernes, 27 de enero de 2017

Año Cristiano Franciscano



DÍA 28 DE ENERO

 

SANTO TOMÁS DE AQUINO. Doctor de la Iglesia con el título de Doctor Angélico. Nació alrededor del año 1225, hijo de los condes de Aquino, en Roccasecca (Italia). Estudió en el monasterio de Montecasino y más tarde en Nápoles, donde conoció a los dominicos e ingresó en su Orden. Completó sus estudios en Colonia bajo la dirección de san Alberto Magno. Ya ordenado de sacerdote, marchó a la Universidad de París. Escribió muchas obras de filosofía y teología y ejerció también el profesorado, contribuyendo grandemente al desarrollo y sistematización de las ciencias eclesiásticas en su Orden y en la Iglesia. Su obra más conocida es la Suma Teológica. Decía: «Más he aprendido orando ante el crucifijo que de los libros». Después residió, como teólogo y maestro, en Nápoles, en Orvieto junto al Papa, en Roma, en París y una vez más en Nápoles. Cuando se dirigía al Concilio de Lyon, al que había sido invitado por el Papa, murió en Fossanova el 7 de marzo de 1274. Su fiesta se celebra el 28 de enero, día en que su cuerpo fue trasladado a Toulouse en 1369.- Oración: Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




SAN JOSÉ FREINADEMETZ. Nació el año 1852 en Ojes, Val Badia (Bolzano), pequeña aldea de los Alpes dolomitas del norte de Italia. Cursados los estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal en 1875. Cuatro años después, para dar cauce a su vocación misionera, ingresó en la Sociedad del Verbo Divino. En seguida lo enviaron a China, donde llegó a ser modelo de inculturación evangélica; su lema fue: «El idioma que todos entienden es el amor». Aprendió el chino y el dialecto de la región en que trabajaba, adoptó la vestimenta china y se esforzó en ser abierto y amable con todos, y se multiplicaron los catecúmenos en los pueblos que atendía. Cuidó de manera especial la formación del clero nativo. Sufrió la persecución de los «Boxers», pero salvó la vida. Murió en Tai-Kia-Chwang el 28 de enero de 1908, contagiado de tifus mientras atendía a los apestados. Fue canonizado en el 2003.

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Santos Águeda Lin-Zhao, Jerónimo Lu-Tingmey y Lorenzo Wang Bing. Laicos católicos chinos, catequistas. Águeda nació de familia cristiana y en su juventud se consagró a Dios. Jerónimo nació en el seno de una familia pagana, era maestro de escuela y, leyendo un libro, se convirtió y recibió el bautismo él y su familia. Lorenzo era de familia cristiana, casado y padre de familia. Los tres fueron denunciados al mandarín por ser cristianos; ellos se negaron a abandonar su fe, y fueron decapitados el año 1858.

San Juan. Sacerdote, hombre de Dios, que fundó el monasterio de Réomé (más tarde conocido como Moutier-Saint-Jean), cerca de Langres (Francia), en el que reunió a los monjes bajo la Regla de san Macario. Murió el año 554.

San Julián. A edad avanzada, llegó a la diócesis de Cuenca (España), poco después de pasar ésta del dominio musulmán al cristiano, y fue su segundo obispo, a partir de 1196. Era hombre austero, apóstol celoso y predicador incansable, que se ganaba el pan con su trabajo. Dedicó su renta episcopal a socorrer a los pobres, rescatar cautivos, dotar doncellas, sostener hospitales, promover obras de religión y de beneficencia. Fomentó la concordia entre todos, incluidos los de diversas creencias. Murió el año 1208.

San Santiago. Fue ermitaño en Palestina, en los alrededores de lo que hoy es Haifa, en el siglo VI.

Beato Bartolomé Aiutamicristo. Religioso laico de la Orden de los Camaldulenses. Murió en el monasterio de San Frediano (Pisa) el año 1224.

Beato Julián Maunoir. Sacerdote de la Compañía de Jesús que, por espacio de cuarenta y dos años, se dedicó por entero a las misiones populares en los pueblos y ciudades de la región francesa de Bretaña. Murió en Plévin (Bretaña Menor) el año 1683.

Beata María Luisa Montesinos Orduña. Virgen seglar que desde joven se distinguió por su piedad y caridad. Se inscribió en la Acción Católica y se dedicó a obras buenas, en particular al catecismo parroquial y a la atención de las personas necesitadas. Durante la guerra civil española, denunciada por una criada, fue apresada por milicianos de la FAI ella, su padre, una tía y tres hermanos. Todos fueron fusilados a causa de su fe cerca de Picassent (Valencia) el año 1937.

Beato Moisés Tovini. Nació en Cividate Camuno (Brescia) el año 1877. Su padrino de bautismo fue su tío, el beato José Tovini, terciario franciscano (16-I). A los 15 años ingresó en el seminario de Brescia; recibió la ordenación sacerdotal en 1900. Completó estudios en Roma. Vuelto a su diócesis, fue uno de los primeros sacerdotes de la congregación diocesana de la Sagrada Familia, formada por sacerdotes seculares a disposición del obispo. El compromiso principal de su vida fue el seminario y la formación de los futuros sacerdotes. Murió en Brescia el 28-I-1930. Beatificado en 2006.

Beata Olimpia (Olga) Bidà. Religiosa ucraniana de la Congregación de San José, víctima de la persecución comunista. Nació en 1903 y fue catequista y maestra de novicias, y se dedicó a la atención de ancianos y enfermos. A partir de 1945 trabajó en la clandestinidad. Fue detenida en 1950 por supuestas actividades antisoviéticas, y deportada al campo de concentración de Kharsk (Siberia), donde murió en 1952 por agotamiento y falta de atención médica. Fue beatificada el año 2001.



PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Escribe san Pablo: --Todo lo que para mí era ganancia lo consideré pérdida comparado con Cristo; más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo (Flp 3,7-8).

Pensamiento franciscano:

Dice el Apóstol: La letra mata, pero el espíritu vivifica. Y comenta san Francisco: --Son matados por la letra aquellos que únicamente desean saber las palabras, para ser tenidos por más sabios y poder adquirir grandes riquezas. Y son vivificados por el espíritu de la divina letra aquellos que no se la apropian, sino que, con la palabra y el ejemplo, la devuelven al altísimo Señor Dios, de quien es todo bien (cf. Adm 7).

Orar con la Iglesia:

A Dios todopoderoso, fuente de la verdad y de la sabiduría, le dirigimos nuestra oración confiada:

-Para que suscite en la Iglesia doctores y predicadores de la fe apostólica.

-Para que el Papa confirme en la fe a sus hermanos.

-Para que los teólogos profundicen en la fe y la expongan con claridad.

-Para que puedan abrazar la fe quienes la ignoran o la rechazan.

-Para que todos nos abramos a la acción del Espíritu Santo que nos hace entender las palabras del Señor.

Oración: Acoge, Señor, nuestras súplicas y, por intercesión de santo Tomás de Aquino, concédenos permanecer a la escucha de tu Hijo, verdadera luz del mundo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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SANTO TOMÁS DE AQUINO
Benedicto XVI, Ángelus del 28-I-07

Queridos hermanos y hermanas:

El calendario litúrgico recuerda hoy a santo Tomás de Aquino, gran doctor de la Iglesia. Con su carisma de filósofo y de teólogo, ofrece un valioso modelo de armonía entre razón y fe, dimensiones del espíritu humano que se realizan plenamente en el encuentro y en el diálogo entre sí. Según el pensamiento de santo Tomás, la razón humana, por decirlo así, «respira», o sea, se mueve en un horizonte amplio, abierto, donde puede expresar lo mejor de sí. En cambio, cuando el hombre se reduce a pensar solamente en objetos materiales y experimentables y se cierra a los grandes interrogantes sobre la vida, sobre sí mismo y sobre Dios, se empobrece. La relación entre fe y razón constituye un serio desafío para la cultura actualmente dominante en el mundo occidental y, precisamente por eso, el amado Juan Pablo II quiso dedicarle una encíclica, titulada justamente Fides et ratio, «Fe y razón». También yo volví a abordar recientemente este tema en el discurso que pronuncié en la Universidad de Ratisbona.

En realidad, el desarrollo moderno de las ciencias produce innumerables efectos positivos, como todos podemos ver; es preciso reconocerlos siempre. Pero, al mismo tiempo, es necesario admitir que la tendencia a considerar verdadero solamente lo que se puede experimentar constituye una limitación de la razón humana y produce una terrible esquizofrenia, ya declarada, por lo que conviven racionalismo y materialismo, hipertecnología e instintividad desenfrenada.

Por tanto, urge redescubrir de modo nuevo la racionalidad humana abierta a la luz del Logos divino y a su perfecta revelación, que es Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre. Cuando es auténtica, la fe cristiana no mortifica la libertad y la razón humana; y entonces, ¿por qué la fe y la razón deben tener miedo una de la otra, si encontrándose y dialogando pueden expresarse perfectamente? La fe supone la razón y la perfecciona, y la razón, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las realidades espirituales. La razón humana no pierde nada abriéndose a los contenidos de la fe; más aún, esos contenidos requieren su adhesión libre y consciente.

Con clarividente sabiduría santo Tomás de Aquino logró instaurar una confrontación fructuosa con el pensamiento árabe y judío de su tiempo, hasta tal punto que es considerado un maestro siempre actual de diálogo con las demás culturas y religiones. Supo presentar la admirable síntesis cristiana entre razón y fe, que para la civilización occidental representa un valioso patrimonio, al que se puede acudir también hoy para dialogar de modo eficaz con las grandes tradiciones culturales y religiosas del este y del sur del mundo.

Oremos para que los cristianos, especialmente cuantos trabajan en el ámbito académico y cultural, sepan expresar la racionalidad de su fe y testimoniarla en un diálogo inspirado por el amor. Pidamos este don al Señor por intercesión de santo Tomás de Aquino y sobre todo de María, Sede de la Sabiduría.

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EN LA CRUZ HALLAMOS
EL EJEMPLO DE TODAS LAS VIRTUDES
De las conferencias de Santo Tomás de Aquino

¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.

Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia.

Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Si por la desobediencia de uno -es decir, de Adán- todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien finalmente dieron a beber hiel y vinagre.

No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se repartieron mis ropas; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

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LA PALABRA DE DIOS 
Y LA VIDA CONSAGRADA
José Rodríguez Carballo, Min. Gen. OFM,
en el Sínodo de los Obispos (11-X-08)

La vida consagrada hunde sus raíces más profundas en la Palabra de Dios y, más concretamente, en el Evangelio, regla y vida de todos aquellos que, por inspiración divina, desean seguir más de cerca las huellas de Jesucristo obediente, sin nada propio y casto. Quien desee comprender y celebrar la gracia de los orígenes de la vida consagrada no puede prescindir del Evangelio. Es siempre la escucha atenta del Evangelio y la voluntad firme de ponerlo en práctica inmediatamente lo que da origen a una determinada experiencia carismática, como es el caso de san Francisco de Asís, después de escuchar el Evangelio de la misión en la Porciúncula. La Palabra de Dios es vida, y el texto se comprende en su profundidad sólo en la medida en que se vive y se pone en practica. En la tradición rabínica y bíblica el observar o poner por obra la Palabra es elevado al nivel de categoría hermenéutica. Tanto el estudio de la Palabra, como la predicación de la misma, si quedan al margen de la vida serán «letra que mata». A la escucha y al saber ha de seguir el buen obrar.

Nuestros Fundadores han sido oyentes atentos de la Palabra, y han hecho de sus vidas una respuesta pronta y profética a la Palabra. Siguiendo su ejemplo, los consagrados no podemos separar escucha, estudio y predicación de la Palabra, del ponerla en práctica. La Palabra de Dios va escuchada atentamente, estudiada con asiduidad, predicada a tiempo y a destiempo, pero sobre todo la Palabra va vivida, «hecha», desembocando así en la diakonía. Solo así la Palabra será realmente la primera fuente de espiritualidad cristiana y religiosa (cf. VC 94). Sólo así el pueblo de Dios y los consagrados encontraremos en la Palabra de Dios la Palabra que interpela, orienta y modela la existencia. Llamados a ser profecía de futuro, viviendo el presente con pasión, los consagrados encontrarán en la Palabra de Dios una «brújula que indica el camino a seguir» (Benedicto XVI).

Llamados a recorrer un largo éxodo de búsqueda y discernimiento en compañía de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, hemos de hacerlo de la mano de la Palabra, pues sólo así la vida consagrada será propuesta alternativa y de frontera, como lo ha sido en la vida de nuestros Fundadores/as. Nuestro futuro, como el futuro de la vida cristiana, está en dejarnos hacer y modelar por la Palabra.



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